Cuando Candaules llegó al poder, los heráclidas llevaban gobernando la Lidia por veintidós generaciones, quinientos y pico años. El caso es que Candaules estaba obsesionado con la belleza de su mujer. No podía soportar la idea de alguien poseyera otra más bella. Por eso fue que se pasara todo el día dando la vara a Giges, su más íntimo amigo, sobre el particular. Giges le decía que sí, que era la más bella, pero, al parecer de Candaules, sin el suficiente entusiasmo, lo que hizo que se empeñase en que Giges la viese desnuda, cosa absolutamente prohibida por las leyes no escritas del cielo. Candaules montó una treta para que la viese sin que ella se enterase y pasaron a la acción. La vio y parecía que todo había salido a pedir de boca, pero, al día siguiente, la reina llamó a Giges y le dijo: sé que me has visto desnuda, así que tienes dos opciones, una morir, otra matar a Candaules y ocupar su puesto. Giges no lo dudó mucho, mató a Candaules y ocupó su trono. Pero una parte del pueblo no estuvo de acuerdo. Entonces Giges mandó un emisario a Delfos a preguntar qué debía hacer. En Delfos le dieron la razón y el pueblo se calmó. Bien es verdad que en Delfos se exhibían en lugar preferente las copas y cráteras de oro y plata que Giges había enviado allí.
Al margen de que Candaules me recuerde mucho al Curioso Impertinente que Cervantes intercaló en El Quijote, lo que me parece realmente curioso es esa relación que el pueblo que, por así decirlo, inventó la lógica, tiene con la irracionalidad. Ese continuo estar en el centro de todas las cuestiones de importancia de la vida pública los oráculos que se emiten desde Delfos. ¿Qué coño era aquello de Delfos para que las frases de obscuro significado que soltaba la pitia en puro trance cannábico, o de lo que fuese, tuviesen tanta trascendencia? Aunque, claro, allí se acumulaban las copas y cráteras de oro y plata que los que solicitaban un oráculo sobre lo suyo enviaban desinteresadamente. Al final, Delfos, vino a ser como una especie de Banco Central al que en vez de oráculos se le solicitaban préstamos para financiar las guerras.
En cualquier caso no podemos perder de vista la relación con lo misterioso que toda acción sensata tiene que mantener so pena de convertirse más en una amenaza que en una solución. Porque en esta vida, como dice Pessoa, y perdonen que vuelva a citarle, los únicos problemas que tienen solución son los de matemáticas. Todos los demás, hagas lo hagas, siempre dejas cabos sueltos que no puedes controlar. Queramos o no, vivimos con el culo al aire y, ese es el punto y la madre de todos nuestros comederos de coco, que no queremos aceptar tal realidad. Lo que mola es apelar a la ciencia de la que se supone hemos adquirido un dominio absoluto. En nuestra insoportable soberbia hasta hemos encontrado la explicación del origen del universo y lo hemos llamado Big Bang. O sea, el gran cuesco. Y a nadie se le ocurre preguntarse por quién fue el que lo tiró.
En fin, me voy a dar una vuelta por ahí a ver si consigo escampar la boira.
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