lunes, 30 de septiembre de 2024

Piel de Zapa

Ayer fuimos a pasar el día a Somo que viene a ser lo que los franceses llaman una estación balnearia. Había gente, pero no mucha y casi toda relacionada con la cosa del surf. Una furgo, una tabla, un perro, una estación balnearia atlántica, una guitarra acaso, y que aquí me las den todas. Yo comprendo que a los treintaitantos eso puede ser una tentación irresistible para cualquiera que tenga en perspectiva fundirse parsimoniosamente la herencia de unos padres acomodados. De hecho, todas las calles de Somo y Loredo estaban llenas de perros y furgos. 

Son modas y las modas están hechas para apuntalar la movediza personalidad de los adolescentes. Acogerse a cualquier moda les da la seguridad de que están acertando. Afortunadamente, la inmensa mayoría se empieza aburrir pronto con la moda de turno y ensaya otras. Es una forma de ir acumulando frustraciones y, por tanto, de madurar. Sin embargo, hay una minoría que se queda colgada de la primera moda a la que se enganchó y, luego, cuando ya van por los cuarenta, tienen esa inconfundible pinta de los rokeros que nunca mueren que inspira al que los ve una mezcla de sentimientos entre la ternura y el dolor. Es imposible no pensar que son vidas desperdiciadas... aunque eso, vete tú a saber lo que es. 

Fuimos y volvimos, desde Somo a Loredo, caminando por la playa. Una cosa que hice multitud de veces a lo largo de la vida. Tener ese espacio a mano -media hora de barca- es el gran privilegio de los santanderinos. Es como si hubiésemos hecho un pacto con el diablo. Cuantas veces, en mis periódicas estancias santanderinas, sintiéndome atacado por la melancolía, he agarrado la lancha y me he ido a recorrer ese arco de ballesta solitario con la música de fondo de las olas al romper. Ida y vuelta, doce kilómetros al menos; lo suficiente para calmar los espíritus más atribulados. Pero ayer, cuando ya veníamos de regreso, me acordé de la peau de chagrin (piel de zapa); iba reventado: mi tiempo se acaba. Llegué a casa para el arrastre y a las ocho y media ya estaba en la cama durmiendo. 

La vida es así, un continuo ir recibiendo avisos para que limites tus aspiraciones. Bien es verdad que ayer hacía un día muy pesado: presión baja y temperaturas altas. Quizá cuando lleguen las calmas otoñales podré intentarlo de nuevo... para comprobar cuanta piel de zapa me queda. 

domingo, 29 de septiembre de 2024

First Do Nor Fharm

Hay un tipo por ahí que ha escrito un libro titulado "Trabajos de mierda". Por lo visto se refiere a todos esos trabajos inútiles que solo sirven para que la persona que los realiza esté ocupada, lo cual, por supuesto, no es cuestión baladí, porque estar ocupado, sea en lo que sea, es un escudo contra los sufrimientos morales de todo tipo. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas, porque la mayoría de esos trabajos, en mayor o menor grado, suelen ser perniciosos desde el punto de vista social. Y, claro, ahí se establece un difícil balance entre beneficios para el que realiza el trabajo y daños para todos los demás, que contribuye, y no poco, a emputecer el ambiente general. La burocracia, en su inmensa mayoría, cae en esa categoría de emputecedora del ambiente. Aunque, no se nos puede escapar que, si los millones de burócratas inútiles anduviesen por ahí ociosos, a lo mejor no la emputecían más. 

Pero, una cosa es analizar los asuntos desde el punto de vista sociológico, es decir, de lo colectivo y ,otra, de lo psicológico o individual. A nivel individual, uno, a poco avisado, o valiente, que sea, conoce la procesión que lleva por dentro. Por eso, en puridad, uno no puede opinar si no es sobre sí mismo. Los demás, allá cada uno con su cruz que yo ya tuve bastante con la mía. Afortunadamente, antes de los cuarenta ya me había dado cuenta de que lo que hacía ni me gustaba ni era socialmente recomendable y, por tal fue que, decidí quitar peso a la cruz. Poco después, afianzando mi sentimiento de ridículo con todos los comentarios que sobre mi profesión iba leyendo en los textos de los clásicos, decidí tirar la cruz en el primer basurero que encontré. 

Fíjense, la medicina, una profesión tan honorable, así, a primera vista. A segunda es otra cosa. Mi padre decía que, si le hubiesen dejado prescindir de media docena de familias del pueblo, no hubiera tenido prácticamente ningún paciente ya que el común de las personas dedicadas a las tareas provechosas nunca enferman. Claro que eso lo decía antes de que Franco montase la socialdemocracia, o sea, que le dio a cada ciudadano una cartilla de la seguridad social; a partir de ahí, automáticamente, todos empezaron a enfermar y consumir pastillas como posesos. Mi padre, en parte para defenderse de la avalancha que se le había venido encima y, en parte para estar en sintonía con el común de la gente, también enfermó y se puso a consumir pastillas a toda pastilla, valga la redundancia. Por eso fue que cuando tiró la cruz ya estaba hecho una mierda. Su cruz, entonces, eran las pastillas; una de las peores que puede haber y que desgraciadamente lleva encima media humanidad. 

No se crean que les digo esto porque quiero hacer chistes. No, miren, ya saben que el precepto fundador de la profesión médica es "Primun Non Nocere", (lo primero no hacer daño). En inglés "First Do Not Harm". Pues bien, el Dr Aseem Malhotra, un cardiólogo británico que hasta que empezó a decir la suya sobre las vacunas era lo más de lo más dentro de su profesión y que, ahora, según fuentes oficiales, es un paria de la tierra, se las ha apañado para, en compañía de otros parias, producir una película que en estos días se exhibe en un cine de Leicester Square, London. Los entendidos ya saben a qué me refiero cuando digo un cine de Leicester Square. Pues bien, jugando con el lenguaje, Malhotra, ha titulado esa película "First Do Not Fharm". Es decir, lo primero, no consumir pastillas. Y en esas estamos, y yo que me alegro un montón, porque desde mucho antes de hacer mi primera reducción de cruz ya había caído en la cuenta de que era precisamente en las pastillas en donde residía el problema. La verdad es que había tenido un jefe en Oviedo que me había abierto mucho los ojos a tal respecto. Y así fue que, desde muy pronto en mi vida profesional, decidí no recibir a ningún representante de la industria farmacéutica. No creo que haya un trabajo más miserable que el de esa gente; corrompen a los médicos para que, estos, emponzoñen a su vez a la población con las pastillas milagrosas.  

En fin, no sé, porque uno solo puede opinar de lo propio, pero para mí que tanta enfermedad como hay por ahí no es sino la consecuencia de tanto trabajo de mierda. En esto estoy totalmente de acuerdo con lo que decía mi padre, que la gente que hace trabajos útiles, si no se mete el Estado por medio, nunca enferman y siempre mueren con las botas puestas.  

sábado, 28 de septiembre de 2024

Catarsis

La Dra. Karina Acevedo Whitehouse es una científica mexicana  dedicada a la cosa de las terapias génicas. Lo primero que hace cuando la entrevistan es explicar lo que es una terapia génica y lo que es una vacuna. O sea, que para empezar, insiste, lo fundamental es llamar a las cosas por su nombre para que todos nos podamos entender. Porque esa es la cuestión, que aquí nadie se ha vacunado contra el Covid, cualquier cosa que eso sea, por la sencilla razón de que no existe vacuna contra tal cosa. Aquí lo que han hecho miles de millones de personas ha sido someterse a una terapia génica que es algo de lo que no se tiene ni idea respecto de las consecuencias que pueda tener a medio y largo plazo. La gente ha sido engañada por el viejo truco del almendruco, es decir, dar gato por liebre. Manipular el lenguaje, en definitiva. Dice Karina: ¿hubiesen corrido las gentes a los dispensarios su hubiese sabido que lo que les iban a meter era una terapia génica? Ustedes, ¿qué piensan al respecto? 

Entonces, Dra, ¿usted que recomienda -en México todavía usan el usted-, vacunarse o no vacunarse?, insiste el entrevistador. Yo no recomiendo nada, solo informo, contesta Karina. Lo fundamental, añade, es que las personas adultas se responsabilicen de sus propias decisiones. Por mucho que el poder político se haya empeñado en tergiversar el lenguaje y manipular la información, ha habido desde el principio de la pandemia multitud de voces autorizadas que han explicado con exactitud de qué iba el asunto. En Telegram han tenido toda la información necesaria. El que no ha accedido a ella ha sido porque no ha querido. Y yo comprendo que decir esto crea malestar en muchas personas porque no quieren enfrentarse con la realidad de que han hecho dejación de su propia responsabilidad en un asunto, no baladí, por cierto, de su sola incumbencia; las consecuencias para muchos han sido terribles y, para todos, imprevisibles. 

Y, mientras tanto, como Telegram era cosa de fachas, tampoco se enteraba el personal de que los políticos, y responsables sanitarios, andaban de juerga -sex partys- por las cancillerías. Ellos sabían perfectamente que todo era un cuento porque habían sido precisamente ellos los que lo habían montado. Recuerdo que el año veinte, recién comenzadas las mal llamadas vacunaciones, en la fiesta de fin de año en la Puerta del Sol pudimos ver una gran pancarta en la que se pedía a la gente que se informase por Telegram. Se lo comente a algunas personas y, sin excepción, sus comentarios fueron despectivos. Para esas fechas ya hacía meses que estaban publicados en Telegram los estudios estadísticos de Mattias Desmet, por no hablar de las advertencias sobre la terapia génica de Alexandra Henrion Caude o, los no menos autorizados análisis de la jugada del Dr. Perrone. Y eso por poner unos pocos ejemplos de voces que, hasta que comenzó el circo, eran lo más de lo más en sus respectivas materias a nivel mundial. 

