martes, 29 de noviembre de 2022

La biología

Cada minuto que pasa estoy más convencido de que una de las causas mayores por las que el mundo que se conoce como occidental está como está, que no hace falta decirlo, es que el referente principal de los niños es femenino. En su casa, la madre, en la escuela, la maestra. La niñas, ningún problema, que eso ya se ve en los resultados académicos, pero los niños, un desastre. Las referencias son claves en la educación que, mayormente se hace por imitación. Así que no es de extrañar ese afeminamiento que muchos jóvenes van exhibiendo por la calle con, más que orgullo, ganas de provocar. Es como si fuesen mariquitas por rebeldía adolescente. Y luego, ya, se quedan colgados en eso porque se dan cuenta de que les facilita la vida. 

Ya sé que decir públicamente estas cosas se considera horroroso, pero, no se engañen, lo que es horroroso es que se considere horroroso decirlas. Y no es que yo pretenda estar en posesión de la verdad. Ni mucho menos. Pero, lo que digo, puede tener un cierto grado de verisimilitud y por eso es sumamente importante que sea tenido en cuenta y se discuta desapasionadamente. Al fin y al cabo, no soy yo el único al que se le han ocurrido tales ideas y, lo mismo yo que otros muchos que así piensan, no somos de los que vamos por el mundo sin mirar un libro ni por el forro. 

La verdad es que no entiendo el porqué de que los hombres se hayan retirado de las labores pedagógicas infantiles. Porque no creo que pueda haber muchos destinos en la vida que se puedan comparar con el de colaborar con los padres en hacer hombres hechos y derechos de los niños. Hombres preparados para la guerra. Y no por nada sino porque hay que saber defenderse de las pulsiones tiránicas de todo poder en curso. ¿O es que no vienen justo de comprobarlo en sus propias carnes estos dos últimos años? Bueno, ya sé que la mayoría, un 80% dicen, no han sentido tal opresión, pero eso es, precisamente lo que vendría a corroborar mis teorías. Los afeminados solo se rebelan si no les dejan hablar de peinados y vestidos. La libertad se la trae al pairo. 

Y perdonen que me haya metido en tan espinosos jardines, pero es que soy de los que todavía creo en la biología y, por tanto, en el limitado papel de la razón respecto de las pulsiones suscitadas por las diferentes hormonas. Intentar manipular todo eso no puede traernos sino la ira de los dioses. De hecho, juraría que no otra cosa que esa ira es lo que venimos padeciendo de un tiempo a esta parte. 

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