lunes, 31 de julio de 2023

Guifré el Pilós

Es evidente, de toda evidencia, que hay una epidemia de gastroenteritis perruna en el barrio. Todos los indicios apuntan hacia ello. Por un lado, les debe doler la tripita y por eso no paran de ladrar. Y, por otro, la calle da muestras irrefutables: sus familiares tratan de recoger con la mejor voluntad la líquida mercancía y, para mayor eficacia del rebañe, extienden los dedos y, así, al final lo que queda es como cuando no recuerdo quién le paso a Guifré el Pilós la mano extendida por el pecho ensangrentado consiguiendo con ello dar una identidad inmarcesible a la nación catalana. Ya saben, los cuatro dedos, las cuatro barras. Ya digo, il va de soi.  

Por lo demás parece que ya se terminaron las apestosas fiestas dentro de la fiesta. Anoche escuchamos la traca final que duro su buen cuarto de hora. Sin duda es interesantísimo lo de los fuegos artificiales y, además, ¡que caray!, hay empresas que tienen ese cometido y no hay que dejarlas quebrar. Estas fiestas dentro de la fiesta que no cesa son un nicho de negocio que justifica con creces la molestia. Ayer paseaba por la alameda primera y pude ver todas esas casetas que han colocado con tal motivo rebosantes de pinchos que al parecer a nadie le habían interesado. Allí estaban a merced de los elementos a la espera de ser arrojados al contenedor de basura. Te atravesaba el alma verlo. ¡Tanta hambre en el mundo...! Por lo menos eso es lo que dicen los anuncios que indefectiblemente aparecen en la pantalla cuando estoy viendo las películas del oeste. ¡Una limosna, por el amor de Dios! ¡Ay, si los pedigüeños conociesen esa maravillosa composición de Barrios Mangore! Otro gallo cantara. 

Pero bueno, a lo que iba, que es imposible de toda  imposibilidad que a la gente le quepa un pincho más en la barriga. Tendrían que aprender a trocar al trascantón, al estilo Guzmán de Alfarache, para poder embaular tanta mercancía como se exhibe por alamedas y plazas. Y luego, ya, que tenemos a media población rozando la morbosidad obesa. En fin, cosas de la política que, como ya se habrán dado cuenta, es el arte de tener a la gente entretenida ganando en morbosidad y pintando señeras -las cuatro barras- en el suelo. 

Me voy a la compra.  

domingo, 30 de julio de 2023

Soledad

En verano, por fas o por nefas, siempre termino por deprimirme un poquito. Entonces, en vez de las cinco o seis horas de sueño que constituyen mi normalidad vengo a caer en las siete, ocho e, incluso, más, de las que emerjo con un sentimiento de vergüenza producido por la acumulación de recuerdos nefastos en referencia a los episodios más detestables de mi vida. La vida es así; todo el mundo, supongo, tiene mucho de lo que avergonzarse, pero, la conciencia de ello, afortunadamente, suele dormir en las profundidades del tejido neuronal. Lo que no sé es si a todo el mundo le pasará como a mí, que episodios veraniegos, o de cualquier otra estación, tienen el poder de arrancar de las profundidades esos recuerdos y sacarlos a la superficie. Supongo que sí, porque, todo lo que deprime pone en carne viva la conciencia, o sea, en una posición de objetividad insoportable. 

Al respecto, siempre me viene a la memoria aquel libro de Castilla del Pino en el que analizaba las historias clínicas de un par de pacientes depresivos. Venía a decir que hay que estar muy fuerte para no derrumbarse ante tal torrente de objetividad. Porque es que, es eso, que la realidad sin los adornos de la ilusión, que es lo que ve el depresivo, no hay dios que la soporte. 

Y así es que veo a la gente a mi alrededor aguantando el tipo como si aquí no hubiese pasado nada. Estos tres últimos años de histeria colectiva encubierta que han llevado a mucha gente, la inmensa mayoría, a cometer torpezas de las que, por mucho que se las disimule, no se las puede sacar uno de la cabeza. Y, para colmo, tienen que soportar la información que se escapa por las grietas que toda censura oficial tiene. Porque la verdad es tozuda y siempre acaba por ponerse en primer plano. 

En fin, ya digo, por fas o por nefas, siempre que aumentan mis contactos con el género humano acabo con un a modo de depresión que me aviva los malos recuerdos, los que producen vergüenza, los que te desapegan de la vida. Que no por otra cosa debía ser que Thoreau dijera que nunca había encontrado otra compañera tan fiable como la soledad.   

sábado, 29 de julio de 2023

Ceporrismo

La constante más visible de la historia de la humanidad es la inevitabilidad de la guerra. Allí donde hay un ambicioso poco inteligente surge como por ensalmo la guerra. Porque si es inteligente se puede sentar a estudiar para colmar sus ambiciones de manera pacífica, pero, ¡ay si es un ceporro!, entonces tirará por la calle del medio y la vida de los otros cuenta lo mismo que la de las vacas para hacer hamburguesas macdonals: un simple instrumento. 

Y ahí es donde está el quid de la cuestión, que, por lo general, la naturaleza reparte entre los humanos la inteligencia y la ambición en relaciones inversamente proporcionales, es decir, que, a más de una, menos de la otra. 

Sigo con cierto interés y mucha aprensión lo que está pasando en Ucrania. Lo mismo que a los putos catalanes, que les ha dado por no querer ser lo que fueron siempre, parece que les pasa a algunos ucranianos. Pero es que, además, no solo quieren dejar de ser españoles o rusos, no, su ceporrismo les lleva a querer imponer a todo el que vive alrededor de ellos su misma visión de la jugada. Y no se paran en mientes: si hay que matar para conseguirlo, se mata... ya sea físicamente, como en Ucrania, o civilmente, como en Cataluña. 

¿Y qué puedes hacer ante eso? Nada. Que yo sepa nunca nadie curó su ceporrismo. Como dicen los gitanos, lo nuestro es genético. Lo que pasa es que la genética de los gitanos, desgraciadamente, no se desparrama por el mundo: sería el fin de todos los problemas. Pero la de los ceporros corre como un reguero de pólvora. Lo mismo que la guerra, que es que huelen una y ya están todos los ceporros del mundo a ver que pueden sacar de ella. Porque de las guerras se saca. Y mucho. Unos porque venden más. Otros porque heredan. Otros porque miran con codicia la reconstrucción de lo destruido. Otros porque satisfacen sus instintos más bajos. El caso es que hay muchos, demasiados, beneficiados. Y los muertos, en cuatro días no son más que un monumento a los héroes de la patria. 

Ya digo, miro con mucha aprensión lo de Ucrania. Porque eso sí que se puede convertir en una pandemia de las de verdad. Una pandemia de ceporrismo, bien sure. 

viernes, 28 de julio de 2023

Nostalgia

Hace entre cuarenta y cincuenta años un amigo de amigos al que había prestado algún servicio me llevó a comer a su casa con su familia. Eran bastantes hermanos, algunos casados, todos alrededor del patriarca como si de una escena bíblica se tratase. Estábamos todos sentados en una mesa alargada en el centro de una gran sala que estaba situada encima de las tolvas de un molino de agua que seguía funcionando a pleno rendimiento. Recuerdo que comimos un salmón de los que quedaban retenidos por la presa del molino y que todos aquellos hermanos se entretenían pescándolos. De hecho, tenían allí un frigorífico enorme lleno de salmones que según me dijeron iban comiendo en las conmemoraciones. Todo ello fue un episodio tan singular que guardo una memoria bastante nítida de él. Pues bien, ayer por circunstancias de la vida volví al lugar de autos con el mismo personaje y sus amigos que son mis amigos. Ahora aquello es un complejo turísticohostelero de lo más lujoso y, por qué no decirlo, un poco remilgado. Lo llaman el Paraíso del Pas, o algo así, y desde luego que el lugar hace honor al nombre. Por lo demás, comí espléndidamente. Luego el amigo de mis amigos, que es mi amigo, y que, a causa de su profesión, supongo, llevaba una camiseta con la imagen de Edipo viéndoselas con la Esfinge, me estuvo enseñando todo lo que las nuevas instalaciones han respetado del antiguo molino. Y, desde luego que con lo que queda y una buena explicación te puedes hacer una idea bastante exacta de lo que eran aquellos ingenios que precedieron a la revolución industrial. 

Pero, a lo que quería llegar es a cuando en la vida, a nada que te descuides, se lo lleva todo la nostalgia. Vives, ya, de lo que viviste, lo cual que, como que viene a ser estar haciendo cola en lo de Caronte. Los amagos de nuevas experiencias acaban siempre siendo recuerdos de las antiguas. Al final acabas hablando de cuando viste al Zurdo de Bielva meter nueve emboques en una partida de bolos. Conversaciones, en fin, para entretener la espera. 

