miércoles, 30 de noviembre de 2022

Los nuevos dioses

Nunca me había parado a leer con atención el libro de Jermías. Sí que muchas veces he empledo el término jeremiaco o jeremiada para referirme a una actitud quejosa o llorona, pero lo hacía de oídas, sin saber verdaderamente a qué me estaba refiriendo. Y eso por más que su empleo fuese correcto. Jeremías se pasa la vida haciendo negras premoniciones y no, precisamente, porque a él se le ocurran, sino porque el Señor se las comunica y le ordena pregonarlas. Y siempre viene a ser lo mismo: el que la hace la paga. Sobre todo cuando el Señor se ve desplazado por otros dioses. Eso es lo que más le saca de quicio. Yo, que os saqué de la esclavitud y os traje a la tierra prometida...

Ese es el problema, que el Señor, con toda su sabiduría a cuestas, no supo preveer que los humanos solo obedecen cuando van de camino a la tierra prometida, pero una vez llegados ya se creen con el derecho de disputarle el trono al Señor. Esto siempre ha sido así y seguirá siendo por los siglos de los siglos. El estómago saciado destruye el cerebro.

El caso es que uno anda por YouTube a la búsqueda del intérprete preferido o el tutorial pendiente y al recorrer los títulos de los vídeos es sorprendente el alto número de ellos que tienen un cariz jeremiaco. Se hunde el mercado inmobiliario, la bolsa se va a ir al carajo, las cosechas van a ser de hambre, nos vamos a morir de frío, una nueva pandemia en lontananza, la guerra nuclear está en ciernes... pa empezar y no acabar. Y mientras tanto, la vida sigue su curso ajena a las negras premoniciones. El común de las gentes viven felices confiados en la protección que les dan sus nuevos dioses que, por cierto, no reclaman a cambio el menor sacrificio. Al revés, para cada malestar ofrecen un remedio mágico. Incluso te conceden el que puedas aprender jugando. Por eso los niños de hoy día están siempre de excursión. ¡Es genial!

Bueno, ya veremos en qué acaba todo esto, pero personalmente no fío un pelo. Si al Señor nunca le gustaron los nuevos dioses y siempre acabó vengándose de ellos no sé por qué ahora habría de ser diferente. ¡Ay, el dichoso sacrificio! ¡Mira que nos cuesta aceptarlo! 


martes, 29 de noviembre de 2022

La biología

Cada minuto que pasa estoy más convencido de que una de las causas mayores por las que el mundo que se conoce como occidental está como está, que no hace falta decirlo, es que el referente principal de los niños es femenino. En su casa, la madre, en la escuela, la maestra. La niñas, ningún problema, que eso ya se ve en los resultados académicos, pero los niños, un desastre. Las referencias son claves en la educación que, mayormente se hace por imitación. Así que no es de extrañar ese afeminamiento que muchos jóvenes van exhibiendo por la calle con, más que orgullo, ganas de provocar. Es como si fuesen mariquitas por rebeldía adolescente. Y luego, ya, se quedan colgados en eso porque se dan cuenta de que les facilita la vida. 

Ya sé que decir públicamente estas cosas se considera horroroso, pero, no se engañen, lo que es horroroso es que se considere horroroso decirlas. Y no es que yo pretenda estar en posesión de la verdad. Ni mucho menos. Pero, lo que digo, puede tener un cierto grado de verisimilitud y por eso es sumamente importante que sea tenido en cuenta y se discuta desapasionadamente. Al fin y al cabo, no soy yo el único al que se le han ocurrido tales ideas y, lo mismo yo que otros muchos que así piensan, no somos de los que vamos por el mundo sin mirar un libro ni por el forro. 

La verdad es que no entiendo el porqué de que los hombres se hayan retirado de las labores pedagógicas infantiles. Porque no creo que pueda haber muchos destinos en la vida que se puedan comparar con el de colaborar con los padres en hacer hombres hechos y derechos de los niños. Hombres preparados para la guerra. Y no por nada sino porque hay que saber defenderse de las pulsiones tiránicas de todo poder en curso. ¿O es que no vienen justo de comprobarlo en sus propias carnes estos dos últimos años? Bueno, ya sé que la mayoría, un 80% dicen, no han sentido tal opresión, pero eso es, precisamente lo que vendría a corroborar mis teorías. Los afeminados solo se rebelan si no les dejan hablar de peinados y vestidos. La libertad se la trae al pairo. 

Y perdonen que me haya metido en tan espinosos jardines, pero es que soy de los que todavía creo en la biología y, por tanto, en el limitado papel de la razón respecto de las pulsiones suscitadas por las diferentes hormonas. Intentar manipular todo eso no puede traernos sino la ira de los dioses. De hecho, juraría que no otra cosa que esa ira es lo que venimos padeciendo de un tiempo a esta parte. 

lunes, 28 de noviembre de 2022

A State of Fear

Lord Jonathan Sumption es una de esas figuras inglesas ante las que todo el mundo se quita el sombrero. Historiador medieval y jurista de prestigio, digamos que lo ha sido todo en el Reino Unido incluido esos títulos nobiliarios que conceden los reyes. El caso es que Lord Jonathan fue invitado a dar una conferencia en el Robert Menzies Institute de Melburne a propósito de 'A State of Fear: Covid-19 and Lockdowns'. Pues bien, esa conferencia está en YouTube y si quieren hacerse una idea de todo lo que ha pasado porque vivimos en el mundo que vivimos, lo mejor que pueden hacer es buscar esa conferencia y ponerse a escucharla con atención. Algo les puedo poner en antecedentes diciéndoles que Robert Menzies fue un destacado político australiano del siglo pasado de corte liberal conservador. 

Como soy muy viejo he pasado por muchas vicisitudes que me han proporcionado una cierta experiencia que, aunque no creo que valga para mucho, sí me sirve para comparar con acontecimientos del presente. Por qué, por ejemplo, viviendo en lo que para muchos era una tiranía criminal pudimos pasar en el año 57 del siglo pasado una epidemia de similares caracteristicas a la que recién venimos de pasar y sin embargo el Estado no se metió para nada en nuestras vidas. En el colegio donde yo estaba interno todos los niños tuvieron que guardar un par de días de cama y eso fue todo. Se aceptó la cosa como uno más de los gajes de la vida y todo pasó en un par de meses sin pena ni gloria.

Pero del 57 para acá no se ha hecho otra cosa que aumentar el papel de los Estados en nuestras vidas. Y así es que se haya creado la ilusión de que nos protejen de todos los riesgos, eso sí, a cambio de que permanezcamos encerrados en el aprisco vigilados por los mastines.  Por tal es que vengamos padeciendo una psicosis colectiva de seguridad -llamémosle miedo- que es lo que ha permitido a los Estados, durante la reciente epidemia de gripe, encerrar a las personas en sus casas con el beneplácito de más del ochenta por ciento de la población. O sea, que, por emplear la experiencia para comparar: lo de Franco era una tiranía impuesta desde el exterior de nosotros mismos, por contra, la tiranía actual nos la autoimponemos nosotros mismos por un miedo irracional que se nos ha inculcado desde las instituciones que viven de protejernos de todo tipo de peligros. El saldo entre una y otra tiranía se mide en cuota de rebeldía. La tiranía que nos imponen crea mucha y la que nos autoimponemos, ninguna. 

En fin, Hobbes en estado puro. No hay forma de superarlo. Nos llegamos a creer todo aquello que nos contó Montesquieu, pero resultó ser solo un cuento de hadas. El binomio libertad/seguridad es la clave para entender cualquier forma de organización social. Aunque quizá fuera más apropiado hablar del binomio valentía/cobardía. O vivos y zombis también podría servir.  

sábado, 26 de noviembre de 2022

El duque de Lancaster

El derecho y la justicia es la clave o, si mejor quieren, el Dios del pueblo judio. Por eso fue que se inventaron aquella bonita historia de Moisés subiendo al monte a hablar con Dios y bajando del monte con las tablas de la ley en los brazos. A partir de entonces todas las vicisitudes del pueblo judío son en función del cumplimiento de lo que está escrito en esas tablas. Si cumplen les va bien, si no cumplen, fatal. No necesitan esperar a la otra vida para recibir recompensa o castigo por su actitud frente a la ley porque para ellos no hay otra vida. Precisamente, uno de los cargos que le hizo la Inquisición a Fray Luis de León es que había dicho que en la Biblia no hay ninguna alusión a la otra vida. Para qué habría de haberla, como si no tuviesemos bastante con los premios y catigos que recibimos en la de aquí según cómo nos comportemos. Bueno, en honor a la verdad hay que decir que los judios trasmiten el oprobio por siete generaciones. Sin duda es un sabio procedimiento para promover la contención. 

