sábado, 26 de noviembre de 2022

El duque de Lancaster

El derecho y la justicia es la clave o, si mejor quieren, el Dios del pueblo judio. Por eso fue que se inventaron aquella bonita historia de Moisés subiendo al monte a hablar con Dios y bajando del monte con las tablas de la ley en los brazos. A partir de entonces todas las vicisitudes del pueblo judío son en función del cumplimiento de lo que está escrito en esas tablas. Si cumplen les va bien, si no cumplen, fatal. No necesitan esperar a la otra vida para recibir recompensa o castigo por su actitud frente a la ley porque para ellos no hay otra vida. Precisamente, uno de los cargos que le hizo la Inquisición a Fray Luis de León es que había dicho que en la Biblia no hay ninguna alusión a la otra vida. Para qué habría de haberla, como si no tuviesemos bastante con los premios y catigos que recibimos en la de aquí según cómo nos comportemos. Bueno, en honor a la verdad hay que decir que los judios trasmiten el oprobio por siete generaciones. Sin duda es un sabio procedimiento para promover la contención. 

Y así es que, judíos o no, el derecho y la justicia están en el núcleo que da toda su fuerza acualquier sistema social. Por eso tanto los que hacen las leyes como quienes las hacen cumplir son la piedra angular de cualquier sistema político. Y nada tiene de extraño que a medida que la sociedad se va desarrollando esa piedra angular se sofistique hasta hacer dificil su comprensión. De ahí que surjan como los hongos los juristas que serían los encargados de dar claridad a lo que se ha hecho farragoso. 

Bueno, ya saben lo que pasa con los hongos, que muchos son venenosos. De ahí que haya sido necesaria la especialidad de micólogo para aprender a distinguir. Y obrar en consecuencia. A propósito de distinguir y obrar en consecuencia con relación a los hongos, perdón, juristas, nos relata Tirant lo que presencio en Londres cuando estuvo allí con motivo de las bodas del rei. Se estaba haciendo una gran parada para festejar a los recien desposados. Iban pasando por delante del estrado real los diferentes estamentos hasta que cuando les tocó el turno a los oficios se cortó el desfile. Se había creado un litigio entre los tejedores y los herreros sobre quién de los dos tenía preminencia. Allí estaban los juristas de uno y otro bando venga a inventar peregrinas razones para justificar a los suyos. Como la cosa no parecía tener fin fue precisa la intervención del duque de Lancaster que era una especie de factotum del rei. Cogió a tres juristas de cada bando y les invitó a seguirle. Ellos creían que iban a discutir sus razones con él, pero tan pronto como cruzarón el puente que daba límite a la ciudad hizo colocar allí dos horcas y los ahorcó a todos. Sabido por el rey quiso ir de imediato a verlo y dar las gracias a su tío el duque: "Mon oncle, en lo mon no em podieu fer major plaer e servir del que fet haveu, per quant aquest hòmens de lleis fan rics a si mateixs e destrueixen tot Anglaterra e tot lo poble."

En fin, que hay muchas maneras de hacer justicia y hay muchos tipos de leyes. Y no hay forma de dar con la una y las otras que satisfagan a todo el mundo. Y por eso es que a la postre el juez supremo no puede ser otro que el que tiene la fuerza. El duque de Lancaster para que nos entendamos. 

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