viernes, 26 de agosto de 2022

Dies irae

Ayer, el Señor De Santis, gobernador de la Florida, fue y, sin pararse en mientes, dijo que había que ir a Washington, agarrar al Sr. Fauci y arrojarlo al Potomac. Por su parte, el Sr. Sunak, multimillonario y aspirante con posibilidades a la poltrona que deja vacía el Sr. Boris Johnson, ha dicho que está furioso con las decisiones que se tomaron cuando lo de la susodicha pandemia y que fue un error gravísimo dar poder a los científicos. El caso es que las críticas a la acción gubernamental de estos dos últimos años, han pasado de ser a cuenta gotas a convertirse en catarata. “Taking the C-19 vax was greatest regret of my life”, ha dicho Dan Bongino, un reconocido locutor de radio de New York. No habrá un solo taxista de esa ciudad que no haya escuchado su diatriba. Por su parte, Malcolm Roberts, Senator of Queensland, Australia, ha dicho en sede parlamentaria que la gente de su país, y de todo el mundo, ha sido aplastada, que se sabe quienes han sido y que les van a llevar ante los tribunales. 

Podría estar toda la mañana dándoles referencias al respecto, pero para una amiga de María que es muy representativa de la cenutriez dominante, lo que pasa es que toda esa gente que se sale del guion oficial lo hace porque es de extrema derecha. Es una buena coartada para ahuyentar miedos. Porque esa es la cuestión dominante, que bajo esta capa de normalidad y nonchalance se esconde un acojone generalizado a algo mucho más cierto que el famoso virus: los desconocidos efectos de una terapia experimental. Ya han sido varios, y mira que yo me trato con poca gente, los que me han dicho que a él porque le obligaron que si no... bueno a Djokovic también le quisieron obligar y les mandó a la mierda. No, el asunto es que esa gente que se siente engañada le cuesta reconocer que lo fue por pereza mental, porque información al respecto la había y mucha. La misma pereza mental que les había llevado a un miedo infundado al dichoso virus. Con solo que hubiesen echado una mirada a las escasas estadisticas oficiales que circulaban por ahí ya se habrían podido dar cuenta de que la cosa era de muy poca monta. Así lo dijo Mattias Desmet, que no es precisamente un pelandusco, a menos de dos meses de haber comenzado el circo. Para serles sinceros, a mí no hizo sino confirmarme en lo que ya me había dado cuenta, cuando le escuché. 

En cualquier caso, las cosas son como son porque nada hay más estúpido que intentar torcerle el brazo a la  naturaleza. Es una cuestión de ignorancia porque las horribles consecuencias de tal pretensión están descritas hasta la saciedad en toda la mitología clásica. Frente al designio de los dioses somos insignificantes. Y toda fatal arrogancia tiene como colofón los días de la ira. 

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