viernes, 19 de diciembre de 2025

Mi aldea

 


Me entretengo con Flavio Josefo. ¿Qué me cuenta? Se lo diré: exactamente lo mismo que cuentan los telediarios de hoy día, es decir, las querellas que mantienen entre sí los humanos por tal de prevalecer los unos sobre los otros. Es como lo de la berrea de los cérvidos; pienso que nunca vamos a salir de eso. Porque nunca hay nada nuevo bajo el sol. Todo es una tediosa repetición. 

Por lo demás, ya veo allí mi aldea de la que salí con tantas ilusiones hace ya miles de años. Toda la vida peleando para poder regresar a ella vencido de mí mismo, única aspiración que, a la postre, tiene algún sentido. ¡No creo que lo haya conseguido!    

jueves, 18 de diciembre de 2025

La sombra de la falsemia es alargada

 

(Una demanda por considerar homicidio corporativo el manejo que se hizo del Covid ha sido admitida por la corte suprema de Escocia. ¿Será Nicola Sturgeon la primera ficha de dominó en caer? Esos que tuvieron el poder durante la "pandemia" deben responder por los crímenes que cometieron contra la humanidad. # Midazolam)


Mi impresión es que se está estrechando el cerco sobre la mafia de la hipocondría que les decía. Ya sé que algunos pensarán que 
esta impresión es consecuencia de la neurosis obsesiva que me viene señoreando desde cuando pasó lo que pasó como si no hubiese pasado nada por más que el asunto seguramente sea lo más serio que hemos vivido las personas de mi generación. Pues sí, seguro que estoy neurótico al respecto, porque no es para menos, pero eso no quita para que funde mi impresión en el goteo de datos que voy conociendo a través de los canales de Telegram en los que me suelo informar. Sí, porque las verdaderas batallas políticas nunca se suelen dar bajo la luz de los focos mediáticos; más bien suelen ser las intrigas de pasillo las que decantan el resultado. 

Mi impresión, como les digo, es que esa batalla que se está librando en los pasillos del poder tiene como uno de sus principales frentes todo lo relativo a esa mafia. Y es que, por mucho que se empeñen las élites extractivas que todavía gobiernan, es imposible ocultar bajo la alfombra toda inmundicia que produjeron con aquella pandemia que se inventaron para poder seguir haciendo de las suyas. Ya es imposible caminar sobre esa alfombra: o se saca la inmundicia o se paraliza todo. 

Ustedes creen que es tolerable que el que todo indica que va a ser el nuevo presidente de España sea un tipo que hace cuatro años quería mandar la policía a casa de los que no se querían meter la mierda esa que estaba haciendo millonarios a unos y afianzando en el poder a otros. Unos y otros, la mafia de la hipocondría. Es imposible que haya sosiego hasta que esa gentuza pague por lo que hizo. Y va a pagar, ténganlo por seguro, por más que el populus siga chutándose telediarios por tal de no despertar. Todo inútil: la sombra de la falsemia es tan alargada que no hay forma de expulsarla de las conciencias por mucho "repique de broquel, pa ojear unos garzones" con el que los esbirros del poder tratan de atraer nuestra atención. 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Música de las esferas

 


A la izquierda, el número de vacunas que se suministraban desde la vida intrauterina hasta los diez y ocho años en 1983. A la derecha las que se suministran hoy día en el mismo periodo de tiempo. Como ven, la ilusión de seguridad se ha multiplicado por más de cinco... y sigue la racha. 

Perdonen que insista, pero es que estoy convencido de que hasta que el mundo no se libere de la mafia de la hipocondría -médicos y laboratorios en estrecha connivencia con la clase política- las cosas no pueden sino empeorar. Y no por nada, sino porque no puede haber mayor negación de la vida que pasársela obsesionado con librarse de la muerte. 

Claro, todo esto tiene que ver con el peor de los pecados, el de soberbia. De pronto el ser humano se ha creído que puede torcer el brazo a la naturaleza a su antojo. Así ya no necesita para nada temer a Dios. ¿Por qué le habría de temer si ya es igual que Él? Sí, de ahí vienen todas nuestras desgracias. 

Así es que olvídense de tratar de conspiranoicos a los que contradicen las verdades de la religión dominante, es decir, la de la ciencia, y pónganse a investigar por su cuenta. Tengan por seguro que así harán hallazgos sorprendentes. El primero, seguramente, será el que hicieron todos los que se pararon a pensar antes de hablar: que la única seguridad posible es la que proporciona el temor de Dios, o sea, guardas sus leyes, las que le dictó a Moisés, y, entonces, tienes derecho a confiar en su divina providencia. Teniendo esa confianza, se vive perfectamente sin necesidad de tanta vacuna. Quizá les parezca una tontería, pero díganme ustedes que otra cosa ha funcionado mejor a lo largo de los siglos. 

Guardar sus leyes, ese es el único secreto de la vida. Poner por encima de todas las preocupaciones la de la educación de los hijos, dedicar un día cada siete a la contemplación, no desear la mujer de tu prójimo que es el más demoníaco de todos los deseos, honrar padre y madre, aunque te parezca que no se lo merecen, no levantar falsos testimonios que es como robar, o quitar, la vida al prójimo... eso es, poco más o menos, todo lo que tienes que hacer para estar en armonía con la música de las esferas.

martes, 16 de diciembre de 2025

Tenin de tot

Las cosas son como son porque no pueden ser de otra manera. Ese sueño prometeico de poder poner remedio a todo lo que no funciona robando más fuego a los dioses no es en realidad más que una huida hacia delante que indefectiblemente lleva al precipicio. Remedando a Koheleth, podríamos decir que todo esto que llaman progreso no es más que vanidad y compra de viento. 

El sueño prometeico de la abundancia. "Tenin de tot, i a més a més tenin, i per l´oltra banda tenin...", que les decía Jordi Pujol a los catalanes para convencerlos de su condición cuasi divina. La realidad era, por lo que yo pude comprobar, que Cataluña era lo más parecido a un basurero que había en toda España... aunque como ellos no se consideraban españoles, pues tan contentos. 

Pensaba en estas cosas porque me llegan noticias de que hay pestes animales por todos los lados a las que se trata de poner remedio con sacrificios masivos. Y claro, la gente del campo está que echa chispas por el nabo; veía ayer un vídeo maravilloso en el que un agricultor había colocado una cuba llena de mierda de vaca a las puertas del ministerio de agricultura, en pleno centro de París, y allí la estaba descargando a chorretones a la vez que sonaba a toda mecha una música heavy metal que le daba una intensidad indescriptible al evento. Una verdadera obra de arte, en cualquier caso... y eso que en el vídeo no se podían percibir los olores, la parte, sin duda, más sangrante del asunto. 

Lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible. Carne para ocho mil millones de personas solo se puede producir si convertimos a los animales en piezas de una máquina. Yo estaba acostumbrado a ver a las vacas paciendo por los prados y a las gallinas picoteando por el corral y a los cerdos hozando por el barro... y así todos los animales que luego nos comíamos. Pero un buen día, ya era yo adolescente, vi una granja de engorde de culones asturianos que habían puesto unos emprendedores del pueblo. Todo el mundo se hacía cruces con aquella granja que lo tenía todo mecanizado. Aquellos culones se ponían en los quinientos kilos en menos de lo que se tarda en decirlo. Lo único que movían era la mandíbula. Y en esas estando, los culones empezaron a hincharse para luego morir. Resultó ser de las flatulencias que les producía la alimentación que les daban. Costó mucho dar con las proporciones adecuadas. 

Las actuales granjas, de las que el mundo está lleno, vendrían a ser para los animales lo que aquellos campos de concentración nazis, o soviéticos, para las personas. Es imposible no enfermar en un sitio así. El hacinamiento es un caldo de cultivo para todo tipo de bacterias; entonces, la ciencia, que, como ustedes saben, tiene soluciones para todo, suministra a paladas a los hacinados, vacunas, antibióticos y demás pócimas sagradas, para tratar de neutralizar a las bacterias. ¡Sancta Simplicitas! ¿A quién le puede caber en la cabeza que las bacterias vayan a ser más tontas que nosotros los humanos? Está archidemostrado que al final son ellas las que se salen con la suya por la sencilla razón de que así es como quiere Dios que sea. 

En resumidas cuentas, siguiendo a Koheleth: después examiné todas las obras de mis manos y la fatiga que me costó realizarlas: todo resultó vanidad y caza de viento, nada se saca bajo el sol. 

lunes, 15 de diciembre de 2025

Acto revolucionario

    


Plaga de Corrupción es el título de una película que ha visto la luz estos días en los EEUU de América.  

Vamos a ver: la corrupción es algo consustancial a todo lo que vive, pero sin salirse de unos ciertos límites que hacen posible una razonable convivencia con lo que está a su alrededor. Como muy bien dice Pla en su Cuaderno Gris, el estado natural del hombre es el pecado y nada hay más peligroso que la pretensión de pureza. Pero, claro, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa: lo de ahora no es corrupción, es, sencillamente, suicidio. 

