Como Oblivion ya lo toco sin problemas he comenzado a estudiar la partitura de Libertango. No le veo especiales dificultades, aunque me costará hacerlo sonar más que nada por la velocidad que exige. Igual que un estudio de Villalobos que, después de escuchárselo a Thu Le, ni se te ocurre intentarlo. Pero lo bueno de Libertango es que al margen de su estructura de estudio tiene una melodía muy pegadiza. Y eso facilita mucho. En fin, el caso es que voy aumentando mi repertorio y, con ello, apretando menos: ayer me tuve que tirar un buen rato con el Clair de Lune de Debussy porque lo tenía medio perdido en la memoria, lejano en el recuerdo, como una canción del Gato Pérez. Chorradas, en definitiva, que les cuento, porque esas son las experiencias de mi actualidad: estudio nuevas partituras, practico las ya conocidas y, a ratos, me distrigo improvisando sobre las viejas melodías de mi infancia... la cadencia española más que nada. El modo frigio, para que nos entendamos.
Eso, por un lado. Por otro, me regodeo con las Matemáticas con Juan. Es un tipo la mar de simpático. Antes solía mirar mucho al chico de Unicoos, David Calle, pero desde que apareció un día en pantalla acompañando a la ministra de sanidad para promocionar las que dicen vacunas, pero no lo son, se apagó su estrella. Había que ver los comentarios que suscitó aquello. Porque es que la juventud estudiosa no se chupa el dedo. Aunque, quizá, su apagamiento también tenga que ver con que los vídeos de Juan, o de Salvatore Vargas, son más limpios y entretenidos. Anywere, sea por lo que sea, cuando abro youtube solo me aparecen videos de guitara y de matemáticas, mayormente con Juan. Así que me tiro un buen rato tratando de resolver los problemas que propone. Ya saben que los únicos problemas de esta vida que tienen solución son los de matemáticas. Al menos, eso es lo que sostiene Pessoa.
Por otro lado, reparto mis lecturas entre Heródoto, Casanova y Drácula. Y no sabría decirles cuál de las tres me engancha más. ¿De qué te podrías extrañar después de leer esos libros? No hay nada que ocurra, por muy estrambótico que sea, que no haya ocurrido ya mil veces. Las mujeres siempre fueron más libres que los hombres, el mayor prestigio de estos entre ellas siempre se consiguió pudiendo echar siete polvos en una noche, y, como no andes muy listo, siempre acabarás atrapado en un baile de vampiros. Y a eso se reduce todo.
En fin, con eso, unos paseos por los muelles, alguna comida en El Español, una excursión de cientos a vientos con los amigos de aquí, unas chácharas por teléfono con los de allá y...
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