Estábamos tan tranquilos ayer por la tarde cuando, de pronto, oímos griterío en el descansillo. Al poco llamaron a la puerta y resultaron ser dos niños disfrazados que nos dijeron "trato o truco" y nos pusieron delante unos cestos para que les echásemos alguna golosina en ellos. Fui a la cocina a ver si encontraba algo dulce y solo encontré las tortas en aceite de Inés Rosales. Le dí una a cada niño, pero uno de ellos no la quiso porque no entraba por la boca del cesto. Entonces aparecíó por allí la que debía ser su abuela. Nos dio las gracias y a instancias de María nos dijo que eran de Santo Domingo.
Hoy me mandan un link a un program de TV3 en el que explican que Halloween nació en Cataluña y los americanos lo copiaron. ¡Pour quoi pas!, al fin y al cabo puestos a inventar chorradas los catalanes vienen demostrando una habilidad fuera de lo común. De hecho, tampoco hay que ser catalán para inventar chorradas; más bien, pienso que con solo ser humano ya se está en posesión de un doctorado en tal actividad. Pero, en cualquier caso, esto de jugar con la muerte, debe ser cosa de todas las culturas desde la noche de los tiempos. Concretamente, cuando era niño, en mi pueblo, a algún gracioso se le ocurría por estas fechas vaciar una calabaza, abrirle unos orificios a guisa de boca y ojos y colocarle una vela encendida dentro. Luego la colocaba en algún rincón apartado por donde sabía que había de pasar una vieja asustadiza que acababa de llegar en el último tren. Aquello daba para contar historias cuando estabamos sentados en cualquier poyo bajo cualquier balcón.
Supongo que, este año, lo de jugar con la muerte tiene, si cabe, más sentido de lo que suele ser normal. Y lo digo porque, por lo visto, está habiendo una cosecha excepcional de la que solo se puede hablar por lo bajini. Así y todo, con las reservas que hacen al caso, los ingleses andan muy mohínos al respecto. Ya han tocado el asunto varias veces en sede parlamentaria. Y, aunque el ministro de la cosa se apresurado a calificarlo de habladurías, la mosca que zumba detrás de cada vez más orejas ya empieza a ser alarmante. Supongo que son las consecuencias nefastas inherentes al haber querido torcer el brazo a la naturaleza. Una chiquillada, en definitiva.
Como una chiquillada fue lo que paso anteayer en Seul. Pareciera como si las Erinias hubiesen dicho: ¿quereis jugar con la muerte?, pues ahí tenéis unas cuantas. ¡Son tan fáciles las hecatómbes cuando te sobra el ganado! A ver, ahora, cómo celebran el año que viene el Halloween todos esos niñatos de Seul.
En fin, a la postre, tenía razón Julio Iglesias cuando cantaba aquello de que la vida sigue igual.
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