Enfrentarse a la propia realidad y reconocer las vergüenzas: eh ahí la catarsis necesaria para poder sosegar un poco. En fin, allá cada cual, pero que nadie me venga con cuentos porque, a medida que la verdad se abre paso, cada vez se nota más la procesión que llevan por dentro los que en su día se dejaron embaucar. Ese nerviosismo ambiental ¿a qué puede ser debido si no? ¡Tanto confiar en la Virgen y no correr! En la Virgen socialista, por supuesto. 

 

viernes, 27 de septiembre de 2024

Tierra prometida

 Vuelvo a lo de ayer, al vídeo  en el que vera Vera Sharav, judía ella, nos da su visión sobre determinados aspectos del pueblo judío. El caso es que escuchándola, una vez más -ya van millones, no soy capaz de aprender-, me acordé de las palabras de San Agustín: "estando tanto tiempo persuadido de mí que sabía la certeza de la verdad, había parlado con liviandad y fervor de mancebo muchas cosas dudosas, como si fuesen averiguadas." Pues bien, he escrito muchas veces en este blog cosas de los judíos sin haberme preocupado antes de hacer las pertinentes averiguaciones. Aunque no todo lo que he escrito es humo de paja, ya que siempre he tenido una curiosidad, malsana por insaciable, por todo lo que se refiere a esa gente. Nunca se acaba de saber cosas nuevas sobre ella. Quizá, como un lejano día comentaba con mi madre, esa sea nuestra procedencia: tanto por vía materna como paterna, nuestra familia, desde que tenemos memoria de ella, cuatro o cinco generaciones, siempre se han dedicado a profesiones liberales, ya sea por la vía del comercio, ya por la del conocimiento. Incluso, el abuelo paterno, al parecer, se había licenciado en lenguas semíticas... aunque la verdad es que en lo que destacó fue como jugador de chamelo. 

Cuenta Vera que a principios del siglo XX había en Palestina 500.000 árabes, 70.000 cristianos y 50.000 judíos. En cualquier caso, en aquella época debió de haber un éxodo masivo de judíos hacia allí como lo atestigua que ya en los años veinte existiese Technion, el instituto de tecnología en Haifa y, luego, toda esa arquitectura tipo Bauhaus que hay por allí. Ese éxodo, sin duda, estuvo propiciado por el sionismo, un movimiento de corte nacionalista, tan de moda a finales del XIX, que se dio entre la gente judía y que preconizaba la creación de una nación judía en Palestina, la mítica "tierra prometida". Las imparables corrientes antisemitas que recorrían Europa, contribuyeron en gran medida a que la idea sionista tuviese éxito. 

Sin embargo, siempre según Vera, dentro de la población judía, sobre todo sus capas más evolucionadas, nunca se miró con simpatía lo del sionismo. Más bien todo lo contrario. Al fin y al cabo, el nacionalismo se compagina mal con las ideas liberales que siempre han sido el sustento del modus vivendi judío allí donde estuviesen asentados. Comercio y conocimiento son como agua para el fuego nacionalista. Por eso, dice Vera, los sionistas no entendieron el mensaje de Yahvé: la tierra prometida no es ningún territorio en concreto. La tierra prometida es un estado mental al que se llega después de haber andado cuarenta años vagando por el desierto. Así es que todo el montaje sionista viene de una interpretación literal de la Biblia que es un libro de ficción que incorpora leyendas con una muy lejana base histórica.   

En cualquier caso, "la tierra prometida", como muy bien nos ha explicado Jordan Peterson en un vídeo, es algo a lo que solo se puede acceder después de cuarenta años de desierto. En la ficción, el pueblo judío escapó de la esclavitud de Egipto y emprendió el camino de la libertad -la tierra prometida-; y ahí es donde reside toda la enjundia de este asunto, que los seres humanos no pueden pasar de un estado de esclavitud a otro de libertad por medio de una varita mágica. Se necesita un largo proceso de aprendizaje -con muchos coscorrones por el camino- para aprender a hacerse responsable de uno mismo. Algo así como pasar de la infancia a la edad adulta. 

En fin, sea como sea, se está demostrando que el sionismo, como todos los nacionalismos por otro lado, no fue muy buena idea. Como prueba de ello, ahí tienen ese conundrum que hay montado en Palestina que, al parecer, ni Dios puede resolver. Se hubiesen quedado los judíos por ahí, en su diáspora, siendo fermento de los pueblos en los que vivían incrustados, y todo hubiera sido mucho mejor. Aunque, claro, vete tú a saber toda la geopolítica que pudo haber en su día para crear ese estado. Inglaterra y EEUU sin duda tuvieron que ver en ello, porque se dio la circunstancia de que esa región del mundo, ¡oh, fatalidad!, estaba flotando sobre un mar del líquido elemento que todo el mundo necesitaba para poder desarrollarse. Ya digo, vete tú a saber.  

jueves, 26 de septiembre de 2024

To Obey or Not Obey

Hay un vídeo en YouTube que no es que lo recomiende porque, a estas alturas de la vida, no hay cosa que me parezca más ridícula que recomendar algo a alguien que no sean tus más próximos allegados, y eso con reservas, pero se lo voy a comentar porque me ha dado muy mucho en qué pensar desde que le eché la vista encima. Se titula el vídeo, "To Obey or Not Obey" y no es ni más ni menos que una entrevista -que es prácticamente un monologo- que le hacen a Vera Sharav, una judía rumana afincada en New York y que debutó en la vida pasando por los campos de concentración nazis. Para que se hagan una idea, es una especie de Hannah Arendt para principiantes -Hannah Arent, ¿les suena?-. El motivo de la entrevista es haber hecho Vera Sharav un documental -To Obey or Not Obey- en el que se resaltan las coincidencias que, según su autora, se han dado entre el Holocausto nazi y la Pandemia que recién venimos de disfrutar. Y, claro, como no podía ser menos, tan notables acontecimientos llevan a Vera a reflexionar sobre la madre de todos los males que padece la humanidad: el brainwhasing, lavado de cerebro para que nos entendamos. Eso siempre ha existido, pero, desde que el poder dio con el invento de la educación pública ya la humanidad está perdida por siempre jamás, porque se pasó del modo artesanal al industrial en el proceso de lavado. Porque educación pública, por si no habían caído en la cuenta, no quiere decir otra cosa que eso, lavado de cerebro en plan industrial.

Así que ya tienen la respuesta a aquella pregunta del millón que ha venido haciéndose la humanidad desde que terminó la Segunda Guerra Mundial: ¿cómo ha podido ser posible que un pueblo tan culto como el alemán haya sido capaz de cometer tales barbaridades con la aquiescencia de prácticamente toda la población? La educación pública, por supuesto. No en vano fueron los alemanes los creadores de esa ideología que, destruyendo a Dios, y por tanto al individuo, puso al Estado -nuevo dios- en el centro de la vida. Educación pública, sanidad pública... todo público, hasta las mujeres. 

Un pueblo tan culto... o sea, que sabe fabricar coches muy buenos y los aburridos se pasan el día yendo de aquí para allá para no perderse ni una sola de las actividades culturales para chachas que las autoridades -públicas también- se esfuerzan en programar para que no se les escape ni una sola oveja del rebaño. Así que no es de extrañar que cuando lo de la pandemia de marras algún amigo me tratase de convencer de que lo de mandar a los viejos al matadero era una cuestión puramente lógica porque la sanidad pública se tenía que centrar en salvar vidas jóvenes... que no hubiese un solo joven enfermo, eso era lo de menos, el caso era que teníamos que comprender que la vida de los viejos no vale una mierda. 

En fin, allá cada cual con su conciencia... si es que le queda algo de ella, porque no se crean que es fácil conservar siquiera un ápice: de la escuela pública a las actividades culturales... el cine de Hollywood, Netflix... bueno, bueno, estamos asediados por todos los lados. 

miércoles, 25 de septiembre de 2024

Django Reinhardt

Corrían los primeros sesenta del siglo pasado cuando andaba yo por Madrid haciendo el piernas so capa de estudiante. Entonces, una prima mía que a la sazón andaba por París y a la que había prestado algún servicio, me regalo un disco de Django Reinhardt. Yo conocía a Coltrane, Miles Davis y gente así, pero lo de Django ya fue demasiado. Era música que te ponía la cabeza como una moto. Luego andando el tiempo, como pasa con todo, quedó en el baúl de los recuerdos, hasta que un día, por los primeros ochenta, paseando por la plaza del Pino de Barcelona, vi a un grupo de músicos callejeros que eran impecable remedo de Django, Estéphane Grapelli y toda aquella colla que formaban el Quintette du Hot Club de France. ¡Leches, qué subidón! Aquella música había quedado grabada a fuego en mi inconsciente o donde coño quiera que sea que se graban los recuerdos imborrables. 

El caso es que por aquel entonces apenas sabía de Django más que el que era un gitano francés que había andado por EEUU tocando con Duke Ellinton y gente así y que, ¡cómo no!, le había pegado a la droga dura -creo recordar que había una película que remarcaba este aspecto siniestro de su vida-. Fue después, cuando ya no había ciudad por la que paseases que no encontrases remedos del Quintette, que me enteré de aspectos realmente sorprendentes de Django. De chaval, la caravana en la que estaba durmiendo empezó a arder y escapó por los pelos, pero no sin graves lesiones. Una de ellas, la inutilización de los dedos meñique y anular de la mano izquierda. Él, que ya sabía tocar, no se arredró por eso y se las apañó para seguir tocado con el índice y medio. Supongo que hay que ser algo guitarrista para entender la hazaña que supone tocar con solo esos dos dedos por más que sean los más importantes. Resulta imposible saber en que medida esa circunstancia de los dedos inutilizados influyó en la creación del estilo que con el tiempo se ha convertido en uno de los más emblemáticos de la historia del Jazz. Una vez escuchado ya no se te va de la cabeza por siempre jamás. 