Había sido un día intenso. Luego, ya en la cama, me costó mucho más de lo habitual coger el sueño. Y es que a uno ya no le queda elasticidad. Cualquier pequeño estiramiento, te rompe. Es ley de vida. Lo cual no es óbice, ni cortapisa tampoco, para que conserve la suficiente voluntad para enfrascarme en la conquista de Libertango. Después de habérsela oído tocar al acordeón a Ksenija Sidorova bajo el arco de triunfo de Moncloa, con aquellas pintadas denunciando la plandemia del miedo... no sé, pero para mí que era lo más parecido a una diosa griega despejando las brumas de la sumisión que señorean el mundo. Libertango, las mejores versiones a guitarra que he encontrado son rusas. Un antídoto, en todo caso, de la nostalgia que amenaza con llevarse por delante lo poco que me queda. 

miércoles, 26 de julio de 2023

Thoreau

El mundo, es decir, lo que hemos dado en llamar los humanos, sigue en sus trece. Trece, ya saben, si me la tocas me crece. Es todo de chiste. Me recuerda a los hormigueros. Thoreau nos relata en Walden como se pasaba las horas muertas contemplando a las hormigas. Y es que hay muy pocas diferencias entre un hormiguero en medio del bosque y una calle en New York. Lo que hacen las hormigas en uno y lo que hacen los hombres en lo otro viene a ser exactamente lo mismo. Van de aquí para allá para asegurarse el condumio y de paso, todos juntos. van ampliando la infraestructura. Tu dejas un hormiguero a su libre determinación y en tres patadas ha creado una infraestructura que ríete tú de la que están construyendo ahora los chinos en su país. Me maravilla. ¿Qué pensarán esas gentes, o esas hormigas, que es la vida? A juzgar por los hechos, se diría que viven convencidos de que esto es para siempre. Quizá sea que el instinto de supervivencia es más de la especie que del individuo. Y ese instinto nos lleva a pensar que nada mejor que agrandar la infraestructura para garantizar esa supervivencia. Y puede que tenga sentido. Yo desde luego no se lo veo. He vivido ya tantos años que tengo alguna perspectiva de todo esto. Y, desde luego, no veo yo que la gente viva hoy ni más segura ni más feliz que cuando era niño. Esos sentimientos son tan subjetivos que es inútil todo intento de cambiarlos desde afuera. En estando alimentados, los humanos, como los demás animales, poco tienen que rascar que no sea pensar en el fornicio. Todo lo demás que hacen no es más que un vano intento de olvidarse de esa obsesión. Y ahí es donde reside el quid de la cuestión, en todo lo demás. ¿Es que no podríamos ser un poco más elegantes, o inteligentes, cuando elegimos nuestras formas de evasión? Pues parece ser que no. Actuamos como si estuviésemos convencidos de que cuanta más infraestructura poseamos más felices seremos. Y luego viene Thoreau y te dice que la felicidad está en relación con las cosas que puedes desechar. 

En resumidas cuentas, que entre lo que veo ahora y lo que me cuenta Heródoto no noto otra diferencia que lo que se ha ganado en monotonía y homogeneidad, es decir, en aburrimiento. Todo eso que llaman progreso no ha consistido en otra cosa que en abreviar el camino para llegar a la meta. Autopistas para todo. ¿Es que puede haber algo más triste que circular por una autopista? ¡Ah, sí, ya sé, estar en muchos sitios en muy poco tiempo! ¿Piensas ustedes que eso merece la pena? No me convence. Me quedo con Thoreau. Y desobedezco todo lo que puedo. 

martes, 25 de julio de 2023

Ruiseñores

Como les iba diciendo: Yo había visto demasiadas cosas nada claras para sentirme contento. Sabía demasiado y no sabía bastante. 

Me he pasado la vida intentando entender lo que me rodeaba. He leído miles de libros. E ido de aquí para allá en una incesante búsqueda de mi sitio en el mundo. He tratado a miles de personas la mayoría de las cuales, por razones que desconozco, convertí en cadáveres que fui arrojando a las cunetas del camino. Y mil historias más por el estilo que me han dejado exactamente en el mismo lugar en el que comencé. Ya lo dijo el sabio: la experiencia nada enseña. 

Mi presente es un puro desistimiento. No tengo ya más filosofía que la del que sea lo que Dios quiera. Porque lo que quieren los hombres nunca se llega a cumplir. Todo se queda en filfa. A la postre, con todos nuestros esfuerzos no hemos conseguido superar el canto de aquellos ruiseñores que escuchaba en las noches estrelladas de la Serralada Central catalana. 

Sí, ese es el único intento humano al que veo sentido: intentar imitar a los ruiseñores. Pasarse la vida con una guitarra en las manos y allá cuidados. Todo lo demás está condenado al fracaso y la frustración. Afortunadamente, siempre hubo, hay y habrá, bastante gente que cae en la cuenta... da con el portillo del caer en la cuenta y salta por él, como decía Gracián. 

Libertango, Oblivion, Alma Zapoteca, Movimiento Perpétuo, Tico-tico, El Choclo, La Catedral, Scherzino Mexicano, Un Dia de Noviembre, Cavatina, Asturias, Recuerdos de la Alhambra... ¡qué más quieren que les diga!


lunes, 24 de julio de 2023

Robinson

Ayer, en evitación de mayores males, apenas me moví de casa. Y eso, a pesar de sentirme bastante inmunizado respecto de la chabacanería ambiental que por estas fechas alcanza su pico si es que eso es posible dadas las alturas por las que se suele mover en el trance cotidiano. En fin, ya lo dijo el clásico hace miles de años, que el abuso del ocio inevitablemente conduce a la chabacanería que es algo así como un retroceso en la escala filogenética. Que de ahí supongo nos viene la facilidad con la convivimos con los animales y sus mierdas, que es que vas por la calle y casi todo el mundo va en animada conversación con su chucho. ¡Y hay que ver lo bien que se entienden! Lo hiciéramos igual entre nosotros, las personas, y se habrían acabado los problemas. En cualquier caso, yo no tengo empatía para la cosa y así es que me quedo en casa o me jodo de envidia. 

Y en el entretanto, aquí estoy, con mis cosas. Tratando de niquelar, como les decía, el Movimiento Perpetuo de Uvalle. Es una partitura que como que pide ir pisando el acelerador. Al final es como si te fuese a explotar la cabeza. En fin, todavía tengo que darle unos cuantos repasos más para perfeccionar en lo posible el niquelado, aunque sé que, en el mejor de los casos, el movimiento perpetuo siempre se queda a las puertas de su logro. Recuerdo al respecto unos ingenios que fui a visitar con Fede en un pueblo de Orense, por donde la laguna de Antela; eran unas máquinas de madera con miles de engranajes que había construido un chalado que aspiraba a la inmortalidad. De inmediato se convirtió en un icono para mí que me ha acompañado toda la vida... porque, qué mierda sería esto si no aspirásemos a lo imposible. 

Por lo demás, sigo con el viaje al fondo de la noche. No cabe duda de que el viaje, todo viaje, es una forma de evasión que inevitablemente le conduce a uno a toparse con su yo más controvertido:

"Podía ver lo que ocurría en algunas de ellas. Eran matrimonios que iban a acostarse. Los americanos, después de las horas verticales parecían tan decaídos como nosotros. Las mujeres tenían los muslos muy gruesos y muy pálidos, al menos las que pude ver.

La mayoría de los hombres se afeitaban antes de acostarse y fumando al mismo tiempo. 

Una vez en la cama se quitaban primero las lentes, luego la dentadura postiza, que metían dentro de un vaso, colocándolo todo muy en evidencia. No parecían hablar entre ellos, ambos sexos, exactamente igual que en la calle. Hubiérase dicho grandes animales muy dóciles, perfectamente acostumbrados a aburrirse. En todo solo pude ver a dos parejas que con la luz encendida hacían lo que yo esperaba, y sin gran pasión. Las otras mujeres comían bombones en la cama mientras esperaban que el marido acabase de asearse. Y luego todo el mundo apagó la luz.

Es triste ver gente en el momento de acostarse; puede uno darse cuenta de que les importa un bledo que las cosas vayan del modo que sea, bien claro se ve que no tratan de comprender el por qué estamos aquí. Les da igual. Duermen de cualquier modo, son unos parásitos, unas ostras, sin ninguna susceptibilidad. Americanos o no. Siempre tienen la conciencia tranquila. 

Yo había visto demasiadas cosas nada claras para sentirme contento. Sabía demasiado y no sabía bastante. Hay que salir, me dije, salir otra vez. Quizá encuentres a Robinson."

domingo, 23 de julio de 2023

Movimiento Perpetuo

Hoy es un día en el que la gente puede cambiar al padrino de la mafia estatal. Es para eso para lo que montan todo este circo de las elecciones. Nos quieren convencer de que estamos eligiendo. En el caso de hoy, entre uno que nos encerró tres meses en casa y nos hizo llevar mascarillas saltándose a la torera, no solo la más elemental lógica científica, sino, también, nuestras leyes más sagradas, y otro que quería meter en la cárcel a los que no pasasen por el aro de la inoculación ponzoñosa. ¡Menudo par de prendas!