Dice ante un comité del Senado el que a la sazón fuera director de CDC -el organismo estatal para control de medicamentos y enfermedades-: 

"we knew since the spring of 2021 that the ‘Covid Vaccines’ can induce lethal side-effects."
"They should have never been mandated...they don't prevent infection & they do have side effects."

("sabíamos desde la primavera de 2021 que las vacunas para el Covid podían producir efectos colaterales letales"

"Nunca debieran haber sido impuestas... no previenen la infección y tienen efectos colaterales")

O sea, en las más altas esferas se sabía que con unas vacunas que eran ineficaces iban a matar un montón de gente y, sin embargo, callaron como putas. 

Lo que no sabían toda aquella gentuza es que Dios escribe recto con renglones torcidos. Al final aquella falsemia pensada por algunos para forrarse se convirtió en el detonante de una campaña de esclarecimiento de la realidad que ha sacado a la luz lo que, como les decía, ya no es corrupción, sino suicidio. 

De eso va la película, de poner al descubierto lo que podríamos llamar la mafia de la hipocondría: médicos y laboratorios en estrecha connivencia con los políticos. Tengan ustedes en cuenta que no hay nada más humano que el miedo a sufrir y, en última instancia, a morirse. Pues bien, ese miedo bien gestionado da como resultado una sociedad de hipocondríacos que solo vive para no morirse. El negocio, así, es casi infinito. Si vives de la enfermedad y has conseguido que todo el mundo se sienta enfermo, pues, entonces, ya tienes la cuadratura del círculo... que es en lo que estamos. ¿Conocen ustedes a alguien que no esté atrapado en ese círculo infernal? Así es que les dices que hay una pandemia y se lo creen a pies juntillas por más que no vean en su entorno una sola persona afectada. 

¡Qué mundo éste, por Dios! Un médico cada ciento cincuenta personas y, así todo, hay unas listas de espera para que te atiendan de meses e incluso años. No creo yo que pueda haber una prueba más fehaciente que esa de que vivimos en una sociedad cadavérica. ¡Qué vergüenza haber sido médico! No hay nada de lo que más me arrepienta. 


domingo, 14 de diciembre de 2025

Prescripción divina

Me mandan unos enlaces en los que se informa sobre una peste porcina que, por lo visto, está asolando la cabaña catalana. Se sospecha que la causa puede ser un virus escapado de un laboratorio. ¡Vaya por Dios, se ve que las fugas de virus están de moda!  Bueno, una fuga o liberación intencionada. He vivido en Cataluña, justo en el lugar donde confluyen tres provincias -Lérida, Barcelona y Tarragona-. Era una aldea encaramada en una pequeña colina cónica desde la que se dominaban extensas masas forestales. El lugar no podía ser más bello desde el punto de vista paisajístico... pero -los perinquinosos peros de Gracián- tenía un inconveniente que lo hacía invivible para cualquiera con una pituitaria medianamente sensible; era tal la cantidad de granjas aviares y porcinas que había por los alrededores que uno vivía a merced de los vientos: el día que soplaba de forma inadecuada no había cristiano que pudiese parar allí por mucho que se encerrase en casa. Y no te digo, ya, nada, si tocaba arrojar los purines -mierda de cerdo- en cualquier cultivo de los que había a los pies de la aldea; entonces, solo quedaba largarse. 

Claro, los catalanes, en su insaciable afán de hacer de las piedras panes, dieron con el negocio de los cerdos y no le pusieron tasa ni límite. ¡Era tan fácil y rentable! Solo había que tener un terreno e ir al banco a pedir un préstamo. En cuatro días ya estabas produciendo purines por un tubo y, de paso, llenando la butxaca de diners. ¡Para qué quieres más! Con la butxaca plena de diners todo huele a rosas. 

Bueno, a esto es a lo que hemos dado en llamar progreso: producción a destajo para que todo el mundo se quede, no digo ya sin hambre, sino ahíto, a reventar al ser posible. Y, de hecho, es lo que suele acabar pasando en estos casos, que se revienta por prescripción divina.

En fin, ¡y qué le vamos a hacer si estamos hechos así!  No nos podemos resistir a una buena racha y, en vez de parar para tomar aliento, continuamos corriendo hasta que nos da un patatús. Así que no es de extrañar que por toda la ciudad haya unos aparatos colgados en las paredes con un letrero que dice: espacio cardioprotegido. Claro, esperando el inevitable patatús. Tenemos soluciones para todo. 

En cualquier caso, ahí están las dehesas salmantinas y extremeñas por donde retozan piaras de cerdos dichosos. Son residuos de un mundo que mucha gente añora. Pero, claro, para que vuelva, primero se tienen que morir unos cuantos miles de millones de personas... todo se andará, por prescripción divina también. 

sábado, 13 de diciembre de 2025

Enigmas

Una filosofía de vida que pone el cuidado por encima de todo en la educación de los hijos. Apostaría lo que fuese a que en ese detalle está la explicación de que el 25% de todos los Premios Nobel sean judíos. Por propia experiencia sé lo que es eso de educar hijos. Al principio tienes mucha ilusión y grandes propósitos, pero como, cuando los tienes, eres joven, también sueñas con divertirte, y ahí está la gran contradicción, que la educación de los hijos exige grandes sacrificios y por eso, lleno de justificaciones, vas delegando la tarea en manos mercenarias. Es un error fatal del que, cuando te apercibes, si es que te apercibes, ya no tiene solución. 

Y no te digo ya nada si, cuando delegas, es en manos de instituciones públicas. Escuchaba ayer un vídeo en el que Milton Friedman, un premio Nobel de economía, y supongo que también judío, hacía un pormenorizado desglose de las razones por las que la enseñanza pública es el mayor fraude que se le puede hacer a una sociedad. Las instituciones públicas educan para que corras a vacunarte cuando te lo indican las autoridades y, también, para que creas que el cine de Almodobar es el no va más. Con esto, pienso, ya está dicho todo. 

Hay dos autores, también judíos, y también premios Nobel, en los que se pueden extraer grandes enseñanzas sobre qué cosa es eso de educar a los hijos. Uno es Canetti y el otro es Feynman. Desgraciadamente los leí cuando ya era demasiado tarde para rectificar. Seguramente tendría que haber nacido judío para venir de fábrica con la lección aprendida. Así y todo, identificar tus errores y cargar con el mochuelo, si no de consuelo, puede servir para bajar los humos, cosa que buena falta nos suele hacer a la hora de entrar en consideraciones. 

El caso es que seguía ayer con lo de Flavio Josefo y me daba cuenta de hasta que punto hablamos tantas veces por hablar -con soberbia de mancebo, que decía San Agustín- sin saber de lo que estamos hablando. Desde luego que Heródoto no fue el primer historiador. Desde que hubo rudimentos de escritura los gobiernos de muchas naciones pusieron buen cuidado en que quedase constancia escrita de lo que iba pasando. Y no todo ese acervo histórico está perdido. Si te desvías un poco de los caminos trillados, vas encontrando por aquí y por allá pecios que te indican que esto que llamamos civilización no ha sido un proceso progresivo. Hace ya muchos años -milenios- que se sabe lo que está bien y lo que está mal y, el uso que se ha hecho de ese conocimiento, unas veces ha sido mejor y otras peor. Eso sí, lo que nunca ha fallado, es que cuando peor uso se ha hecho de ese conocimiento es cuando más se ha insistido en que se estaba haciendo lo correcto. 

Resumiendo, que, hace unos tres mil años, el rey Hirán de Tiro, Fenicia, y el rey Salomón de Judea, se relacionaban entre sí por medio de enigmas. Se los enviaban el uno al otro y el que no los sabía resolver tenía que pagar una fuerte multa. En eso era en lo que estaba entretenido el poder. Y por eso era que tanto los tirios como los judíos funcionaban como relojes suizos. Lo cuenta un tal Díos, historiador fenicio. 

 

viernes, 12 de diciembre de 2025

Flavio Josefo

Sigo con el tema judío porque desde mi muy limitada perspectiva lo considero de vital importancia para tratar de encontrar un poco de luz en este batiburrillo que han sido y son las interrelaciones entre los humanos. Así es que he decidido volver a Flavio Josefo en busca de alguna posible iluminación. 

