domingo, 29 de septiembre de 2024

First Do Nor Fharm

Hay un tipo por ahí que ha escrito un libro titulado "Trabajos de mierda". Por lo visto se refiere a todos esos trabajos inútiles que solo sirven para que la persona que los realiza esté ocupada, lo cual, por supuesto, no es cuestión baladí, porque estar ocupado, sea en lo que sea, es un escudo contra los sufrimientos morales de todo tipo. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas, porque la mayoría de esos trabajos, en mayor o menor grado, suelen ser perniciosos desde el punto de vista social. Y, claro, ahí se establece un difícil balance entre beneficios para el que realiza el trabajo y daños para todos los demás, que contribuye, y no poco, a emputecer el ambiente general. La burocracia, en su inmensa mayoría, cae en esa categoría de emputecedora del ambiente. Aunque, no se nos puede escapar que, si los millones de burócratas inútiles anduviesen por ahí ociosos, a lo mejor no la emputecían más. 

Pero, una cosa es analizar los asuntos desde el punto de vista sociológico, es decir, de lo colectivo y ,otra, de lo psicológico o individual. A nivel individual, uno, a poco avisado, o valiente, que sea, conoce la procesión que lleva por dentro. Por eso, en puridad, uno no puede opinar si no es sobre sí mismo. Los demás, allá cada uno con su cruz que yo ya tuve bastante con la mía. Afortunadamente, antes de los cuarenta ya me había dado cuenta de que lo que hacía ni me gustaba ni era socialmente recomendable y, por tal fue que, decidí quitar peso a la cruz. Poco después, afianzando mi sentimiento de ridículo con todos los comentarios que sobre mi profesión iba leyendo en los textos de los clásicos, decidí tirar la cruz en el primer basurero que encontré. 

Fíjense, la medicina, una profesión tan honorable, así, a primera vista. A segunda es otra cosa. Mi padre decía que, si le hubiesen dejado prescindir de media docena de familias del pueblo, no hubiera tenido prácticamente ningún paciente ya que el común de las personas dedicadas a las tareas provechosas nunca enferman. Claro que eso lo decía antes de que Franco montase la socialdemocracia, o sea, que le dio a cada ciudadano una cartilla de la seguridad social; a partir de ahí, automáticamente, todos empezaron a enfermar y consumir pastillas como posesos. Mi padre, en parte para defenderse de la avalancha que se le había venido encima y, en parte para estar en sintonía con el común de la gente, también enfermó y se puso a consumir pastillas a toda pastilla, valga la redundancia. Por eso fue que cuando tiró la cruz ya estaba hecho una mierda. Su cruz, entonces, eran las pastillas; una de las peores que puede haber y que desgraciadamente lleva encima media humanidad. 

No se crean que les digo esto porque quiero hacer chistes. No, miren, ya saben que el precepto fundador de la profesión médica es "Primun Non Nocere", (lo primero no hacer daño). En inglés "First Do Not Harm". Pues bien, el Dr Aseem Malhotra, un cardiólogo británico que hasta que empezó a decir la suya sobre las vacunas era lo más de lo más dentro de su profesión y que, ahora, según fuentes oficiales, es un paria de la tierra, se las ha apañado para, en compañía de otros parias, producir una película que en estos días se exhibe en un cine de Leicester Square, London. Los entendidos ya saben a qué me refiero cuando digo un cine de Leicester Square. Pues bien, jugando con el lenguaje, Malhotra, ha titulado esa película "First Do Not Fharm". Es decir, lo primero, no consumir pastillas. Y en esas estamos, y yo que me alegro un montón, porque desde mucho antes de hacer mi primera reducción de cruz ya había caído en la cuenta de que era precisamente en las pastillas en donde residía el problema. La verdad es que había tenido un jefe en Oviedo que me había abierto mucho los ojos a tal respecto. Y así fue que, desde muy pronto en mi vida profesional, decidí no recibir a ningún representante de la industria farmacéutica. No creo que haya un trabajo más miserable que el de esa gente; corrompen a los médicos para que, estos, emponzoñen a su vez a la población con las pastillas milagrosas.  

En fin, no sé, porque uno solo puede opinar de lo propio, pero para mí que tanta enfermedad como hay por ahí no es sino la consecuencia de tanto trabajo de mierda. En esto estoy totalmente de acuerdo con lo que decía mi padre, que la gente que hace trabajos útiles, si no se mete el Estado por medio, nunca enferman y siempre mueren con las botas puestas.  

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