viernes, 5 de agosto de 2022

Djokovic/Galileo

 Novak Djokovic está pasando de ser un tenista de élite a ser un símbolo de libertad. El tiempo dirá por cual de las dos cosas será más recordado. El caso es que la mafia globalista sigue en sus trece  de no dejar jugar torneos a Djokovic. También ella le quiere usar como símbolo: el que no pasa por el aro, por importante que sea, será marginado. Aquí no caben razones porque es la esencia del poder lo que está en juego. 

Hace unos cuatrocientos años hubo un hombre en Italia, un tal Galileo, que revolucionó el mundo para siempre. Al poner números a los fenómenos de la naturaleza inventó la física en el sentido moderno del término. Enseñó a la humanidad a medir el tiempo con la misma finura con la que se mide el espacio. Así pudo calcular con exactitud la aceleración de los cuerpos que caen, que es lo mismo que descubrir la fuerza de la gravedad. Y como también había inventado o perfeccionado un aparato para mirar al cielo en las noches estrelladas pudo confirmar  sin lugar a la menor duda que era la tierra la que giraba alrededor del sol y no al revés, cosa que, por irracional que parezca, le venía fatal a la mafia del poder de aquel entonces: cuestiones doctrinales  mandan; sin ellas no hay poder que se sustente.

De vez en cuando me topo con alguien por ahí que al poco de estar hablando me llama negacionista. Bien es verdad que ahora han cambiado el gesto de desprecio por otro de condescendencia cuando te lo llaman. Será, supongo, porque ya no las tienen todas consigo. Sea como sea, les suelo contestar que soy negacionista como lo era Galileo. A la iglesia le venía fatal que la tierra en donde Dios había creado al hombre a su imagen y semejanza no fuese el centro del universo. Si la tierra, de buenas a primeras se convertía en una más entre las infinitas estrellas iban a tener mucho tajo para reconvertir toda su doctrina de forma convincente: de hecho han pasado más de cuatrocientos años y todavía no lo han conseguido. Así era, que el Papa bajaba a las mazmorras del Vaticano en donde tenía preso a Galileo para ver si le convencía de que cambiase de opinión. Le hacía, para ello, sofisticados malabarismos con el lenguaje a propósito de la razón y los sentimientos. Al poder siempre le ha venido fatal que prime la razón sobre los sentimientos y justamente por eso convierte el mundo en un circo de adhesiones sentimentales. Aunque, a veces, como en el caso de Djokovic, el invento se les vuelva en contra. 

Y así es que, lo mismo que cuando lo de Galileo, las razones para marginar a Djokovic son inexistentes. Cada día que pasa salen nuevos trabajos, ya hay miles, que demuestran que las dichosas vacunas no solo son ineficaces sino que son tremendamente perniciosas. Ya solo las capas más depauperadas intelectualmente de la población se traga ese anzuelo. Pero da igual porque los curas seguirán predicando que es el sol el que gira alrededor de la tierra sin importarles que las iglesias se vacíen. Es la mecánica del poder que sabe que la fuerza de la razón puede ser sustituida por la razón de la fuerza... y que dure lo que dura dura. 

2 comentarios:

  1. Yo, viendo ahora cómo está el patio, estoy convencido de que nos la han dado con queso. El problema está en saber cómo será la siguiente clavada rectal.

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  2. Esperar para ver, pero dudo de que algo tan turbio pueda acabar bien.

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