martes, 2 de agosto de 2022

Atentos a la pantalla

Cada día que pasa damos un pasito más hacia la traca final de esta ordalía a la que venimos siendo sometidos desde hace un par de años para acá. Dios no da puntada sin hilo y si ha querido que esto fuese como ha sido es que ha pensado que era necesario para poner negro sobre blanco o, si mejor quieren, para que sepamos de qué pie cojea cada cual. Alguno, desde luego, va a ser precipitado a los infiernos, siquiera sea al de la culpabilidad insoportable. Acuérdense de Caín: para qué matarle, dijo Dios, si va a sufrir mucho más arrastrando una vida aplastado por la culpa. 

Recuerdo que de niño, las señoras en cuya casa vivía a pupilaje tenían mucha amistad con una familia alemana. Yo no les notaba nada raro que no fuera lo rubios y sonrosados que eran todos ellos. Un día de buenas a primeras desaparecieron del barrio. Se comentó mucho que no se hubiesen despedido de nadie dado el buen rollo que tenían con todo el mundo. Al año o así, uno del barrio que viajaba mucho por motivos profesionales se topó con el padre de aquella familia de rubios en una calle de Caracas. De inmediato se acercó a saludarle efusivamente, pero el alemán se hizo de nuevas. Eran los primeros cincuenta, apenas había pasado un lustro desde que aquellos rubios la montaran morrocotuda. Y, claro, en España, que ya andaba coqueteando con los americanos, el tipo aquel no se sentía seguro. Me imagino que en Venezuela lo tendría más fácil, pero siempre con la cabeza vuelta sobre el hombro por lo que se le pudiese estar acercando por detrás. La condena de Caín en definitiva. 

El que la hace la paga, y aquí alguien la ha hecho. El que era goteo de noticias sobre  los efectos secundarios de las inútiles vacunas de marras, ya se va convirtiendo en torrente. Por más que lo quieran ocultar se masca la tragedia. Los muertos por miles y los efectos indeseables por millones no se pueden meter debajo de la alfombra. Indemnizar todo eso parece imposible. Solo la guillotina en el centro de la plaza pública haciendo su trabajo podrá aliviar algo el dolor de los engañados... que mira que hay que ser tonto para dejarse meter una medicina experimental. Es que yo creía... sí, lo de siempre, en un principio tratando de rehuir responsabilidades, pero no, mira tú, sobre todo la gente que tenía motivos para saber hasta que grado llega la corrupción del sistema político-sanitario.  

Ya digo, estas ordalías colectivas las manda Dios para que, primero, nos conozcamos todos un poco más y, después, para que los culpables no se vayan de rositas. O sea que, permanezcan atentos a la pantalla porque está a punto de empezar a decir la verdad. 

2 comentarios:

  1. Tirándo de bíblia,que tire la primera piedra, el que esté libre de pecado. .. Que´puedes esperar en un país donde una acémila como Paquirrín es una estrella mediática... Realmente admirable, al punto de Cenutriez que ha llegado el personal.

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  2. Cenutriez habría que recuperarlo para el lenguaje.

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