Flavio Josefo es un historiador judío que vivió en los comienzos de lo que se conoce como era cristiana. Él estuvo, como general de las tropas judías, en aquellos enfrentamientos con los romanos que a la postre llevaron a la destrucción del templo y la diáspora judía que duro hasta la implantación a mediados del siglo pasado del nuevo estado judío. De hecho, Flavio fue hecho prisionero y llevado Roma, en donde, primero Vespasiano y luego su hijo Tito, pusieron buen cuidado en no perderle de vista. Y es que los judíos eran un grano en el culo del imperio y había que tener cuidado de que una vez drenado el pus no se volviese a reactivar. Pero, por otra parte, los romanos, como siempre pasó con los grandes imperios, tenían un especial olfato para detectar la inteligencia allí donde se diese. Y por eso fue que no tardaron en percatarse de las grandes dotes como historiador que tenía Flavio, dado lo cual, le permitió a éste moverse por los ambientes selectos del imperio. Así es que, entre unas cosas y otras, nos pudo dejar un relato de los acontecimientos contados en primera persona, como testigo presencial. 

Una de las primeras cosas que trata de aclararnos Flavio en su autobiografía -en realidad es un dietario en el que trata temas esenciales para la comprensión del fenómeno judío-, es algo que a mí siempre me había chocado mucho y lo había comentado largo y tendido en mis conversaciones con amigos: ¿por qué, nos preguntábamos, los historiadores griegos, empezando por Heródoto, no dicen una palabra a propósito del pueblo judío? Así, a breves rasgos, dice Flavio que la causa de eso es que los judíos eran un pueblo de interior que, ni navegaba, ni se dedicaba al comercio, dado lo cual era muy improbable que hubiesen podido tener algún tipo de relación con los griegos. Es el mismo caso que el de Roma, que también era una ciudad de interior, y de la que Heródoto no dice nada a pesar de que por su época los romanos ya habían hecho grandes hazañas por toda la península itálica. En definitiva, Flavio sostiene que los tenidos por historiadores griegos en realidad eran literatos y, como tales, estaban más interesados en la forma del relato que en la veracidad del mismo. 

En cualquier caso, prosigue, el pueblo judío es uno de los tres que desde tiempo inmemorial dejó constancia por escrito de su historia. Los otros dos fueron los egipcios y los babilónicos. En Egipto se encargaron los sacerdotes de esa tarea y, en Babilonia, los caldeos, que eran una casta intelectual seguramente depositaria de todo el saber sumerio y acadio. Los judíos, también delegaron en la casta sacerdotal esa tarea por considerarla sagrada. Sin duda, ellos intuían que nada da tanta identidad, o solidez, a una comunidad humana, como compartir una historia que se pierde en la noche de los tiempos. Por eso pusieron tanto cuidado en ello y por eso fue que tengamos hoy la Biblia, un libro en el que ya poco nos importa separar lo mítico de lo real porque todo tiene un componente simbólico tan elevado que nunca deja de iluminarnos lo mires por donde la mires. 

Escribe Flavio: "Nuestras ciudades están construidas lejos del mar, cultivamos el fértil país que habitamos, ponemos por encima de todo el cuidado en la educación de nuestros hijos y consideramos que guardar las leyes y la religiosidad que se nos ha trasmitido conforme a las mismas es la obra más necesaria de toda la vida." 

Un párrafo que es como para lloguer cadiras, que diría un catalán. O sea, alquilar una silla, sentarse en ella y ponerse a contemplarlo con tranquilidad. ¿Qué quiere decir poner por encima de todo el cuidado en la educación de los hijos? ¿Qué significa que la religiosidad trasmitida sea conforme a las leyes? 

Imagínense el choque cultural que eso supone con una sociedad que tiene por uno de sus mayores logros el delegar la educación de sus hijos en un ente mafioso como es el Estado. Y una religiosidad a la medida de los entes no menos mafiosos que son las Iglesias. Entes ambos, que so capa de promover el bien común no tiene otra finalidad que la de perpetuar el poder de unas castas extractoras. ¿Para qué va educar, entonces, el Estado si no es para la obediencia y ausencia de cualquier atisbo de espíritu crítico? ¿Qué religiosidad van a promover las iglesias si no es la que le convenga al Estado que las financia? O sea, en lo que estamos. Y hemos estado... poniendo a parir de palabra y obra a los judíos como forma de autoafirmarnos en nuestra suicida estupidez. 

Continuará.

jueves, 11 de diciembre de 2025

En bandolera


Los jóvenes, y las jóvenas, que decía Don Emilio, el párroco de mi pueblo, suelen ir por las calles de las ciudades de Israel con una metralleta en bandolera. Es algo completamente natural. No les afecta para nada en sus comportamientos. Es simplemente que están haciendo el servicio militar y la norma les exige no abandonar su arma ni para dormir. Un país bien curioso; ¿se imaginan lo que sería aquí, en Europa, un servicio militar de tres años? Para ellos y para ellas. ¡Toma feminismo! Tres años y luego pasar a la reserva durante no sé cuántos otros, que es como estar en activo, siempre con la metralleta a mano por si hay que entrar en acción. Y es que hay mucha gente por el mundo que no les puede ni ver. Y no es para menos. ¿Saben ustedes que de las quinientas empresas tecnológicas más importantes que hay en el mundo, setenta al menos están en Israel? ¿Cómo para no envidiarles? ¡Si no son ni diez millones de personas! 

A parte de esos diez, hay otros cinco o diez, que no sé, repartidos por el mundo. Una cantidad ridícula en cualquier caso, lo que no es óbice para que el veinticinco por ciento de los Premios Nobel que ha habido a lo largo de la historia hayan sido judíos, Un dato que, cuanto menos, debiera hacer pensar en el porqué de las cosas. Porque por algo tiene que ser, indudablemente, ya que nada cae del cielo. 

El caso es que una gran parte del mundo, ante esa sorprendente curiosidad, no reacciona con admiración, sino con todo tipo de sentimientos negativos. Vienen siendo los malos de la película desde tiempos inmemoriales. Mi admirado Baroja no perdía ocasión de tachar de judío a cualquier ser despreciable. Por no hablar del caso Dreyfus que puso a toda Francia al borde del colapso hacia los finales del siglo XIX. Es un clásico, salir corriendo detrás de los judíos para darles su merecido. 

No es extraño en cualquier caso que el inventor del psicoanálisis fuese judío. Porque por fuerza tiene que haber mucha patología psicológica en esa actitud de rechazo. Claro que tampoco hay mucho nuevo al respecto: envidiar y odiar al que se dedica a sus asuntos y le va bien es algo que vienen usando como consuelo desde la noche de los tiempos todos los fracasados, o sea, la inmensa mayoría de los mortales. Porque, de no estar carcomido por el rencor que produce el fracaso, lo normal, digo yo, sería querer enterarse de las causas o motivos por los que esa gente tan peculiar consigue hacer tantas cosas sorprendentes. 

Personalmente, no me identifico con ninguna ideología, religión, ni cualquiera de esas cosas que la gente suele usar a modo de muleta para poder sostenerse mientras camina por la vida, pero, si, por lo que fuere, me viese obligado a decantarme lo más probable es que lo hiciese por el judaísmo... me encantaría poder salir por ahí con mi novia llevando los dos una metralleta en bandolera.  

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Catedrales espeluznantes

El ser humano sabe desde tiempo inmemorial todo lo que es necesario saber para hacer del mundo un lugar en el que merezca la pena vivir y, sin embargo, pareciera que siempre estamos como si recién acabásemos de bajarnos de los árboles. 

Les pondré unos ejemplos para intentar corroborar lo que les acabo de decir. Vayamos a la Biblia como una de las fuentes de sabiduría más accesible que tiene la humanidad desde hace ya varios milenios. Desde luego que no voy a decirles que ese libro es producto de la revelación divina como tantos convencidos nos quieren dar a entender... a no ser que por revelación divina tengamos eso que algunos llaman iluminismo, es decir intuiciones poderosas que no brotan directamente de la razón sino de algo que es tan difícil de explicar que no es extraño que haya hecho correr ríos de tinta tratando de aportar alguna luz. En cualquier caso, es de suponer que en el origen de esas intuiciones está el ansia de verdad que, como mecanismo de supervivencia, caracteriza a nuestra especie. 

Pues bien, para mí, la Biblia es, como todo el conocimiento, algo que aportaron unos señores que se auparon sobre los hombros de los que les precedieron. Así fue que los hebreos desterrados en Babilonia tuvieron acceso a todo el conocimiento sumerio, acadio y mesopotáicmo en general. Lo mismo que otros judíos, muy anteriores a esos, lo tuvieron al conocimiento egipcio. Desde luego que tuvieron el mérito de saber sintetizar todo aquel conocimiento que absorbieron dándole una forma que ha resultado ser accesible para cualquier cabeza medianamente despejada. 

Pero vayamos a los ejemplos. Citaré dos que me parecen definitivos. Uno, que, dada la relevancia que me parece que tiene, ya se lo he traído a colación en repetidas ocasiones: es cuando los judíos le piden un rey a Dios, por medio de Samuel. Dios se lo da, pero no sin antes advertirles de las nefastas consecuencias que trae aparejada toda cesión de libertan a cambio de hipotética seguridad. Desde luego que, si por mí fuera, ese pasaje estaría escrito en grandes paneles colocados a la puerta de todas las instituciones... claro que, si ese pasaje fuese de dominio público lo más probable es que no existiesen las instituciones -excepción hecha de la familia que es la única, por así decirlo, natural, o sea, que sirve para algo- ya que éstas, las instituciones, no son más que el brazo armado del rey. 