Y así es que, judíos o no, el derecho y la justicia están en el núcleo que da toda su fuerza acualquier sistema social. Por eso tanto los que hacen las leyes como quienes las hacen cumplir son la piedra angular de cualquier sistema político. Y nada tiene de extraño que a medida que la sociedad se va desarrollando esa piedra angular se sofistique hasta hacer dificil su comprensión. De ahí que surjan como los hongos los juristas que serían los encargados de dar claridad a lo que se ha hecho farragoso. 

Bueno, ya saben lo que pasa con los hongos, que muchos son venenosos. De ahí que haya sido necesaria la especialidad de micólogo para aprender a distinguir. Y obrar en consecuencia. A propósito de distinguir y obrar en consecuencia con relación a los hongos, perdón, juristas, nos relata Tirant lo que presencio en Londres cuando estuvo allí con motivo de las bodas del rei. Se estaba haciendo una gran parada para festejar a los recien desposados. Iban pasando por delante del estrado real los diferentes estamentos hasta que cuando les tocó el turno a los oficios se cortó el desfile. Se había creado un litigio entre los tejedores y los herreros sobre quién de los dos tenía preminencia. Allí estaban los juristas de uno y otro bando venga a inventar peregrinas razones para justificar a los suyos. Como la cosa no parecía tener fin fue precisa la intervención del duque de Lancaster que era una especie de factotum del rei. Cogió a tres juristas de cada bando y les invitó a seguirle. Ellos creían que iban a discutir sus razones con él, pero tan pronto como cruzarón el puente que daba límite a la ciudad hizo colocar allí dos horcas y los ahorcó a todos. Sabido por el rey quiso ir de imediato a verlo y dar las gracias a su tío el duque: "Mon oncle, en lo mon no em podieu fer major plaer e servir del que fet haveu, per quant aquest hòmens de lleis fan rics a si mateixs e destrueixen tot Anglaterra e tot lo poble."

En fin, que hay muchas maneras de hacer justicia y hay muchos tipos de leyes. Y no hay forma de dar con la una y las otras que satisfagan a todo el mundo. Y por eso es que a la postre el juez supremo no puede ser otro que el que tiene la fuerza. El duque de Lancaster para que nos entendamos. 

jueves, 24 de noviembre de 2022

Sueño

Chispeaba cuando iba hacia el malecón del marítimo. Al fondo, sobre Somo, una espesa neblina producto, supongo, del endemoniado romper de las olas. Apenas había gente, salvo desayunando en los bares. A sus puertas, grupitos compactos tomaban café y fumaban cigarrillos. Supongo que toda esa gente lo primero que hará al llegar a la oficina será ir al cagadero. Bueno, de un tiempo a esta parte suelen estar bastante limpios. En eso, desde luego, hemos mejorado. , 

En cualquier caso, me produce algún tipo de indefinida emoción ver a toda esa gente, ya, a tan temprana hora, alternando, quitándose la palabra unos a otros. ¡Tanto tienen que decir! Por contra, yo, soy un náufrago en alta mar. Nadie con quién hablar, nada que decir, a ningún sitio que ir que no sea la sala de mi casa a volver a tocar el Tico-Tico No Fuba. Nunca pensé que pudiera haber una pieza tan enganchante... ni siquiera las falsetas que me enseñó Juan Trilla... se habrá muerto ya, tan cascado como estaba. ¡Cuánta gente se va quedando por las cunetas del camino!

Pero no todos los que se van quedando son iguales. De Juan Trilla conservo el recuerdo nítido. Subía con mi guitarra a Horta donde en el sótano de la tienduca de instrumentos musicales que tenía en aquel barrio me daba las clases. Sentados en aquellas sillas flamencas, tan incómodas. Me escribía las falsetas en hojas sueltas que yo iba poniendo en un cuaderno de anillas. Junté un buen taco y todavía toco la mayoría de ellas. Los palos del flamenco, toda esa riqueza que hasta entonces me había sido tan ajena. Ahora, ya, casi ni le hago caso. Los toco como un autómata, sin la menor emoción. A veces, cuando intento bulerías, María me dice: ¡qué bonito! Pienso que es muy agradecida. 

Y eso es lo que va quedando. Unas falsetas, el Tico-Tico, la exigua coleción de libros que me distrae los atardeceres, ir a Mercadona, intercambiar unas palabras con el moldavo que limpia el portal... como un sueño. 

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Días otoñales

Estos días otoñales con lluvia, viento y templados, son una delicia. Tumbado en el sofá me deleito con las andanzas y discursos del conde Guillem de Varoic que vuelto de Tierra Santa y disfrazado de ermitaño vive de incógnito a pocos pasos de su castillo donde su desonsolada mujer no gana para suspiros. El agua golpeando los cristales y el viento sacudiendo las persianas, ponen la música de fondo. 

Todavía no ha entrado en escenaTirant lo Blanc, pero con las casi sesenta páginas de apretada letra que llevo leídas ya se da uno cuenta de cuales son los valores morales de la orden de la andante caballería. Valores eternos que, si bien, desprovistos de la retórica medieval, son los que podemos ver en los clásicos wester que echan al atardecer en la cadena de la Iglesia. Los valores bíblicos, en definitiva. Dechado de virtudes entre las que no destaca precisamente la piedad con los malvados. Al conde Guillem se le ve disfrutar como un chon en un patatal matando a los moros que venidos de la Gran Canària han invadido Inglaterra. 

Digamos que Centauros del Desierto. ¿Qué diferencias pueden ver ustedes entre John Waine y Guillem de Varoic que no sean las de la retórica? El honor y el desapego a las vanidades de este mundo. Es imposible de todo punto que un mortal pueda aspirar a más. Y eso por más que la propaganda oficial gaste todas sus fuerzas en tratar de desmentirlo. Ya los textos socialdemócratas que leíamos en el bachillerato trataban de inculcarnos la idea de que Cervantes escribió El Quijote para ridiculizar a los caballeros andantes. Bueno, ya saben cual es la calidad del cerebro socialista. Lo que Cervante expresó en El Quijote fue algo muy común a todas las épocas decadentes, que quizá lo sean todas las épocas, que no es otra cosa que la nostalgia de los antiguos valores. La Biblia, sin ir más lejos, es un libro que está lleno de esa nostalgia. La nostalgia de una ilusión porque esos valores nunca existieron fuera del arte, cual lo es el Tirant lo Blanc o Centauros del desierto. 

En fin, yo feliz porque todavía tengo por delante mil páginas de apretada letra de Tirant. Entre eso, el Libro del Desasosiego, Las Confesiones agustinianas, y las andanzas y opiniones de Fray Luis, tengo para muchas veladas de lluvia y viento. Y que aquí me las den todas. 

martes, 22 de noviembre de 2022

Poetas y vampiros

A algunos, el sentirse amados les causa, en un primer momento, un atontamiento o confusión, como si les hubiese tocado un premio gordo en moneda no convertible. A esto le sigue un envanecimiento que suele durar muy poco para pasar de inmediato a un sentimiento indefinido, mezcla de tedio, humillación y fatiga. 

Tedio, como si les hubiera sido impuesto un nuevo deber -el de una horrible reciprocidad- con la ironía de un privilegio que habría que agradecer. Como si no bastara la monotonía de la vida y ahora se le sobrepusiese la monotonía de un sentimiento definido. 

Humillación, algo, en principio, tan poco justificado y tan dificil de comprender. Como si le hubiesen dado un premio que era para otro con más meritos que yo. 

Pero sobre todo fatiga. La fatiga que trasmite el tedio. La fatiga de ser el objeto del peso de las emociones ajenas. Convertir a quien quiso verse libre, siempre libre, en el chico de los recados de la responsabilidad de corresponder. La fatiga de ver nuestra existencia trasformada en cosa dependiente por completo de un sentimiento de otro. 

Esta gente, que es capaz de darle tantas vueltas a las cosas banales de la vida, en realidad, les da igual so que arre, porque todo les sirve para sentir, para tener emociones cuya atenta observación es lo único que les entretiene. Los hechos que dan lugar a esas emociones no les provocan la menor curiosidad. 

Éste es el resumen, más o menos, de lo que Pessoa dice a propósito de un asuntillo que tuvo, el único en su vida. Curiosamente, la siguiente entrada de su dietario está dedicada al sentimiento de libertad. "No subordinarse a nada- ni a un hombre, ni a un amor, ni a una idea, tener aquella independencia lejana que consiste en no creer en la verdad, ni tampoco, caso de haberla, en la utilidad de su conocimiento -tal es el estado en que, me parece, debe trascurrir para con ella misma, la vida íntima intelectual de los que no viven sin pensar. Pertenecer-he ahí la banalidad. Credo, ideal, mujer o profesión-todo significa la celda y las esposas."

