Ya terminé como quién dice El Conde Lucanor. En esta ocasión Patronio recurre a Saladín para contestar a la pregunta del conde sobre quál es el mayor cosa que omne puede aver en sí. Saladín se ha encoñado a la manera de David de una su vasalla. Todo transcurre igual, entonces. Saladín colma de honores al marido de la vasalla y lo envía lejos al frente de un numeroso ejército. Pero esta vasalla no es Betsabé. Por medio de subterfugios se resiste a Saladín. Le dice que se entregará el día que la pueda decir quál es la mayor cosa que omne puede haber en sí. Saladín pregunta a sus consejeros y cada uno le dice una cosa diferente. Al final se viste de juglar y decide partir en busca de respuesta. Después de muchas peripecias un viejo muy reviejo le da la respuesta: la vergüenza. Entonces vuelve donde la vasalla a decirle que ya tiene lo que le había pedido. Pues si es la vergüenza, contesta la vasalla, espero que no quieras perderla, y hacérmela perder a mí, pidiéndome que haga lo que no puedo hacer.
Ya les he contado más de una vez que cuando pienso en mi vida lo que más siento es vergüenza. La perdí tantas veces por el camino que es normal que, ahora, al volver por donde solía, me la encuentre a cada cabo. Me contesçió lo que a un rey christiano que era muy poderoso e muy soberbioso. La fatal arrogancia de la juventud de los necios. Te crees tener derecho a todo lo que puedes conseguir sin considerar el daño que vas dejando por doquier. Hasta que Dios se harta y te mete tal sarta de puyazos que te obligan a utilizar las cuatro neuronas que te quedan. Me imagino que tal secuencia de procederes es la más común entre los humanos, que no por otra causa será que este mundo sea bastante mierda. Quizá sea que así lo quiere Dios. El proceso necesario para que los hombres pasen de la soberbia de la juventud a la humildad de la vejez es una interminable cadena de errores que se han de pagar.
Recuerdo cuando cayó en mis manos la Guía Espiritual de Miguel de Molinos. Me la habían ponderado mucho gente tan de fiar como María Zambrano o Valle Inclán. Se pueden imaginar que con tales referencias no me costase nada convertir la Guía en artículo de fe. ¿Por qué te vas a preocupar de lo que haces, sea lo sea, si lo has hecho porque así lo tenía dispuesto Dios? ¿A qué viene entonces sentir tanta vergüenza de ti mismo? Pues sí, muy razonable, pero no funcionó. Al fin y al cabo, Molinos murió en las mazmorras de la inquisición en evitación de mayores males. ¡Imagínense lo que sería un mundo de desvergonzados! Ya tenemos bastante con lo que hay como para echar más leña al fuego.
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