lunes, 21 de noviembre de 2022

De aquella manera

Como le tengo mucha fe a Jordan Peterson, tenga o no tenga ganas, que no las suelo tener, como tampoco de ir a la piscina probática, me esfuerzo por escribir aunque sea de las pocas ganas que tengo de escribir. El caso es que escribir, leer, no tomar alcohol o cualquier otro tipo de modificadores de la conciencia y, last but not lees, mantener contra viento y marea las rutinas habituales, son los cuatro pilares sobre los que, según Jordan, se sustenta una vida digna de tal nombre. 

Lo de leer y no tomar sustancias psicoactivas lo tengo  chupado. Lo primero porque, dada mi endeble constitución física, muy pronto me di cuenta de que solo podría hacer carrera por el lado de las letras. Al fin y al cabo, las chicas cuando se tienen que conformar con un enclenque prefieren a uno que por lo menos sea leído... se suelen ganar mejor la vida. Y lo del consumo de sustancia psicoactivas, como casi siempre lo asocié a la vida social, pues ahora, como casi no practico, ningún problema: no hay nada que me apetezca menos. 

Lo de las rutinas quizá haya sido lo más problemático de adquirir.  De joven, porque de forma natural intentas echar el anzuelo en todas las aguas. Vives con la ilusión de que en alguno de esos intentos vas a sacar el pez que se tragó el anillo que Creso tiro al mar para aplacar la enemiga de los dioses. Es increíble la cantidad de tiempo que se te llega a ir por el desagüe con semejantes ensoñaciones. Afortunadamente, hacia los cuarenta o así, me dio porque quería aprender a tocar la guitarra. Es probable que nunca haya tomado una decisión más acertada en la vida. Y eso que, por el querer de los dioses, estoy muy poco dotado para la música. Aunque quizá también puede que sea que, a la edad en que comencé su estudio, el oído ya esté encarcarado, como dicen los catalanes para expresar la perdida de capacidades de un miembro. Sea como sea, es posible que esa discapacidad me haya incitado a ser insistente y, con ello, a crear hábitos.  Y así fue que con el paso de los años ese hábito me ayudó tanto a estructurar la vida que ha llegado a convirtirse en una especie de hub que integra todas mis otras actividades. No puedo vivir sin tener desplegadas sobre la mesita de la sala varias partituras que arrinconan a los tres o cuatro libros que siempre tengo entre manos.

Y ya está.  No tenía puñeteras ganas, pero me puse y lo conseguí. Escribí unos cuantos párrafos que ahí quedarán para la porteridad. Tambíen le dediqué un par de horas a la guitarra. El Choclo, Tico-Tico, Asturias, Recuerdos de la Alhambra, Giga y Bourré de Bach, Squerzino Mexicano, Dia de Noviembre... de aquella manera todo.  

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