Desde luego que no todas las personas son iguales ni, tampoco, iguales a si mismas todo el tiempo. En cualquier caso, hay un genérico que consiste en una propensión diría que enfermiza a mirarse el ombligo. Luego, por supuesto, está lo que cada uno ve, como lo interpreta y, ya, si no se lo puede guardar para sí, cómo lo cuenta. Si tiene gracia al contarlo, entonces es un poeta. Si nó, un vampiro. 

lunes, 21 de noviembre de 2022

De aquella manera

Como le tengo mucha fe a Jordan Peterson, tenga o no tenga ganas, que no las suelo tener, como tampoco de ir a la piscina probática, me esfuerzo por escribir aunque sea de las pocas ganas que tengo de escribir. El caso es que escribir, leer, no tomar alcohol o cualquier otro tipo de modificadores de la conciencia y, last but not lees, mantener contra viento y marea las rutinas habituales, son los cuatro pilares sobre los que, según Jordan, se sustenta una vida digna de tal nombre. 

Lo de leer y no tomar sustancias psicoactivas lo tengo  chupado. Lo primero porque, dada mi endeble constitución física, muy pronto me di cuenta de que solo podría hacer carrera por el lado de las letras. Al fin y al cabo, las chicas cuando se tienen que conformar con un enclenque prefieren a uno que por lo menos sea leído... se suelen ganar mejor la vida. Y lo del consumo de sustancia psicoactivas, como casi siempre lo asocié a la vida social, pues ahora, como casi no practico, ningún problema: no hay nada que me apetezca menos. 

Lo de las rutinas quizá haya sido lo más problemático de adquirir.  De joven, porque de forma natural intentas echar el anzuelo en todas las aguas. Vives con la ilusión de que en alguno de esos intentos vas a sacar el pez que se tragó el anillo que Creso tiro al mar para aplacar la enemiga de los dioses. Es increíble la cantidad de tiempo que se te llega a ir por el desagüe con semejantes ensoñaciones. Afortunadamente, hacia los cuarenta o así, me dio porque quería aprender a tocar la guitarra. Es probable que nunca haya tomado una decisión más acertada en la vida. Y eso que, por el querer de los dioses, estoy muy poco dotado para la música. Aunque quizá también puede que sea que, a la edad en que comencé su estudio, el oído ya esté encarcarado, como dicen los catalanes para expresar la perdida de capacidades de un miembro. Sea como sea, es posible que esa discapacidad me haya incitado a ser insistente y, con ello, a crear hábitos.  Y así fue que con el paso de los años ese hábito me ayudó tanto a estructurar la vida que ha llegado a convirtirse en una especie de hub que integra todas mis otras actividades. No puedo vivir sin tener desplegadas sobre la mesita de la sala varias partituras que arrinconan a los tres o cuatro libros que siempre tengo entre manos.

Y ya está.  No tenía puñeteras ganas, pero me puse y lo conseguí. Escribí unos cuantos párrafos que ahí quedarán para la porteridad. Tambíen le dediqué un par de horas a la guitarra. El Choclo, Tico-Tico, Asturias, Recuerdos de la Alhambra, Giga y Bourré de Bach, Squerzino Mexicano, Dia de Noviembre... de aquella manera todo.  

domingo, 20 de noviembre de 2022

San Agustín

Las Confesiones de San Agustín fueron para mí un verdadero choque la primera vez que las leí en aquella Salamanca de los noventa del siglo pasado. Bien es verdad que allí el ambiente era muy propicio a los maravillamientos juvenilistas por más que yo ya andase por aquel entonces talludito. ¡Era tan fácil extenderse en comentarios en aquel terreno infectado de eruditos! Ahora, en este retiro santanderino, vuelvo a la carga y, si no maravillarme, sí siento una como a modo de iluminacion: creo entender lo que es descubrir a Dios.

En realidad, como siempre que descubres algo, luego, cuando lo piensas, caes en la cuenta de lo tonto y ciego que has sido por no haberlo descubierto antes. Porque, digamos, ¡elemental querido watson! Descubrir a Dios, en esencia no es más que reconciliarte contigo mismo. O lo que es lo mismo, hacer examen de conciencia y no dolerte prendas el reconocimiento de las muchas equivocaciones en que has venido incurriendo a todo lo largo de la vida. 

Eso son Las Confesiones, una autobiografía sin paliativos. La que cualquier persona puede hacer si quiere. Aunque bien es cierto que para querer hay que tener lo que hay que tener, es decir, valentía. Ser valiente, ser o no ser. Poner tu empeño en descubrir quién eres en realidad. Qué eres. Porque a ver si va a resultar que eres, y siempre has sido, un mierda. Más que una posibilidad es una probabilidad, del casi cien por cien, diría yo. Porque, a ver quién, considerado friamente, se salva de serlo. Todos, absolutamente todos, vamos por la vida dejando un rastro maloliente. Hay quien es capaz de encubrirlo para los demás con bellas obras, pero para uno mismo, ¡ay!, es imposible. De la procesión por dentro no hay quien se libre hasta que rompes contigo mismo. 

En fin, descubrir a Dios, querer dejar de ser, o sentirte, un  mierda, ¿dónde está la diferencia?

sábado, 19 de noviembre de 2022

Cantares

 

"ESPOSA

Bésame con su boca a mí el mí amado;

son más dulces que el vino tus amores, 

tu nombre es suave olor bien derramado,

y no hay olor que iguale tus olores;

por eso las doncellas te han amado, 

conociendo tus gracias y dulzores;

llévame en pos de ti, y correremos;

no temas que jamás nos cansaremos."


Así comienza la traducción del Cantar de los Cantares de Salomón que hizo Fray Luis de León. No es de extrañar que se prestase a capciosas interpretaciones. Ya en el prólogo se dirige de tal guisa a Isabel Osorio, una monja importante, pariente suya, que había sido la que le había encarecido esa traducción: <<La lectura de este libro es dificultosa a todos, y peligrosa a los mancebos que no están muy adelantados y firmes en la virtud; porque en ninguna Escritura se explica la pasión del amor con más fuerza y sentido que en ésta; y así, acerca de los hebreos, no tenían licencia para leer este libro y algunos otros de la Ley los que fuesen menores de cuarenta años...>>

Una monja enamorada de Dios, un fraile de la Virgen...

"Esta dichosa y una,

¿quién es que se levanta cual aurora, 

hermosa cual la luna, 

escogida y señora

cual sol, que al mundo con sus rayos dora..."

Justo lo mismo que le dice Don Quijote a Dulcinea o Don Juan a Doña Inés: luz de donde el sol la toma. Porque ya, puestos a ser exagerados ¿por qué pararase en mientes?

El caso es que Fray Luis es un joven brillante que anda sobrado por aquella Salamanca llena de lumbreras y, como es de ley en tales casos, suscitando envidias y anhelos de venganza. Esa traducción del Cantar, con su inequívoco erotísmo, les da pie a ello: le montan un proceso inquisitorial en donde salen a relucir todas las rencillas acumuladas en años de humillaciones. 

Porque hay algo en los seres humanos del montón que no tiene enmienda posible y eso es la facilidad con la que se sienten humillados cuandos escuchan algo que les desmiente. El tonto es incapaz de aprovechar las inmensas posibilidades pedagójicas del desmentido. Se siente tan frágil que solo puede aceptar como verdad lo que le confirma en sus ideas. Y si alguien, al que le va bien en los estudios, le desmiente un par de veces ya no le cabe otro cosa en la cabeza que el deseo de venganza. En su pequeñez mental se monta la película de que es necesario castigar lo que considera soberbia del que le supera de forma natural. Porque es que, además, el mediocre tiene una como querencia hacia las mafias. Adhiriendose a una estructura de poder quedan diluidas todas sus carencias. Y se siente poderoso. ¿Y puede haber algo más peligroso que un mediocre, por no decir tonto, que se siente poderoso? 

Ese fue el asunto de Fray Luis, que los mediocres organizados en la mafia de la Inquisición no aguantaban su manifiesta superioridad intelectual. Y consiguieron tenerle cinco años preso con acusaciones de sainete. Dijiste tal, dijiste cual... el problema era que no estaban capacitados para entender lo que decía. Y el que no entiente, por definición, se vuelve, primero susceptible, después recoroso y acaba en vengativo. Eso fue todo lo que quedó sellado con la famosa frase: ¡decíamos ayer! Y es que Fray Luis pasó por la cárcel, pero la cárcel no pasó por él. Es muy dificil, por no decir imposible, privar de libertad a una mente privilegiada. 

viernes, 18 de noviembre de 2022

Discreción

Lo de dar tu opinión sobre cualquier cosa o acontecimiento que se te ponga delante es un vicio que, como todos los vicios, acaba por pasar factura, aunque las más de la veces, a Dios Gracias, la pagas en cuota de vergüenza de ti mismo. ¡Tragame tierra! Es, en definitiva, una de las formas más manifiesta de la debilidad mental. Según muchos de los sabios que en el mundo han sido, si quieres calibrar la inteligencia de alguien lo mejor es atender a su grado de discreción. 

