Todavía me estoy riendo con lo de los estudiantes y estudiantas de dos colegios mayores de Madrid que están frente por frente. Como es lógico, pero sobre todo natural, tanto ellos como ellas tienen ocupada buena parte de su cabeza no precisamente con las cosas de comer. Y hacen las típicas gamberradas no exentas de ingenio para distraer a esas malditas hormonas que les impiden concentrarse. ¡Pues anda que no hay literatura sobre el tema!
Los estudiantes navarros/ cuando van a la posada/ lo primero que preguntan/ dónde duerme la criada.
En otro orden de cosas:
Hurtaba la raposa/ a su vecino el gallo;/ veíalo esto el lobo,/ mandábale dejallo,/ Decía no estar bien lo que es ajeno hurtallo./ Él no veía la hora para poder tagallo.
Lo realmente cómico, por no decir preocupante, de este asunto es la reacción unánimamente condenatoria que han tenido nuestras autoridades y autoridadas. Como si fuesen todos y todas y todes, hemanos de sangre de Santa Teresita de Lisieu. ¡Pero mira que son zoquetes! Por comparación, aquellos que había cuando lo de Franco, que tanto material para chistes nos proporcionaban, eran poco menos que premios nóbeles. Claro que me imagino que aquellos tenían la ventaja de haber pasado por una guerra. Si, desde luego que no debe haber nada que estropee tanto las inteligencias como tantos años de paz seguidos. Francamente, espero que eso se solucione pronto.
Por lo demás, pa risas, las que me estoy pegando a costa del Arcipreste. La España, o Castilla, del siglo XIV, toda llena de clérigos persiguiendo a mozas tan fermosas como aquella vaquera de la Finojosa. Y, eso, mientras el resto del mundo estaba apechugando con la peor peste que conocieron los tiempos. Precisamente, las noches pasadas estuvimos viendo el Séptimo Sello que trata de ese asunto: un noble venido de las cruzadas preguntándose por el sentido de la vida a la vista de tanto dolor y desolación. ¡Tanta trascendencia! Afortunadamente el noble siempre suele tener un escudero con los pies en el suelo, aunque, a la postre, la trascendencia del noble acaba arrastrando hacia el abismo a él y todos los que le rodean. Ley de vida.
En fin, me voy a comer un pincho de tortilla y dar un paseo por ahí porque me parece que es lo único que tiene sentido en esta vida.
qué buena idea, lo del pincho
ResponderEliminarPues, sí, Nacho, lo de la tortilla es increible. Se ha llegado a una situación en la que a las ocho de la mañana toda la ciudad huele a tortilla. Y eso que me han dicho que hay una cocina gigante en Solares que suministra a la mitad de los bares. En cualquier caso me parece que lo suyo sería quitar el toro de la bandera y poner una tortilla. O, por lo menos, el uno junto a la otra. Uno debe estar orgulloso de sus símbolos.
EliminarPues yo hago unas tortillas que no se las salta un gitano. Deben ser de las mejores del Mar del Norte, más por nada por que imagino que se cocinan pocas. Resulta que he encotrado una granja, justo al lado de un dique , donde el campesino tiene unas gallinas sueltas despelujás y medio salvajes , y que si te acercas mucho sueltan con el pico unas viajes que no veas . Será por la hierba , o por la brisa llena de sal de ese mar tan frío, pero los huevos que ponen tienen unas yemas amarillas que hasta relucen en la oscuridad. Y la susodicha tortilla, a lo mejor me sugestiono, están de toma pan y moja
ResponderEliminarPor cierto , El Séptimo Sello, la partida de ajedrez de Antonius Block y la Muerte . Creo que la debí ver con Santi ,allá por el 78 ,en el Cine Club Cea. Esto de la Transcendencia no se yo...fíjate , dirás que soy un salvaje , pero siempre que me preguntan si echo de menos la Patria ,contesto lo mismo. "Si, las patatas Bravas del Antonio , las jetas de La Viga y las sardinas crudas del Claudio. Esas son mis trascendencias
ResponderEliminarYo ya no hago tortillas porque por aquí solo hay que alargar la mano para agarrar una. Es como si creciesen en los árboles. Respecto al Septimo Sello recuerdo lo que dio mucho qué hablar allá por los sesenta. Yo es que estaba por aquel entonces en Valladolid repitiendo cursos. La debieron poner en el primer festival de cine que se hizo allí. Amí me dejó abolutamente frío cuando la vi, pero disimulé todo lo que pude para no verme marginado.
ResponderEliminares que Bergman siempre fué un engorro. Yo veía las películas por las suecas que salían. Imaginaba que aquel país era Jauja,el folleteo y tal. Luego estuve un año en Malmö por los 80. Cuando llegué me dije:"esta es la mía, me voy a poner como el Kiko". ..y resulta que empezó el Sida a hacer estragos y yo, a dos velas.
ResponderEliminarAdemás, con mi mentalidad carpetovetónica, nunca entendía muy bién los líos que preparaban los personajes, las discusiones filosóficas , la trascendencia y todo aquel rollo si al fin y al cabo sólo se trataba de echar un mísero caliqueño
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