El otro ejemplo que les quiero traer es el de cuando Dios, creo recordar que Isaías mediante, advierte a los judíos que detesta todo el culto rimbombante que le dedican. No sirve para otra cosa que para engañaros a vosotros mismos. Vosotros, les viene a decir, ser estrictos con la ley que os di por medio de Moisés y, sobre todo, haced hincapié en la filantropía... que no haya viuda ni huérfano que queden abandonados. 

Imagínense un mundo sin reyes ni rimbombancias rituales. Simplemente, no robando, no matando, no levantando falsos testimonios y ayudando a quienes más lo necesitan. O sea, lo que se sabe desde la noche de los tiempos que funciona. 

Y, desde la noche de los tiempos también, se sabe que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. Es el teorema que achacan a Pitágoras, porque a todo hay que darle una paternidad, pero la verdad es que para cuando Pitágoras nació el teorema ya llevaba miles de años en el mundo. Se han descubierto tablillas sumerias con cifras que cuadran con ese teorema. Así que, a saber de cuando viene ese conocimiento que, por así decirlo, es la madre de toda la lógica y ciencia en general. 

Y como si nada; no hay forma de que aprendamos a vivir sin reyes y seguimos entregados a todo tipo de rimbombancias... usando los teoremas para levantar catedrales cada vez más espeluznantes.   

martes, 9 de diciembre de 2025

El Covidiota

 


(Esta es la trágica historia del Covidiota.

El Covidiota no puede pensar por sí mismo.

El confía en las autoridades sin importarle lo ridículas que sean las normas que impongan.

El hizo todo lo que le fue ordenado, sin importarle lo absurdo que fuera.)



(El hombre de la TV anunció que un virus mortal andaba suelto por el mundo -una "pandemia". Daba igual que no hubiese una evidencia real en el mundo.

"Renuncia a todas tus libertades y enciérrate en casa", decía el hombre de la televisión.

El Covidiota fue hipnotizado por todos los slogans de marketing arrojados sobre él y obedeció de inmediato.)

Un tal John Cooper ha publicado en YouTube una película animada titulada "The Covidiot & The Quest for a Free Hotdog". Como muestra les he puesto las dos primeras viñetas. En mi opinión, la película es un resumen, con la típica precisión anglosajona, de lo que pasó cuando pasó lo que pasó como si no hubiese pasado nada, aunque, en realidad, fue lo más gordo de todo lo que ha pasado en las vidas de la inmensa mayoría de la gente... al menos en la mía sin la menor duda al respecto.  

El Covidiota es un espejo sin paliativos. Te pones delante de él y te ves cinco años para atrás tal como fuiste en aquel desgraciado trance. ¿Qué hiciste entonces? ¿Te comportaste como un covidiota o te sentiste humillado? Porque, se estuvo muy lejos de la unanimidad; ya saben que es en las grandes ocasiones en donde cada cual se retrata en su más prístina esencia. 

Así es que, no me hago ilusiones; sé que la inmensa mayoría de nosotros trata por todos los medios de evitar verse tal y como es cuando sale desfavorecido. No por otra causa fue que en el portal de mi casa de Palencia colocasen un espejo con las curvaturas adecuadas para que las personas que en él se reflejaban saliesen con la figura estilizada. Tan sutil era la cosa que nadie se dio por enterado. A partir de entonces, me he fijado y he visto ese tipo de espejos en demasiados sitios... en casi todos para ser exactos. 

Sea como sea que haga cada cual, lo que es innegable es que pocas cosas en la vida son más edificantes que el tener la valentía de enfrentarse a la imagen de uno mismo, salga lo que salga. Tener la oportunidad de verse tal y como uno es, en carne viva por así decirlo, es uno de los mayores regalos que nos puede hacer el cielo. Y no por nada, sino porque, si uno sabe aprovechar el sofocón que se suele padecer en tales casos, puede suponer un salto hacia delante inestimable en el camino de perfección.  

En fin, yo, ahí les dejo el dato. Solo hay que ir a YouTube y teclear The Covidiot. Al instante aparece la película y, que sea lo que Dios quiera. 

lunes, 8 de diciembre de 2025

La Virgen María


Decir que, en la invención, o el descubrimiento -interesantísima distinción-, de los circuitos integrados, chips que les dicen, exactamente igual que a las patatas fritas, está la madre de todas las revoluciones es una obviedad que ya cansa. Con él, vino el internet, lo mismo que con la máquina de vapor llegó el ferrocarril. Dos inventos, o descubrimientos, que no sé, que cambiaron el mundo por su impacto en el terreno de la comunicación. 

A mi docto entender, llamamos comunicación a la interrelación entre las personas. Desde que existe el hombre sobre la tierra esa interrelación se ha intentado facilitar por todos los medios habidos y por haber. Hay hitos indiscutibles en ese camino: la invención de la escritura, la de la imprenta, la navegación a vela, la máquina de vapor, la electricidad con todos sus derivados del que el chip es el último y, seguramente, más poderoso. Ni que decir tiene que con cada uno de esos hitos vino aparejada una revolución de las relaciones entre los humanos. Y es que todos ellos sirvieron para que nos conozcamos mejor los unos a los otros... en la medida de lo posible, claro está. 

Y en eso es en lo que estamos, chip mediante, en llegar a unos grados de información de los unos sobre los otros que nos ha convertido a todos en el rey que iba desnudo. Lo de fingir se ha puesto muy difícil. Recuerden al respecto a Julieta cuando, en el ápice de su pasión amorosa, le suelta a Romeo: te seré tan fiel como las más expertas en el arte de fingir. Sí, Julieta lo tendría chungo hoy día. 

Así las cosas, con tanta información dejada de la mano del dios Poder, lo que es inevitable es esta encarnizada guerra que dicen cultural, o sea, entre las diversas ideas que existen sobre el ser de las cosas... es decir, guerra de subjetividades. ¿Y dónde es en donde las subjetividades se muestran en todo su esplendor? Se lo diré por si no lo saben: en las religiones. A la postre, no se engañen al respecto, todas esas guerras que llaman culturales, en la realidad, son guerras de religión, o sea, fe y razón, como sostienen los unos y los otros. Como si esas dos palabras juntas no constituyesen una contradicción en sí, que no por otra razón es que se necesiten expertos en manipular el lenguaje para que parezca que encaja lo inencajable. Son esos a los que llamamos teólogos, que hay que reconocer que son lo mejor de lo mejor en el arte de construir superestructuras mentales en el aire. 

Esí es que andamos en estos días en un rifirrafe de proporciones homéricas. ¿Es la Virgen María mediadora y redentora? Pues bien, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe... bueno, no se asusten con lo de dicasterio, que solo es una rimbombancia para decir departamento o negociado. Pero a lo que iba, ese departamento ha emitido el otro día un breve asegurando que la Virgen María no es ni chicha ni limonada. ¡Amárrate los machos! ¡Díselo tú a todos esos andaluces que van a lo del Rocío! Claro, el dicasterio ese hace su política con miras expansionistas. Hay que tener en cuenta que lo de la Virgen María es la seña de identidad por antonomasia del catolicismo frente a las otras derivaciones del cristianismo. Y es que el Papa este americano anda amagando con ceder terreno para ganar fuerza. En fin, sea como sea, Severina la de Garabandal está que trina. Porque, ¿en qué se iban a quedar todos los garabandales del mundo si ahora va a resultar que la Virgen ni media, ni intercede, ni redime, ni nada de nada. ¡Por Dios Bendito, para eso mejor ser protestante! 

En fin, que las redes están que echan humo al respecto de, Virgen sí, Virgen no. Y claro, algo tan en apariencia inofensivo, empieza a derivar en cuestiones de orden moral y ya tenemos aquí la guerra de siempre, cada cual con su razón y a matarse.  

domingo, 7 de diciembre de 2025

Camino de perfección

 


Ya tenemos otra vez aquí la Navidad. ¡Y qué le vamos a hacer! Ahí nos plantan cada año ese chirimbolo en forma de cono para recordárnoslo. No deja de tener su aquel. 

En cualquier caso, con cono o sin cono, el muelle siempre está igual de tranquilo. Los pescadores en la esquina noroeste, algún niño en el corral de los juegos, unos cuantos paseadores de perros y las cuatro parejas de viejos de siempre dando su paseo por prescripción médica. 

