miércoles, 23 de noviembre de 2022

Días otoñales

Estos días otoñales con lluvia, viento y templados, son una delicia. Tumbado en el sofá me deleito con las andanzas y discursos del conde Guillem de Varoic que vuelto de Tierra Santa y disfrazado de ermitaño vive de incógnito a pocos pasos de su castillo donde su desonsolada mujer no gana para suspiros. El agua golpeando los cristales y el viento sacudiendo las persianas, ponen la música de fondo. 

Todavía no ha entrado en escenaTirant lo Blanc, pero con las casi sesenta páginas de apretada letra que llevo leídas ya se da uno cuenta de cuales son los valores morales de la orden de la andante caballería. Valores eternos que, si bien, desprovistos de la retórica medieval, son los que podemos ver en los clásicos wester que echan al atardecer en la cadena de la Iglesia. Los valores bíblicos, en definitiva. Dechado de virtudes entre las que no destaca precisamente la piedad con los malvados. Al conde Guillem se le ve disfrutar como un chon en un patatal matando a los moros que venidos de la Gran Canària han invadido Inglaterra. 

Digamos que Centauros del Desierto. ¿Qué diferencias pueden ver ustedes entre John Waine y Guillem de Varoic que no sean las de la retórica? El honor y el desapego a las vanidades de este mundo. Es imposible de todo punto que un mortal pueda aspirar a más. Y eso por más que la propaganda oficial gaste todas sus fuerzas en tratar de desmentirlo. Ya los textos socialdemócratas que leíamos en el bachillerato trataban de inculcarnos la idea de que Cervantes escribió El Quijote para ridiculizar a los caballeros andantes. Bueno, ya saben cual es la calidad del cerebro socialista. Lo que Cervante expresó en El Quijote fue algo muy común a todas las épocas decadentes, que quizá lo sean todas las épocas, que no es otra cosa que la nostalgia de los antiguos valores. La Biblia, sin ir más lejos, es un libro que está lleno de esa nostalgia. La nostalgia de una ilusión porque esos valores nunca existieron fuera del arte, cual lo es el Tirant lo Blanc o Centauros del desierto. 

En fin, yo feliz porque todavía tengo por delante mil páginas de apretada letra de Tirant. Entre eso, el Libro del Desasosiego, Las Confesiones agustinianas, y las andanzas y opiniones de Fray Luis, tengo para muchas veladas de lluvia y viento. Y que aquí me las den todas. 

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