Pero no es solo eso lo que a mí me fascina; lo más sorprendente de esta historia tiene que ver con la voluntad de poder y los dones que reparten los dioses. Y es que por mucho que haya de una si faltan los otros, apaga y vámonos. Lo sé a ciencia cierta por propia experiencia: llevo cuarenta años echándole voluntad a raudales y estoy en poco más que el primer día. Todo lo que toco se lo debo solo y exclusivamente a la memoria. Soy incapaz de un solo destello de creatividad. Mi oído apenas distingue los sonidos. En mi cabeza no hay una música propia que pueda expresar por medio de la guitarra de una forma automática. Es eso que veo en tantos músicos y que, si por un lado me fascina, por otro me frustra y me incita a tirar la toballa. 

En fin, las cosas son como son. Ya sea porque uno mama del ambiente en el que nace -vean a la familia Assad-, o porque los dioses quieren comenzar contigo una saga de superdotados -los Reinhardt-, el caso es que, si bien la voluntad en esos casos es necesaria, lo es en una medida ínfima por relación a la que necesita un mortal del común que aspira a elevarse por ese camino vedado. Esto ya lo dejó niquelado Thomas Bernhard en su Novela "El malogrado": después de ver tocar a Glen Gould lo que mejor que puedes hacer es tirar el piano por la ventana; y, después de ver a Django, regalar la guitarra a un gitano.  

lunes, 23 de septiembre de 2024

Soy Nevenka

Voy por el barrio y cada dos por tres veo un panel informativo en el que se ve la imagen de una chica mona y el titular "Soy Nevenca". No le he dado más importancia que la que doy a la basura. Propaganda de la religión de moda, he pensado, y sí, está mañana me lo han confirmado unos vídeos y artículos que me ha enviado Santi sobre el affaire Nevenca, y que, en realidad, debiera ser el affaire Ismael, la verdadera víctima de todo este nauseabundo asunto. 

Por lo visto el tal Ismael era alcalde y Nevenca concejala. Tuvieron un rollete y la cosa acabó de mala manera. ¿Por qué suelen acabar mal estas cosas? Pues muy sencillo, por no cumplirse el exceso de expectativas de una de las partes, en este caso la mentada Nevenca. Entonces es cuando viene aquello que le dijo una de Salamanca a su chorvo cuando éste tomó las de Villadiego: "te vas a enterar de lo que vale un coño". Y le dejó al tipo en la calle con lo puesto; y él, como era un santo varón, dijo, vale, esto, y cien veces más que tuviese que pagar, lo hago con gusto porque me espera otro coño que me tiene encoñado. Ya ven, cosa más vulgar por reiterada, imposible. 

Esta vulgaridad se ha convertido en problema, no solo para Ismael, sino para los hombres en general, a causa de haber encontrado determinadas mujeres, y algunos hombres afeminados, un a modo de modus vivendi en su aireación a los cuatro vientos, eso sí, previo teñido con los tintes más dramáticos, e incluso trágicos, de que son capaces. El típico filón en el que hozan los desventurados a los que los dioses privaron de luces para encontrar pastos más fértiles. Siempre ha sido igual la humanidad. Ahora andan con esto de los coños defraudados como en el siglo XIX andaban con lo de los judíos que envenenaban las aguas. E Ismael es el Dreyfus de esta nueva religión que, para no ser menos que otras, necesita ofrecer victimas a sus falsos dioses. Y si cuando lo de Dreyfus fue Zola el que vapuleó a la chusma con su "Yo acuso", en el caso de Ismael ha sido Arcadio Espada el que dejó el caso visto para la sentencia de la Historia. 

A la postre, todo esto de esta chusma feminista que pretende señorearnos no es sino la consecuencia de la injusticia de los dioses al repartir sus dones. Las hay que se sienten tan desfavorecidas que solo encuentran consuelo, y ocasionalmente modus vivendi, vengándose de los que piensan que les fue bien en el reparto. Ya digo, cuestión de luces. ¡Por Dios Bendito, con las pocas que se necesitan para saber que la jodienda no tiene enmienda! ¡Anda ya y que las den!

domingo, 22 de septiembre de 2024

La cháchara.

Esos miles de millones que estamos en las redes sociales tratando de explicar a nuestros congéneres de qué va esto. A la postre no es más que la cháchara que siempre hubo en el mundo y de la que los más avisados hicieron su modus vivendi. Y, cuando digo los más avisados, digo los más hábiles para vender humo.  Porque humo es toda cháchara por más que la grandilocuencia a veces le dé apariencia de verdad revelada. "My words fly up, my thoughts remain below, / Words whithout thoughts never to heaven go." (Mis palabras vuelan alto, mis pensamientos permanecen bajos. / Palabras sin pensamientos nunca van al cielo.) 

No podríamos vivir sin cháchara porque es como un desagüe por donde se drena nuestra angustia existencial, y no por nada, sino porque con ella nos podemos hacer la ilusión de que comprendemos un poco mejor todo esto. Y comprender, real o ilusoriamente, para el caso es lo mismo, calma el espíritu. 

Por eso tratar de comprender es la obsesión de los espíritus torturados. Por eso están siempre de cháchara, ya sea con la gente común por los lugares públicos, ya con los consagrados que arrancamos de la estantería de una biblioteca o de un vídeo de una red social. El caso es no cejar en el avanzar hacia ninguna parte... bueno, tampoco hay que considerarlo con tanto escepticismo; a veces uno tiene como destellos de placer estético al descubrir cualquier curiosidad de las que la naturaleza está plagada. Sin ir más lejos: esa simple progresión numérica, 1/2, 2/3, 3/4, 4/5... 1, que tan fácil sería sintetizar en una fórmula matemática. Pues bien, son las relaciones de las frecuencias vibratorias entre la tónica, que es el 1 y las diferentes notas armónicas de la escala musical: 8ª, 5ª, 4ª, 3ª. Y esa es la magia del asunto, que son armónicas porque las relaciones numéricas son sencillas. Y a mí qué me importa que eso sea así, me dirán; saber eso no va a cambiar en absoluto las emociones que me produce el escuchar música. Sí, de acuerdo, sin embargo... saber eso te hace un poco más pitagórico, es decir, como que te eleva el espíritu hacia lo divino. Un chute, en definitiva. 

Y es que hay chácharas y chácharas.   

sábado, 21 de septiembre de 2024

Sancho

Me lee Santi esta mañana ese parlamento que hace Sancho cuando decide abandonar el gobierno de la ínsula. ¡Ay, El Quijote! Nosotros también, como los judíos, podríamos ser un pueblo del libro. Con solo que en nuestras familias se tuviese por costumbre reunirse para leer y comentar un pasaje cualquiera de ese libro... pero, claro, sería pedir peras al olmo. Y es que la Iglesia dominante en nuestros días ha tenido buen cuidado en hacer una condena subliminal, por medio de sus catequesis incesantes, de todo lo que destilan las páginas de El Quijote. Y así es que, a la gente del común, se le cae de las manos si se ponen a leerlo. Es que es muy difícil, me dicen.  ¡Una de Isabel Allende! ¡Marchando! ¡Ay, las chachas!

El Quijote es un libro renacentista. ¿Qué es el Renacimiento? Es volver a los clásicos. Es decir, olvidarse de aquello tan bonito del pastor y su rebaño por las orillas del lago Tiberíades comiendo panes y peces y tomar conciencia de que tú también estás hecho a imagen y semejanza de los dioses. Por lo tanto, tienes la obligación de responsabilizarte de tu propia vida. Esa es la única forma de estar vivo.

"Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad; dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta muerte presente." 

En fin, allá cada cual con la esquila que se pone al cuello para estar seguro de que si le pasa algo enseguida va a venir el pastor a solucionárselo. Ya lo dijo aquel que dio la última vuelta de tuerca al delirio cristiano: ¿¡Libertad, para qué!? Y ahí sigue, con su cuerpo incorrupto en mitad de la plaza roja... y la gente le lleva flores. 

viernes, 20 de septiembre de 2024

Healthy

Uno ve con preocupación lo que está pasando en el mundo.  Me parece todo absolutamente falto de lógica. Me siento, por así decirlo, como se sentía Bertrand Russell cuando la Primera Guerra Mundial, que se negó a tomar partido porque no veía razón alguna para tomarlo... y le cayó encima toda la ira de los necios más la de los sinvergüenzas. Porque, ¿qué nos ha hecho Rusia, aparte de ser muy rica en todo lo que necesitamos, para que nos haya entrado esta furia por destruirla? Estamos transitando por las mismas rutas por donde lo hicieran Napoleón y Hitler rumbo a su perdición. Quizá esta vez no sea más que una maniobra de distracción: recurrir al manido truco de dar un enemigo al populacho. Si no fuese por esos desalmados el mundo sería infinitamente mejor, vienen a decirnos unos gobernantes que, como les decía el otro día, andan à bout de souffle. Una deuda gigantesca pesa sobre los Estados. Supongo que los acreedores querrán cobrar y seguramente no ven otro recurso para conseguirlo que la guerra. Tras las guerras, sabido de sobra es, todo cae en manos de los acreedores. 

Sí, estoy preocupado porque tengo descendencia. Si no la tuviese me importaría todo una higa. Es una cuestión de pura lógica biológica. Los seres humanos somos así: la única finalidad de esto que llamamos razón es la de preocuparnos porque nuestro ADN no se extinga. Y cuando nos sentimos impotentes al respecto, sufrimos. Entonces, tratamos de consolarnos lucubrando y, a la postre, encontrando unos responsables perversos sobre los que vertimos todo nuestro odio y desprecio. Como es evidente de toda evidencia, nos equivocamos una vez más. Como sabían los antiguos, cuando las cosas se ponen mal es porque los dioses ya no soportan más el peso del cómputo de los pecados del mundo y nos mandan un regalito para ver si nos corregimos un poco. Porque, en mi opinión, aquí nadie es inocente, y yo el que menos. 

