jueves, 10 de noviembre de 2022

Westminster

Cuentan cosas de China que ponen los pelos de punta. Control nivel Dios, dice un comentarista. El paraíso comunista, en definitiva. La envidia de cualquiera que se dedique a organizar la vida de los demás. Porque no se engañen, no hay nadie con poder en plaza, por pequeño que sea, que no aspire al control Dios. Ahora bien, control nivel Dios, en mi opinión, es un imposible metafísico incluso para los chinos. Hay que matar demasiado para conseguir algo que se le parezca. 

El caso es que recién venimos de un intento mundial en ese sentido. Un control exhaustivo de la información utilizando los métodos que se hicieron famosos en la Alemania de mediados del siglo pasado. Se ha demonizado a los disidentes hasta prácticamente excluirlos de la vida pública. La forma moderna de gasear. Ni que decir tiene que ha sido en vano, como también lo fue en la alemania de marras. La verdad es como el mago Harry Houdin: escapa aunque la metas encadenada en una caja fuerte y la tires al mar. Así es que ya empieza a salir por el horizonte. Y estén seguros que en cuatro días estará en su cénit y todos los mentirosos correran a esconderse. De hecho, esta semana pasada ha aparecido en un periódico inglés de gran tirada un artículo de opinión pidiendo la amnistía para todos los que han cometido errores con esto del coronapollas. Más vale adelantarse a los acontencimientos han debido pensar, porque malamente se va a poder amnistiar lo que todavía no esta condenado. Aunque en ello se está.  

El caso es que si van al canal que tiene en YouTube el parlamento inglés podrán escuchar los interesantes debates que sin levantar la voz están teniendo lugar estos días sobre todo lo que tiene que ver con las politicas de vacunación  puestas en marcha por el gobierno de Su Majestad. Por supuesto que el ministro de la cosa intentó el otro día echar balones fuera por el gastado procedimiento de equiparar a los que cuestionan tales políticas con los frikis que niegan los alunizajes, o las matanzas de judíos. No le ha servido de nada, desde luego, porque la lluvia de evidencias que le está cayendo encima ya le ha empapado hasta los huesos. ¡Pues buenos son los ingleses con esto de las evidencias!

Así que, permanezcan atentos a la pantalla, porque, otra vez más, la revolución de la libertad ha comenzado en el parlamento de Westminster. Y es de esperar que tampoco esta vez vaya a ser en vano.  

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