miércoles, 11 de septiembre de 2024

Maniqueo

 A veces hablar con gente sirve para caer en la cuenta de cosas con las que tienes que andarte con mucho cuidado. Por ejemplo, a nada que te descuidas estás elaborando teorías fundamentadas en conjeturas emanadas de tú propia ideología. Para una persona ideologizada es imposible distinguir entre conjetura y realidad si la conjetura encaja como un guante en su ideología. Y es justo por este trastorno mental tan difundido por el mundo por lo que suele ser tan aburrida la cháchara en general y la de bar en particular. Ayer estaba acompañando a María mientras ingería un chocolate en una cafetería de por aquí y, de pronto, aparecieron por allí dos amigas suyas que, como es natural, invitamos a sentarse. Tres mujeres en plan preciosas ridículas, diciendo vulgaridades, o tópicos, de todos los libros -para chachas- que han leído y películas -indoctrinantes- que han visto. Luego se pusieron a filosofar sobre la realidad circundante. Me acordé de San Agustín cuando decía aquello de "estando tanto tiempo persuadido de mí con engaño que sabía la certeza de verdad, había parlado con liviandad y fervor de mancebo muchas cosas dudosas, como si fuesen averiguadas". O aquello de "hinchado y soberbio con aquel error y herejía de los Maniqueos".

¡Por Dios bendito! ¿Por qué será que no enseñan en las escuelas quién fue ese tal Maniqueo? Quizá porque los maestros, o maestras, porque ahora todo son maestras,  vienen todos de esa indoctrinación marxista que tan bien encaja con el maniqueísmo. Buenos y malos, ricos y pobres... y todo así, tan sencillo. Quizá por eso es que las maestras, y los pocos maestros que quedan, no pierden evento cultural, que les dicen, que siempre rematan comentando la jugada en los bares. Es como si estuviesen siempre bailando en las laderas del Pelión dispuestas a comerse a cualquier despistao no comulgante que aparezca por allí. 

En fin, qué tiempos nos ha tocado vivir; recuerdo que mi padre y los cuatro o cinco amigos que le conocí, nunca estaban seguros de nada. Todo lo cuestionaban y hacían del escepticismo el cemento de su amistad. Claro que ellos venían de pasar por una guerra, así que lo de buenos y malos, y simplificaciones por el estilo, no les cabía en la cabeza. Y tampoco eran gente de ir mucho a los bares, que eso sí que imprime carácter... sobre todo en este país. 


3 comentarios:

  1. Querido Pedro: La única indoctrinación verdadera que funciona con las chachas es la vaginal ("éxito asegurado")... Lo demás, para ellas, es filosofía barata.

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  2. Totalmente de acuerdo. No hay chacha que salga por ahí, al Bar o lo que ahora llaman actividades culturales, que no vaya con una polla en la frente. Lo que pasa es que pillar está dificil. Y más en eso ambientes revenidos.

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  3. La mayor parte de las actividades artísticas son meras excusas que, en el fondo, tienen que ver con el sexo. Un ejemplo muy evidente: ¿tú te crees que Chillida se pasaba la vida imaginando esas patatas en hierro porque le gustaban de verdad? No, claro. Hay que estar muy fumado para creerse esa patraña: las hacía para tener una excusa para ir al taller, a la fundición y tal, y no estar todo el día con esa señora que tenía en casa, a la que ya le había hecho diez o doce hijos y que seguro que ya al verla ni se le levantaba lo más mínimo, ni sentía la más mínima gana de hacerle otro. Además, a todas esas exposiciones que tenía por el mundo, seguro que iba a ver si pillaba algo: una germana tetona, una americana loca por la música de esas de las universidades del medio oeste que casi no han salido del pueblo y que se pirran por los europeos étnicos. Y así todo...

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