El respecto de ese cómputo de pecados del mundo, es muy curioso lo que está pasando en los EEUU de América con lo de la liza electoral que se traen entre manos. El slogan que venía exhibiendo Trump, hacer grande América de nuevo, de pronto, por la entrada de un Kennedy en el juego, ha sido modificado drásticamente por el cambio de una palabra: donde decían grande -great- ahora dicen saludable -healthy-. Porque ahí es donde está la madre de todos los desvelos, en que somos una sociedad insana, corrupta, que solo pensamos en la manera de extraer un poco más de placer a la vida. Y aquello de los sacrificios a los dioses está bien para los pringados. 

Y eso es todo y de ahí la guerra que dicen en ciernes... Dios no lo quiera. O extirpamos por las buenas el cáncer socialista que corroe el mundo o habrá que hacerlo por las malas. Tenemos que volver a dar gracias a Dios cada vez que nos sentamos a una mesa a comer. En nuestra insoportable soberbia hemos perdido la noción del milagro que es que podamos comer todos los días... y nos hemos vuelto tan idiotas que creemos que eso ya nunca se puede acabar. 

jueves, 19 de septiembre de 2024

Fatalidad

Cuando uno es muy viejo, a menos que no haya perdido del todo ya el juicio, la idea preponderante de las que rondan insistentes por la cabeza no puede ser otra que lo mucho que se ha equivocado a todo lo largo de la vida. Por decirlo sintéticamente, la vida no es otra cosa que una larga sucesión de equivocaciones. Bien es verdad que vivo confortablemente y mis relaciones afectivas son amables, pero la procesión de los recuerdos que llevo por dentro no me da tregua. Es como una factura que soy incapaz de pagar y siento siempre a los acreedores sobre mis pasos... hasta en sueños. 

Yo no sé si a todos los ancianos les pasará lo mismo, pero me temo que sí a poco cuerdos que se conserven. Y ésta de la cordura sí que es una cuestión peliaguda porque su perdida es indetectable por el afectado. Uno ve a viejos que le parecen más o menos razonables, pero diría que la mayoría tienen la cabeza para el arrastre... intentando convencerse a sí mismos de que aún pueden. Algo así como lo de aquellos tebanos asolados por la Esfinge hasta que llegó Edipo y les dijo que lo que tenían que hacer era usar cachava. 

 En fin, será así porque así lo tienen dispuesto los cielos, En cualquier caso, algo de consuelo encuentro pensando que mis errores, en su mayoría, fueron como los de Edipo, es decir, sin tener conciencia de estar errando. Fue la fatalidad. Aunque, también como Edipo, fatalidad o no, las consecuencias las paga el que los comete y su descendencia. 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

À bout de souffle

Ayer se lo mentaba y hoy vuelvo a la carga porque estoy convencido de que son hechos tan graves que, por mucho que quienquiera que sea que tengas las riendas de este mundo trate de hacer como que aquí no ha pasado nada, es de todo punto infantil pensar que los dioses omnipotentes lo van a pasar por alto. Nunca a lo largo de la historia esos dioses han dejado de hacer justicia ante cualquier hecho humano, ya sea para premiar al que les sacrifica, ya para castigar al que se salta las leyes no escritas del cielo. Esto es algo que, por mucho que hayan tratado de ridiculizarlo las ideologías dominantes de un tiempo para acá, nunca ha fallado, ni fallará, so pena de volver al estado de naturaleza, es decir a la ley de la selva. Toda nuestra civilización, como ya les he dicho alguna vez, se fundamente en el temor de Dios.  

El caso es que, quienquiera que fuese, voló el Nord Stream II, una obra que costó ingentes esfuerzos realizar y que era clave para hacer competitiva la economía europea. Desde entonces, Alemania, es decir, la máquina de Europa, va de mal en peor. Y de la voladura del Nord Stream II ni se habla. Es absurdo. Estoy seguro de que en algún sitio se tienen que estar ajustando cuentas y que en el momento oportuno sacarán a la luz todo el asunto para azuzar a las masas en una o en otra dirección. Esa ha sido siempre la lógica del poder: azuzar a las masas para que se maten entre ellas y les dejen de molestar. Lo que pasa es que casi nunca les ha salido bien el invento porque es muy difícil que los dioses no sean implacables. 

Y como lo del Nord Stream, lo de la Pandemia. Es un asunto tan oscuro y de tan funestas consecuencias que es imposible que no acabe por iluminarse y hacer que caiga la justicia sobre quienes quiera que hayan sido los artífices de la trama. Y que nadie se engañe al respecto, porque de nada va a servir que los políticos, esos mandados, hagan leyes encaminadas a mantener la oscuridad. La verdad es como el sol, siempre acaba por salir so pena de que el mundo se pudra. 

Y, así, otros tantos turbios asuntos que tienen al mundo en un ¡ay! Ayer, según he podido enterarme sin querer, le tumbaron una ley al gobierno de aquí con la que quería controlar la información sobre sus múltiples trapacerías. También le tumbaron otra sobre los alquileres de pisos, que esa sí que, por lo que pudiera haber afectado a mis hijas, me ha dado una gran alegría. Porque es que estos mafiosos, que viven en palacios, no quieren que la gente que ahorra, los temerosos de Dios, para que nos entendamos, pueda escapar a su garra fiscalizadora.   

No sé, porque a veces los dioses nos someten a duras pruebas para comprobar la fortaleza de nuestra confianza en ellos, pero, pienso que, por esta vez, ya deben estar a punto de mandarnos unas cuantas alegrías. A todos estos mafiosos sanguinarios que gobiernan las naciones ya se les empieza a ver al límite de sus posibilidades; à bout de souffle, por decirlo a francesa. Todas esas leyes que promulgan no son más que puertas que ponen en el campo. No se quieren enterar de que la información solo se le puede controlar a la chusma. De alguna manera, siempre fue así, pero hoy día ya es tan evidente que hay que ser absolutamente necio para ignorarlo. 

martes, 17 de septiembre de 2024

Fatua

Redes sociales. Joe Biden:

Donald Tump is a genuine threat to this nation.

He´s a threat to our freedom. He´s a threat to our democracy. He´s literally a threat to everything America stands for.

(Donald Trump es una amenaza genuina para nuestra nación.

Él es una amenaza a nuestra libertad. Él es una amenaza a nuestra democracia. Él es, literalmente, una amenaza a todo aquello que América representa.)


Así están la cosas. Supongo que sin importancia dado lo acostumbrados que estamos ya a la bajeza moral de la chusma que gobierna las naciones. Eso es la democracia, no se engañen al respecto, la chusma al poder. Porque esa es la cuestión incuestionable, que la chusma tiene una predisposición innata para organizarse en mafias con la finalidad de delinquir sin por ello tener que pagar. 

Ayer hicieron un segundo intento de matar a Trump. No pararán hasta que lo consigan porque, después de esa fatua lanzada por el padrino Biden, habrá por ahí millones de descerebrados soñando con alcanzar la gloria... con impunidad total... como ha pasado con la voladura de la Nord Stream II, como ha pasado con las víctimas de las terapias génicas para el covid -seguramente un bicho salido de los laboratorios donde se practica el gain of funtión-. Sí, sí, entérense, gain of funtión, a eso dedican nuestros gobernantes el dinero que sacan de los bolsillos de los ciudadanos, a convertir los virus inofensivos en patógenos. ¿Con qué finalidad? Reflexionen ustedes sobre ello y a lo mejor llegan a alguna conclusión. En fin, ¡puerca miseria! 

Españoles

En su breve prólogo a la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, nos dice Bernal Diez del Castillo que los afamados coronistas comienzan sus historias con un preámbulo de retórica muy subida para dar luz y crédito a sus razones, porque los curiosos lectores que las leyeren tomen melodía y sabor de ellas. Añade que como él no es latino -supongo que quiere decir que no sabe latín- no se atreve a hacer preámbulo ni prólogo porque para podello escribir es menester otra retórica y elocuencia mejor que no la mía; mas lo que yo oí y me hallé en ello peleando, como buen testigo de vista, yo lo escribiré con la ayuda de Dios, muy llanamente, sin torcer ni a una parte ni a la otra, Y porque soy viejo de más de ochenta y cuatro años y he perdido la vista y el oír, y por mi ventura no tengo otra riqueza que dejar a mis hijos y descendientes...

El otro día reflexionábamos sobre lo va de la realidad a la ficción y viceversa. Bien, pues hubiéramos traído a colación esta Verdadera Historia que no por menos verdadera deja de superar a todas las ficciones de que tenemos noticia. A veces pienso que, si la literatura española es mucho más pobre que la inglesa o francesa en lo que hace a relatos de aventuras, pudiera ser ello debido a que para aventuras ya tenemos bastantes con todo lo que nos dejaron escrito aquellos cronistas que iban acompañando a los guerreros que conquistaron todo un continente. Teniendo constancia notarial de hechos tan prodigiosos, ¿para qué necesitaríamos imaginarlos? Quizá esa postración española que empieza a aparecer en los finales de siglo XVII y de la que no sé si ya habremos salido, ha sido la consecuencia necesaria de tanto dispendio de energía a lo largo de casi un milenio: primero para rechazar el islam y después para cristianizar América. En cualquier caso, ningún complejo, porque si hay país que pueda estar orgulloso de su historia, cualquier cosa que eso sea, ese es España. ¡Madre mía, lo que dimos de qué hablar al mundo! Y como es lógico de toda lógica, por lo general, hablar mal, porque, dado que no hay nada más humano que la envidia al que destaca, el hablar mal de él es el consuelo que les queda a los rezagados. 