La discreción no quiere decir que no tengas opinión de esto o de aquello, quire decir, simplemente, que sabes guardarlas en tu fuero interno. O sea, que ni pretendes influir ni buscas aquiescencia. Te sobras y te te bastas a ti mismo y cuando caes en la cuenta de que estabas equivocado no necesitas sentir vergüenza, tienes suficiente con una simple decepción. 

El caso es que ya va para quince años que vengo opinando por medio de la escritura que expongo a la luz pública utilizando las nuevas tecnologías. Afortunadamente apenas trascendió lo que he opinado más allá de los límites de mi exhiguo entorno. Y digo afortunadamente sin estar seguro de mi fuero interno. Porque no quiero engañarme: el ser humano, por naturaleza, busca preeminencia por aquello de asegurarse un partener de la mejor calidad posible. 

Sea como sea, revisando por alto lo expuesto en estos blogs encuentro materia a paladas para añadir más vergüenza a mi saco casi a reventar. ¿Por qué será tan difícil hablar, escribir, o lo que sea, sin necesidad de opinar? Quizá sea imposible. 

Lo dicho, solo la discreción nos salva. 

jueves, 17 de noviembre de 2022

Bien común

Hoy, así como por casualidad, he venido a caer sobre un artículo titulado: COVID UPDATE: What is the truth?, escrito por un tal Russell L. Blaylock y publicado en Surgical Neurological Internacional. He seguido tonteando y de pronto me he visto escuchando el discurso sobre el cambio climático del Senador Gerard Rennick en el parlamento australiano. Tanto el artículo como el discurso me hubieran emocionado si yo siguiese creyendo que las cosas de este mundo se rigen por el sentido común, la prudencia, discreción y demás virtudes con las que supuestamente el creador dotó al ser humano. Nos hemos cansado de escuchar estos últimos tiempos que todas las restricciones de derechos y persecuciones a los disidentes que han tenido lugar estaban encaminadas a preservar el bien común. Por otra parte hace ya bastantes años que nos están intentando aterrorizar con lo del calentamiento global. La única realidad de todo esto que yo veo es que mientras la chusma traga una casta de vivillos está sacando una tajada con la que se sienten muy seguros y muy felices. ¡Con su pan se lo coman mientras les dure la racha!

Me pongo a hacer la colación de media mañana -ya pasaron casi cinco horas desde que desayuné- y tengo frente a mí un envase de leche. Un brick que le dicen. En un lateral tiene una explicación de cómo escoger un buen envase y como se recicla después de usado. Debajo hay un código QR que te piden que escanees y luego hagas un test para comprobar todo lo que sabes sobre reciclaje. Lo de hacer tests les encanta a todos los superdotados. De hecho hoy día se aprueban todas las asignaturas haciendo tests. Nada de redactar o enfrentar un tribunal, no, hoy día es cosa de poner crucecitas en cuadraditos. En fin, el caso es que yo paso y tiro todos los envases al mismo saco que las peladuras de la fruta o las raspas del pescado. Eso si, procuro que el saco no esté roto y deje el ascensor hecho una pocilga, cual suele ser el caso. En eso consiste toda mi aportación al bien común. 

El bien común, ya saben, ese engendro, o mal absoluto, puesto en funcionamiento el siglo XIX por los idealistas alemanes. Hasta entonces se había vivido muy bien intentando cada uno su salvación por el camino que le parecía el más adecuado. Pero los putos alemanes sacaron al individuo del centro de la creación y pusieron al rebaño. Supongo, cargado de optimismo, que lo que estamos viviendo estos días que corren, es, precisamente, un intento de volver a por donde solíamos, es decir, a ser otra vez individuos que no necesitan que nadie venga a salvarles. Una revolución, sin duda, que va a precisar montar otra vez las guillotinas en las plazas púbicas, aunque esta vez no hará falta usarlas en el sentido literal sino que con el figurado bastará. 

En resumidas cuentas, allá cada cual y al que le guste la literatura para chachas, pues nada, que siga entreteniéndose que a los pastores les encanta que sus ovejitas no se le descarríen.  

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Fray Luis

Aquí la envidia y mentira

me tuvieron encerrado. 

Dichoso el humilde estado

del sabio que se retira

de aqueste mundo malvado,

y con pobre mesa y casa

en el campo deleitoso 

con solo Dios se compasa

y a solas su vida pasa,

ni envidiado ni envidioso.


A Dios Gracias, pararece que ya cedió la intensidad de la propaganda con la que durante años nos han bombardeado acerca de las cualidades cuasisobrenaturales que adornaban a los chicos que se alojaban en lo que se dio en llamar Residencia de Estudiantes. Por tierra, mar y aire han estado intentando metérnosla doblada como para redimirnos de una burricie que a forma de pecado original nos venía de fábrica. Y no es que vaya yo a decir que aquellos chicos no fuesen meritorios, que bien cierto es que lo fueron y bastante. Pero pongamos las cosas en perspectiva. Aquí, en esta España, de la burricie que le dicen, lugares donde se alojaban chicos de inmensa mayor valía que los de la Residencia ha habido unos cuantos a lo largo de la historia. El que se intente hacerlos pasar por alto como si no hubiesen existido, eso, que les pregunten el porqué a las ínclitas autoridades. Imagínense por un momento la Salamanca de XVI. San Esteban. Los Jerónimos. Y un largo etc.. ¡Ay, si Nebrija hubiese sido Francés, Inglés, o, si me apuran, incluso catalán! ¿Se imaginan a qué grados de exaltación hubiera sido sometido? Aquí, sin embargo, si preguntas a los españoles, ¿qué porcentaje dirían ustedes que tiene noción de su existencia? 

Aquella revista que hacía nuestras delicias cuando lo de Franco, La Codorníz, tenía una sección titulada, "donde no hay publicidad resplandece la verdad". Por eso supongo que es que siglos después, aquella Salamanca a la que nadie hizo nunca publicidad, resplandezca más que el sol. Sin embargo, la famosa Residencia ya no sé ni si existe. A lo mejor han puesto allí un chiringuito de raciones y cazuelitas. Eran tan sociatas todos aquellos chicos... o por lo menos los que más fueron exaltados.

No quiero darles más la lata, pero es que como estoy con lo de Fray Luis y su época, pues ando alucinando. ¡Qué afortunados somos los que hemos nacido en lengua castellana!

lunes, 14 de noviembre de 2022

Nova

Dice Pessoa que esta vida a lo mejor no es más que una escusa para que fabriquemos otra vida más perfecta a través de la literatura y el arte en general. Pareciera que es un chiste, pero en absoluto lo es. Me levanto apesadumbrado, desayuno  desganado y, siguiendo mis rutinas, me siento con el ordenador en el regazo y, de pronto, sin saber cómo ni por qué, estoy escuchando a Nova cantar Chega de Saudade. Si, efectivamente, me digo, el mundo que recrea el arte es infinitamente mejor que el que estamos condenados a vivir. Acto seguido me pongo a escuchar al Dr. Benito de Benito. Habla de Dios. De su lógica inalcanzable. Su arte para conjugar la justicia con la misericordia. Un rizar el rizo. Es un buen predicador el Dr Benito. Hace pensar. No en vano se doctoró en Filosofía. Y, también, fue el primero que levantó la liebre de todo este circo con el que los gobiernos han intentado esclavizarnos.

Y hablando de predicadores, Jordan Peterson le daba ayer a Russell Brand su particular visión del Éxodo. Esa parte de las Escrituras en la que un pueblo pasa de la esclavitud a la libertad. Un largo recorrido en el que hay que atar millones de cabos sueltos. De hecho, ese camino nuca acabamos de recorrerlo porque siempre que soñamos con la seguridad volvemos a desatar muchos cabos que ya creíamos atados para siempre. Tengo que volver a esa lectura. Ahora ando por las lamentaciones de Jeremías. Las mismas, más o menos, que las de cualquiera que se detiene a contemplar sin anteojeras este mundo que nos ha tocado vivir. Lo humanos, no hay forma de que escarmentemos en cabeza ajena. La Historia nada enseña. Termina una guerra y a los cinco días ya estamos cometiendo los mismos errores que nos llevaron a ella.

