lunes, 1 de agosto de 2022

Isaías

Llevo ya unos cuantos meses leyendo la Biblia con todo el detenimiento de que soy capaz. Poco a poco me ha ido enganchando y, ahora, si al atardecer no echo mano de ella parece como que no me hallo. Otra adicción en definitiva. Y no debo ser el único. He conocido gente a la que le pasaba lo mismo y cuando me lo daban a entender les escuchaba con un punto de sorna. Lo que es la ignorancia. Porque solo con haber pensado que algo tiene que tener ese libro para haber atravesado los milenios sin haber perdido un ápice de su interés ya hubiese sido suficiente para haberme puesto a investigar los porqués de tal casi milagro. Sí, he sido muy necio en esta vida y por ello he perdido tanto tiempo.  

Fue ayer precisamente cuando recalé en Isaías. ¿Es que no explica a la perfección todo este desastre que estamos viviendo? Voy por ahí y qué veo: consumo superfluo por todas la partes. ¡Pues ya está! Todo ese despilfarro con el que los humanos pretendemos llenar el terrible vacío que nos deja la ausencia de Dios es el que nos precipita de cabeza a los infiernos. ¡Pobres desgraciados! No soy creyente, oí ayer que le decía una joven tatuada a un mendigo. Yo tampoco, contestó él. El caso es que el mendigo tenía una pinta de señorito venido a menos que daba qué pensar. Tanta celebración sin motivo, que dijo aquel. 

Y no es que yo me vaya a poner a llorar como Jordan Peterson por haber descubierto a Dios, pero sí, les juro que le he descubierto en estas acaballas de la vida. No sé en qué consiste, pero me he dado cuenta de que sin Él no vamos a otro sitio que no sea el despeñadero. Es una convicción íntima de que hay un orden que no se puede alterar so pena de terribles sufrimientos. La experiencia de la vida me lo ha enseñado. Porque, lo tengo que confesar, lo he pasado muy mal por haber creído que estaba en mi derecho de alterar ese orden. O, dicho de otra forma, mi derecho a satisfacer mis deseos de lo innecesario. No cabe mayor estupidez en la vida. 

En fin, ahora, cuando las negras premoniciones se ciernen por doquier, les tengo que decir que vivo pesaroso y avergonzado por estar seguro de haber contribuido con mi mucha estupidez a esta especie de caos que amenaza con llevar a los hijos a la guerra. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario