viernes, 11 de noviembre de 2022

La mensajera fiel

 "Como ya no tenía mi mensajera fiel,/ tomé por mandadero a un muchacho trainel:/ Hurón era su nombre, muy apuesto doncel;/ sino catorce cosas... nunca vi mejor que él:/

mentiroso, beodo, ladrón, muy embustero,/ tahúr, peleador, goloso, pendenciero,/ reñidor, adivino, muy sucio y agorero,/ muy necio y perezoso: tal era mi escudero." 

En el Libro del Buen Amor está prefigurada La Celestina. Es la mensajera fiel que dice el arcipreste. Es una facilitadora de los juegos de entrepierna. Los seres humanos tenemos en la edad fértil, digamos que el 99% de nuestro cerebro, ocupado por la necesidad de esos juegos. El restante uno por ciento lo utilizamos para disimular nuestra obsesión. Pero tenemos un problema con ese disimulo y es que, en la mayoría diría yo, se llega a hacer tan poderoso que anula todas las facultades encaminadas a dar rienda suelta al normal desenvolvimiento de las pulsiones reproductivas. Es por así decirlo, un problema psiquiatrico, y La Celestina no es otra cosa que una avezada psiquiatra que sabe romper la cerrazón autoimpuesta para sortear la presión social. Es todo una cuestión de sofística. Y si quieren saber a qué me estoy refiriendo con lo de sofística no tienen más que hacer que leer el pasaje en el que la Celestina está convenciendo a Melibea de las ventajas que tiene relajar el disimulo y dar rienda suelta al deseo primigenio. Las Kardasiams lo suelen resolver con una frase definitiva: cuando alguna de ellas se pone histérica por lo que siempre se ponen histéricas las mujeres, basta un "relaja la raja" para atemperar la situación.  

La mensajera fiel, Trotaconventos, la Celestina, el doncel trainel, los infinitos nombres que recibe el oficio más viejo e imprescindible de la historia de la humanidad. Porque ese disimulo, cerrazón o como le quieran llamar trae causa de uno de los tabús más poderosos que la civilización se ha dado para preservar la identidad del individuo. De quién eres hijo y todo eso. El cual tabú, como comprenderán, hace la vida muy aburrida y de ahí la necesidad de un oficio que ayude a romperle con la ilusión de que no se va a notar. Bueno, ahora, como en todo, se ha metido por medio la tecnología digital y tenemos todos esos portales dedicados a facilitar el asunto. Personalmente, los utilicé bastante cuando vivía retirado del mundanal ruido y puedo dar fe de que funcionan como la seda. Me pasaba, por entonces, las noches de cháchara con mujeres de cualquier parte del mundo y nunca llegué a culminar porque a mi edad eso es lo que menos quieres. Para mi autoafirmación me bastaba con saber que si quería, podía. 

En resumidas cuentas, que hay lo que hay que es lo que siempre ha habido y siempre habrá. Toda esa ilusión de que el mundo cambia con los adelantos quítensela de la cabeza porque lo único que eso esos adelantos cambian es la decoración de la corteza. La esencia, lo que somos y nos preocupa, permanece incólume.

4 comentarios:

  1. Cuanta verdad , Pedro. "La jodienda no tiene enmienda" . El Problema comienza cuando ,después de muy pasada la edad fértil ,como tú escribes, el cerebro sigue ocupado con estas cosas del folleteo y sus derivados, que de estos hay muchos. Y si no, que se lo pregunten a Ortega Cano. Lo mejor del año, venga ese semen fuerte , que son dos telediarios

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  2. Y no hay forma de liberarse. Uno ya no hace tonterías porque no puede, pero no hay culo que pase por delante que no sea debidamente calibrado. En ese aspecto la naturaleza hace verdaderas obras de arte.

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