viernes, 20 de septiembre de 2024

Healthy

Uno ve con preocupación lo que está pasando en el mundo.  Me parece todo absolutamente falto de lógica. Me siento, por así decirlo, como se sentía Bertrand Russell cuando la Primera Guerra Mundial, que se negó a tomar partido porque no veía razón alguna para tomarlo... y le cayó encima toda la ira de los necios más la de los sinvergüenzas. Porque, ¿qué nos ha hecho Rusia, aparte de ser muy rica en todo lo que necesitamos, para que nos haya entrado esta furia por destruirla? Estamos transitando por las mismas rutas por donde lo hicieran Napoleón y Hitler rumbo a su perdición. Quizá esta vez no sea más que una maniobra de distracción: recurrir al manido truco de dar un enemigo al populacho. Si no fuese por esos desalmados el mundo sería infinitamente mejor, vienen a decirnos unos gobernantes que, como les decía el otro día, andan à bout de souffle. Una deuda gigantesca pesa sobre los Estados. Supongo que los acreedores querrán cobrar y seguramente no ven otro recurso para conseguirlo que la guerra. Tras las guerras, sabido de sobra es, todo cae en manos de los acreedores. 

Sí, estoy preocupado porque tengo descendencia. Si no la tuviese me importaría todo una higa. Es una cuestión de pura lógica biológica. Los seres humanos somos así: la única finalidad de esto que llamamos razón es la de preocuparnos porque nuestro ADN no se extinga. Y cuando nos sentimos impotentes al respecto, sufrimos. Entonces, tratamos de consolarnos lucubrando y, a la postre, encontrando unos responsables perversos sobre los que vertimos todo nuestro odio y desprecio. Como es evidente de toda evidencia, nos equivocamos una vez más. Como sabían los antiguos, cuando las cosas se ponen mal es porque los dioses ya no soportan más el peso del cómputo de los pecados del mundo y nos mandan un regalito para ver si nos corregimos un poco. Porque, en mi opinión, aquí nadie es inocente, y yo el que menos. 

El respecto de ese cómputo de pecados del mundo, es muy curioso lo que está pasando en los EEUU de América con lo de la liza electoral que se traen entre manos. El slogan que venía exhibiendo Trump, hacer grande América de nuevo, de pronto, por la entrada de un Kennedy en el juego, ha sido modificado drásticamente por el cambio de una palabra: donde decían grande -great- ahora dicen saludable -healthy-. Porque ahí es donde está la madre de todos los desvelos, en que somos una sociedad insana, corrupta, que solo pensamos en la manera de extraer un poco más de placer a la vida. Y aquello de los sacrificios a los dioses está bien para los pringados. 

Y eso es todo y de ahí la guerra que dicen en ciernes... Dios no lo quiera. O extirpamos por las buenas el cáncer socialista que corroe el mundo o habrá que hacerlo por las malas. Tenemos que volver a dar gracias a Dios cada vez que nos sentamos a una mesa a comer. En nuestra insoportable soberbia hemos perdido la noción del milagro que es que podamos comer todos los días... y nos hemos vuelto tan idiotas que creemos que eso ya nunca se puede acabar. 

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