Hay un vídeo en YouTube que no es que lo recomiende porque, a estas alturas de la vida, no hay cosa que me parezca más ridícula que recomendar algo a alguien que no sean tus más próximos allegados, y eso con reservas, pero se lo voy a comentar porque me ha dado muy mucho en qué pensar desde que le eché la vista encima. Se titula el vídeo, "To Obey or Not Obey" y no es ni más ni menos que una entrevista -que es prácticamente un monologo- que le hacen a Vera Sharav, una judía rumana afincada en New York y que debutó en la vida pasando por los campos de concentración nazis. Para que se hagan una idea, es una especie de Hannah Arendt para principiantes -Hannah Arent, ¿les suena?-. El motivo de la entrevista es haber hecho Vera Sharav un documental -To Obey or Not Obey- en el que se resaltan las coincidencias que, según su autora, se han dado entre el Holocausto nazi y la Pandemia que recién venimos de disfrutar. Y, claro, como no podía ser menos, tan notables acontecimientos llevan a Vera a reflexionar sobre la madre de todos los males que padece la humanidad: el brainwhasing, lavado de cerebro para que nos entendamos. Eso siempre ha existido, pero, desde que el poder dio con el invento de la educación pública ya la humanidad está perdida por siempre jamás, porque se pasó del modo artesanal al industrial en el proceso de lavado. Porque educación pública, por si no habían caído en la cuenta, no quiere decir otra cosa que eso, lavado de cerebro en plan industrial.
Así que ya tienen la respuesta a aquella pregunta del millón que ha venido haciéndose la humanidad desde que terminó la Segunda Guerra Mundial: ¿cómo ha podido ser posible que un pueblo tan culto como el alemán haya sido capaz de cometer tales barbaridades con la aquiescencia de prácticamente toda la población? La educación pública, por supuesto. No en vano fueron los alemanes los creadores de esa ideología que, destruyendo a Dios, y por tanto al individuo, puso al Estado -nuevo dios- en el centro de la vida. Educación pública, sanidad pública... todo público, hasta las mujeres.
Un pueblo tan culto... o sea, que sabe fabricar coches muy buenos y los aburridos se pasan el día yendo de aquí para allá para no perderse ni una sola de las actividades culturales para chachas que las autoridades -públicas también- se esfuerzan en programar para que no se les escape ni una sola oveja del rebaño. Así que no es de extrañar que cuando lo de la pandemia de marras algún amigo me tratase de convencer de que lo de mandar a los viejos al matadero era una cuestión puramente lógica porque la sanidad pública se tenía que centrar en salvar vidas jóvenes... que no hubiese un solo joven enfermo, eso era lo de menos, el caso era que teníamos que comprender que la vida de los viejos no vale una mierda.
En fin, allá cada cual con su conciencia... si es que le queda algo de ella, porque no se crean que es fácil conservar siquiera un ápice: de la escuela pública a las actividades culturales... el cine de Hollywood, Netflix... bueno, bueno, estamos asediados por todos los lados.
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