La sangrante realidad es que, salga quien salga elegido, la mafia seguirá intacta. Intacta y, por lógica mafiosa acrecentando su poder. Aunque es tanto el que tiene ya que por ley matemática la curva de su crecimiento ha llegado a su fase plana. ¿Qué más nos pueden controlar? 

El poder, se revista de los ropajes que se revista, siempre fue y será mafioso. Su obsesión es perpetuarse y para ello no le queda otra solución que apoderarse de las mentes de cuanta más gente mejor. Y siempre por el mismo procedimiento: difundiendo el miedo. La invención de los púlpitos no tuvo otra finalidad. ¡Os vais a condenar! Estuvieron gritando desde ellos durante siglos. Ahora, ya, directamente, amenazan con la muerte. ¡Un virus! Y no falla. Todo lo que se dice desde un púlpito viene directamente de Dios. 

La cosa no tiene la menor solución. Se ensayen todos los procedimientos que se ensayen de organización social siempre se llegará al padrino y sus sicarios. Es la consecuencia de nuestra condición animal. En todas las especies hay un jefe de manada que es el que, si le apetece, desflora, a las doncellas. Y los demás, a mirar y callar. 

En cualquier caso, podemos vivir con la ilusión de que nos estamos revelando. Incluso nos podemos asociar con los ilusos para fundar una plataforma que promocione el gran despertar. The Great Awakening en inglés, que parece que así se va a llegar más lejos. Inútil de toda inutilidad: de la mano de quienquiera que sea no se llega a ningún lado que no sea a más controles sobre tu vida. No, miren ustedes, mejor agarren la guitarra, que esa nunca engaña, y pónganse con el Movimiento Perpetuo, del mi menor al mayor y vuelta a empezar, de Uvalle, el mismo que ayer les decía del aire zandungo de Oaxaca... en fin, que ahí me las den todas y a votar que vaya su puta madre. 

 


sábado, 22 de julio de 2023

Redundancia

Uno tiende a pensar que más es imposible, pero, de pronto, suenan los clarines y uno se percata de que todavía quedaba hueco por llenar. Ayer comenzó en la ciudad lo que llaman fiestas. Se veía por ahí a la gente con un pañuelo azul al cuello que por lo visto es el signo distintivo de la cosa. Decir fiestas es una absoluta redundancia. Porque a nadie con dos dedos se le puede escapar que son fiestas en la fiesta que no cesa. Ahora, ya, nadie puede escapar. También en esos espacios por los que intentabas pasear entre el gentío ansioso han puesto casetas por donde es casi imposible pasar sin llevarse un pintxo -porque cada vez somos más vascos- por delante. Y eso, por no hablar del ruido, así, en plan valenciano para no ser menos que nadie. Así que, ayer, a las siete de la tarde, maxcletada al canto. Es una cosa muy interesante que como que hace identidad... la nostra identitat, para que nos entendamos, esa entelequia que adormece a los incapaces de ser cualquier cosa que sea por sí mismos.

De todas formas, en este barrio ya tuvimos nuestro lote de redundancia la semana pasada. Así que ahora quizá sea el único oasis de bendito aburrimiento de la ciudad. Con el frescor de la mañana me siento en un banco frente a la lonja, con la centelleante dársena por medio, a seguir con lo de Casanova que es que el tío parece el Gallo de la Pasión. Y es que siempre, en toda época y lugar, hubo individuos con una especie de magnetismo para el sexo contrario. Es como si las mujeres al ver a un tipo de esos tienen que salir corriendo a cambiarse de bragas. Parece un chiste, pero les puedo asegurar que no lo es en absoluto; más bien es pura biología. En fin, sea como sea, cuando me canso de leer doy una vuelta, compro algo para comer y vuelvo a casa a retomar mis asuntos. Ando ahora tratando de niquelar la partitura de Alma Zapoteca de un tal Uvalle. Tiene un aire zandungo que talmente te trasporta a Oaxaca. ¡Ay, México lindo! El único lugar del mundo que me da algo de pena no haber conocido. Más que nada por la música. Pero a lo que iba, que, luego, cuando cae la noche, voy a pasear por el muelle al norte de la dársena. Hay unos cuantos pescadores somnolientos y el típico grupito que simula que sus perros son niños... no hacen daño a nadie que no sea a sí mismos, pero a ver quién es el que está libre de pulsiones autodestructivas. Yo paso de largo absorto en mis pensamientos y voy a sentarme en cualquier banco solitario en donde me demoro contemplando el rielar multicolor de las luces. Nadie diría, desde luego, que mil metros más allá la ciudad bulle de expectativas de placer... que por la propia naturaleza de las cosas están condenadas a verse frustradas. Ley de vida, que le dicen.

Y así hasta que Dios quiera.  

viernes, 21 de julio de 2023

Agüeros y hechicerías

Casanova ha ido a Ginebra con la finalidad de entrevistarse con Voltaire que, a la sazón, era considerado poco menos que un Dios. La descripción de esas entrevistas es un despliegue de ingenio por parte de uno y otro que te deja boquiabierto. Ingenio y también unos conocimientos que han tenido que exigir millones de horas de estudio, lo cual, en Voltaire, no me meto porque no sé de su vida, pero Casanova, con todas las peripecias que nos cuenta no se explica uno de dónde sacaba tiempo. El caso es que los mismos días en los que come y conversa con Voltaire se tira toda la mañana con las "tres gracias" que le ha proporcionado un síndico. Son tres niñas bien, con una educación exquisita, cuyos padres han venido a menos. Casanova desayuna con ellas y después juega a los médicos. Les introduce bolitas de oro impregnadas de una solución alcalina en lo más hondo de la vagina, pegado al cuello del útero, para que no queden preñadas. Según él, las niñas se lo pasan pipa. Uno tiende a pensar que después de tan titánicos despliegues la cabeza tiene que quedar para cualquier cosa menos para discutir con la mayor eminencia de la época sobre la métrica alejandrina en los diferentes idiomas. O para recitar los pasajes más sobresalientes del Orlando de Ariosto. En cualquier caso, es sorprendente el retrato que nos hace de la sociedad suiza de la época. Es como si estuviesen a años luz del resto del mundo, excepción hecha de Holanda a la que también la describe como un sitio excepcional. Dos lugares donde prima sin ambages la razón sobre los sentimientos. A buen seguro que en ello algo tiene que ver el calvinismo. 

Por cierto, que, al respecto, una de las partes más sabrosas de las discusiones es la que se refiere a la superstición. Voltaire dice poco menos que su misión en el mundo es luchar contra la superstición, o sea, como Calviño, que se cargó el solo a más mujeres acusadas de brujería que toda la Inquisición junta. Casanova le contesta que eso es una tontería. Que suprimir la superstición es de todo punto imposible. Lo más que se puede conseguir, le dice, es cambiar una superstición por otra, lo cual, para mí, no hace sino demostrar la superioridad intelectual de Casanova sobre Voltaire, representante donde los haya de eso que se dio en llamar "las luces". El siglo de las luces, como luego se dijo. ¡Menuda quimera más tonta! 

Y hablando de razón y superchería me parece muy interesante lo que va contando Heródoto acerca de los usos y costumbres de las diferentes tribus que poblaban el mundo que él recorrió. O que le contaron. Y como es natural entre esos usos y costumbres juega un papel primordial el sexo. sobre todo por la parte de lo que hoy es Libia y Argelia nos cuenta anécdotas de lo más sabrosas. Lo de que todas se acuesten con todos ya nos lo había contado de pueblos por la parte del Caspio, pero en estos del norte de África la cosa va más allá. Cuando una mujer tiene un hijo, a los tres meses se reúnen alrededor de él todos los que han tenido relaciones con la madre para decidir a cuál de ellos se parece más la criatura que es al que se le asignará el papel de padre. En algunas tribus las mujeres se colocan un colgante en los tobillos por cada tío que se han tirado. La que más colgantes lleva es la de más prestigio del lugar. En otras tribus, cuando una mujer se casa se pasa toda la noche acostándose con todos los invitados que, a cambio, la tienen que hacer un regalo. Luego por la mañana se va con todo el botín a cuestas a yacer con el marido. Por otro lado, donde hay casamientos colectivos, el rey tiene el privilegio de desflorar a las novias que le parezcan más apetitosas. Y así, hasta cansar.  

Así es que el tabú del sexo siempre ha tenido sus matices. Y ahí es donde entra en juego la dicotomía razón/sentimientos, por no hablar de razón/superstición. Porque esa es la cuestión, que los sentimientos a lo mejor no son más que superstición. O agüeros y hechicerías, como los llamaba el padre Astete. En fin. 

jueves, 20 de julio de 2023

Humareda

Los escasos conocidos con los me encuentro, aquí en el barrio, indefectible me dicen que el domingo hay que ir a votar. Pienso que algo hemos mejorado, porque hace un par de años o así te decían que había que ir a vacunarse. Yo, con lo de la vacuna, me callaba porque aquello tenía tintes muy siniestros, pero respecto a lo de votar les digo que si me ven cara de haberme caído de un guindo. Porque de no haberte caído es difícil que puedas estar tan atontado como para creerte este circo. Escoger entre Pedro Sánchez, un guaperas sin luces, o ese gallego que quería meter en la cárcel a los que se resistían a lo de la vacuna.  La verdad es que no veo motivos para que no se me dé una higa que gane el uno o el otro. De hecho, ni siquiera cuando pasamos de aquello que llamábamos dictadura a esto que dicen es democracia noté cambios significativos en el cotidiano transcurrir de las cosas. Quizá, lo único, que las mafias que ostentan el poder se han sofisticado un poco para mejor camuflarse. Por lo demás, en ellas estaban, y en ellas están, lo peor de cada casa. Lo que no sirve para desenvolverse por sus propios medios y busca el amparo de la estructura para sobrevivir. En el fondo, más que nada, dan pena. 