Me alegra poder gastar mis últimos cartuchos en un lugar tan apacible. Y civilizado: todo, gente del vecindario. Un kilómetro más allá, hacia el este, la ciudad bulle con gentes venidas de los cuatro confines. Es la feria de las vanidades o, por mejor decirlo, de las expectativas insatisfechas. ¡Cuánta vida se me fue por el desagüe por haber picado en ese anzuelo! Aunque, bien pensado, ¿es que es posible no picar? Eso también forma parte del camino de perfección. 

sábado, 6 de diciembre de 2025

Callar y obrar

 



A la salud, al amor, a la riqueza, a la fama, incluso a la justicia, prefiero la verdad, dijo Thoreau. Para Santa Teresa era lo mismo; no soportaba la hipocresía del mundo. Por eso ambos se hicieron a un lado, para buscar la verdad y vivir en ella. A eso es a lo que llaman misticismo: vivir en la verdad y predicar con el ejemplo.

El callar y el obrar fortalece el espíritu. El hablar, por contra, distrae y atonta. No me digan que no lo habían notado ustedes. No hay más que ver a esas masas aborregadas a causa de tanta socialización que le dicen y que, en realidad, no es otra cosa que la práctica de la sonrisa transilvánica.  

Por cierto, estuve viendo un rato la serie de televisión sobre Santa Teresa que les comentaba ayer, y sí, Concha Velasco está magnífica, pero algo me chirriaba, Luego descubrí que hay una película del año sesenta y uno, dirigida por Juan de Orduña, con guion de Pemán. Claro, no hay color; lo que va de Pemán a Carmen Martín Gaite. 

La verdad, ese es el verdadero asunto de esta vida. Cada cual piensa haberla descubierto; luego está lo de si se es capaz de vivir de acuerdo con ella o no. La mayoría de los mortales nos estrellamos en ese compromiso. Es nuestra tragedia interior. 

viernes, 5 de diciembre de 2025

Santa Teresa


Estos días de diciembre, que no para de llover, son idóneos para el reencuentro con uno mismo, Santa Teresa mediante. Nunca me había detenido con esta mujer y eso que, como ya les tengo dicho, sus obras completas fue uno de los dos libros que mi madre me dejó por toda herencia. Un libro que se nota bien manoseado, aunque como es de cuando las cosas se hacían para que durasen, a efectos prácticos, está como nuevo. 

Recuerdo, allá por los años ochenta, que emitieron por televisión una serie sobre su vida que me enganchó de una forma enfermiza. Como está en YouTube, la volveré a ver para meterme en ambiente. 

Así comienza su autobiografía: 

" Quisiera yo que, como me han mandado y dado larga licencia para que escriba el modo de oración y las mercedes que el Señor me ha hecho, me la dieran para que muy por menudo y con claridad dijera mis grandes pecados y ruin vida. Diérame gran consuelo, más no han querido, antes atádome mucho en este caso; y por esto pido, por amor del Señor, tenga delante de los ojos quien este discurso de mi vida leyere, que ha sido tan ruin..."

Ese es el asunto, que, por muy altas que sean las cimas que se hayan logrado, no hay vida que no esté marcada por la ruindad. Por eso era que, cuando le preguntaban a aquel anciano tenido por sabio cuál era el sentimiento predominante en su vida actual siempre contestaba que vergüenza. Y es que, diría yo, no pude haber viejo que conserve en su sitio la cabeza que no viva corrido por la vergüenza de sí mismo. Y, si no, ¿de dónde creen ustedes que procede esa tendencia irreprimible a recluirse que tienen los viejos? Sí, hay que ser muy chorlito, para, a esas edades, andar por ahí como si tal cosa tratando de ocultarte tras bellas historias de ti mismo. 

En fin, vamos a ver si sacamos algo en limpio.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Místicos

Me llega la onda: "si admitiéramos que la vida humana se rige por la razón, terminaría la posibilidad de vida". Y entonces me doy cuenta de que he perdido todo el tiempo, demasiado tiempo, que he dedicado a intentar comprender, esa ambición, de todas, quizá la más estúpida. Hay miles de millones de variables interactuando entre sí como Dios las da a entender y nosotros, los humanos, a lo más que podemos aspirar es a resolver problemas de matemáticas, un bonito juego de unas pocas docenas de variables que tiene el peligro de hacernos creer que somos dioses.  

Así es que, cada vez más, mis héroes son los místicos: aspirar a relacionarse con lo divino a través de la contemplación. Dejar de comerse el coco y recurrir a Dios como explicación de todo lo que no la tiene. 

 No sé qué más se puede decir al respecto. 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

La solución


Dennis Meadows es un científico estadounidense perteneciente a eso que llaman Club de Roma, u
n lugar en donde gente supuestamente muy inteligente se dedica a discutir sobre los problemas del mundo. Pues bien, el tal Dennis fue coautor de un libro, Los Límites del Crecimiento, que, por lo visto, ha tenido mucho impacto entre eso que llaman las élites, algo que nadie sabe muy bien en qué consiste ni quienes son ni para qué sirven. 

Les traigo esto a colación porque me ha llegado un video en el que se ve a Dennis explicando la imposibilidad de conjugar superpoblación con libertad. Por eso aboga por reducir de una forma civilizada la población mundial hasta llegar a la cifra de mil millones que, según él, es la idónea para que la gente pueda ser libre a la vez que acomodada. Con ocho mil millones, añade, no hay forma de mantener el tinglado si no es a base de regímenes políticos totalitarios. Sin duda esta es una idea muy intuitiva, como se dice ahora; cualquiera sabe que vivir amontonado exige disciplina so pena de extinción... no por otra causa supongo que será el que cada día nos desayunemos con tres o cuatro normas nuevas que han impuesto los gobiernos para limitar nuestro libre decidir, porque es que, la realidad es que vivimos tope amontonados y, al parecer, todavía no lo suficiente para poder pagar las pensiones a los jubilados, cosa, que por cierto, nos pone los pelos de punta a los vejetes como yo.  

Yo, no sé, pero, de apostar por algo, sería porque el principal problema es la gente como Dennis, tipos que como no saben hacer nada de fuste, pretenden, y lo consiguen, vivir a costa del trabajo de los demás. Dennis forma parte de esa epidemia, peor todavía que la de los médicos, que es debida a la superabundancia de especímenes dedicados a esa entelequia que se ha dado en denominar ingeniería social. O sea, los parásitos de siempre. Con bellas palabras, como "de forma civilizada", meten al mundo en unos jardines de los que millones salen con los pies por delante mucho antes de lo que, por ley divina, les correspondería. 

Sí, qué duda cabe de que en el momento actual hay mucha gente -durante el tiempo de mi existencia he visto multiplicarse por cuatro la población mundial-, pero ese exceso trae causa del mucho fuego que en los últimos siglos hemos robado a los dioses. Con ese fuego podemos hacer de las piedras, panes, como si fuésemos catalanes, y, también, conseguimos que, de cien niños que nacen, se logren noventa y nueve. En eso consiste la venganza de los dioses por querernos parecer a ellos, en que nos sobre comida y los niños no se mueran; lo más parecido a un cáncer, a los hechos me remito... echen una mirada a la franja de Gaza por si lo estaban dudando.

Pero no creo yo que haya mucho de lo qué preocuparse; la naturaleza, como el corazón, tiene razones, que la razón no entiende. Lo mismo que ha superpoblado el mundo, se encargará de despoblarlo tan pronto como vea peligrar la supervivencia. ¡Pues anda que no tiene ingenio ella ni nada! Miren esa foto que les he puesto al inicio de este post: ¿no puede ser esa una de tantas soluciones al problema de la superpoblación? Ya ven, algo que no ha necesitado del concurso de los ingenieros sociales ni Cristo que lo fundó.    

martes, 2 de diciembre de 2025

Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido

Como ya les conté, cuando el rey Sancho de Castilla decide quitar a sus hermanos la herencia que les había dejado su padre, el Cid le advierte que nunca se logran hijos que quiebran la palabra de su padre. No había pasado mucho tiempo de aquella advertencia cuando, estado Sancho en trance de quitarle Zamora a su hermana Urraca, el traidor Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido, le mete un venablo por la espalda mientras estaba meando contra la peña tajada sobre la que se asienta Zamora. Los últimos minutos de vida de Sancho los utiliza para reconocer ante toda su corte que la justicia divina es implacable. Así es que hace un recuento de sus errores y lamenta no haber hecho caso al Cid. Por así decirlo, se acuerda de Santa Barbara cuando oye los truenos.  

Para la religión en la que fui educado es de vital importancia el arrepentimiento, aunque sea in extremis. Si en el último instante de tu vida reconoces y lamentas tus pecados, salvas el alma, lo que, en definitiva, es lo que cuenta. Es algo así como intentar limpiar las inmundicias del rastro que dejas... como si eso no fuera más que una ilusión. O una debilidad: la debilidad del cristianismo que decía Nietzsche. El rastro, por mucho que te arrepientas, perdura tal y como le labraste por, al menos, siete generaciones. 

