Llamaron ayer a la puerta y resultó ser un payo, por los cincuenta, que me quería vender una fibra digital baratísima. Pronto vio el tío que daba en roca y, entonces, empezó a quejarse de lo mal que estaba todo. No mucho, pero algo le entré al trapo. Ya saben, en donde residía la causa de que él no pudiese comprarse un piso y esas cosas. Él lo tenía claro, los empresarios. Yo le sugerí que, a lo mejor, no se había esforzado lo necesario cuando era joven. Entonces se subió por las paredes. Oye, le dije entonces, yo porque usted se ha quejado que, si no, no digo nada. Entonces el tío, que había visto mis guitarras, volvió a lo de la fibra y lo bien que me vendría para la cosa de la música. Le dije que para nada y él volvió a lo suyo que no era otra cosa que el rencor existencial. Imagínense, a los cincuenta, a lo mejor con dos o tres hijos adolescentes, yendo por los pisos a vender humo... si eso no es para suicidarse que venga Dios y me diga lo que es.
Sí, ese rencor tan extendido que es el fertilizante sobre el que germinan las ideas socialistas. El tío lo era a rabiar. La cosa, evidentemente, no tiene solución: mientras haya fracasados, habrá socialismo y, mientras haya socialismo habrá millones de bares, peluquerías, uñerías, etc., que son los refugios naturales de los fracasados porque en ellos todo invita a lamerse las heridas... en comandita, que es como mejor se alivia el dolor.
El gran problema de todos estos desgraciados es que se han creído lo de que Dios no existe. Van a los bares y blasonan de ateos y como que se crecen. No se les alcanza a los pobres que los dioses son una representación simbólica de las herramientas de reflexión. Esto es muy fácil entenderlo leyendo, yo qué sé, pongamos que la Odisea. Ulises está ya de regreso en Ítaca, pero sabe que en su casa no será bien recibido porque hay gente que se ha hecho ilusiones debido a su larga ausencia. Tiene que pensar muy bien la estrategia a seguir para conseguir su objetivo. Y ahí es en donde aparece Atenea. Atenea, digamos que la razón -ha nacido de la cabeza de su padre Zeus-, le marca los pasos a dar con precisión. La razón es lo que nos hace a imagen y semejanza de los dioses. Por eso hay que tener temor de ella, porque si no le ofrecemos los debidos sacrificios nos puede jugar muy malas pasadas. Y, desde luego que ofrecérselos desde los bares y peluquerías no le gusta un pelo. Eso está bien para festejar a Dionisos -que nació de un injerto que se colocó Zeus en el muslo-. Ya ven, toda esa gentecilla todo el día celebrando a lo que salió de un muslo. ¿Qué se puede esperar de ellos? Se lo diré: socialismo.
En fin, perdonen, pero es que uno ve a lo que se ha llegado con tanta descreencia -o vaguería, que no sé- y se muere de pena.
A veces llama gente muy curiosa a casa. Me acuerdo ahora de lo que le pasó a aquel señor de Galicia de la "droja en el cloaca". Le vinieron dos chicas jóvenes, de buen ver, una rubita con el pelo corto, la otra morena, largo y le dieron el placer de la prestiripitación. Bueno, no iban por la prestiripitación, sino por robar: mientras una le daba ese placer de la prestiripitación, la otra miraba si había algo de valor en la casa, dinero mejor, y arramplaban con todo.
ResponderEliminarEl señor gallego se dio cuenta, pero tarde, cuando le dejaron sin blanca. Eso sí, le robaron, pero se lo pasó pipa, con las chicas, y con la droja, supongo. Con el colacao también, claro. Algo es algo...
No es "droja en la cloaca", sino "droja en el colacao", claro. Una de las múltiples formas de decadencia de las civilizaciones son los correctores automáticos. Porca miseria...
ResponderEliminarDesde luego que qué cosas les pasan a los gallegos.
ResponderEliminarNo es culpa de ellos (dicen). Uno con el que hice la mili, muy gracioso, de Porriño (municipio de Pontevedra) siempre repetía: "¿Qué vamos facer, carallo, si na nosa terra a rapazas teñen antes tetas que dentes?"
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