Dice Pessoa que esta vida a lo mejor no es más que una escusa para que fabriquemos otra vida más perfecta a través de la literatura y el arte en general. Pareciera que es un chiste, pero en absoluto lo es. Me levanto apesadumbrado, desayuno desganado y, siguiendo mis rutinas, me siento con el ordenador en el regazo y, de pronto, sin saber cómo ni por qué, estoy escuchando a Nova cantar Chega de Saudade. Si, efectivamente, me digo, el mundo que recrea el arte es infinitamente mejor que el que estamos condenados a vivir. Acto seguido me pongo a escuchar al Dr. Benito de Benito. Habla de Dios. De su lógica inalcanzable. Su arte para conjugar la justicia con la misericordia. Un rizar el rizo. Es un buen predicador el Dr Benito. Hace pensar. No en vano se doctoró en Filosofía. Y, también, fue el primero que levantó la liebre de todo este circo con el que los gobiernos han intentado esclavizarnos.
Y hablando de predicadores, Jordan Peterson le daba ayer a Russell Brand su particular visión del Éxodo. Esa parte de las Escrituras en la que un pueblo pasa de la esclavitud a la libertad. Un largo recorrido en el que hay que atar millones de cabos sueltos. De hecho, ese camino nuca acabamos de recorrerlo porque siempre que soñamos con la seguridad volvemos a desatar muchos cabos que ya creíamos atados para siempre. Tengo que volver a esa lectura. Ahora ando por las lamentaciones de Jeremías. Las mismas, más o menos, que las de cualquiera que se detiene a contemplar sin anteojeras este mundo que nos ha tocado vivir. Lo humanos, no hay forma de que escarmentemos en cabeza ajena. La Historia nada enseña. Termina una guerra y a los cinco días ya estamos cometiendo los mismos errores que nos llevaron a ella.
En fin, qué vida esta. Suerte que tenemos el arte para trasladarnos a otra. De la mano de Nova.
No hay comentarios:
Publicar un comentario