Lo que para mi cuenta en estos momentos o, para decirlo más propiamente, lo que ayuda a mi entretenimiento, es la nube mental que, como les decía el otro día, está descargando su rayo sosegado. Y, poco a poco, va infiltrando todas las capas de la sociedad. Y cada vez se hace más evidente que, al final habrá que levantar cadalsos en las plazas públicas para apaciguar las indignaciones que van subiendo como la espuma a medida que la realidad se abre paso entre la humareda de la verdad manipulada. Conviene recordar al respecto las conversaciones entre el papa Urbano VIII y Galileo: el papa quería convencer a Galileo de que una cosa es la verdad y otra la realidad. Y Galileo le contestaba que eso es así solo para los vendedores de humo. Al final, Galileo, que entendió perfectamente con quién se las estaba jugando, le dijo al papa que para ti la perra gorda. Pero cuando salía por la puerta de la cárcel en la que había estado encerrado iba diciendo por lo bajini que la verdad y la realidad son una y la misma cosa. El humo fuera y sus vendedores al cadalso. Como tantas veces ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad. 

La verdad que se está abriendo paso entre la humareda provocada por los mafiosos es que todos los años se raptan dos millones de niños para satisfacer la demanda de placer de, precisamente, los más sobresalientes fabricantes de humo. Están tan acostumbrados a que queden impunes sus fechorías que cada día que pasa monten d´un cran sus repugnantes caprichos. Para ellos nunca están suficientemente prietos los culitos y así es que bajan y bajan la edad de la carne por donde la quieren meter. Y claro, como los destrozan en cuatro días, y por otra parte están tan concienciados con lo del reciclaje, los despiezan para venderlos en el mercado de órganos. Por así decirlo, están a todas.

En fin, ya saben, ahora toca decir que todo es conspiranoia. Conspiranoia, extrema derecha, negacionistas... el surtido de insultos aumenta en la misma proporción en la que la verdad va saliendo a la luz. Pero, claro, mientras la vida siga girando alrededor de los bares... tendremos humareda para rato.

miércoles, 19 de julio de 2023

La puerta de salida

Según asegura Gracián, que no es precisamente un cualquiera, los viejos, no solo pueden, sino que deben decir lo que piensan por aquello de que por la lógica de la experiencia acumulada son los que menos se equivocan. Esto, por supuesto, es más que discutible, porque, de entrada, presupone que los jóvenes están educados para respetar a los viejos, lo que, en los tiempos actuales, al menos, no pasa de ser una quimera. Los viejos, hoy día, se diría que apestan y, desde luego, si alguien por casualidad se hace a un lado para dejarles pasar, es evidente que lo hace a regañadientes. Y es que, claro, somos tantos... 

Estaban ahí unos cuantos, algunos con su tacatá, en el banco que hay frente a Lupa. Entonces una, que parecía la más pizpireta, al ver llegar a otro con tacatá, dijo: ahora podéis, echar carreras. Ni que decir tiene que, tal y como están las aceras a esas horas, los viejos con tacatá, por más que tengan derecho a ir por ellas, si la vida les hubiese enseñado algo, no lo harían. 

Y ya no te digo nada las lindezas que se ven obligados a escuchar los viejos cascarrabias. De, muérete de una puta vez, para arriba, lo que quieras. Déjale, si solo le queda un cuarto de hora, le dijo la novia al novio sulfurado porque un viejo le había dicho educadamente que hiciese el favor de sujetar a su perro. Para hacerse una idea de cómo está la cosa no hay más que ver el entusiasmo con el que acogieron las masas el genocidio de viejos que llevaron a cabo las autoridades al comienzo de lo que se dio en llamar pandemia. En realidad, cualquiera que sepa un poco de analizar datos estadísticos podrá darse cuenta de que la tal pandemia no fue más que un montaje para matar viejos. Imagínense la cantidad de gente que heredó y, si no, al menos, dejó de pagar las abultadas minutas de las residencias. ¡Cómo para protestar! 

Uno, a D. G, no necesita tacatá, pero es consciente de lo que hay. Cuando menos me deje ver por ahí a las horas punta y en los lugares calientes, mejor que mejor. No se me ha perdido nada en tales lugares y tesituras. Voy a la compra a primera hora y busco las calles solitarias de los polígonos para pasear. Siempre encuentro un banco en un lugar tranquilo para sentarme a descansar un rato. Y, por lo demás, procuro salir de casa con los deberes hechos para no tener que entrar a repostar en cualquier chiringuito del camino. Y la verdad es que no echo a faltar nada. Más bien siento como si hubiese descubierto un tesoro. 

Y así hasta que uno decida tomar la puerta de salida... si es que antes los dioses no me empujan. 

martes, 18 de julio de 2023

Los agatirsos

Parece ser que en dos o tres años la población de Ucrania ha caído de 44 millones a unos 30. Para creérselo solo hay que darse una vuelta por estas calles. Yo pensaba que eran rusos, pero el moldavo que limpia el portal me aclaró que en Santander solo hay ucranianos. Los rusos, dijo, están en Valladolid. Aquí se les ve felices. Tienen todo el trabajo que quieren y luego se van a pescar al muelle o a hacer barbacoas con la familia. Se les ve tan integrados que solo se les distingue por lo grandes que son. En cualquier caso, para esta Europa moribunda han sido una bendición: bien educados y formados, son un pegamento inmejorable para tapar las grietas que se van produciendo a causa de tantos años seguidos de opulencia. Y, encima, que tienen una condenada facilidad para los idiomas. 

Así que, en todo este lamentable asunto de la guerra promovida por la estupidez inherente a los imperios en retirada, podemos concluir una vez más que no hay mal que por bien no venga. Así es como se han regenerado siempre los pueblos, por medio de las guerras, porque, al parecer, es la única forma de que los humanos nos enteremos de lo que vale un peine. 

Por lo demás, por mucho que los intereses del mando en plaza se obstinen en poner el foco en esa guerra civil, los mandados dicen que no y le desvían, el foco, hacia otros asuntos que no por poner los pelos de punta dejan de campar por sus respetos. De repente, nos enteramos de que todos los años son raptados dos millones de niños que luego son utilizados para dar gusto a la legión de pedófilos que señorean el mundo. Porque esa es la cuestión, que el gusto por ese tipo de prácticas es algo tan arraigado en la especie humana que cuanto más se intenta desarraigar más se complica el asunto. Pasa como con todos los vicios que el puritanismo rampante cree poder eliminar por la fuerza: ¡sancta simplicitas! Allí donde se promulga una ley prohibicionista, allí es donde surge como por ensalmo una mafia que suministra a los quieren, o necesitan, esquivar la prohibición. Es como una ley de la naturaleza. Es muy probable que cuando Gide se iba de turismo pedófilo al norte de África no hiciesen falta para nada esas mafias que secuestran niños. Pero así son las cosas, de repente llega una ola de puritanismo y todo el equilibrio se va al carajo. Entonces no queda más remedio que hacer una película, The Sound of Freedom en el caso que nos ocupa, para que todo el mundo se pueda rasgar las vestiduras y sentirse una vez más mejor que los otros. No tiene solución el asunto: se podría mejorar matando a todos los que promulgan leyes, pero a ver quién es el que pone el cascabel a ese gato. 

Por cierto, que en el mundo siempre ha habido gente curiosa: ayer leía sobre los agatirsos, un pueblo que vivía por lo que ahora es Transilvania. Pues bien, parece ser que se pasaban el día follando todos con todas. Así se sentían todos familia y no había lugar a rencillas y envidias. Ya ven qué sencillo.  

lunes, 17 de julio de 2023

PreMat: Train Your Brain

Lo cortés no quita lo valiente. Sigo con lo de Casanova que, a la sazón, anda por Suiza enamorado de su ama de llaves que es un prodigio de mujer se la mire por donde se la mire. En su intensa vida social ha conocido a un matrimonio de cultos y adinerados que tiene una hija de trece años que es, no solo es una preciosidad, sino también un elemento de cuidado. El caso es que a la niña le gusta meterse en el dormitorio donde Casanova y su amante hacen sus cosas. Acaban de echar un polvo y la niña le dice a él que repita la jugada. Él le explica que de momento no puede por razones puramente biológicas. Entonces la niña le dice que ella le va a trastocar esas razones por medio de sus habilidosas manipulaciones. No tarda ni dos minutos en ponerle como una moto. Entonces, él, se va a por la amante, pero la amante está saciada y le dice a la niña que como ha sido ella la que ha encendido el fuego que sea ella la que lo apague. Bueno, la descripción del apagado de ese fuego es algo que, en cualquier caso, es imposible leerla sin sentir como te alcanza el fuego. ¡Madre mía! Entonces mandan a la niña a su casa convertida ya en mujer y Casanova se va a visitar a un afamado científico con el que pasa el día intercambiando conocimientos.

