Seguramente la mayoría de ustedes desconocerán lo que allá por la baja Edad Media le sucedió a Dña. María Coronel. Resultó que estando su marido ya demasiado tiempo de campaña contra los moros, a esta buena señora le entraron unos apetitos carnales que no se podía aguantar. Puesta ante tal tesitura y dado su inquebrantable sentido de la virtud, no se le ocurrió mejor cosa que intentar apagar un fuego con otro: se metió un tizón ardiendo por do más podía pecar. De resultas de lo cual murió. Supongo que la quemadura se infectaría.
Y entonces fue cuando el poeta glosó:
¡O quírita Roma, si d´ésta supieras/ quando mandavas el grand universo,/ qué gloria, qué fama, qué prosa, qué verso,/ qué templo vestal a la tal fizieras!
Claro, bajo una perspectiva actual es difícil considerar el suceso de otra forma que no sea el producto de una enajenación mental. Pero es que, convénzanse, nuestra perspectiva es muy chata. Ya hace tiempo que escuché a Margarite Youcenar disertando sobre el tabú del sexo. Todas las generaciones en su adolescencia, decía, piensan que serán los primeros en poderle romper. Y todas, cuando maduran, de lo primero que se dan cuenta es de que es imposible. Trae excesivas complicaciones por mucho que el vicio quiera homenajear a la virtud por medio de la hipocresía. La procesión va por dentro y solo la puedes acallar endureciendo tu corazón.
Que esto es lo que pasa en la actualidad con estas generaciones adolescentadas que tienen el corazón de piedra. Y por eso no tienen otra meta en la vida que no sea el apagamiento inmediato de sus sucesivos ardores. Aquí te pillo, aquí te mato. Una sed que se acrecienta bebiendo. El tormento tantálico. Doña María Coronel así lo entendió y prefirió cortar por lo sano. Una locura, sí, pero la locura de los héroes.
Los calores de entrepierna no se me curan con la merienda , o, la mítica y divina " La jodienda no tiene enmienda" , son chascarrillos ,sabiduría popular . Pero te digo algo que llevo observando hace unos años. Las generaciones jóvenes son 50 o 60 veces más conservadoras que nosotros. Y los peores, estos que van de podemitas .
ResponderEliminarPara empezar, hace cincuenta años que los niños no han visto un maestro. Les educan señoritas que solo les enseñan a cocinar y coser. Y les convencen de que las guerras es cosa del pasado. Para mí la gran causa de la presente crisis que atraviesa el mundo es que hay demasiadas mujeres tomando decisiones. Es una aberración total: lo quieren todo, parir que es lo fundamental y mandar, que es lo que sigue a lo fundamental. No puede funcionar de ningún modo.
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