Por lo demás, qué quieres que te diga: no hay hecho humano, por anodino que sea, que, relatado con retórica subida de tono, no tenga melodía y sabor como para convertirse en una historia rayando la leyenda urbana. ¡Ay si a los españoles les diese por leer a los Coronistas de Indias! ¡Cuántas historias verdaderas se podrían contar entonces en los bares! No se necesitaría ni siquiera el futbol para blasonar de españoles. 

lunes, 16 de septiembre de 2024

Poetas

 "Poetry, therefore, we vill call musical thought. The poet is he who thinks in that manner. At bottom, it turns still on power of intellect; it is a man´s sincerity and depth of vision that makes him a Poet. See deep enough an you see musically; the heart of Nature being everywhere music, if you can only reach it."

(A la poesía, por lo tanto, la podríamos llamar pensamiento musical. El poeta es el que piensa de esa manera. En el fondo, sigue siendo obra del intelecto; es la sinceridad y la profundidad de visión lo que hace a uno Poeta. Ve suficientemente profundo y verás musicalmente; el corazón de la Naturaleza, si eres capaz de alcanzarlo, es en todos los sitios música.) Carlyle.

Rilke, por su parte, pensaba que "una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad. En esa índole de su origen está su juicio: no hay otro.

Baudelaire, en cambio, lo ve así: "On manoeuvre, on esquiva la dificultad, on tourne l´obstacle, et on colle les autres au moyen d´un dictionnarie,"

(Uno maniobra, uno esquiva la dificultad, uno rodea el obstáculo, y uno pega las otras (palabras) por medio de un diccionario.)

Dante es, pienso, el más contundente: "¡Oh, los que habéis entendimientos sanos, / la doctrina mirad que yace, honda, / tras los versos recónditos y arcanos!"

Cuatro poetas, digamos que consagrados, y cada uno ve la jugada a su manera. Los seres humanos no podemos hacer las cosas porque sí. Necesitamos reflexionar sobre lo que hacemos para justificarlo y autoconvencernos de que estamos haciendo algo que merece la pena. Supongo que será porque a falta de satisfacción intima por lo que hacemos tratamos de resarcirnos buscando la aquiescencia de los otros. O vete tú a saber. 

 

domingo, 15 de septiembre de 2024

Ficción

Divaga Santi sobre la ficción. ¿Por qué está con nosotros prácticamente desde que nos bajamos de los árboles? ¿Es una puerta abierta al inconsciente? Sí, parece una bella posibilidad. Pero entonces aparece el profesor García Maestro y te pregunta qué es lo que tú entiendes por inconsciente. Y entonces te acuerdas de Freud y todo eso de los sueños. Pero el profesor Maestro -ese pleonasmo- va y te dice que el inconsciente es una creación de la mente humana para tratar de explicarse cosas que no puede entender. Digamos que lo mismo que pasa con la idea de Dios.  

Seguramente, la ficción está con nosotros desde los orígenes por la sencilla razón de que de lo primero que se dio cuenta el mono que muto a humano fue que la realidad circundante se le hacía insoportable. Motivos para ello los hay de sobra por todas partes. Como contaba Castilla del Pino en aquel libro en el que relataba dos historiales clínicos de dos enfermos depresivos; la depresión, nos venía a decir, no es más que la objetividad llevada al paroxismo. El depresivo no puede subjetivizar: lo que es negro lo ve negro y se desespera al comprobar que la gente que le rodea se empeña en verlo de colores. Sin duda vivir en ese estado de clarividencia total sin poder salirse de ella debe ser un tormento. 

Si bien lo consideramos, en la vida de una persona sana hay una dialéctica permanente entre el tratar de aprehender la realidad para mejor adaptarse a ella y el huir despavorido de ella tan pronto la intuyes. Y no se me ocurre otra vía de escape que no sea la ficción. Recuerdo perfectamente que de niño no paraba de imaginar historias. Los expertos en la cosa de la psique llaman a eso vida fantasmática, algo totalmente natural en los niños y que con los años a la mayoría se les va apagando y siendo sustituida, seguramente, por la amargura. 

Sea como sea, que vete tú a saber, lo que sí les puedo asegurar es que pocos trances tan intensos he tenido en mi vida adulta como cuando me he puesto a escribir ficción. Nunca con nada conseguí salirme tanto de mí mismo como con eso. Te metes de lleno en una historia y acabas por no saber quién eres ni en que mundo vives. Los personajes que creas, como los dioses, te llevan de la mano y, si te resistes, te arrastran. Es imposible controlarlos. Supongo que la invención del inconsciente sirvió para explicar todo eso: algo que tienes dentro que se empeña en salir por medio de la ficción que estás creando. En fin, ya digo, vete tú a saber, porque sobre los mecanismos de la mente humana nunca paramos de especular y siempre estamos en las mismas.  

Continuará.

sábado, 14 de septiembre de 2024

Lo que va de Rivas a Homero

 

Allá por los años sesenta del siglo pasado, vivir en Rivas Vaciamadrid no debía ser plato de gusto. Justo allí, en el río Jarama, desembocaban las cloacas de todo Madrid. Claro está que a los olores se acostumbra uno pronto y al cabo de nada ni te enteras. Así todo, aquello era territorio mayormente chabolista y dejado de la mano de Dios. Pero lo que son las cosas del progreso, que todo lo sanea y, donde dije Diego ahora tengo que decir digo. En Rivas hoy día huele a rosas y se ha convertido en uno de los polos nacionales de la innovación y el desarrollo. Hay allí una juventud emprendedora que, con la inestimable colaboración de las autoridades, organiza festivales para lanzar los productos creados por las numerosas starups del lugar. Al festival de este año le han llamado "Coñumor" porque se ha dado la circunstancia de que el producto estrella presentado ha sido el "coñojín", un cojín que, como su propio nombre indica tiene forma de coño o, dicho de forma más científica, de vulva. Su creadora lo ha presentado como artesanía íntima para la visualización de la vulva, dado que, según ella, debido a la cultura heteropatriarcal imperante, está invisibilizada. ¡Santo Dios, esta mujer en qué mundo vive! ¡Pero si a los heteropatriarcas no hay forma de que se nos vaya el asunto de la cabeza! En fin, Rivas Vaciamadrid: el que tuvo siempre retuvo. 

En otro orden de cosas, estoy a punto de culminar La Odisea. Los dioses hacen justicia por la mano de Odiseo. La matanza de los pretendientes. "Desplegó desde lo alto del techo Atenea la égida / con la que da la muerte, y en todos se heló la bravura. / Por la sala corrían lo mismo que un hato de bueyes / a los que un ágil tábano ataca y agita durante / la primavera, en el tiempo en que se hacen los días más largos. / Y ellos como los buitres de picos y de uñas ganchudas / que del monte descienden y van a atacar a las aves / que, temiendo quedarse en las nubes descienden al llano / y los buitres las matan en él, sin que puedan siquiera / defenderse o huir, y la gente disfruta en la caza, / de este modo en la sala atacaron a los pretendientes / a derecha e izquierda, y caían en tierra con ruido / de cabezas partidas, y el suelo era un río de sangre"

Después de leer la matanza de los pretendientes, esas películas de Hollywood, tipo "grupo Salvaje", parecen cosa de las hermanitas de la caridad. Así es como Homero entendía que debía ser la justicia divina: el destino lo marcan los dioses y las malas acciones de los hombres. Lo cual no excluye la piedad: cuando Euriclea la factótum del palacio de Odiseo, da gritos de alegría viendo los cadáveres amontonados de los pretendientes, Odiseo la reprende con esta aladas palabras: "Regocíjate, anciana, en tu pecho y contente y no clames; / no es piadoso alegrarse de ver a unos hombres sin vida. / Destinaron sus muertes los dioses y todos sus crímenes / porque no respetaron a un solo varón en la tierra, / ..."

La verdad es que no sé qué voy a leer en adelante. Necesitaré tiempo para reponerme de las lecturas homéricas. Porque qué insulsa resulta toda la literatura a partir de entonces... bueno, quizá sea éste el momento de volver a la HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA... quizá lo más homérico que parió la humanidad de Homero para acá.

viernes, 13 de septiembre de 2024

Esperpento

Christine Anderson es una eurodiputada alemana que según la narrativa oficial es de extrema derecha. ¡Vaya por Dios, con lo que a mí me gusta lo que dice! ¿Será que también yo soy de extrema derecha? Extrema derecha, qu'est-ce que c'est que ça. Se lo diré: decir algo sensato. En estas estamos; va Christine y dice que solo la mentira necesita del apoyo del Estado para mantenerse en pie y, ¡zas!, se produce una catarata de declaraciones para explicar que esa señora dice eso porque es de extrema derecha. Parecerá que estoy haciendo un chiste, pero nada más lejos, estoy describiendo la más candente realidad. Así de gracioso es el mundo actual. A lo mejor siempre había sido así y lo que nos pasaba es que no nos dábamos cuenta. Podría ser. 

El caso es que Christine, como el otro día les decía de Alexandra Henrion Caude, es bastante titán a lo Prometeo. Madre de familia con los hijos ya criados, decidió tomar cartas en el asunto ante una realidad que le disgustaba y por eso fue que se presentó a diputada en el parlamento europeo. Sacó una plaza y, desde entonces, no para de decir las cosas tal como son y no como les gustaría que fuesen a la mafia que se ha hecho con el control de las instituciones. Explicó perfectamente todo aquello de la pandemia y el paso del tiempo no hace otra cosa que darle la razón. Y es que la verdad, como a ella le gusta decir, no tiene necesidad de que la defiendan. Siempre acaba por salir a la luz; lo único que hacen las parteras como Chistine es acelerar el alumbramiento. 

Anda ahora Christine con lo de la libertad de expresión. Ya saben que los políticos de lo que un día se dio en llamar mundo libre, andan muy preocupados porque la gente del común tiene medios técnicos -las redes sociales- para hacer resonar en el ambiente lo que piensan. Una osadía a todas luces, porque ese privilegio, hasta hace cuatro días, estaba reservado a cuatro gatos que compartían mesa con los mentados políticos. Así que, tan inteligentes ellos, han pensado que, a grandes males peores remedios, y por eso ha sido que se hayan puesto a legislar sobre lo que es verdad y lo que es mentira. Como dice Christine, son las típicas cosas que hacen los tiranos cuando están desesperados porque ven que su nave hace agua por mil sitios.