En fin, qué vida esta. Suerte que tenemos el arte para trasladarnos a otra. De la mano de Nova.   

domingo, 13 de noviembre de 2022

Un tal Pedro Sánchez

Ayer me enviaron un vídeo en el que se ve al presidente del gobierno, un tal Pedro Sánchez, diciendo que está ansioso por que le llamen para ir a ponerse la cuarta dosis de la vacuna. Luego exhorta a la población en general a que corra a ponersela. O sea, que procure siempre acertarla el honrado y principal, pero si la acierta mal sostenella y no enmendalla. Lo primero de todo, quiero decir que no me creo en absoluto que ese señor se haya inyectado la vacuna. Se habrá hecho inyectar ante las cámaras suero fisiológico. Es lo que han hecho un montón de honrados y principales por todo el mundo. Macrón, según ha afirmado un relevante político, no se ha vacunado. Ni él ni ninguno de sus secuaces. ¡Pues claro, hombre, ni que fuera tonto el payo! ¡Menudo sinvergüenza está hecho!

Todos estos políticos parecen estar viviendo en un mundo paralelo, como si nada, de lo que ellos han sido los principales causantes, hubiese pasado. Pues no sé, pero me da la impresión de que no se van a salir con la suya por mucho que de momento el muro de los engañados les esté protegiendo. Porque es muy curioso esto del engaño cuando sus proporciones son morrocotudas. Cuesta un güevo apearse del burro. I´m just not ready to accept that everything I believed was a lie. Así reza la leyenda colocada sobre la mascarilla que lleva una señora en unos carteles que han aparecido por ahí. 
No, los engañados se agarran como las ladillas a su engaño por tal de no sentirse completamente imbéciles. Son incapaces de reconocerse en lo que son, que es lo peor de lo peor que le puede pasar a un ser humano. ¡Cómo si sentirse imbécil tuviese algo de particular! Yo me siento así todos los días casí todo el tiempo y aquí estoy tan pichi. 

Pero, como la experiencia demuestra hasta la saciedad, de nada sirve sostenella y no enmendalla: la verdad no entiende de censuras. Que no la dejan relucir en YouTube, en Facebook, etc., etc., pues se va a Telegram, Ramble y otros mil portales que no por menores dejan de airear por el mundo la buena nueva. Y, ahora, no te digo ya el impulso que va a tomar con el levantamiento de la veda que ha habido en Twiter. La cantidad de artículos científicos en los que se contradice la versión oficial es imposible silenciarlos. Lo mismo que a los tribunales de justicia que ya han empezado a tomar cartas en el asunto. Poco a poco la resistencia va tomando proporciones de sunami por más que los engañados se nieguen a aceptarlo. 

Y es que, que nadie se haga ilusiones porque hasta que todo este asunto de la que han llamado pandemia, con el fin de asustar a los borregos, no se dilucide debidamente no va a volver la paz a los espíritus. Y, por favor, si alguno de ustedes se hizo aquel pasaporte digital que proporcionaban al vacunarse, corran a destruirle, si es que es posible, porque por ahí puede que venga el meollo de esta historia. La solución china que le dicen: control nivel Dios. No se lo tomen a chirigota. 

sábado, 12 de noviembre de 2022

El honor

Me pongo a escuchar a un tal Jorge Caballero tocando a la guitarra la Sinfonía del Nuevo Mundo. Se me cae el alma a los pies. Esa pieza está compuesta para meter mucho ruido con muchos instrumentos. Para amenizar esos majestuosos paisajes del oeste americano, el Gran Cañon y similares. La guitarra es un instrumento intimista donde les haya. Así que, para curarme, busco el Decamerón Negro de Leo Brouwer interpretado por Stephanie Jones. Y al escucharlo recuerdo aquellos versos: el aire se serena y viste de hermosura y luz no usada. 

Como Juan Ruiz ya se fue para su estantería del salón en el ángulo oscuro, intento llenar el vacío dejado con los relatos escritos por un cavaller valencià del siglo XV de nombre Joanot Martorell. Desde luego que cuando uno lee algo de la biografía de Joanot de lo primero que se da cuenta es de hasta que punto los humanos de hoy somos una raza degenerada. Es muy triste vivir sin tener unos valores por los que estar dispuesto a morir. Bueno, quizá los gitanos conserven algo de eso: de vez en cuando salta por ahí la noticia de que se han matado unos cuantos por lo que para nosotros es un quítame allá esas pajas y para ellos es su honor. El honor, el buen nombre, es la base de la autoafirmación como individuo. Sin él automáticamente quedas convertido en masa. En borrego... que es lo que venimos a ser hoy la inmensa mayoría, aunque unos más que otros. 

Sea como sea, que para gustos se hicieron los colores, viaje, lo que se dice viaje, el que acabo de iniciar por la Edad Media de la mano de Tirant Lo Blanc. Ya lo hice una vez y acabé hablando valencià. En fin, ya les iré contando.  

viernes, 11 de noviembre de 2022

La mensajera fiel

 "Como ya no tenía mi mensajera fiel,/ tomé por mandadero a un muchacho trainel:/ Hurón era su nombre, muy apuesto doncel;/ sino catorce cosas... nunca vi mejor que él:/

mentiroso, beodo, ladrón, muy embustero,/ tahúr, peleador, goloso, pendenciero,/ reñidor, adivino, muy sucio y agorero,/ muy necio y perezoso: tal era mi escudero." 

En el Libro del Buen Amor está prefigurada La Celestina. Es la mensajera fiel que dice el arcipreste. Es una facilitadora de los juegos de entrepierna. Los seres humanos tenemos en la edad fértil, digamos que el 99% de nuestro cerebro, ocupado por la necesidad de esos juegos. El restante uno por ciento lo utilizamos para disimular nuestra obsesión. Pero tenemos un problema con ese disimulo y es que, en la mayoría diría yo, se llega a hacer tan poderoso que anula todas las facultades encaminadas a dar rienda suelta al normal desenvolvimiento de las pulsiones reproductivas. Es por así decirlo, un problema psiquiatrico, y La Celestina no es otra cosa que una avezada psiquiatra que sabe romper la cerrazón autoimpuesta para sortear la presión social. Es todo una cuestión de sofística. Y si quieren saber a qué me estoy refiriendo con lo de sofística no tienen más que hacer que leer el pasaje en el que la Celestina está convenciendo a Melibea de las ventajas que tiene relajar el disimulo y dar rienda suelta al deseo primigenio. Las Kardasiams lo suelen resolver con una frase definitiva: cuando alguna de ellas se pone histérica por lo que siempre se ponen histéricas las mujeres, basta un "relaja la raja" para atemperar la situación.  

La mensajera fiel, Trotaconventos, la Celestina, el doncel trainel, los infinitos nombres que recibe el oficio más viejo e imprescindible de la historia de la humanidad. Porque ese disimulo, cerrazón o como le quieran llamar trae causa de uno de los tabús más poderosos que la civilización se ha dado para preservar la identidad del individuo. De quién eres hijo y todo eso. El cual tabú, como comprenderán, hace la vida muy aburrida y de ahí la necesidad de un oficio que ayude a romperle con la ilusión de que no se va a notar. Bueno, ahora, como en todo, se ha metido por medio la tecnología digital y tenemos todos esos portales dedicados a facilitar el asunto. Personalmente, los utilicé bastante cuando vivía retirado del mundanal ruido y puedo dar fe de que funcionan como la seda. Me pasaba, por entonces, las noches de cháchara con mujeres de cualquier parte del mundo y nunca llegué a culminar porque a mi edad eso es lo que menos quieres. Para mi autoafirmación me bastaba con saber que si quería, podía. 

En resumidas cuentas, que hay lo que hay que es lo que siempre ha habido y siempre habrá. Toda esa ilusión de que el mundo cambia con los adelantos quítensela de la cabeza porque lo único que eso esos adelantos cambian es la decoración de la corteza. La esencia, lo que somos y nos preocupa, permanece incólume.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Westminster

Cuentan cosas de China que ponen los pelos de punta. Control nivel Dios, dice un comentarista. El paraíso comunista, en definitiva. La envidia de cualquiera que se dedique a organizar la vida de los demás. Porque no se engañen, no hay nadie con poder en plaza, por pequeño que sea, que no aspire al control Dios. Ahora bien, control nivel Dios, en mi opinión, es un imposible metafísico incluso para los chinos. Hay que matar demasiado para conseguir algo que se le parezca. 

El caso es que recién venimos de un intento mundial en ese sentido. Un control exhaustivo de la información utilizando los métodos que se hicieron famosos en la Alemania de mediados del siglo pasado. Se ha demonizado a los disidentes hasta prácticamente excluirlos de la vida pública. La forma moderna de gasear. Ni que decir tiene que ha sido en vano, como también lo fue en la alemania de marras. La verdad es como el mago Harry Houdin: escapa aunque la metas encadenada en una caja fuerte y la tires al mar. Así es que ya empieza a salir por el horizonte. Y estén seguros que en cuatro días estará en su cénit y todos los mentirosos correran a esconderse. De hecho, esta semana pasada ha aparecido en un periódico inglés de gran tirada un artículo de opinión pidiendo la amnistía para todos los que han cometido errores con esto del coronapollas. Más vale adelantarse a los acontencimientos han debido pensar, porque malamente se va a poder amnistiar lo que todavía no esta condenado. Aunque en ello se está.  

