Ayer fue un día en cierto modo triste, pero, también, en cierto modo gozoso. Triste porque Gilbert Strang dio su última clase sobre álgebra linear en el MIT; gozoso porque Gilbert es la demostración palpable de que con la debida gimnasia mental las personas de ochenta y ocho años mantienen todo su esplendor intelectual intacto. Si quieren comprobarlo por ustedes mismos solo tienen que buscar en YouTube el vídeo: Gil Strang's Final 18.06 Linear Algebra Lecture.
Se imaginan a este hombre en esta España de hoy día. Por ley llevaría veintitantos años en el dique seco, con todas sus neuronas roídas por el óxido de la inactividad. Un auténtico crimen de lesa majestad. O un suicidio colectivo, porque cuando se tratan con desprecio los dones que nos hacen los dioses, los dioses irremisiblemente se vengan.
Es una obligación moral de cada uno de nosotros poner de su parte todo lo que pueda para destruir este sistema político que se conoce como socialdemocracia. Porque es una continua ofensa al cielo y sus leyes. Sí, señores míos, las leyes no escritas del cielo, las únicas que estamos obligados a obedecer pese a quién pese.
En fin, no cometan nunca esa atrocidad que los mediocres han impuesto al mundo y que llaman jubilación. Descubran lo antes posible cuál es su realce rey y no cesen nunca de cultivarle hasta que estén a las mismas orillas del Leteo y con la moneda ya en la boca. Es la única manera de ganarse el favor de los dioses, ese que los mediocres tratarán por todos los medios de destruir so capa de justicia social.
¡Larga vida a Gilbert Strang!
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