Salvando las diferencias, todo esto me recuerda mucho a los últimos tiempos del franquismo, cuando todo lo que hacían y decían los políticos del Movimiento nos sonaba a chiste. Porque los estertores de un sistema tienen todos los ingredientes de la comedia. Una mentira se trata de tapar con otra más gorda y, así, en una huida hacia ningún sitio se da en el esperpento... que es en lo que estamos.  

jueves, 12 de septiembre de 2024

Mamonadas

 ¡Cómo está el mundo, Facundo! Una tipa que, por cierto, está como un tren y, por si eso fuera poco, se las ha ingeniado para conseguir del erario público un sueldo de quince mil euros mensuales, ha dicho que todos los hombres somos violadores en potencia. Obvio de toda obviedad, porque en potencia lo somos casi todo, por no decir todo, y, violadores, entre lo que más. Ya lo decía un compañero mío de colegio con su potente voz de barítono: "yo, es que me las follaba a todas". ¡Pues claro, hombre, y quién no! Pero ya se sabe, del dicho al hecho hay un gran trecho y, en las cosas del fornicio, ni te digo. Bueno, parece ser que hay por ahí una asociación -otra más- que ha interpuesto una querella a la tipa de marras, que mira tú que hay que tener ganas de líos para meterse en tales procedimientos. 

Y en esas estando, voy y me entero de que otra asociación, en este caso la Federación Estatal de Asociaciones LGTBI+, denuncia que uno de cada cuatro jóvenes LGTBI sufren acoso escolar sin que en el ochenta por ciento de los casos las autoridades académicas hagan nada para evitarlo... ¡a Dios gracias, digo yo! Me imagino que cuando dicen jóvenes LGTBI querrán decir que son un poco, o un mucho, mariquitas. Ya te digo, Federación Estatal, no teníamos ya bastante con los sindicatos y ahora vienen estos a saquear lo que queda de las arcas del Estado. Porque para eso se monta una Federación, me imagino, para dedicarse al saqueo de lo público. 

De todas formas reconocerán conmigo que lo de aplicar la estadística a las ciencias sociales es un chollo morrocotudo. No hay truco que se le pueda comparar en la cosa de arrimar el ascua a tu sardina. ¿Es que hay algo que no puedas demostrar con tales artimañas? Ya te digo, niños acosados en el patio del colegio. ¡Pues claro, hombre, todo el que muestra algún tipo de debilidad o diferenciación! Porque los niños son la humanidad en estado puro. Donde ven oportunidad de prevalecer de inmediato la aprovechan. Eso forma parte de la educación sentimental de cualquiera. Intentando prevalecer es como uno se pega los castañazos que configuran el carácter. Y si no te los pegas de niño, peor para ti porque te los pegarás de adulto. 

En resumidas cuentas, lo de siempre, cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo. ¡Ay, si hubiéramos de andar perdiendo el culo por llenar el plato de cada día! ¿A quién le iban a consentir vivir entonces de todas esas mamonadas? LGTBI+... Cataluña al completo -Lerida, Gerona, Tarragona, Barcelona-. La I y el signo + no sé a cuento de qué. 

miércoles, 11 de septiembre de 2024

Maniqueo

 A veces hablar con gente sirve para caer en la cuenta de cosas con las que tienes que andarte con mucho cuidado. Por ejemplo, a nada que te descuidas estás elaborando teorías fundamentadas en conjeturas emanadas de tú propia ideología. Para una persona ideologizada es imposible distinguir entre conjetura y realidad si la conjetura encaja como un guante en su ideología. Y es justo por este trastorno mental tan difundido por el mundo por lo que suele ser tan aburrida la cháchara en general y la de bar en particular. Ayer estaba acompañando a María mientras ingería un chocolate en una cafetería de por aquí y, de pronto, aparecieron por allí dos amigas suyas que, como es natural, invitamos a sentarse. Tres mujeres en plan preciosas ridículas, diciendo vulgaridades, o tópicos, de todos los libros -para chachas- que han leído y películas -indoctrinantes- que han visto. Luego se pusieron a filosofar sobre la realidad circundante. Me acordé de San Agustín cuando decía aquello de "estando tanto tiempo persuadido de mí con engaño que sabía la certeza de verdad, había parlado con liviandad y fervor de mancebo muchas cosas dudosas, como si fuesen averiguadas". O aquello de "hinchado y soberbio con aquel error y herejía de los Maniqueos".

¡Por Dios bendito! ¿Por qué será que no enseñan en las escuelas quién fue ese tal Maniqueo? Quizá porque los maestros, o maestras, porque ahora todo son maestras,  vienen todos de esa indoctrinación marxista que tan bien encaja con el maniqueísmo. Buenos y malos, ricos y pobres... y todo así, tan sencillo. Quizá por eso es que las maestras, y los pocos maestros que quedan, no pierden evento cultural, que les dicen, que siempre rematan comentando la jugada en los bares. Es como si estuviesen siempre bailando en las laderas del Pelión dispuestas a comerse a cualquier despistao no comulgante que aparezca por allí. 

En fin, qué tiempos nos ha tocado vivir; recuerdo que mi padre y los cuatro o cinco amigos que le conocí, nunca estaban seguros de nada. Todo lo cuestionaban y hacían del escepticismo el cemento de su amistad. Claro que ellos venían de pasar por una guerra, así que lo de buenos y malos, y simplificaciones por el estilo, no les cabía en la cabeza. Y tampoco eran gente de ir mucho a los bares, que eso sí que imprime carácter... sobre todo en este país. 


martes, 10 de septiembre de 2024

Alexandra Henrion Caude

María tiene unas amigas que se han vacunado ni se sabe ya las veces. Claro que, todo hay que decirlo: son socialistas a rabiar. Estos días pasados, según he podido saber, andaban maluchas. Le han dicho a María que tenían covid. En los últimos tres años ya lo han pillado como veinte veces. Según ellas, porque se han vacunado, que, si no, ya estarían muertas. En definitiva, un clásico caso de "tras cornudo, apaleado". A mí no me ha extrañado nada, porque, como ya les he dicho, son socialistas avant-garde. Ya saben, de mucho mirar la berza, pero mucho más agarrar el tocino. 

Les traigo estas cosas a colación porque he estado viendo esta mañana la entrevista que hace ocho meses le hizo Didier Maïsto a Alexandra Henrion Caude con motivo de la publicación de su libro "Les apprentis sorciers" (Los aprendices de brujo). Es muy curioso lo de esta mujer a la que vengo siguiendo desde que comenzó el circo cóvico. Resulta que lo había sido todo, a nivel mundial, en la cosa de la genética, pero desde que la apartaron de todos sus cargos por haber dicho la suya a propósito del circo en curso, de lo que más le han acusado tanto políticos, como periodistas, como lameculos en general, ha sido de ser católica practicante. ¡Cómo va a decir algo sensato si es católica! Sí señores, y señoras, que se me olvidaba, a esto es a lo que hemos llegado. Levantase la cabeza Erasmo y de inmediato se pondría a reescribir su Elogio de la Estulticia al comprobar cuan corto se había quedado. 

De todas formas, católica o no, las ventas de su Aprendices de Brujo no cesan de aumentar al mismo ritmo que disminuyen las cifras de los que acuden a los centros de vacunación. Ya hay que ser muy tonto todo el tiempo para seguir sobre la brecha del sostenella y no enmendalla. Ya saben que cuanto más necio -o socialista, que sospecho que es lo mismo- es uno, más empeño pone en negar las evidencias que le desmienten. 

En fin, yo les recomiendo que vean esa entrevista porque es la prueba irrefutable de que los titanes nunca han desaparecido del todo de este mundo. Como a Prometeo, a Alexandra la encadenaron a una roca del Cáucaso, pero Atenea acudió muy pronto a auxiliarla trasformando la roca en el diamante que hoy luce en su dedo. Ese diamante que ilumina el mundo con razones sin vuelta de hoja. 

lunes, 9 de septiembre de 2024

Señoritos socialistas

Me mandan un titular aparecido en lo que se ha dado en denominar "Lo País". Debajo de la fotografía de un tipo de nombre Broncano que, por lo visto, es una celebridad en los medios televisivos, aparece entrecomillado lo siguiente: "Valoro a la gente que no se sacrifica casi nada por su trabajo". Vaya por delante que, como todo titular, es, sin duda, una manipulación. Sería necesario saber en que contexto ha incluido esas palabras para tener una idea un poco más exacta de lo que ha querido decir. Pero es que, además, esa frase, a mi juicio, está muy coja desde el punto de vista gramatical. ¿Qué quiere decir ese "valoro", que da valor o que calibra la calidad de esas personas? Si es para dar  o quitar valor, supongo que al verbo le falta el predicado. ¿Les da mucho, les da poco? En fin, es como cuando Zapatero dijo que el era un hombre de talante. ¡Como si no lo fuéramos todos! Lo que no nos dijo fue si era de buen o mal talante. 

Anyway, como supongo que el tal Broncano, como Zapatero, será socialista a rabiar, o sea, especialista en mirar la berza y coger el tocino, lo que ha querido decir, si es que lo ha dicho, es que a él le encantan los vagos. Francamente, se lo podría haber ahorrado, porque, siendo socialista, la cosa va de soi, como dicen los franceses. Me explico: leía el otro día, creo que en La Odisea, o sea, que la cosa viene de lejos, que lo que diferencia al hombre libre del esclavo es, precisamente, la actitud ante el trabajo: el libre pone entusiasmo y el esclavo racanea todo lo que puede. Lógico de toda lógica. ¿Para qué te vas a matar a trabajar si el que se va a ir a veranear a un palacio de Lanzarote va a ser el señorito? Justo por esto es por lo que es imposible que funcione el socialismo. Como decían los rusos de a pie de cuando los soviets: ellos hacen como que nos pagan y nosotros hacemos como que trabajamos. 