El mundo es así. O ansí, como diría Baroja. Va uno por la calle y ve de todo. Por el extremo oeste del barrio hay bares que los fines de semana son un hervidero de lujuria. Mayormente merodea por ellos la colonia hispana, ellas envasadas al vacío. Pero también hay autóctonos. Ayer había por allí, a cielo abierto, una pareja de estos, por la mediana edad, dándose el lote. De pronto, ella se separó, justo cuando yo pasaba, y le dijo al tipo: primero paga. El tipo, pareció quedar descompuesto, como pillado por la sorpresa. ¡Ah, pero entonces...! Por la pinta, no debía tener un duro. En cualquier caso, así es mi barrio los fines de semana.

Ya digo, por la calle, ve uno de todo. Mayormente, gente zanganeando, dentro y fuera de los bares. Los políticos llaman a eso socializar. O sea, ser cada vez más socialistas que es, justo, lo que los políticos quieren que sea la gente. Pero, luego, uno se da cuenta de que dentro de las casas es otra historia. Llego, me acomodo en el ikea reclinable y enciendo el ordenador porque me apetece darme una de comecocos. En el ordenador encuentras cientos de discípulos aventajados de Euclides. En este caso escojo a PreMat:Train Your Brain. Es un tipo indio que acabo de descubrir y que, en cierto modo, supone para mí una vuelta de tuerca de dificultad. Me fascina. Uno ve el enunciado y parece imposible que con tal precariedad de datos se pueda llegar al resultado. Pero sí, siempre se puede llegar. Cuestión, mayormente, de método. ¡Ay, el método! ¡Qué poco enseñados estamos a ponerle en el centro de todas nuestras decisiones! Nos han hecho creer que con la intuición basta. Pero la intuición sin método es un laberinto del que es imposible salir. 

A lo que quería llegar es a que en el ordenador puedes acceder a cientos, miles acaso, de portales en los que te proponen resolver problemas matemáticos de todo tipo. Y lo sorprendente es que esos portales tienen millones de visitas. O sea, que si miras el mundo con atención te das cuenta de que no es lo que parece a primera vista: porque muchos son, sin duda, los adoradores de Baco, pero, no nos engañemos, porque los discípulos de Euclides no le van a la zaga. Y es que de no ser así, cómo nos podríamos explicar que existan Mercadonas y prodigios por el estilo. 

domingo, 16 de julio de 2023

Liu

Liu Sivaya, esa chica rusa que habla español mejor que la inmensa mayoría de los españoles, está empeñada en contarnos la guerra en curso en su país desde una perspectiva patriótica, rusa, por supuesto. Hoy nos muestra un concierto de rock, supongo que en Moscú, en el que se ve a una banda en un escenario con tanques y toda la parafernalia de la guerra, cantando una gesta del ejército ruso en la segunda guerra mundial. Y el público delirando de puro gusto, porque hay que reconocer que la cosa no es para menos. Entonces, Liu Sivaya va y dice: los gringos no tienen ni idea de quienes son los rusos. Y, como les decía ayer, si no han leído a Heródoto, todavía menos porque desconocen de dónde les viene la casta.

El caso es que Liu Sivaya tiene montones de seguidores que parecen adorarla. Porque es que además la chica, aparte de inteligente, es muy mona. Así que, por más que se haya intentado por todos los medios desacreditarla, acusándola de estar a sueldo de Moscú y cosas por el estilo, no parece que haya hecho mucha mella en su popularidad, lo cual, supongo, tendrá mucho que ver con el asco que siempre han dado en el mundo hispano los gringos. Porque está guerra que todos los medios occidentales dicen que es de Rusia contra Ucrania, cada vez más gente sabe que en realidad es de Rusia contra los gringos. 

Yo no sé, pero a la luz de la historia, diría que esta guerra no tiene otra finalidad que la de debilitar al Estado ruso para que se vea obligado a ceder parte de sus recursos a las empresas gringas. Que Ucrania, que al fin y al cabo es Rusia, quede arrasada, no hace sino mejorar las expectativas. De hecho, por más que Rusia lo tenga todo a su favor en el campo de batalla, es muy probable que en el plano económico se esté resintiendo gravemente. Porque lo contrario iría contra la lógica. Claro que, por parte gringa, tampoco se van a ir de rositas. De hecho, es de suponer que los rusos tendrán algo que ver con todas las revueltas que se extienden por el imperio gringo. 

Porque esa es la cuestión, que en el imperio la cosa está que arde. Tanto que pudiera ser que lo de Ucrania no fuera, a la postre, más que una maniobra de distracción de la opinión pública. Digamos que a todo lo largo y ancho del imperio hay una guerra intestina entre dos facciones irreconciliables: los woke, por un lado, y los QAnon, por el otro. Viene a ser lo de siempre: cuando las cosas se empiezan a torcer, o a escasear la harina, es inevitable el incremento de la inquina entre los que viven de su trabajo, los QAnon en este caso, y los que aspiran a vivir del trabajo de los otros, los woke para que nos entendamos. Luego, claro está, ambas facciones utilizan diversas pinturas de guerra que les caracterizan, digamos que eso es el folklore, pero no se dejen engañar, lo que cuenta es rapiñar o ser rapiñado: dos facciones irreconciliables cuando, como digo, empieza a escasear la harina. O es que ustedes no han caído en la cuenta todavía de que todo eso del orgullo y el sí es sí, y demás mandangas woke, no son más que pantallas tras las que se camufla el arte de rapiñar. 

En fin, todo se mezcla y no hay forma de evitar que de tanto en tanto la mezcla sea explosiva. Es la historia de la humanidad. 

viernes, 14 de julio de 2023

Escitas

Supongo que los rusos de hoy son los escitas de ayer, justo aquellos a los que tantos emperadores persas intentaron someter, siempre infructuosamente. Y ese es el caso, que, como estos que mandan en occidente no han leído a Heródoto no tienen ni idea de con quién se las están jugando. Ya le pasó a Napoleón, y luego a Hitler, que fueron a por los escitas y se pegaron un morrocotudo batacazo. 

Servidor, como conoce bien la estepa castellana y a sus gentes se hace una idea de por qué los escitas son imbatibles. Acostumbrados a la lucha contra los elementos, cuando les llega el invasor es cosa de niños para ellos. Tienen tanto territorio para retirarse y dejarle que se confíe que, después, solo tienen que esperar la primera nevada para tenerle atrapado en un cepo. 

El único escita del que se tiene noticia es Anacarsis, un aristócrata que  anduvo de gira por las islas griegas. El conde de Bartelemy, un ilustrado francés del siglo XVIII, llevó a la ficción esos viajes dejándonos con ello un entretenido compendio de la cultura clásica griega. Pero, ya digo, ficción. Lo único que pudiera ser realidad sobre los escitas es, que yo sepa, lo que nos cuenta Heródoto. Que tampoco es mucho, aunque sí curioso. Por ejemplo, que no querían contaminarse con las costumbres de otras culturas y por eso, si alguno de entre ellos había osado salir de su territorio a comprobar que había más allá, si regresaba, de inmediato le mataban antes de que hubiese podido contar algo. Por lo demás, eran como cualquier otro pueblo, los que vivían en llanuras se dedicaban a la ganadería y los que lo hacían en las cuencas de los ríos a la agricultura. Así que los unos eran nómadas y los otros urbanitas. Nada de particular, en definitiva. 

Los rusos de hoy día, al parecer, tampoco se quieren contaminar, por más que lo tengan difícil. En cualquier caso, siguen siendo de entre los europeos los más apegados a los valores tradicionales. Con ello quiero decir que, por ejemplo, en un pueblo ruso, el día más señalado del año es aquel en el que los niños dejan de vacar y comienzan el curso escolar. Ese día, toda la familia se viste de fiesta y va a la escuela a escuchar los discursos de las autoridades y, después, hacen una comida de hermandad con lo que cada uno ha llevado. O sea, hay familia, hay autoridad, sacralizan el aprendizaje y no papean a costa del Estado. ¿Se puede ser más tradicional que eso? Ah, bueno, sí, de lo de las ideologías de género y demás mandangas tan de moda por aquí, no quieren oír hablar. Les parece el colmo de la degeneración. A mi juicio, con toda la razón del mundo. 

