lunes, 24 de noviembre de 2025

Emociones a la carta

Al filósofo Savater, que nunca ha parado de dar entrevistas, le preguntaron en una de ellas que qué libro se llevaría a una isla desierta; pareció no dudarlo: "el mundo como voluntad y representación" de Schopenhauer. Reconozco que no me pareció mala elección; yo también, por aquel entonces, tenía ese libro entre los más manoseados de mi colección. Hasta que cayeron en mis manos otros que consideré que venían a decir lo mismo, pero de forma más inmediata... pero no les voy a dar la lata con mis preferencias porque sería el cuento de nunca acabar ya que, si estás vivo, lo lógico es que cambien de un día para otro. ¡Ay, las pequeñas preferencias, qué tortura!

Perdón por la digresión. Lo que quería decir es que, por muy abandonado que tenga ese libro, hay una parte de él sobre la que vuelvo una y otra vez y siempre me maravilla: son los capítulos dedicados a la música. Supongo que el entusiasmo que me produce es debido en gran parte a que así puedo ejercitar mi narcisismo; lo entiendo por la sola y exclusiva razón de que, aunque malo, soy músico. El que no lo sea que ni siquiera lo intente porque se quedará mayormente a uvas. 

La música, vendría a ser, la continua secuencia de desacuerdo y reconciliación de los dos elementos de que se compone, el rítmico y el melódico. Dice:

"Este desacuerdo y reconciliación constantes de los dos elementos son, desde el punto de vista metafísico, imagen del nacimiento de nuevos deseos seguidos de su realización. De ahí el encanto con que la música penetra en nuestros corazones, pues nos presenta la ilusión de la plena satisfacción de nuestros deseos. Considerada más de cerca, descubrimos en este proceso de la melodía una condición, en cierto modo interior (la armonía) que se encuentra, como por azar, con una exterior (el ritmo), este azar es provocado, indudablemente, por el compositor y, en este sentido, puede compararse con la rima de la poesía; pero esto es precisamente la imagen del encuentro de nuestros deseos con las circunstancias externas favorables, independientes de ellos, es decir, la imagen de la felicidad."

O sea, que una cosa es entender de qué va la música y otra sentirla. Es lo va del cerebro al corazón, de lo mediato a lo inmediato. Lo mediato es ese azar provocado por el compositor, es decir, la técnica; lo inmediato, el goce del melómano que se deja penetrar por el artificio de esa técnica sin plantearse la manipulación que toda técnica supone. 

Un apunte más: 

"La música es el verdadero lenguaje universal que en todas partes se entiende y, por ello, se habla en todos los países y a lo largo de todos los siglos, con gran tesón y gran celo. Una melodía significativa, que dice mucho, muy pronto da la vuelta por todo el orbe; mientras que una de sentido pobre, que no dice nada, enseguida se extingue y muere. Lo cual prueba que el contenido de una melodía es algo muy comprensible. Sin embargo, no habla de cosas sino puramente de gozo y de dolor que son las únicas realidades para la voluntad; por esta razón, dice tanto al corazón, mientras que, a la cabeza, directamente, no tiene nada que decir."

En fin, hablar al corazón, las emociones que le dicen... ¡Qué peligrosa puede llegar a ser la música cuando no se sabe de qué va! Suscitar emociones a la carta, eso es lo que es la música. 

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