O sea que el meollo de la cuestión podría ser que al tal Broncano, como buen señorito socialista, le encantan los esclavos. Y fíjense bien que no ha dicho nada, sino casi nada. Como puede tener tantos, con ese casi le sobra y basta para que le tengan el palacio limpio como los chorros del oro. 

domingo, 8 de septiembre de 2024

Ciencia y religión

No recuerdo cual fue el sabio que lo dijo, pero, en cualquier caso, cuanto más pienso en ello más me convenzo de su transcendente importancia: lo peor que puedes hacer en esta vida es convertirte a la religión que estudias. Me costó mucho entenderlo, porque parece una boutade, pero pienso que ya he dado con el quid de la cuestión. Salvo las matemáticas, cuyo estudio sirve más que nada para afinar el pensar, el resto de las materias que te pongas a estudiar son tan escurridizas como la misma realidad, es decir, que o tomas distancia de ellas o acabarás convirtiéndolas en religión por medio de la fe. A partir de ahí, ya solo te queda el hacer el ridículo. 

Y así es como estamos ahora en la pleamar del ridículo gracias a esto que se ha dado en llamar redes sociales. Millones de personas que han leído dos libros a los que no tenían derecho, aprovechan esas herramientas de difusión para decir la suya. Repiten hasta la saciedad su opinión hasta que la convierten en convicción. A partir de ahí, ya no dejan de dar la matraca hasta que un batacazo, si es que llega, les saca del error. 

Como decía el padre de unos viejos conocidos, en lo único que se puede creer es en Dios y en el bicarbonato. La gente joven, ya, ni en el uno ni en lo otro. No saben lo que se pierden. En aquel entonces, cuando, en los restaurantes, junto al convoy de los aliños, había un bote de bicarbonato que era mano de santo para las digestiones pesadas. 

De estas cosas sé yo un montón porque estudie la más escurridiza de todas las ciencias. Es una ciencia que dicen sirve para curar. Y sí, estoy convencido de que en ocasiones cura, pero no menos convencido estoy de que por cada uno que cura mata a cien. Y es que la inmensa mayoría de los que la estudiaron la convirtieron en su religión, lo cual viene a ser el equivalente a la absoluta pérdida del sentido común o, si mejor quieren, sentido crítico. Claro que, también hay que comprender que es muy difícil para el que leyó dos libros a los que no tenía derecho saber separar el trigo de la paja y la realidad del modus vivendi. 

En fin, qué mundo éste en el que el que no corre, vuela en pos de quimeras. ¡Ya te digo, la ciencia! ¿O era religión?

sábado, 7 de septiembre de 2024

Descreencia

Llamaron ayer a la puerta y resultó ser un payo, por los cincuenta, que me quería vender una fibra digital baratísima. Pronto vio el tío que daba en roca y, entonces, empezó a quejarse de lo mal que estaba todo. No mucho, pero algo le entré al trapo. Ya saben, en donde residía la causa de que él no pudiese comprarse un piso y esas cosas. Él lo tenía claro, los empresarios. Yo le sugerí que, a lo mejor, no se había esforzado lo necesario cuando era joven. Entonces se subió por las paredes. Oye, le dije entonces, yo porque usted se ha quejado que, si no, no digo nada. Entonces el tío, que había visto mis guitarras, volvió a lo de la fibra y lo bien que me vendría para la cosa de la música. Le dije que para nada y él volvió a lo suyo que no era otra cosa que el rencor existencial. Imagínense, a los cincuenta, a lo mejor con dos o tres hijos adolescentes, yendo por los pisos a vender humo... si eso no es para suicidarse que venga Dios y me diga lo que es.  

Sí, ese rencor tan extendido que es el fertilizante sobre el que germinan las ideas socialistas. El tío lo era a rabiar. La cosa, evidentemente, no tiene solución: mientras haya fracasados, habrá socialismo y, mientras haya socialismo habrá millones de bares, peluquerías, uñerías, etc., que son los refugios naturales de los fracasados porque en ellos todo invita a lamerse las heridas... en comandita, que es como mejor se alivia el dolor. 

El gran problema de todos estos desgraciados es que se han creído lo de que Dios no existe.  Van a los bares y blasonan de ateos y como que se crecen. No se les alcanza a los pobres que los dioses son una representación simbólica de las herramientas de reflexión. Esto es muy fácil entenderlo leyendo, yo qué sé, pongamos que la Odisea. Ulises está ya de regreso  en Ítaca, pero sabe que en su casa no será bien recibido porque hay gente que se ha hecho ilusiones debido a su larga ausencia. Tiene que pensar muy bien la estrategia a seguir para conseguir su objetivo. Y ahí es en donde aparece Atenea. Atenea, digamos que la razón -ha nacido de la cabeza de su padre Zeus-, le marca los pasos a dar con precisión. La razón es lo que nos hace a imagen y semejanza de los dioses. Por eso hay que tener temor de ella, porque si no le ofrecemos los debidos sacrificios nos puede jugar muy malas pasadas. Y, desde luego que ofrecérselos desde los bares y peluquerías no le gusta un pelo. Eso está bien para festejar a Dionisos -que nació de un injerto que se colocó Zeus en el muslo-. Ya ven, toda esa gentecilla todo el día celebrando a lo que salió de un muslo. ¿Qué se puede esperar de ellos? Se lo diré: socialismo. 

En fin, perdonen, pero es que uno ve a lo que se ha llegado con tanta descreencia -o vaguería, que no sé- y se muere de pena. 

viernes, 6 de septiembre de 2024

Sabor de barrio, tesoro antiguo

 De pronto la ciudad se ha llenado de pequeños locales dedicados a cortar y embellecer las uñas de las señoras. Nunca he visto un hombre en esos locales que siempre tienen una gran cristalera a la calle. Recuerdo que hace unos treinta años o así, una amiga americana que hice en Salamanca, me escribía con frecuencia desde Vacaville, California y, en una de sus cartas, me contaba que había decidido dejar de ir a hacerse las uñas y emplear ese dinero en el banco de alimentos de su parroquia. Yo aluciné al enterarme de que la gente en EEUU iba a un sitio a que le cortasen las uñas de la mano. Una degeneración moral, sin duda, como me dijo la mentada americana que estaba muy pesarosa por haber caído en la cuenta de lo estúpido que había sido su proceder. Sin duda Salamanca le había abierto los ojos en muchas cosas. Entre otras, que la ropa era mejor secarla al sol. Imagínense, con todo el que hay en California y toda la gente, veintitantos millones, secándola a golpe de electricidad. Supongo que hará falta una central atómica solo para eso. 

En fin, sea como sea, el caso es ese, que no hay día que no vea un nuevo local para cortar uñas, muy cucamente adornado, algunos con un caniche con lacitos paseando entre las clientas, por los aledaños de mi casa. Esto ya está hecho un Vacaville cualquiera. Ahora solo falta que las que van a cortarse las uñas caigan en la cuenta de que son imbéciles y cambien de proceder como hizo mi amiga de Salamanca. Porque es que, además, es algo sumamente desagradable; por lo menos a mí no me gustaba un pelo cuando mi profesora de guitarra, en el Celeste de Barcelona, se empeñaba en limármelas. Y eso que era era una chica bien mona. Pero es que hay cosas que como uno mismo no te las puede hacer nadie. En fin, trances de la vida. 

Pues sí, es un misterio; si a este barrio le quitan las peluquerías y las uñerías -llamémoslas así-, ¿en qué se queda? Porque bares hay unos cuantos, pero apuesto que menos de uno por cada diez de las otras. Son muy curiosas estas necesidades de la gente. Ahora todos los jóvenes necesitan ir cada quince días a esculpirse el pelo. Lo de las mujeres viene de lejos: media vida en la peluquería. No lo entiendo, la verdad. Hace casi veinte años que me compré una maquina en Lidl por menos de veinte euros y me lo corto en casa en cinco minutos cuando me apetece. 

Desde luego que si hay algo sorprendente es la ciencia económica. Voy por la calle, veo un local en obras. Media docena de operarios, montones de material, y al cabo de quince días vuelvo a pasar por allí y hay una uñería o peluquería. Y es así como va la nave, con actividades que, a mi entender, son absolutamente prescindibles e improductivas. Y si no te cortan el pelo o las uñas, te dan masajes, o te ponen agujas, o te venden adornos... bueno, también aquí al lado tengo a un señor aborigen que recicla los ordenadores y, unos metros más allá, un paquistaní que lo mismo te plancha un huevo que te fríe una corbata en la cosa de los teléfonos. Por no hablar de los chinos, que a menos de veinte metros tengo a unos que me venden una fruta increíble por la mitad de lo que antes me gastaba en Mercadona. Y carnicerías y pescaderías, que a la gente le encanta ir a sitios que hay que hacer cola y te dan palique. No veas tú el que me da la china, que, por cierto, no la entiendo una palabra, pero nunca deja de sonreírme. 

Sabor de barrio, tesoro antiguo, que cantaba el magistral Gato Pérez

 

jueves, 5 de septiembre de 2024

Sísifo

Esta casi obligación que me tengo impuesta de escribir a diario una entrada en este blog no se crean que es cuestión baladí. Es un poco, abusando de la simbología, como la piedra de Sísifo; sobre todo esos días que estoy ganado por el escepticismo más radical. Tales días el esfuerzo es ímprobo y, por lo general, para ver después rodar la piedra hacia abajo con más velocidad que nunca. Y, si escribir no es otra cosa que reflexionar, del reflexionar con desgana, o por cumplir, nunca suele salir nada que merezca el nombre de reflexión. 