El caso es que, en este occidente degenerado, hay una manifiesta corriente de simpatía hacia los rusos y su tradicionalismo. No en vano se está produciendo como una especie de sunami hacia los nacionalismos conservadores. Uno tras otro, van cayendo todos los países. De hecho, en el país quizá más avanzado socialmente del Europa, y puede que del mundo, Suiza, hace más de cincuenta años que gobierna, por llamar de alguna manera meterse lo menos posible en la vida de los demás, un partido de corte conservador con matices nacionalistas. 

En fin, por ahí andan diciendo que la OTAN ha amenazado a los rusos con volarles una central nuclear. Y los rusos han contestado: ¡pues anda que no tenéis vosotros un montón de ellas a tiro de piedra! Y así andan las cosas, creyendo una vez más que se puede dominar a los escitas.  

jueves, 13 de julio de 2023

Cosas veredes

Como dijo un poeta en cierta ocasión, una gran nube mental está descargando su rayo sosegado. Eso es lo que está pasando sin que la inmensa mayoría se entere de la fiesta. Sin embargo, los que están a los mandos de la nave ¡vaya que sí se enteran! Como niños con rabieta se han apresurado a dictar leyes que solo a gente subnormal se les ocurrirían. Quieren poner puertas al campo, retener el agua en un cesto, y cosas así. Y entonces van y crean ministerios de la verdad y ponen al frente de ellos a sus amigos más fanáticos. O sea, pararrayos de cartón. 

Recuerda mucho a cuando allá por el renacimiento a la Iglesia católica no se le ocurrió mejor procedimiento para tratar de mantener su poder que crear la inquisición. Un instrumento de defensa de la verdad oficial que era la que les hacía a ellos poderosos. De todo punto inútil, porque por la propia naturaleza de las cosas, a medida que el rayo sosegado va descargando su energía, esa verdad oficial se va convirtiendo en la mentira de la que cada vez más gente se cachondea. 

Y en eso es precisamente en lo que estamos, en el puro cachondeo. Ayer corría por las redes la imagen del presidente de Ucrania provisto de cubo y fregona paseando su desolación entre los actores de la bufonada de la OTAN. Ni dios le hacía puto caso porque así estaba escrito el guion. Como les ha salido mal lo de esa guerra ahora se ceban en el pobre chaval que lo más seguro es que acabe arrastrado por la turba enfurecida por las calles de Kiev. Al estilo Mussolini. Bueno, de momento, aquí, en este barrio en el que vivo, hay ucranianos para parar un tren. Así, en plan de no tener muchas ganas de defender su patria del alma. Prefieren abrir zanjas por las calles de la ciudad durante la semana e irse los domingos a hacer barbacoa a cualquier parque de la provincia. Se les ve orondos.

Aquí, lo que pasa, es que solo los depauperados intelectualmente atienden a los rituales del poder establecido: ven la televisión, leen los periódicos, van a votar e, incluso, si se lo piden, se dejan inocular cualquier pócima venenosa. Es la masa inerte que a efectos prácticos no cuenta para nada en lo que hace a la marcha del mundo. Luego están los Galileos y su estela de iniciados a los que se intenta parar poniendo, como les decía, puertas en el campo. Inútil de toda inutilidad, porque lo que sirve para controlar también sirve para evadirse.  

En fin, cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras.  

miércoles, 12 de julio de 2023

Sísifo

 Uno se ha equivocado tanto juzgando la calidad de las personas públicas que ya no le debieran quedar ganas de volver a las andadas. Sin embargo, me he tomado la molestia de escuchar la larga entrevista que un tal Lex Fridman le hace a Robert F. Kennedy Jr. y, confieso, me he sentido conmovido, como si, de pronto, me hubiese vuelto a renacer la esperanza, esa que, aunque dicen virtud, es, las más de las veces patología del espíritu, por no decir consuelo de los necios. De repente, uno se topa con un político que analiza el mito de Sísifo a propósito de la obra de Camus, mejor, incluso, que lo hace el Le Precepteur, nuestro filósofo de cabecera. 

El caso es que Robert F. Kennedy Jr. anda postulándose para presidente de los EE.UU. Podría sonar la flauta, qué duda cabe, pero en el entretanto se está haciendo oír por millones de americanos que es posible que se sientan concernidos. Porque lo que ya solo un ciego no ve es que están manipulados por una casta de depravados que les han metido en un callejón sin salida. Todo esto del Covid, todo esto de Ucrania, son unas mentiras tan gordas que cuesta de creer, que diría un catalán, que puedan serlo. Hay que haber sido muy adicto a netflix y similares para poder tragarse tamaños embustes. El lavado de cerebro al que vienen siendo sometidos los estadounidenses, Holywood mediante, les ha hecho olvidar por completo quienes son y de dónde vienen. Hasta se han atrevido a eso que llaman cancelar al mismísimo Thomas Jefferson, que mira que hay que estar zumbado para no darse cuenta de que si uno corta las principales raíces el árbol se muere.

En fin, Sísifo, ya sabemos que es absurdo empujar la piedra cuesta arriba porque por la propia naturaleza de las cosas se va a echar a rodar cuesta abajo tan pronto nos sentemos a recuperar fuerzas. Pero díganme en qué otra cosa vamos a ocupar la vida si no volvemos a la piedra tan pronto nos sintamos restaurados. 

martes, 11 de julio de 2023

¡Qué vida!

Como les decía, ando leyendo las memorias de Casanova y la novela "El viaje al fin de la noche" de Céline. En ambos casos es difícil discernir lo que ambas dos tienen de memorias y lo que tienen de novelas, aunque lo de Casanova parezca más memorias y lo de Céline, novela. A decir verdad, memoria o novela, lo que sin duda se relata es una interpretación de la propia experiencia desde perspectivas condicionadas por diferentes personalidades, la de un ególatra compulsivo, en el caso de Casanova y la de un paranoico, no menos compulsivo, en el de Céline. 

Lo que sí queda claro en ambos casos es que con un cerebro de los que se consideran equilibrados o normales lo más probable es que nunca se pueda ir más allá de ganar dinero o vulgaridades por el estilo. Para tener o, lo que viene a ser lo mismo, imaginar, una vida digna de ser contada se necesita algún tipo de trastorno psíquico de cierta cuantía... porque, uno de tres al cuarto lo tenemos casi todos y, como la realidad demuestra, solo nos sirve para emular a los corderos. 

En cualquier caso lo que cuenta es la lucidez deslumbrante que suele proporcionar la locura. Esa penetración de la realidad que desnuda el alma de las personas capa a capa hasta dejarlas en carne viva. Luego, ya, al verlas de tal guisa, es cosa de cada uno sentirse reflejado en ellas o no y, si sí, tomárselo a coña o ponerse a llorar: cuestión de estados de ánimo, en cualquier caso, que, ahí, es el capricho de los dioses el que decide.

Y así paso la vida, colgado de la ficción las más de las horas. Bueno, a veces bajo a la realidad y voy caminando por los polígonos hasta un centro comercial para comprarme un pantalón. Entre eso y subirle luego los dobladillos... ¡Qué vida!

domingo, 9 de julio de 2023

Jóvenes y jóvenas

Ayer había por la ciudad jóvenes, y jóvenas, como decía Don Emilio, el cura de mi pueblo, envueltos en una bandera multicolor que por lo visto es la que representa al colectivo de mariquitas y bolleras. La verdad es que no me extrañó nada porque hace unos días vi con cierta aprensión que todos los balcones de lo que ahora es delegación del gobierno y, en mis años mozos, gobierno civil, o sea, donde zurraban la badana a los que se metían en política, como entonces se decía de los que manifestaban su desacuerdo con el orden establecido... pues bien, como les decía, en todos esos balcones había una bandera de esas. Porque para eso están las delegaciones del gobierno, gobiernos civiles o como se quiera llamar a los organismos encargados de modelar la opinión pública. 

Lo bueno del caso es que toda esa cutre y estéril barahúnda tiene, al parecer, como finalidad, según dicen las autoridades, poner una barrera al discurso del odio. Porque por lo visto la gente odia a los mariquitas y a las bolleras. Y yo, toda la vida tratándoles y sin enterarme. ¡Mira que soy miope! Hombre, sí, reconozco que esos muchachos y muchachas, a los que les rascas tienen algo así como una costra reivindicativa de lo suyo que es más o menos la que todos tenemos por unos u otros motivos. Claro, lo de utilizar el sexo con exclusivos fines placenteros tiene por fuerza que atraer una cierta animadversión, ya que, así, apaga y vámonos. Al fin y al cabo, es como si nos estuviesen diciendo: oye, el marrón te lo tragas tú, que yo me lo sé montar para estar solo a las maduras. Un infantilismo, desde luego, por el que se paga un precio. Sí, claro, los hijos, menudo marrón, y, encima, ahora van las autoridades, o ciertas autoridades, y te dicen que eres un marrano por haberlos tenido, que es que sobran para dar y tomar. 

