Esos miles de millones que estamos en las redes sociales tratando de explicar a nuestros congéneres de qué va esto. A la postre no es más que la cháchara que siempre hubo en el mundo y de la que los más avisados hicieron su modus vivendi. Y, cuando digo los más avisados, digo los más hábiles para vender humo. Porque humo es toda cháchara por más que la grandilocuencia a veces le dé apariencia de verdad revelada. "My words fly up, my thoughts remain below, / Words whithout thoughts never to heaven go." (Mis palabras vuelan alto, mis pensamientos permanecen bajos. / Palabras sin pensamientos nunca van al cielo.)
No podríamos vivir sin cháchara porque es como un desagüe por donde se drena nuestra angustia existencial, y no por nada, sino porque con ella nos podemos hacer la ilusión de que comprendemos un poco mejor todo esto. Y comprender, real o ilusoriamente, para el caso es lo mismo, calma el espíritu.
Por eso tratar de comprender es la obsesión de los espíritus torturados. Por eso están siempre de cháchara, ya sea con la gente común por los lugares públicos, ya con los consagrados que arrancamos de la estantería de una biblioteca o de un vídeo de una red social. El caso es no cejar en el avanzar hacia ninguna parte... bueno, tampoco hay que considerarlo con tanto escepticismo; a veces uno tiene como destellos de placer estético al descubrir cualquier curiosidad de las que la naturaleza está plagada. Sin ir más lejos: esa simple progresión numérica, 1/2, 2/3, 3/4, 4/5... 1, que tan fácil sería sintetizar en una fórmula matemática. Pues bien, son las relaciones de las frecuencias vibratorias entre la tónica, que es el 1 y las diferentes notas armónicas de la escala musical: 8ª, 5ª, 4ª, 3ª. Y esa es la magia del asunto, que son armónicas porque las relaciones numéricas son sencillas. Y a mí qué me importa que eso sea así, me dirán; saber eso no va a cambiar en absoluto las emociones que me produce el escuchar música. Sí, de acuerdo, sin embargo... saber eso te hace un poco más pitagórico, es decir, como que te eleva el espíritu hacia lo divino. Un chute, en definitiva.
Y es que hay chácharas y chácharas.
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