Lo reconozco, estoy seco. Me pongo a tocar la guitarra y me doy cuenta de que tengo rota la uña del dedo medio de la mano derecha. Una uña imprescindible. Así es que cada vez que la uso la siento y, eso, me distrae. Cosas de la vida; se ve que los dioses omnipotentes, por lo que sea que hice mal, han querido darme un toque y me han enviado este alifafe consistente en hacer que esa uña, al llegar a su término, se parta en dos. No puedes tocar nada con ella porque se engancha. Una sensación desagradable en cualquier caso que impide la concentración. 

En fin, los dioses. Ayer lo comentaba con Carlos, mi querido amigo palentino, sobre el temor que les debemos tener si queremos ser civilizados. De lo contrario, del ignorarlos, es que tantas veces andemos por el mundo como putas por rastrojo. Porque así es como andan los salvajes, por mucho que a veces vayan conduciendo un Lamborghini. 

Ya digo, hay días que no hay forma de empujar la piedra hasta arriba. ¡Y qué le vamos a hacer!

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Casta de Zeus

Cuando uno ve ya en la otra orilla el campo de asfódelos es fácil que entienda los grandes libros sapienciales. El bíblico Libro de Sabiduría, La Gran Enseñanza de Confucio, etc.. Se mire como se mire, se parecen todos con una gota de agua a otra. Y es que todo lo que hay que saber son las cuatro cosas que el más elemental sentido común se encarga de indicarte como imprescindibles para poder vivir en armonía con tus congéneres. Entonces, me preguntarás, ¿por qué esos libros levantaron tanto revuelo a lo largo de los milenios? Te lo diré sin demasiado miedo a equivocarme: porque la madre naturaleza es tremendamente injusta al repartir sus dones. Ténganlo por seguro, de tal injusticia nos vienen todos los desequilibrios y no habrá nunca príncipe lo suficientemente sabio para corregirlos; acaso, lo más, lo más, podrá paliarlos por una temporada. 

La naturaleza, a unos les hace inteligentes y a otros torpes, a unos atléticos y a otros enclenques, a unos los hace nacer en palacios y a otros en chozas. Así, con esas diferencias, es inevitable que la armonía esté llena de disonancias. Y fíjense en la cantidad de siglos que tuvieron que pasar antes de que las disonancias fuesen aceptadas como naturales e, incluso, adornos imprescindibles en la música so pena de abandonarla a un estado mortecino. 

La asunción de las disonancias ha sido un largo recorrido desde la noche de los tiempos para acá. Metías, allí por el medievo, un tritono en una pieza musical y tenías muchas probabilidades de acabar en la hoguera. Y es que el príncipe sabe que al pueblo llano le subleva que le toquen sus gustos y creencias. Pero claro, ahí están los desfavorecidos por natura carcomiéndose las entrañas. Y ya conocen el dicho, que Dios donde quita pone. Si te quita fuerza te da inteligencia, si te hace contrahecho te da mala leche. Y los príncipes parecen ignorar que no hay fuerza capaz de neutralizar la inteligencia, ni limosna que aplaque la mala leche. 

Por eso no funciona el invento, porque estos príncipes que nos gobiernan se quedaron anclados en los viejos manuales de armonía: el imperio de la jerarquía. Tónica, dominante y subdominante. Eso es tan aburrido que lleva indefectiblemente al suicidio... que es en lo que, al parecer de muchos, estamos. Y es que digerir a tipos como Schöenberg, Hayek, Freud, Loos, Rothbard, etc., lleva tiempo, no por nada, sino porque todos ellos son paladines de la desjerarquización, es decir, de la agonía; de la vuelta al viejo mundo clásico, en definitiva, cuando cada uno estaba obligado a responsabilizarse de su propia vida... como Odiseo divino, casta de Zeus.  

martes, 3 de septiembre de 2024

Gloomy

En mis búsquedas por YouTube es inevitable que mi vista caiga sobre los abultados titulares de algunos vídeos. Desde luego que ni por asomo se me ocurre ponerme a mirarlos, más que nada por aquello que les decía ayer de la vehemencia. Pero ya sé que la publicidad va así, fundamentalmente por los caminos de la vehemencia o, si mejor quieren, la exageración. Así fue que esta mañana caí sobre el titular: CAMINO A LA PERDICIÓN. EUROPA HACIA EL ABISMO. ¡Toma castaña! ¿A ver quién es el que no se siente concernido ante tamañas negras premoniciones? Lo que pasa es que, a mi juicio, nunca, como con esto de las redes sociales, se había visto tomar tanto cuerpo aquella metáfora de "que viene el lobo". Porque las redes sociales tienen cosas maravillosas, sobre todo en lo del aprendizaje de las más diversas materias, pero, en lo que hace a la información de tipo político, es, sobre todo, el paraíso de los agoreros; ahí se pueden explayar todo lo que quieran que, cuando más negras sean sus premoniciones, mayor será su audiencia. Ya saben, todo el que anda jodido en un momento u otro, que es una inmensa mayoría de la especie humana, nada hay que le consuele tanto como que le confirmen en la idea de que todo se va a ir a tomar por el saco. 

Europa hacia el abismo. ¡Pues claro hombre, eso lo ve hasta un ciego! ¿Y quién es el que no va hacia el abismo? ¿Y qué hay de malo en ello? ¿O es que acaso no se renace de las cenizas? Europa, como cualquier otro lugar del mundo, tiene sus ciclos y, diría yo, que ya tuvo su lote de máximos y, ahora, anda por el punto de inflexión que le ha de llevar hacia los mínimos. Si hasta Julio Iglesias lo cantó: unos que vienen, otros que van, la vida sigue igual.  

En fin, negros presagios, lúgubre, gloomy, que dicen los ingleses. Y es que hay días que como que daría gusto escuchar al coronel Baños... ayer, sin ir mas lejos, todo el día morrinando, con un viento racheado que hacía inviables los paraguas, con el fantasma de un crucero gigantesco anclado en el muelle de la estación marítima, y la bahía como un plato gris mortecino sin límites definidos. Son las boqueadas del verano santanderino. Como el que recuerdo de mi infancia. Las lluvias que anunciaban la ya próxima vuelta al colegio. 

El dichoso Coronel Baños -una vez me arriesgué a escucharle-; larga tanto el tipo que, digo yo, alguna vez acertará. Simple cuestión de probabilidades. Lo que pasa es que si acierta el coronel solo puede ser porque por fin ha llegado el tan ansiado lobo. 


lunes, 2 de septiembre de 2024

Vehemencia

El gran problema de la vida es que siempre aprendemos demasiado tarde lo que es realmente útil. Muchas veces son pequeños signos a los que nunca dimos importancia, pero que, sin embargo, estaban ahí para marcar la diferencia. Quizá, no lo sé, entre la elegancia y el horterismo. O, más aún, entre la clarividencia y la ofuscación.  

Por poner un ejemplo omnipresente en nuestras vidas: la vehemencia. ¿Qué se esconde detrás de la vehemencia? Indudablemente, y sobre todo, la ausencia de reflexión. Algo reflexionado, por definición, te sume en un cierto grado de perplejidad por la sencilla razón de que la realidad es inaprensible. Ya lo dijo el sabio, que si quieres tener una razonable razón, valga la rebuznancia, dedícate a las matemáticas, porque todo lo demás son problemas sin solución. 

Tardé mucho en darme cuenta de que la vehemencia es, eso, una ofuscación, una declaración de incompetencia. Un querer convencerse a si mismo de que algo es como te gustaría que fuese por el estúpido procedimiento de intentar la aquiescencia ajena a golpe de abrumamiento. 

Uno, supongo, ha practicado mucho en esta vida ese tipo de estupidez y, también, la ha soportado mucho en el entorno. Pero, al fin, caí en en la cuenta de su verdadera sustancia. Por eso, cuando estoy razonablemente lúcido, huyo de ella como de la peste. Y no por nada sino porque no hay peste más contagiosa que el ofuscamiento. Te pones a hablar con un ofuscao y a los dos minutos ya has tirado por la borda el discurso del método cartesiano... ¡con lo que te costó entenderlo! Abscisas y ordenadas para saber dónde estás.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Pastillas

 Odiseo divino despierta en Ítaca sin saber que es Ítaca: 

-¡Ay de mí! ¿En qué país de mortales me encuentro yo ahora? ¿será gente arrogante tal vez, salvajes e injustos, o quizá hospitalarios y tienen temor de los dioses?

Me manda Manolo un podcast titulado La Forja y la Espada. Viene a decir: ¡Chicos, esto es un asco! Nos hemos reblandecido; ya solo pensamos en divertirnos. O nos ponemos las pilas o nos vamos a la mierda. Tenemos que recuperar el sentido de la trascendencia. Tenemos que vivir para ganar cielo. La renuncia, el desapego, la disciplina. Todas esas cosas tan de moda desde que en el mundo mandan los socialistas. Un tío que se tira una hora dándole vueltas a estas cosas. Sintetizan mucho mejor los textos clásicos, Homero. Lo tenían claro, o temes  los dioses o eres un salvaje. 

A mí me parece que a nadie se le convence con palabras. Y menos todavía, si las palabras son vehementes. De convencer con algo será con el ejemplo. Con la serenidad que da el temor a los dioses. O a Dios, si te gusta ser monoteísta. Yo tengo que hacer bien la tarea que me está encomendada porque, si no, los dioses, o Dios, se encabrona y me lo hace pagar con cualquier mala jugada. 

Para saber de estas cosas no hace falta doctrina alguna o religión. Te lo enseñan en casa tus padres porque a ellos les fue trasmitido por los suyos y, además, tienen experiencia acumulada al respecto. Si quieres estar bien, te tienes que esforzar. Y tienes que ser generoso con los débiles. De lo contrario, te sentirás mal y necesitarás tomar pastillas. 

En definitiva, tener o no tener que tomar pastillas, eso es lo que marca la diferencia.