Es muy complicado todo esto, pero, como dice hoy Neil Oliver en su homilía dominical, desconfía de cualquiera que te venga con la milonga del discurso del odio por parte de los otros. Ya saben que prevención a destiempo, malicia arguye, que siempre nos recordaba mi padre ante cualquier manifestación de autocomplacencia. La realidad es casi siempre bien distinta, porque, si de algo carecemos, es de lo que presumimos tener y, si algo desagradable achacamos a los otros, suele ser de lo que nosotros tenemos a calderadas. Y qué le vamos a hacer si somos todos bastante tontitos. Y, encima, ahora van las autoridades y por aquello de que los trans, unos señores que no dudan en automutilarse por tal de hacerse notar, no se sientan humillados, exigen a los médicos que no pongan nunca vagina en sus informes, sino bonus hole que no sé si se podría traducir como agujero bonito o algo así. En fin, cosas de las autoridades a las que se supone un especial discernimiento de la jugada. 

No sé, porque el caso es que por ahí iban ayer los chavales dando tres cuartos al pregonero. ¿Pero por qué no enseñarán en las escuelas, ya que se quieren dedicar a educar, que la herramienta quizá más poderosa para andar por la vida es la discreción? En resumidas cuentas, que qué pena me dan esos críos y qué asco las autoridades que les incitan a hacer cosas de las que muy posiblemente acabarán avergonzándose. ¡Ya te digo, enorgullecerse de tener unas u otras preferencias! ¡Qué gilipollez! Si al menos tuviesen que estudiar algo para ello... podría tener un pase. 

sábado, 8 de julio de 2023

En las mismas

Desde que tengo uso de razón, si es que eso significa algo, vengo constatando que siempre se están produciendo en el mundo determinados fenómenos que parece que lo van a poner todo patas arriba. Y la verdad es que en todo el tiempo de mi vida no ha pasado nada realmente reseñable que no sea que la población se ha multiplicado por tres y pico y, lo mismo, la producción de bienes de consumo. Así es que estamos un poco más apretados, pero, por lo demás en las mismas. Yo, no veo que mi vida haya cambiado respecto a la que llevaba cuando vivía con mis padres en el pueblo. Como, como comía, y tengo, como antaño, quien me venga a limpiar la casa de vez en cuando. Por lo demás, leo libros, escucho música y doy paseos: lo que siempre hice.

Y digo que parece que esos fenómenos, por lo demás normales -un poco de fuego robado a los dioses y cosas así- lo van a poner todo patas arriba, porque hay una casta de humanos que se dedican con denuedo a escudriñar el futuro - como si eso fuese posible- y con lo que creen ver construyen premoniciones que para que se ajusten a sus, por lo general, podridos estados de ánimo tienen que ser negras. Tengan en cuenta que el que está bien en la vida no suele dedicarse a escudriñar el futuro sino a vivir el presente. Así es que, toda esa gentuza, a la postre, no hace otra cosa que darnos pol saco. En esto no ha cambiado nada el mundo desde que es mundo. Hoy los voceros de la catástrofe están en los medios de comunicación en cualquiera de sus versiones y, antaño, encaramados en los púlpitos de las numerosas versiones de iglesias que siempre han existido. Los apóstoles del miedo, todos ellos, el producto más fácil de vender que nunca haya existido y, no por nada, sino porque sin él los mierdas del mundo, que son la mayoría, se desmoronarían. 

Así todo, el que durante mi ya demasiado prolongada vida no haya ocurrido nada de particular, no quiere decir que en un momento dado no vaya a pasar algo que nos vuelva la cara del revés. Pero para mí que esto es como lo del cuento aquel de "que viene el lobo". Pues, miren ustedes, el lobo, que se sepa, nunca vino cuando se le esperaba. Siempre llega por sorpresa. Y por eso es que cuando más en guardia hay que estar es cuando nadie anuncia su llegada. 

Personalmente, pienso que seguiremos en las mismas. Se producirán de continuo pequeñas conmociones que al ser vistas de cerca por los iletrados nos querrán convencer que han sido poco menos que el fin del mundo. Y a los cuatro días todo olvidado y a por la siguiente. Y así, con los pequeños cambios que producen las pequeñas conmociones, nada cambia. Y eso es todo. 

viernes, 7 de julio de 2023

Realce rey

Me cuenta Santi sus andanzas por el proceloso territorio de las lenguas. Polinesias, micronesias, indonesias, por lo visto hay miles y, cosa curiosa, se pueden rastrear los préstamos que las de aquí hicieron a las de allá y viceversa. Porque la gente siempre anduvo de un lado para el otro y los contactos nunca son en vano. Y en menos que nada en el asunto de las lenguas. Es como si todas tuviesen algunas palabras que, por su musicalidad, eufonía o lo que sea, se te quedan pegadas y, luego, tienes tendencia a usarlas en vez de las del mismo significado en tu propio idioma. A mí me pasa con un montón de palabras del inglés, francés y catalán que son las lenguas de las que tengo alguna idea. Me pongo a expresar una idea y sin mediar la menor intencionalidad introduzco una palabra foránea porque, supongo, mi cerebro se queda así más satisfecho. 

El caso es que el rastreo de esos préstamos tiene un valor incalculable en lo que hace al conocimiento de la historia de los pueblos. Quién pasó por aquí, quién se fue para allá, no hay contacto que no deje huella. Los libros de Heródoto son obsesivos acerca de esas huellas. Porque a la hora de la verdad ningún pueblo es como les enseñan a los chavales en las escuelas de Cataluña o el País Vasco que es que parece que les quieren convencer de que están allí, al estilo de las rocas, desde la explosión original. La realidad, desde luego, es bien distinta; no hay pueblo, o comunidad que esté donde está que no sea por haber llegado allí huyendo de algún peligro. Y unas veces exterminan lo que se encuentran y otras se mezclan. Y todo eso queda impreso en las lenguas. 

En fin, el caso es que, como dijo aquel famoso torero, hay gente pa tó. Y algunos, como Santi, tienen ese "realce rey", que diría Gracián, que es el don de las lenguas. Realce rey que, bien sure, ha necesitado del preceptivo cultivo para que haya podido dar sus frutos. Y esa y no otra es la cuestión que hace que una vida sea cumplida o no: el cultivo del realce. 

Por lo demás, qué sería de nosotros si los mejores no dedicasen sus más ímprobos esfuerzos al cultivo de lo aparentemente inútil. Ellos son los artífices de esa grandeza de espíritu que impide que la mezquindad inherente al pragmatismo que señorea a los petits se nos lleve por delante.

miércoles, 5 de julio de 2023

Educación pública

Una de las grandes ventajas que ha nos ha traído toda esta mentira de la pandemia es que los mejores se han hecho conscientes de unas cuantas cosas que estaban por ahí, como sumergidas en el magma de la comodidad, pudriéndose silenciosamente. Una de ellas, la más importante sin duda, es que es absolutamente necesario sacar a nuestros hijos de las garras del Estado. Ahora se ha podido ver en que consiste ese engendro que llaman educación pública, como si ese sintagma no fuese en sí mismo un oxímoron o, ya puestos, un imposible metafísico. La educación, por definición, tiene que ser íntima, y por eso solo se puede producir en el ámbito de la familia que, por así decirlo, no tiene otra justificación para existir que, precisamente, llevar a cabo esa titánica tarea. 

Pero vino la desventurada socialdemocracia, con Franco a la cabeza, y nos dijo: vosotros divertiros, que de lo penoso ya me encargo yo. Y, entonces, los chisgaravís como yo, vimos el cielo abierto y nos entregamos con frenesí a las delicias del consumo cutre. Nos tendrían que pegar patadas en el culo hasta que acabásemos cagando por la boca, por todos los errores que cometimos. Y de esta realidad es de lo que se ha dado cuenta mucha gente ahora, al comprobar la brutalidad con la que se nos ha echado encima el Estado con la excusa de la falsa pandemia. Los niños metidos por meses en exiguos apartamentos y luego años con mascarilla en las aulas. Se les ha sometido a un terrorismo psicológico que solo padres descerebrados han podido permitir.

A D. G. el número de personas que, como digo, va cayendo en la cuenta de lo mierdas que han sido, no cesa de crecer. y por eso es que la revolución conservadora sea inevitable: sin familia tradicional no hay libertad posible. Ya sé que suena retrogrado, pero qué le vamos a hacer si el ser humano, en lo esencial, necesita millones de años para moverse un ápice en cualquier dirección. Al final la socialdemocracia no será más que otro de los sueños demoniacos que ha padecido la humanidad en su largo transitar de la nada hacia la nada. 

martes, 4 de julio de 2023

Luz sofoclea

 No sé si fue Erza Pound el que en uno de sus poemas cita la cegadora luz sofoclea. Supongo que al 99,999 de la población mundial lo de cegadora luz sofoclea le dejará frío, pero es porque tuvieron la inmensa desgracia de no enterarse de que de las dos o tres cosas importantes que se pueden hacer en esta vida, una de ellas es, precisamente, leer, releer y volver a leer, las tragedias griegas. Esquilo, Sófocles y Eurípides: no hay otra santísima trinidad que se le pueda comparar. 