Así es que, Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido, es el villano del cuento, pero, en el fondo de sus conciencias todo el mundo tiene por cierto que no fue más que el brazo ejecutor del que se sirvió Dios para hacer justicia. Porque se daba el caso de que Sancho se estaba saltando todas las leyes no escritas del cielo y, si eso se consiente, es el apaga y vámonos: la vuelta al estado de naturaleza. 

El caso fue que el Cid no se creyó lo de Vellido. Para él, y para la mayoría de los caballeros castellanos, Vellido no había sido más que el sicario que había disparado. Por eso, todas las sospechas recaían sobre Alfonso, el hermano al que Sancho había arrebatado el reino de León. Era lógico pensarlo, porque el despojado no se iba a quedar de brazos cruzados. Por tal fue que el Cid le hizo jurar sobre los evangelios en Santa Gadea que no había tenido que ver nada en el asunto. Otra convección más para guardar las formas, porque por más que Alfonso jurase que era inocente y todos hiciesen como que le creían, la procesión siguió yendo por dentro hasta nuestros días. En cualquier caso, lo importante para que la nave vaya es que se guarden las formas. Es lo que quiere Dios.  

El saltarse las leyes no escritas del cielo y hacer como que a ti eso no te produce sentimiento de culpa. Es una psicopatía de la que pocos escapan. Es difícil ser joven, o tener poder, y no pasar por ello. Al fin y al cabo, como decía Don Juan, ¡cuán largo me fiais! La juventud, el poder, ¡sancta simplicitas! Como si hubiera habido alguien que consiguió irse de rositas. Incluso puede darse el caso de parezca que alguno se fue, pero solo fueron apariencias. 

En fin, uno trata de consolarse con este tipo de convicciones que solo son opiniones repetidas muchas veces. La esperanza de que Dios descargue su furia sobre los malvados ayuda mucho a mantenerse en pie. Ya saben, la esperanza, lo único que no escapó de la caja de Pandora cuando Epimeteo, el hermano imbécil de Prometeo, la abrió por pura curiosidad sin importarle que se lo hubieran prohibido. 

lunes, 1 de diciembre de 2025

Correlación +91%

  


En un artículo aparecido en Medical & Clinical Research (ISSN: 2577 - 8005), y titulado "Excess Deaths in the United Kingdom: Midazolam and Euthanasia in the COVID-19 Pandemic", el Dr. Wilson Sy, Director de Invest Analitic Recheach, Australia, nos cuenta con pelos y señales la realidad de lo que pasó cuando pasó lo que pasó como si no hubiese pasado nada. Y esa es precisamente la gracia de todo este asunto.  

Pues sí, señoras y señores, como ven en la gráfica que les muestro hay una correlación de +91% entre las muertes que se produjeron por aquellos días y la cantidad de midazolam que se suministró en hospitales y residencias de ancianos. En resumidas cuentas, que lo que fue aquella que llamaron pandemia fue una operación de eutanasia masiva. O sea, que se cargaron a los viejos, que era de lo que se trataba. ¿A quién le iba a importar? Imagínense la felicidad de sus familiares que les quitaron de encima el marrón de tener que ir a la residencia a visitarles so pena de dar mala imagen. E incluso, así, a más de uno se le aceleró el cobro de una herencia que se estaba comiendo la residencia. ¡Como para ir a protestar!

No me digan ustedes que no es curioso que se haya producido semejante barbaridad sin que toda la chusma al uso haya salido a las calles a gritar ¡genocidio!, esa palabra talismán que les hace entrar en trance cuando la achacan a los judíos. Porque la verdad es que si ha habido en el mundo, de la segunda guerra mundial para acá, algo a lo que se pueda aplicar esa palabra con una cierta propiedad es precisamente la matanza de viejecitos que se hizo por aquellos días, no sé si con premeditación y conocimiento de causa, pero sí, desde luego, con fruición. ¡Había que ver con qué orgullo mostraban en las televisiones públicas los féretros amontonados! ¡Miren qué bien lo estamos haciendo!, parecían querer darnos a entender las autoridades del momento. ¡Ríete tú de las cámaras de gas de los nazis! 

Pues sí, como si no hubiese pasado nada. Como si no estuviese pasando. ¿Quién habla de ese exceso de muertes -del 20% o así- que se viene produciendo desde que se empezó a vacunar para el covid? Es de mal gusto mentarlo. ¡Imagínate los que se habrían muerto si no se hubiese vacunado masivamente!, te dicen con esa arrogancia propia de los ignorantes. Pues no, mira, chaval, estás equivocado; hay ya publicados cientos de trabajos que demuestran que en las comunidades que no se han vacunado no hay exceso de muertes, ni aumento de cánceres, ni Cristo que lo fundó. Así son las cosas y, por más que la chusma siga con la cabeza debajo del ala, no van a dejar de serlo. 

Miren ustedes, si se toman la molestia de leer ese trabajo del que les he dado referencia al comienzo de este post, verán que ya desde finales del siglo XIX hubo prestigiosos científicos que pusieron en solfa el pretendido milagro de las vacunas. La realidad es, dijeron, que la retirada de todas aquellas epidemias que por siglos asolaron a la humanidad, poco tuvo que ver con las vacunas y sí, y mucho, con el cambio radical de las condiciones sanitarias de la mayoría de la población. Eso de que todo el mundo cague en un retrete y la mierda vaya por tuberías hasta la depuradora es la real vacuna que nos protege de todo tipo de epidemias menos de la de la estupidez, que esa, más que epidemia es endemia, o sea, que no viene a oleadas sino que está aquí por los siglos de los siglos. 

En fin, perdonen que les traiga a colación este espinoso asunto, pero es que estoy convencido que sin expiar esta culpa no va a haber sosiego. Porque es imposible que la justicia divina pueda pasar por alto aquella matanza de viejecitos. ¡Que mira que hay que ser nazi para poder hacer una cosa así y como si nada! No, no se hagan ilusiones, esto hay que pagarlo, cada uno en función de lo podrida que tenga la conciencia.

domingo, 30 de noviembre de 2025

Black Friday

 


Black Friday
¡¡¡Especial!!!
Quédate en casa
y ahorra el 100%

Venía intentando reflexionar los días pasados sobre las leyes del mercado. Me tome la molestia de leer La Riqueza de las Naciones de Adam Smith y, también, para hacerle contrapunto, la Historia del Pensamiento Económico de Murray Rothbard. Son dos libros amenos donde los haya y que vendrían a disentir en una cuestión fundamental: el valor que asignamos a las cosas; para Smith sería objetivo y, para Rothbard, subjetivo. En definitiva, para uno, el precio de las cosas depende de lo que haya costado producirlas y, para el otro, de la avidez que la gente siente por esas cosas. 

Bueno, me imagino que las cosas no son tan sencillas. Sin embargo, sí es verdad que a las almas cándidas les cuesta mucho aceptar la subjetividad del valor de las cosas y, de ahí, de esa dificultad, quizá sea de donde proviene en parte el gusto por las ideas totalitarias que mayormente se sustentan en la fijación de los precios... la fijación de precios, ese despeñadero por donde se precipitan en el abismo los totalitarismos. 

Pero, en fin, esto de la subjetividad del valor es una cosa que ya solo discuten los más tontos del lugar, es decir, la gente que se autocalifica como de izquierdas, o sea, una condición del espíritu que consiste en considerarse a sí mismo mejor que los demás y, por tanto, con derecho a vivir del trabajo de los otros, que, por supuesto, son peores. Y, así las cosas, con lo que nos encontramos es con un mercado que trata por todos los medios de entrar a saco en esa subjetividad: todo su esfuerzo consiste en hacer creer a la gente que necesita lo que no necesita para nada, algo que, por cierto, es muy fácil de conseguir como todos ustedes supongo que sabrán por la propia experiencia... al menos, yo, les puedo asegurar, me he pasado la vida cayendo en esa trampa. 

Siempre, yo, como casi todo el mundo, a nada que se nos baja la paletilla, que es como en muy pueblo llaman a estar bajo de forma, corremos a restaurarnos por el procedimiento más fácil, y por tanto falso, que existe: comprar cualquier cosa que el mercado te ha metido por los ojos. Nos hacemos la ilusión de que ese capricho es una necesidad que, una vez cubierta, va a contribuir a subirnos la paletilla. Y, de hecho, nos la suele subir por unos minutos, y acaso unas horas, pero siempre muy pocas, para luego caer más hondo de donde estabas antes de haber comprado. Y es que comprar lo innecesario empobrece indefectiblemente... material, pero, sobre todo, espiritualmente.   