El caso es que si van al canal que tiene en YouTube el parlamento inglés podrán escuchar los interesantes debates que sin levantar la voz están teniendo lugar estos días sobre todo lo que tiene que ver con las politicas de vacunación  puestas en marcha por el gobierno de Su Majestad. Por supuesto que el ministro de la cosa intentó el otro día echar balones fuera por el gastado procedimiento de equiparar a los que cuestionan tales políticas con los frikis que niegan los alunizajes, o las matanzas de judíos. No le ha servido de nada, desde luego, porque la lluvia de evidencias que le está cayendo encima ya le ha empapado hasta los huesos. ¡Pues buenos son los ingleses con esto de las evidencias!

Así que, permanezcan atentos a la pantalla, porque, otra vez más, la revolución de la libertad ha comenzado en el parlamento de Westminster. Y es de esperar que tampoco esta vez vaya a ser en vano.  

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Sofisticación/vulnerabilidad

La cosa parece chusca pero tiene todo su sentido: la ecuación sofisticación/vulnerabilidad suma cero y por eso es que el mundo nunca se mueve de donde está. Algunos, como no han leído nada que merezca la pena o, si lo han leído, no han entendido nada, están convencidos de que esa leyenda urbana del progreso es una realidad. Ya saben que de ilusión también se vive.  

Ahora, precisamente, estamos viviendo un momento histórico del que se esperan cosas así, tan peregrinas, como la consecución de la inmortalidad. ¡Con todos esos aparatos que hemos inventado! Cuando oigo estas cosas me acuerdo de aquel concurso que ganó Bartolo el rey de los vagos porque él proponía un aparato que apretase el botón que había que apretar para tener todo resuelto en la vida. ¡Estamos apañados con tanta inteligencia artificial y tanta mandanga!

Me contaba antes Santi que cuando una especie se sofistica no tarda en desaparecer. ¿Se imaginan lo que podría llegar a pasar ahora si se fuesen al carajo los sistemas informáticos? Unas cuantas cargas de explosivos en media docena de puntos neurálgicos y ¡cataplas! El tiempo que nos iba a llevar volver a los archivos y cartas de papel. Y eso por no hablar de la energía. Hemos montado un tinglado que presupone la enextinguibilidad de los recursos. Ahí veo a la chusma cruzando para arriba y abajo la bahía en sus motos acuáticas. ¿En dónde reside la gracia de semejante dispendio? Ah, sí, es una pime que las alquila. Y una pime supone manutención para una familia. ¡Genial! Una pime basada en las incontestables leyes de la física: a menos que hacer, más prisa se tiene. ¡La velocidad, qué desafío a los dioses!

En fin, hoy se habla mucho de control digital de las masas y cosas de tipo orweliano que ponen los pelos de punta. Quizá lo pongan en marcha, pero les puedo asegurar que durarará lo que el agua en un cesto, porque es tanto el mantenimiento que necesitan esos sistemas de control que al final no salen a cuenta... o salen a la cuenta de la ruina. Y vuelta a empezar. 

martes, 8 de noviembre de 2022

Más que los demás

Hace años que les vengo comentando sobre la figura de Elon Musk. Desde entonces su importancia no ha hecho más que crecer. Y es que el tipo se lo ha sabido montar. Ya en aquella popular serie televisiva, Big Bang Theory, aparecía en una escena lavando platos en un comedor de beneficencia el día de Navidad. Desde luego que no es como los otros multimillonarios. Su personalidad es, diríamos, la del carismático. Es decir, que se cree predestinado para cambiar el mundo hacia mejor. Lo cual que como que hay que tomarselo con una cierta distanciación. 

El caso es que recientemente ha dado un paso que le ha metido de lleno en las movedizas arenas de la lucha por el poder. Así es que está ahora en la pretensión de cambiar las reglas dominantes en el terreno de la información. La quiere hacer más trasparente. Al menos eso es lo que postula. Y ni que decir tiene que si hay algo que cualquier poder en curso teme más que al demonio es que le cuestionen su monopolio de la verdad. Por eso es que se haya armado tanto revuelo. Ahora el malo por antonomasia ya no es Putin, es Elon. 

Elon ha comprado una red de postín que colaboraba estrechamente con los servicios de inteligencia de los Estados. Ha sido tan poderosa esa red que hasta se ha permitido el lujo de censurar hasta el mismísimo presidente de los EEUU. ¡Imagínense lo que no habrán hecho con los mindundis! Y bueno, Elon ha dicho que en adelante en esa red no van a meter su mano los servicios de inteligencia. O sea, una nueva versión de David contra Goliat. La cosa, desde luego, tiene su miga, y más si tenemos en cuenta que llevamos dos años y pico en los que el poder político, de la mano del mediatico, ha estado aventando las mayores mentiras de la historia de la humanidad por tal de crear el suficiente terror en la pobación para poder quitarle los derechos fundamentales sin que rechiste. Esto, ya se ha constituido en una verdad tan incuestionable para un sector de la población, el mejor sin duda, que darle ahora una altavoz para que pregone a los cuatro vientos las mentiras de que hemos sido víctimas es algo que a lo que más se parece es a una declaración de guerra. Y en ello estamos. El bombardeo de denigraciones sobre Elon Musk ha adquirido proporciones homéricas. Vamos a ver en qué acaba la cosa porque no hay que olvidar que la grandeza de una persona se mide principalmente por el tamaño de sus enemigos. Y por otra parte, Musk también tiene amigos poderosos.

Desde luego que también son ganas de complicarse la vida por ese afán de ser más que los demás. Con la fácil que es vivir al margen de todo y por principio no creerse nada de nada.  

lunes, 7 de noviembre de 2022

Pies de barro

Bordeando la bahía llegué hasta Maliaño. Como iba acompañado de Juan Ruiz y la temperatura era idónea para caminar se me hizo muy corto. Todo ese territorio entre marismas donde antaño había una gran fábrica que apestaba y una granja de tecnología avanzada para la época y donde, ahora, hay centros comerciales, parques y barrios modernos. Es una trasformación, por así decirlo mágica, porque lo de antes, que producía riqueza, apenas daba para vivir en esos barrios miserables de bloques de cinco pisos sin ascensor hacinados en las laderas de las colinas. Lo de hora es al revés, no se vé por ningún lado en donde se genera la riqueza, pero todos son lugares para fundirla. Me senté en la terraza de una franquicia a tomar un piscolabis y descansar. Todo daba la sensación de un bienestar social sin el menor reproche que hacerle y, desde luego, el piscolabis estaba de lujo. 

Supongo que toda esa mágia es la del gigante con pies de barro. Y por eso es la sensación de angustia pensado que el gigante se va a venir abajo de un momento a otro. Claro que, esa sensación, supongo que solo la tenemos los que hemos conocido un mundo al que era más fácil encontrarle el sentido. A mí, desde luego, me cuesta encontrársele a todo ese conglomerarado de pistas, autopistas, explanadas, repletas de artefactos para robar tiempo al tiempo. ¡La prisa, qué tonta ilusión!¿De verdad piensan que ahora se vive más y mejor que cuando allí había una fábrica que apestaba y una granja modélica?

Voy hablando con Juan Ruiz, con sus casi setencientos años a la espaldas, y no puedo dejar de preguntarme: ¿qué es lo que nos diferencia? ¿Es que yo sé algo que él no supiese? ¿Han servido de algo setecientos años a efectos de evolucion de la conciencia de sí mismo? ¿O de la conciencia de ser consciente, por decirlo de otra manera? ¿Ha mejorado algo el sentido del humor? ¿O la capacidad para el lenguaje figurado? Sí, desde luego que la tecnología ha hecho que se prolongue la expectativa de vida de los necios, pero ¿a qué precio? Mi impresión es que al de que venga todos los días el águila a roernos los hígados. Porque esto de la expectativa de vida es una cosa muy relativa. Sabemos que en la antiguedad clásica, los sabios vivían muchos años. Cultivaban el mens sana in corpore sano y llegar a los ochenta estaba chupado. El populus, me imagino, como ahora, le pegaría a todo lo que coloca y como no había tecnología que les reparase morían en cuatro días. 