En realidad, bien mirado, el arte, o es cegador, o es otra cosa. Entretenimiento para chachas, por ejemplo. Lo cual, tampoco es que esté mal, pero que no nos vendan la moto como si fuésemos turistas. El arte se produce con cuentagotas porque se necesita el concurso de los dioses que, como bien es sabido, son cualquier cosa menos generosos... si algo son, eso es celosos y, si no, miren lo que le pasó a Prometeo por ponerse a producir luz cegadora por su cuenta. 

Pensaba en estas cosas porque, como ya les dije, ando leyendo la novela de Céline, Viaje al fondo de la noche, que es luz cegadora donde las haya: me ha puesto la cabeza desbocada. Es difícil digerir tanta aproximación a la verdad de este mundo. Porque los seres humanos tenemos una innata propensión a ser bastante repugnantes. ¡Y qué le vamos a hacer!, que diría Borges. 

Lo que me deslumbra en esa novela de hace cien años es que se analiza con precisión de entomólogo forense la actual guerra que está teniendo lugar en los confines de Europa. Esa guerra que es todas las guerras. Los hermanos que ven partir a sus hermanos al frente solo tienen pensamientos para la posibilidad que se les está brindando de acrecentar su herencia: menos a repartir, en definitiva, que no otro objetivo es el de todas las guerras. Por no hablar de los nichos de negocio: guerra y enriquecimiento son conceptos que se conforman entre sí al estilo de mano y guante... sobre todo cuando hace frío.

Y luego, esa degradación moral que con tanto esmero nos esforzamos en ocultar en tiempos que decimos de paz, cuando viene lo que llamamos guerra, es como cuando Perséfone escapa del Hades y sale a la superficie, Digamos que se recoge la cosecha. En tiempos de guerra todo está permitido menos sugerir la verdad de las cosas. Cualquiera que se atreva a sugerirlo, primero, le mandan al manicomio y, si insiste, aparece con un tiro en la nuca en cualquier callejón oscuro. 

La verdad es que no sé si merecerá mucho la pena someterse a sesiones de luz sofoclea. Aunque uno es como es y no puede evitarlo. Además, que uno viene ya de muy atrás enganchado a ese vicio. Querer penetrar la realidad como si así fuese a conseguir unos instantes de sosiego. La típica ilusión de los condenados por desconfiados... o por no resignarse a babear. 


lunes, 3 de julio de 2023

Nihilismo

Quizá la única doctrina filosófica con algún viso de sensatez sea el nihilismo. Como haga lo que haga se va a ir todo al carajo lo mejor que puedo hacer es irme de putas que son unas señoras que tienen estudios al efecto de hacer la vida agradable por una módica tarifa. (En realidad solo se tienen que leer el Catéchisme libertin à l’usage des filles de joie et des jeunes demoiselles qui se destinent à embrasser cette profession, de Théroigne de Mérincourt que, por cierto, como todo buen nihilista acabó volviéndose loca para que la encerrasen en un manicomio que es en el único lugar en el que se pueden encontrar algunos atisbos de cordura.)

Sigo con el viaje al fondo de la noche y, luego, de vez en cuando le echo un vistazo al portal de Liu Sivaya. Es curioso como encajan el uno con la otra con la guerra como hilo conductor. Liu está empeñada en contarnos lo que está pasando por ese lado de Rusia que llaman Ucrania desde la perspectiva que le da ser de un bando y vivir entre los que son del contrario... o sea, desde la locura que es cordura. Que es lo que tiene que haya bandos, que se producen esas extrañas circunstancias de la mente. 

Por supuesto, el protagonista del viaje al fondo de la noche escapa de la guerra no se sabe muy bien si volviéndose o haciéndose el loco. En cualquier caso, eso a mí me suena a algo familiar. Es una buena artimaña a caballo entre lo meramente espontáneo y lo sofisticadamente elaborado. Difícil de dilucidar, se mire como se mire.  

Afortunadamente, gracias a este buenismo socialdemócrata que viene imperando en el mundo de un siglo para acá, a los que se vuelven, o se hacen los locos, en vez de encerrarles en manicomios para someterles a torturas varias, les dejan a su aire que casi siempre acaba siendo el que se respira en las salas de espera de las estaciones. ¿Por qué será que siempre me ha atraído tanto el demorarme en esos espacios de tránsito apresurado?

En fin, Céline, Théroigne, Nietzsche, Liu Sivaya, yo mismo...    

domingo, 2 de julio de 2023

Sublimación

El asunto freudiano de la sublimación tiene toda la miga que le queramos suponer y un poco más. Y no por nada, sino porque la candente realidad de, por lo menos, la inmensa mayoría de los hombres es que culo que ven, culo que quieren, y, claro, eso es un imposible, si no metafísico, sí político. Así es que la naturaleza, sabia por antonomasia, que por eso hay que dejarla a su aire, nos fabrica sustitutos del culo para que demos rienda suelta a nuestros deseos lúbricos sin por ello crear problemas de convivencia. O crearlos de menor entidad que, aunque molesten, no pasen a mayores por aquello de que tire la primera piedra el que esté libre de dar el coñazo con sus aficiones. 

Pensaba en estas cosas porque he sublimado tanto mi afición a los culos que ahora ando desesperado intentando preservar del olvido el patrimonio acumulado cuando intentaba olvidarme de lo que realmente me concernía. Así, pieza musical que me gustaba, pieza que quería aprender y, con cabezonería de obseso, mal que bien, conseguía apropiármela. Y, ahora, resulta que tengo un repertorio dentro de la cabeza que a nada que me descuide se evapora como por ensalmo. Por eso, porque me da rabia perderlo, tengo que luchar cada día a brazo partido para tapar los poros por donde se evapora, valga la aliteración.

Por eso es que haya decidido que no voy a ir más allá de Libertango. Ya le he cogido el punto, pero me faltan horas de práctica para que me resuene por dentro. Con esta pieza daré por cerrado mi repertorio y todos mis esfuerzos se concentrarán en intentar que no se deteriore. Es un patrimonio íntimo que se irá conmigo. Y eso es lo bueno, que nadie tendrá que llamar al chamarilero para ver si se puede sacar algo... como cuando se fueron mis padres que ¡madre, mía, lo que costó deshacerse de toda aquella basura de buen gusto que habían acumulado a fuerza de sublimar! 

Afortunadamente, una pieza que aprendiste en su día, nunca se olvida del todo aunque a primera impresión te lo pudiera parecer. Te pones con ella y en cuatro patadas la recuperas y, de paso, sientes una satisfacción, que es de lo que en definitiva se trata porque, así, te olvidas de que existen culos que no son para ti. ¡Así de sencillo! 

sábado, 1 de julio de 2023

Divagaciones veraniegas

A medida que me voy haciendo más sabio menos alcanzo a comprender de dónde sale esa pulsión del ser humano que le lleva a querer, por encima de todo, dominar a los demás. Es una pulsión que marca como ninguna otra el curso de la historia y, siempre, en su faceta más siniestra, la de impedir a la gente irse de este mundo de forma natural, entendiendo por tal hacerlo tendido en la propia cama, o sea, como le gustaba a Foción que muriesen sus soldados. La verdad es que tampoco entiendo por qué se habla tan poco de Foción, porque mira que era inteligente aquel tipo. 

Uno observa esa guerra que hay por ahí, hacia el lado de levante. Unos señores que están a miles de kilómetros han decidido que era conveniente para sus intereses. Para ellos es una inversión más entre las muchas que tienen. Desde luego que no les quita el sueño. Si pierden, seguirán siendo ricos en la acepción más vulgar del término rico. Si ganan, lo mismo: seguirán teniendo todo lo que quieran para invertir en nuevas empresas de la misma calaña. Y a ellos, que les registren si alguien puede, ya que ni siquiera sabe nadie a ciencia cierta quienes son. 

En esto, el mundo no ha hecho más que perder calidad. Porque antaño, cuando alguien poderoso, pongamos por caso Ciro, rey de Persia, decide declarar la guerra a los escitas, que le habían estado dando pol saco, no se queda en su palacio de Susa esperando noticias del frente, no, por el contrario, se pone al frente de su ejército y, espada en mano, va a por ellos. Y muere en el intento. Había grandeza en aquel entonces. 

Pero, si las razones del querer dominar se me hurtan al entendimiento, mucho más lo hacen las del que no le importa ser dominado e, incluso, va a la guerra convencido de que está haciendo lo correcto. ¡Morir por la patria! ¡Pero, hombre de Dios, en qué mundo vive usted a estas alturas! Mira que hay que ser zoquete para no estar enterado que por lo que se muere en las guerras es por los intereses de los accionistas de tal o cual empresa que, ya sea porque quiere ampliar los mercados para sus productos, ya sea por que fabrica pepinos de los que explotan, el caso es que siempre salen ganado.

¿Ganando qué? ¡Qué ilusión más estúpida la de acumular cualquier cosa que sea que no quepa en la propia cabeza!  Así, acumulando solo en la cabeza, por lo menos, puedes tener la satisfacción de que tus herederos no se van a tener que pasar meses tirando cosas cuando te mueras. Les quitas de encima un gran marrón.