He necesitado llegar a muy viejo para caer en la cuenta de que pocas cosas hay que mejor muestren la calidad de una persona que su actitud ante el consumo. Dime qué consumes y sabré qué coeficiente intelectual tienes. Así, que ya saben, mírenselo con atención antes de sacar la visa, porque, a nada que se descuiden la estarán usando para comprar esclavitud. 

sábado, 29 de noviembre de 2025

Lo que ha de menester

Miraba ayer una de las guitarras que tengo, es una González de las que hacían -no sé si seguirán haciendo- en la calle Hospital de Barcelona. Ya va para cuarenta y cinco años que la compré y luce impecable, y eso que la he usado casi todos, por no decir todos, los días de entonces para acá. No hace mucho, la estuvo tocando un gitano de Palencia y me dijo que la prefería a una de Hermanos Conde de la calle Gravina de Madrid que compré por capricho hace ya va para treinta y tantos años. Yo diría que la González me salió de balde y la de los hermanos Conde, no tanto. Y eso que las dos me costaron una pasta; mucho más la Conde. 

En el Siglo de Oro español había una frase que me parece que condensa en sí sola toda la sabiduría posible sobre la economía de mercado: "de balde compra el que compra lo que ha de menester". La frasecita se las trae; y por eso es que sea tan difícil pillarle el significado a la primera de cambio. Yo diría, exagerando un poco, que la mitad de la obra Walden de Thoreau consiste en tratar de explicar al respetable lo que significa esa frase. Porque, aunque no se lo crean, comprender esa frase es lo que más puede contribuir a hacernos personas ricas. 

Y es que el asunto es ese, que cuando compras algo que no has de menester, como la Hermanos Conde que les decía, lo que en realidad estás haciendo es empobrecerte y, de paso, empobrecer el mundo. Y aquí es donde reside, a mi juicio, el Talón de Aquiles de la economía de mercado que, al no hacer distingos entre lo que es necesidad y lo que es simple deseo o capricho, incita a la gente confundir lo uno con lo otro y, de resultas, a rodearse de porquerías inútiles que son las que, a la postre, más contaminan el planeta, por no hablar de los espíritus. Sí, ya sé, me dirán que, con la producción y venta de esas porquerías inútiles, miles de millones de personas obtienen una remuneración que les permite vivir dignamente. Desde luego que, a primera vista, parece un razonamiento lógico, pero solo a primera vista. A segunda vista se da uno cuenta de que ese razonamiento es una imbecilidad letal. 

El problema es que confundir necesidad con capricho es uno de los mecanismos que mejor proporciona a la gente la ilusión de escapar de sí mismo. Es el camino más directo al embrutecimiento. No dejar un minuto libre para poder dedicarlo al verdadero enriquecimiento, que es el del espíritu: aprender a observar para maravillarse con las bellezas de la creación a la vez que se entonan alabanzas al creador, es decir, nuestra relación con lo divino. Y para eso está el mercado, el verdadero mercado, el que satisface solo necesidades y no emponzoña con los caprichos. Así es como el tiempo se dilata y lo puedes dedicar a aprender a entonar esas alabanzas que, a la postre, son el único goce real que nos puede proporcionar la vida.   

viernes, 28 de noviembre de 2025

La berrea

".../ mas nunca se logran hijos / que al padre quiebran palabra./ Ni tampoco tuvo dicha / en cosa que se ocupaba, / nunca Dios le hizo merced, / ni es razón que se la haga". Le dice el Cid a Don Sancho.  

Cuando el rey Fernando I, está en su lecho de muerte, hace jurar a sus hijos y a los caballeros de su corte que nadie, so pena de su maldición, debe cambiar las disposiciones de su herencia. A Sancho, le deja Castilla; a Alfonso, León; a García, Galicia; a Urraca, Zamora; a Elvira, Toro.  

"Todos responden amén, / sino Don Sancho que calla."

Don Sancho es el primogénito y se siente traicionado; piensa que, como es tradición, el reino de su padre tiene que pasar integro a sus manos. Por eso, no se había enfriado todavía el cadáver de su padre y ya estaba guerreando para quitar a sus hermanos lo que pensaba era suyo por ley divina. 

Bueno, todos saben cómo acabó Don Sancho, a manos de Dolfos Vellido, hijo de Vellido Dolfos. Todavía, si van a Zamora, podrán entrar a la ciudad por la Puerta de la Traición, así llamada porque se supone que fue allí donde Vellido acabó con Sancho de unas cuantas puñaladas. 

Como ya les he contado, recibí en herencia un par de libros encuadernados en piel y con papel biblia, que hacen mis delicias. Una es las obras completas de Santa Teresa -ya les comentaré algún día- y el otro es el Romancero Español. En el Romancero hay unos doscientas y pico páginas dedicadas a glosar al Cid y su entorno. Entre la realidad y la leyenda nos queda un compendio de la condición humana que en nada desmerece, pienso, al que nos legó Shakespeare. 

La condición humana, en su esencia, se mire como se mire, poco o nada se diferencia de la de las otras especies animales. Su núcleo constitutivo es la berrea. Todo gira alrededor de la imposición de los unos sobre los otros, mientras, las otras, están expectantes para irse de inmediato con el que se impone sobre los demás. A partir de ahí, todo vale. Siempre hay una razón superior que lo justifica todo. Por eso es tan delgada la línea que separa la traición de la lealtad. Al final, lo único a lo que podemos recurrir para consolarnos es a la justicia divina... "nunca Dios le hizo merced / ni es razón que se la haga", dice el Cid, el héroe guardián de las esencias que nos hemos inventado los que nunca ganamos en la berrea para no desmoronarnos. 

Así ha corrido el mundo siempre y no es previsible que cambie: los que ganan en la berrea tramiten su ADN y, los que pierden, trasmiten su resentimiento inventándose héroes. 

jueves, 27 de noviembre de 2025

Metafísica a la violeta

Intercambiamos vídeos y comentarios sobre Diego del Gastor, Niño Ricardo, Sabicas... perspectivas diferentes sobre la vida y el mundo a través del arte flamenco. Sencillez y sofisticación, racionalidad y barroquismo. Diferentes formas de interpretar una misma realidad sin que haya más enjundia o belleza en unas que en otras. Digamos que la naturaleza se expresa en todas ellas en todo su esplendor. Y, también, que, cada cual tiene una tendencia natural a identificarse más con unas que con otras sin que ello tenga por qué desmerecer a ninguna.  

El caso es ese, que las cosas en general no funcionan así. Lo normal son las preferencias excluyentes. Supongo que es una cuestión, por así decirlo, de evolución filogenética o, mejor si ustedes quieren, ontogenética. Cuando la evolución se estanca tendemos a la rigidez y, de ahí, nuestra espantosa limitación para reírse de uno mismo, la peor de todas las carencias. 

Las preferencias excluyentes, el fanatismo... uno, con los años, tiende a apartarse del mundo para no tener que contemplar el dolor que produce el estancamiento. Todo el mundo matándose por su ridícula verdad. Todo se convierte en religión. O sea, siempre a dos pasos de la guerra. 

Me pregunto, qué demonios será lo que lleva a la mayoría de los mortales a ese estancamiento evolutivo. Quizá no sea más que una cuestión biológica: se da de sí lo que se da porque así está marcado en nuestros genes. Y esa voluntad de poder, que decía aquel filósofo, seguramente no es más que una ilusión... o una realidad muy limitada en el mejor de los casos. 

En fin, metafísica a la violeta para desayunarse. 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Harta plaga

Por lo visto, ayer por la tarde la ciudad estaba colapsada porque había una manifestación contra la violencia machista. Hombres que pegan a sus mujeres siempre les ha habido y siempre les habrá, mayormente por carencias intelectivas; lo mismo que mujeres que envenenan a sus maridos a causa de sus insatisfacciones constitutivas. Pero, en general, las relaciones de las parejas tienen un aceptable pasar con sus correspondientes altibajos y, si las tensiones van a mayores, se divorcian y santas pascuas. Y así ha corrido el mundo sin mayores contratiempos hasta que apareció en escena esa seudociencia que llaman psicología y que, al parecer, encaja como un guante en la estructura mental femenina... porque, de no ser así, no tendría explicación el que todos los años salgan de las universidades millones de mujeres licenciadas en esa, ya digo, seudociencia consistente en tomar por certezas lo que solo son conjeturas indemostrables. O sea, lo que hicieron las porteras a todo lo largo de la historia. 

El caso es ese, que por unas razones u otras que, para simplificar, podríamos englobar dentro del concepto de "maldición prometeica", el mundo se ha llenado de psicólogas que, como es natural, buscan vivir de sus seudoconocimientos. Y aquí es donde entramos en contacto con la parte perversa de las leyes del mercado: el mercado no solo se dedica a satisfacer las necesidades de la gente; también, tiene una parte y no pequeña, que consiste en convertir en necesidad lo que solo es deseo... o en hacer sentir como real lo que solo es ficción. 