En fin, que llegué a casa reventado. Había hecho más de quince kilómetros. Así que abrí una ventana y me puse desnudo al sol en la tumbona. Dormité un buen rato, hasta que el sol, ya muy bajo, no me calentaba. Me vestí y me fui a la cocina a hacer una ensalada. Me supo a gloria.  

domingo, 6 de noviembre de 2022

Te Beggar

 "Acepto cualquier tipo de ayuda". Así reza el cartel que exhibe uno de los mendigos que jalonan las dos principales calles del barrio. Acepta cualquier tipo, o sea, que el tipo no es selectivo, no hace remilgos. Porque no se crean, que la rumana que monta guardia a la puerta del Eroski de aquí abajo el otro día me dijo cuando le di un paquete de garbanzos que otra vez le diese no sé qué que no la entendí, y es que no es para menos que ande crecida ya que todos los días se lleva un carrito de la compra hasta arriba, sin necesidad de trapasar las puertas, más el cash que probablemente supere a lo que ganan las cajeras que aguantan seis horas a pie firme. Sea como sea, el caso es que la mendicidad va reconfigurando poco a poco el paisaje de la ciudad. Su número crece como los hongos... ayer había en la puerta de Mercadona un chico joven con pinta cuanto menos de universitario que estaba preparando su cartel y aluciné con la perfección de las letras que hacía. No cabe duda de que, esa gente, si no ha leído Guzmán de Alfarache al menos han llegado a sus mismas conclusiones: la mendicidad es un buen negocio. Mucho mejor, en cualquier caso, que todos esos oficiuchos que después de matarte de cansancio apenas dan para vivir. 

Desde luego que las modalidades son variopintas, pero el de perro y porro se lleva la palma. Nunca verán perros más sosegados. Quizá sea porque aspiran involutariamente los efluvios que salen de las bocas de sus dueños. El otro día una pareja con dos perrazos había colocado su cama a menos de dos metros de donde se arremolina a diario la clientela de la taberna que nos perfuma la calle con los humos de su cocina. Allí estaban haciendo sus cosas como si tal cosa, valga la redundancia. Tambien la maleta escacharrada da resultado, porque da la impresión de que van de camino. Un eslavo viejo y voluminoso se coloca en un banco aquí al lado con un maletón delante sobre el que coloca un platillo. A veces le acompaña una mujer igual de voluminosa. Me ha dicho un vecino que viven unas calles más allá y que en absoluto son pobres. ¡Vete a saber! Modelos hay para dar y tomar, porque esto ha sido como lo de rana que le van calentando el agua y no se entera hasta que está frita. Aquí han ido aumentando los mendigos sin que nos diésemos cuenta y ahora mi impresión es que son legión. Y eso que todavía, según dicen algunos, no ha llegado lo peor.

En resumidas cuentas, los mendicidad puede que sea un indicador de la actividad ecónomica tan fiable como cualquiera de esos indices que utilizan los avezados economistas, pero, sobre todo es una opción de vida que cada vez contemplo con menos aprehensión. Ventajas no le faltan. Para empezar puedes prescindir de todo tipo de papeles. También de horarios. Desde luego que de todas las formas de organizarse la vida que se conocen quizá sea la que más se aproxima al concepto de libertad. Y, luego, que siempre tienen a mano todas esas instituciones filantrópicas que les aseguran una mano en caso de estar en aprietos. 

No, no es una mala opción. Esto se sabe de antiguo. En el manual para mendigos que circulaba por la Italia del XVII, sobresaliendo entre otras recomendaciones estaba la de no degradar a los hijos haciendo que aprendiesen un oficio. Porque de mendigos se ganarían la vida mucho mejor y gozarían de mayor libertad e incluso de prestigio. Hay que tener en cuenta que su labor social, cuando se considera desde una perspectiva freudiana, es clave para mantener a la gente con una cierta autoestima. La gente se siente mejor gente cuando les da algo. Y por otra parte proporcionan la oportunidad de salir eufórico cuando comparas tu situación con la suya. Y, para colmo, hasta óperas les dedican. The Beggar.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Monotonía

 "Solo una cosa me maravilla más que la estupidez con que la mayoría de los hombres vive su vida, y es la inteligencia que hay en esa estupidez." 

Y entonces va el autor y se pone a hacer consideraciones sobre el cocinero y el camarero de la casa de comidas que frecuenta a diario. Ambos dos llevan allí más de treinta años trabajando y se les ve felices. Los pequeños incidentes que el azar siempre proporciona son para ellos lo que para un aventurero es cazar un león en África. Y así iban envejeciendo mientras sacaban adelante una familia y hacían unos ahorros. 

Me recuerda todo eso a cuando de estudiante iba a diario a comer a aquel restaurante de la calle Ayala. Podría haber ido a los comedores universitarios que costaban menos de la mitad, pero, a Dios Gracias, mi condición señoritil me libró de caer en aquella vulgaridad que solo proporcionaba tardes  llenas de pedos. Aquel restaurante era un microcosmos que ayudaba a configurar y dar sentido a un nada despreciable puñado de vidas. Allí hice una amistad circunstancial con un grupo de comensales en su mayoría estudiantes de diversas carreras y, bueno, recuerdo también a un muchacho gallego, primo de uno de los estudiantes, que era representante de Land Rover. Allí me enteré yo de que existían los choros de Villalobos porque uno de los estudiantes, de ingeniería, los tocaba a la guitarra. La figura central del lugar era un camarero joven, de la parte de Sanabria, igual que el dueño y la mayoría de los dueños de los restaurantes económicos de Madrid, el camarero, digo, que era un furibundo hincha del Atlético Bilbao. Eso generaba unas rivalidades que, sobre todo los lunes, encendían las conversaciones hasta los límites del humor más chabacano. Por las noches, cuando salíamos de cenar, muchas veces paseábamos Lista abajo hasta Serrano para subir luego por Diego de León en donde había un chiringuito de Jazz en el que más de una vez entramos a tomar un cubata. En resumidas cuentas, que conservo muy vívido el recuerdo de aquel restaurante y de las fisionomías de las personas con las que allí traté. Y no recuerdo que ni por un momento se pusiesen en cuestión los alimentos que allí nos daban. El cocido madrileño de los miércoles, la paella de los jueves, el potaje de garbanzos con bacalao de los viernes y, sobre todo, las acelgas cocidas de la cena. Se respiraba allí una satisfacción generalizada. Años más tarde pasé por allí y lo habían convertido en bar. 

"monotonizar la existencia para que la existencia no resulte monótona. Volver anodino lo cotidiano para que la más mínima cosa constituya una distracción."

Monotonizar la existencia es un aprendizaje muy difícil. Porque la falta de inteligencia te hace vivir en la perpétua sensación de que te estás perdiendo algo interesante. Y eso es, precisamente, lo que nos empuja a pasar la vida de aquí para allá buscando lo que no existe fuera de nosotros. En definitiva, perdiendo el tiempo miserablemente. Porque, no se engañen, se puede perder también con elegancia, como Holly Martin cuando fue a Viena con la intención de echar una mano a su amigo de juventud Harry "el chico que sabía trucos". Porque le habían llegado noticias de que Harry se había metido en problemas como les suele pasar a todos los que quieren vivir de los trucos que sabe. Pero ésta es otra historia, la del Tercer Hombre. 


viernes, 4 de noviembre de 2022

Tú puedes

Lo que no encuentres en la Biblia, olvidate, porque lo más probable es que no exista. Lo explica todo. Concretamente, por poner un ejemplo, toda esta mierda en la que el mundo anda metido siempre trae causa exactamente de aquello que el Señor les dejó claro a los israelitas el día que estos le pidieron que les diese un rey para regir sus destinos. El Señor les dijo que se lo daría, pero no sin antes advertirles de los infinitos inconvenientes que tiene el que alguien te organice la vida. Personalmente, si yo fuese Dios lo primero que haría sería arrojar por un acantilado a todo aquel que mostrase tendencia a querer vivir de organizar la vida de los demás. Me parece que de todos los embustes no hay ninguno mayor ni más dañino que ese. 

Sin embargo, para nuestra desgracia, no podemos ser Dios y tenemos que sobrevivir de mala manera a la estulticia de las legiones de organizadores de la vida ajena. No hay subnormal, resentido, impotente, etc., etc., que no acabe formando parte de esas legiones. Pero, en fin, todo esto ya lo explicó pormenorizadamente Murray Rothbard en su Manifiesto Libertario. Desgraciadamente, como ese Manifiesto no es precisamente literatura para chachas pues apenas circula por ahí. Pero con ese "apenas" me conformo porque, como decían en mi pueblo, el buen paño en arca se vende. No les quepa duda de que ese Manifiesto va haciendo silenciosamente su labor de zapa en los cimientos de esta civilización esclavista. ¿O es que no se enteran todavía de que están siendo tratados como esclavos? Y por si les cabía alguna duda hagan recuento de estos dos años que venimos de pasar. Aunque, ya saben, no hay mal que por bien no venga. Así que, ¡ánimo!

