martes, 23 de mayo de 2023

Zeus

Siguiendo con el espinoso asunto de los vampiros, voy y caigo en la cuenta de que las memorias de Casanova tienen mucho de eso. Es un especialista consumado en el arte de seducir que es el arte satánico por antonomasia. Meterse dentro, en el sentido literal del término, de otra persona por medio de falsas promesas. Es la historia de Don Juan: usar y tirar, aunque, bien es verdad que en el caso de Casanova se suele preocupar del reciclaje; por lo general, antes de abandonarlas procura encontrar algún sustituto que se quede con la mercancía, todo hay que decirlo, bastante mejorada respecto de sus orígenes ya que, las relaciones satánicas, si no otra cosa, son pedagógicas donde las haya. Por así decirlo, son un accidentado paseo de la inocencia al cinismo que es la madre de toda sana madurez. 

Digo un accidentado paseo por aquello de las decepciones inherentes a la insalvable distancia que separan las aspiraciones en origen de las dos partes. De la mera satisfacción de un deseo lúbrico al soñar con el paraíso en la tierra por los restos... el enamoramiento, para que nos entendamos, que es un estúpido egoísmo. 

En descargo del Don Juan, o Casanova si mejor quieren, hay que decir que, si algún maestro tuvo, ese fue Zeus. Porque mira que se inventaba el tío estratagemas complicadas para seducirlas. O sea, que el asunto es viejo como la humanidad; se juntan el deseo lúbrico del uno con la ilusión de engendrar dioses de la otra y ya la tenemos armada... que no por otra causa es que sea tan complicado este mundo. 

En fin, ¿cómo vamos a tener enmienda los humanos si ni siquiera los dioses la tienen?   

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