lunes, 22 de mayo de 2023

Déjame entrar

Como les dije, ando releyendo el Drácula de Bram Stoker. Voy con calma porque así me lo pide el espíritu. Supongo que es porque ahora soy capaz de captar la intensidad dramática que destilan sus páginas. Si para poder sacar algo de cualquier libro se necesita de una cierta madurez, para sacarlo de éste se necesita madurez al cuadrado. Hay que ser muy valiente para empezar a observar connotaciones que te conciernen. 

Hace años me recomendó Nacho una película titulada "Déjame entrar". Ya, el título, es perfecto. Me parece imposible una descripción mejor del vampiro que la que se obtiene con esas dos palabras. Una necesidad compulsiva de instalarse dentro de otro como forma elegida para aliviar en lo posible los terribles sufrimientos del vacío existencial. ¿Quién en mayor o menor medida no ha experimentado algo de eso en su vida? Luego, claro, están los patológicos como Drácula, cuya insaciabilidad está asociada a sus extraordinarias dotes de seducción. 

El vampirismo, como deja entrever la novela, es el problema psiquiátrico por antonomasia. Y cada vez más a medida que el ocio va cubriendo con sus siniestras alas al conjunto de la sociedad. Ocio y vacío, o angustia, existencial, van de la mano. Es muy difícil combatir eso sin recurrir al "soma". De hecho, ¿conocen ustedes a alguien que no lo utilice? Sin él no queda otro recurso que echarse a volar tan pronto cae la noche a la búsqueda de algún caladero en donde encontrar  una pieza practicable en la que instalarse. 

Yo desde luego, lo tengo claro de un tiempo para acá: el día es para picar piedras y la noche para descansar. Es la única manera que conozco de no tener que recurrir, una de dos, al soma o, bien, a andar por ahí intentando meterme dentro de alguien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario