Hay un proverbio muy antiguo que afirma que "calamitosus est animus futuri anxius". O sea, que el que vive ansioso por el futuro es un desgraciado. Al respecto, como supongo que cada cual, tengo mi particular experiencia. He pasado mucho tiempo en esta vida esperando con tal intensidad el futuro que no me dejaba vivir el presente. La idea de un futuro que, en teoría, te ha de traer una supuesta redención de cualquier clase, se apodera de tal modo de tu mente que la inutiliza para cualquier otra actividad. Es como los niños que esperan la noche de Reyes, que ni siquiera pueden jugar.
Lo de aprender a vivir el presente por encima de cualquier circunstancia, por adversa que sea, es quizá, la más elaborada de todas las consecuciones humanas. Sobre este particular, recuerdo las conversaciones sobre temas literarios, y filosóficos en general, mantenidas en una habitación de hospital entre Christofer Hitchens y Ian McEwans, justo una hora antes de que Hitchen falleciese. Escuchándole, nadie hubiera podido suponer que era un enfermo terminal. Tanto le apasionaban los temas sobre los que conversaba que esa última hora de su vida vivió con más intensidad que la inmensa mayoría de sus coetáneos que seguramente andaban por ahí haciendo proyectos para el mañana.
Por no hablar del ejemplo de Casanova cuando está prisionero de la Inquisición, que no desaprovecha un instante, ya fuera para planear su fuga, ya para leer y estudiar todo lo que le caía en las manos. Y por eso era, porque estaba ocupado, que parece que no le agobia en absoluto lo que para cualquiera hubiese sido motivo de desesperación. Y nunca pierde el sarcasmo, cinismo, o lo que sea que, parece, simplemente, sentido del humor.
Recuerdo una conferencia que dio en Salamanca Agustín García Calvo sobre este particular. Instaba a vivir el presente como única forma posible de libertad. Y ponía en guardia a todos aquellos ingenuos estudiantes que le escuchaban arrobados contra las triquiñuelas que utiliza el poder para conseguir que la gente viva ansiosa por el futuro, que a la postre no es otra cosa que una sencilla forma de dominación. Desde luego que con el consumo como herramienta determinante del fraude. Mientras pensamos en un consumo cualquiera que nos va a sacar del tedio somos como los niños que esperan a los Reyes Magos. Pueden hacer con nosotros lo que quieran.
Sí, desde luego que es difícil el aprendizaje del vivir el presente. Y pienso que habrá pocas cosas que diferencien más a los seres humanos, unos de otros, que lo avanzados que estén en ese aprendizaje. En fin, estamos en lo de siempre, en la cosa del jardín: si no tienes uno en el que cultivar tus flores, mejor suicídate... aunque quizá ya lo estés y ni te has enterado.
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