Ese es el gran problema de la humanidad, que hay que comer todos los días. Por eso es que el modus vivendi es núcleo de todas las preocupaciones. Y eso nos lleva a sacar de donde hay y, también, de donde no hay... ¡tan poderoso es el ingenio humano! Y claro, si millones de psicólogas tienen que comer, lo primero que tienen que hacer para ello, es convencer a la gente de que tiene perdido el juicio. Por eso es que todo el mundo ve en sus alucinaciones como van los hombres por la calle con el garrote en la mano persiguiendo a sus mujeres para darles su merecido. 

Pues sí, todo esto de las leyes del mercado merece más de una consideración, porque no todo son bendiciones al respecto como pretenden algunos. Hay que tener en cuenta que, una gran parte de la mercancía que se vende, va a satisfacer, so capa de necesidades, lo que solo son caprichos... hasta el más tonto del pueblo sabe que son, precisamente, los caprichos, los que lo pudren todo. ¿Es que acaso lo de ir al psicólogo no es un capricho la inmensa mayoría de las veces? ¿No se podrían sustituir la mayoría de esas visitas por un simple ir a la cantera a picar piedras? ¿O darle un par de tortas al mocoso?

Se lo conté no hace mucho, pero volveré sobre ello porque en pocos sitios he visto tan bien explicados los efectos perversos del mercado. Están hablando Cipión y Berganza, dos perros, del portento que es el que ellos puedan hablar y, dice Cipión, que, tiene por averiguado la experiencia que, siempre que aparece un portento, es que alguna gran calamidad amenaza a las gentes. 

"Berganza.- De esa manera no haré yo mucho en tener por señal portentosa lo que oí decir días pasados a un estudiante, pasando por Alcalá de Henares. 

Cipión.- ¿Qué le oíste decir?

Berganza.- Que de cinco mil estudiantes que cursaban aquel año en la Universidad, los dos mil oían Medicina.

Cipión.- Pues, ¿qué vienes a inferir de eso?

Berganza.- Infiero, o que estos dos mil médicos han de tener enfermos para curar (que sería harta plaga y mala ventura), o ellos se han de morir de hambre." 

Claro, Cervantes nunca dio puntada sin hilo. La demanda no la crea la necesidad, sino la oferta. O ¿por qué creen ustedes, si no, que sea el que todo el mundo se sienta enfermo? Pues simplemente porque hay un médico cada ciento cincuenta personas. Una oferta brutal que hace su silencioso trabajo: te tienes que sentir enfermo para que yo pueda comer.  

En resumidas cuentas, que hay que tener más ojos que Argos para que no te la metan doblada.

martes, 25 de noviembre de 2025

Intencionalidad

Uno nunca puede saber el grado de intencionalidad que hay por parte del poder en todas esas previsiones apocalípticas con las que vienen dándonos la tabarra los diversos medios de comunicación de unos años a esta parte. Y siempre, tan negras premoniciones, han ido quedando en agua de borrajas -se ve que al agua de borrajas le dieron en algún tiempo valores medicinales que resultó no tener-. ¿Se acuerdan del agujero de ozono? Íbamos a acabar todos como San Lorenzo en la parrilla. ¿Quién se sacó de la manga aquello? ¿Fue algo fortuito o una maniobra de distracción intencionada? ¿Cómo saberlo? 

Luego, cuando se vio que lo del ozono era nada se pasó con igual entusiasmo a lo del calentamiento global. Según aquellas previsiones, para estas fechas ya tendrían que estar los continentes medio sumergidos en las aguas del mar. Otra vez fue nada, pero por el camino, se tomaron decisiones que han cambiado el panorama desde el puente. Y otra vez nos tenemos que preguntar sobre lo que hubo de intencionado o de, meramente, fortuito devenir. 

A continuación, vinieron todas aquellas amenazas de peste que culminaron en la milonga del covid. Una especie de imbecilidad suprema que ha dejado un rastro de desolación -al que Dios se la dio, San Pedro se la bendijo- cuya única causa ha sido las decisiones tomadas por los poderes en curso. ¿Hubo alguna intencionalidad en aquel desiderátum? ¿De qué mentes podría haber salido una maldad tan sofisticada? ¡Ni al demonio se le podría haber ocurrido! No, más bien, por lógica bíblica, tuvo que ser algo venido de arriba como consecuencia del hartazgo de los dioses por nuestros estúpidos comportamientos.  

El caso, se ve, es que no podemos vivir sin tener una espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Seguramente es la consecuencia de vivir con la ilusión de haber matado a Dios. Durante milenios la creencia en Dios le había servido a la humanidad para tener algo a lo que temer y, así, no pasarse de la raya. Pero, enterrado Dios, ¡viva la Pepa! ¡El mundo a la medida de nuestros deseos! Obviamente. el invento no puede funcionar. Ni los perros son niños, ni el turismo son viajes, ni la inmigración paga las pensiones, ni, ni, ni...  empeñarse en vivir en la ficción trae aromas de venganza. 

Pues sí, señoras y señores, desde que no existe Dios, por fas o por nefas, tenemos que vivir siempre cagándonos por la pata abajo. Las tres cuartas partes de mi tiempo vivido, hasta que cayó el muro, viví pendiente del botón. ¿Lo apretarán o no lo apretarán? Y, en el entretanto, todos con hemorroides de tanto apretar el culo. No habíamos recogido todavía los escombros del muro y ya teníamos lo del ozono hasta en la sopa... y tiro porque me toca. No sé, pero para mí que ya se palpa el hartazgo; por eso, mejor volver a creer en Dios y en su justicia implacable. Mucho mejor, en cualquier caso, que andar especulando sobre intencionalidades ocultas y fortuitos devenires que nunca podrán llevar a nada que no sea emponzoñamiento de los espíritus.  

lunes, 24 de noviembre de 2025

Emociones a la carta

Al filósofo Savater, que nunca ha parado de dar entrevistas, le preguntaron en una de ellas que qué libro se llevaría a una isla desierta; pareció no dudarlo: "el mundo como voluntad y representación" de Schopenhauer. Reconozco que no me pareció mala elección; yo también, por aquel entonces, tenía ese libro entre los más manoseados de mi colección. Hasta que cayeron en mis manos otros que consideré que venían a decir lo mismo, pero de forma más inmediata... pero no les voy a dar la lata con mis preferencias porque sería el cuento de nunca acabar ya que, si estás vivo, lo lógico es que cambien de un día para otro. ¡Ay, las pequeñas preferencias, qué tortura!

Perdón por la digresión. Lo que quería decir es que, por muy abandonado que tenga ese libro, hay una parte de él sobre la que vuelvo una y otra vez y siempre me maravilla: son los capítulos dedicados a la música. Supongo que el entusiasmo que me produce es debido en gran parte a que así puedo ejercitar mi narcisismo; lo entiendo por la sola y exclusiva razón de que, aunque malo, soy músico. El que no lo sea que ni siquiera lo intente porque se quedará mayormente a uvas. 

La música, vendría a ser, la continua secuencia de desacuerdo y reconciliación de los dos elementos de que se compone, el rítmico y el melódico. Dice:

"Este desacuerdo y reconciliación constantes de los dos elementos son, desde el punto de vista metafísico, imagen del nacimiento de nuevos deseos seguidos de su realización. De ahí el encanto con que la música penetra en nuestros corazones, pues nos presenta la ilusión de la plena satisfacción de nuestros deseos. Considerada más de cerca, descubrimos en este proceso de la melodía una condición, en cierto modo interior (la armonía) que se encuentra, como por azar, con una exterior (el ritmo), este azar es provocado, indudablemente, por el compositor y, en este sentido, puede compararse con la rima de la poesía; pero esto es precisamente la imagen del encuentro de nuestros deseos con las circunstancias externas favorables, independientes de ellos, es decir, la imagen de la felicidad."

O sea, que una cosa es entender de qué va la música y otra sentirla. Es lo va del cerebro al corazón, de lo mediato a lo inmediato. Lo mediato es ese azar provocado por el compositor, es decir, la técnica; lo inmediato, el goce del melómano que se deja penetrar por el artificio de esa técnica sin plantearse la manipulación que toda técnica supone. 

Un apunte más: 

"La música es el verdadero lenguaje universal que en todas partes se entiende y, por ello, se habla en todos los países y a lo largo de todos los siglos, con gran tesón y gran celo. Una melodía significativa, que dice mucho, muy pronto da la vuelta por todo el orbe; mientras que una de sentido pobre, que no dice nada, enseguida se extingue y muere. Lo cual prueba que el contenido de una melodía es algo muy comprensible. Sin embargo, no habla de cosas sino puramente de gozo y de dolor que son las únicas realidades para la voluntad; por esta razón, dice tanto al corazón, mientras que, a la cabeza, directamente, no tiene nada que decir."

En fin, hablar al corazón, las emociones que le dicen... ¡Qué peligrosa puede llegar a ser la música cuando no se sabe de qué va! Suscitar emociones a la carta, eso es lo que es la música.