Ánimo porque hay mucha gente valiosa y valiente que sabe romper las cadenas. Gente que sabe estar a lo que está y, por ello, desarrolla una erudición de la sensibilidad que es como llamaba Pessoa al aprender a buscar dentro de nosotros que es donde está todo. Sí, parece difícil pero cuando das con el portillo del caer en la cuenta es muy fácil saltar por él. Todo consiste en no dar a los organizadores oportunidades para que te organicen. Renunciar es liberarse. No querer es poder. 

jueves, 3 de noviembre de 2022

Libertad

Ya les he contado que entre mis actuales rutinas está la de ir a la piscina cuatro o cinco veces por semana. Nunca me entusiasmó la idea, pero las medicinas no son cuestión de  gustos: las necesitas y punto. Lo único que hay que tener en cuenta cuando estás obligado a utilizarlas es el más básico de todos los principios médicos: primun non nocere. Lo primero que no hagan daño. No quiero ni imiginarme cómo estaría ya si en vez de recurir a la aburrida natación hubiese tratado mi flojera de espalda por medio de los analgésicos. Probablemente ya andaría por ahí hecho un ángulo recto con vértice en las lumbares. Afortunadamente, me puedo mantener más o menos erguido sin las desagradables moletias que ya empezaban a limitarme la vida cuando hace tres o cuatro años decidí ensayar con la natación. Y perdonen que haya utilizado mis alifafes para entrar en la cuestión que quería exponerles. Acababa ayer de hacer mis habituales doce largos, 600 metros, y estaba dándome la preceptiva ducha antes de acudir a los vestuarios. Miré a mi izquierda y caí sobre un letrero que me había pasado desapercibido en el ya año largo que vengo utilizando las instalaciones. En él estaba reproducido el real decreto que regula la temperatura de las piscinas, tanto del agua como del ambiente. Lo bueno, pensé, es que a la inmensa mayoría de la gente esto le parece no solo normal sino también lo correcto y deseable. El Estado está para eso, es decir, para que no quede ni un solo resquicio de nuestra vida cotidiana que no esté regulado por ley. Imagínense el desastre que sería esto si dejasen al dueño de la piscina decidir las temperaturas. ¡Los pobres clientes, incapacitados para decidir si se quedan en esa piscina o se van a otra con prestaciones más a su gusto! En fin, ya sabemos lo que piensan del mercado las sociedades pasadas por la piedra igualitarista: a mí que me digan el cómo, el qué, el cuándo de lo que tengo que comprar. El paraíso, en definitiva. 

Leo: 

"Cuando nació la generación a la que pertenezco se encontró el mundo desprovisto de apoyos para quien tuviera cerebro y al mismo tiempo corazón. El trabajo destructivo de las anteriores generaciones hizo que el mundo al que nacimos no tuviera seguridad que darnos en el orden religioso, ni apoyo que darnos en el orden moral, ni tranquilidad que darnos en el orden político. Nacimos ya en plena angustia metafísica, en plena angustia moral, en pleno desasosiego político."

Esto, que se escribió hace un siglo, viene a ser, supongo, la causa necesaria para el aborregamiento definitivo de las sociedades actuales. El mundo libre que le dicen. Y los borregos se lo creen. ¿Hubo alguna vez menos libertad en el mundo? Por favor, mis queridos borregos, cojan, agarren el Libro del Buen Amor, La Celestina, lo que quieran de cuatro siglos para atrás y enterensé de lo que es libertad. 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

La hospedería de la razón

Me siento en un banco frente a la dársena del puerto pesquero y continuo con la lectura de El Libro del Buen Amor. Ya empiezo a sufrir por que lo estoy acabando y quisiera que me durase para siempre. Y es que a todo el ingenio e información que contiene se le añade el placer de la recitación. Sí, ese placer que, de forma espóntanea ha descubierto la juventud, ahora, cuando los planes de estudios no le prestan la menor atención. En mi colegio todos los años había concursos de recitación y pocas cosas daban más prestigo que ganarlos. Los negados nos conformábamos recitando en los recreos versos obscenos: yendo un día Veremundo/ por las montañas de Arnedo/ encontró una niña inocente/ que andaba metiendose el dedo. Y así, millones de estrofas. Bueno, ahora, cuando paso por la explanada del Centro Botín veo que en una esquina de las escalinatas se ha encalomado un grupo de raperos que aventan al aire sus creaciones poéticas. La recitación, como todos los placeres, se reproduce por generación espontánea. Las palabras, su sentido, cuentan poco, lo esencial es la música. 

LLego a casa y me pongo con la partitura del Tico-Tico no Fubá. Ya me falta poco para controlarla. No creo que haya pieza más pegadiza. Bueno, sí, El Choclo, que también la acabo de aprender. Voy por la calle saltando de la una a la otra sin podermelas sacar de la cabeza. Piezas populares donde las haya. Por su pegajosidad, supongo. Por la noche, como para desengrasar, escucho a Stephanie Jones interpretando los diferentes movimientos del Decameron Negro de Leo Brouwer. No sé, pero a mí me parece algo casi sobrenatural. O, mejor, demoniaco. ¿Cómo, si no, se va a poder llegar a esos grados de sofisticada perfección? O de dificultad extrema. 

Cuando me canso de la guitarra, más que nada porque me duele la espalda, me tumbo en el sofá y agarro a Pessoa. El Libro del desasosiego. Hace ya muchos años que caí sobre él y todavía no me he levantado ni ganas. Es como un continuo saltar de las ensoñaciones poéticas a las clarividencias dolorosas. No deja resquicio a la inocencia. O a las ilusiones. 

"A medio camino entre la fe y la crítica está la hospedería de la razón. La razón es la fe en lo que se puede comprender sin fe; pero es todavía una fe, porque comprender implica presuponer que hay alguna cosa comprensible."

 En fin, en algo se tiene que entretener uno mientras espera desesperanzado a que se disipen los nubarrones que oscurecen el horizonte. ¿Alguna vez no los hubo? 

martes, 1 de noviembre de 2022

Sigue igual

Estábamos tan tranquilos ayer por la tarde cuando, de pronto, oímos griterío en el descansillo. Al poco llamaron a la puerta y resultaron ser dos niños disfrazados que nos dijeron "trato o truco" y nos pusieron delante unos cestos para que les echásemos alguna golosina en ellos. Fui a la cocina a ver si encontraba algo dulce y solo encontré las tortas en aceite de Inés Rosales. Le dí una a cada niño, pero uno de ellos no la quiso porque no entraba por la boca del cesto. Entonces aparecíó por allí la que debía ser su abuela. Nos dio las gracias y a instancias de María nos dijo que eran de Santo Domingo. 

Hoy me mandan un link a un program de TV3 en el que explican que Halloween nació en Cataluña y los americanos lo copiaron. ¡Pour quoi pas!, al fin y al cabo puestos a inventar chorradas los catalanes vienen demostrando una habilidad fuera de lo común. De hecho, tampoco hay que ser catalán para inventar chorradas; más bien, pienso que con solo ser humano ya se está en posesión de un doctorado en tal actividad. Pero, en cualquier caso, esto de jugar con la muerte, debe ser cosa de todas las culturas desde la noche de los tiempos. Concretamente, cuando era niño, en mi pueblo, a algún gracioso se le ocurría por estas fechas vaciar una calabaza, abrirle unos orificios a guisa de boca y ojos y colocarle una vela encendida dentro. Luego la colocaba en algún rincón apartado por donde sabía que había de pasar una vieja asustadiza que acababa de llegar en el último tren. Aquello daba para contar historias cuando estabamos sentados en cualquier poyo bajo cualquier balcón.  

Supongo que, este año, lo de jugar con la muerte tiene, si cabe, más sentido de lo que suele ser normal. Y lo digo porque, por lo visto, está habiendo una cosecha excepcional de la que solo se puede hablar por lo bajini.  Así y todo, con las reservas que hacen al caso, los ingleses andan muy mohínos al respecto. Ya han tocado el asunto varias veces en sede parlamentaria. Y, aunque el ministro de la cosa se apresurado a calificarlo de habladurías, la mosca que zumba detrás de cada vez más orejas ya empieza a ser alarmante. Supongo que son las consecuencias nefastas inherentes al haber querido torcer el brazo a la naturaleza. Una chiquillada, en definitiva. 

Como una chiquillada fue lo que paso anteayer en Seul. Pareciera como si las Erinias hubiesen dicho: ¿quereis jugar con la muerte?, pues ahí tenéis unas cuantas. ¡Son tan fáciles las hecatómbes cuando te sobra el ganado! A ver, ahora, cómo celebran el año que viene el Halloween todos esos niñatos de Seul. 

En fin, a la postre, tenía razón Julio Iglesias cuando cantaba aquello de que la vida sigue igual.