El Dr. Vernon Coleman tiene una acreditada fama de divulgador científico en el Reino Unido. Desde el comienzo del circo pandémico viene haciendo comunicados en los que ha predicho punto por punto todo lo que a la postre ha pasado, por más que todavía haya subnormales que se niegan a aceptarlo. Ayer el Dr. Coleman, con la ironía que le caracteriza, se descojonaba del comunicado hecho público por Periodistas sin Fronteras en el que se nos advertía que la libertad de prensa está en peligro. ¡Vaya, por Dios, al fin han hablado!
Así es todo este teatro. Cientos de asociaciones de desinteresados luchadores de las causas justas agarradas como ladillas a las subvenciones del poder político. En sus comienzos, todas estas asociaciones, Green Peace y demás, fueron una sagaz forma de propaganda para vendernos la moto de la socialdemocracia. Se las venía a dar un aire como de caballería andante defendiendo a las viudas y huérfanos. Servidor, también cayó en la trampa, y por eso estuve cotizando unos cuantos años a Médicos sin Fronteras antes de caer en la cuenta de que eran unos completos chorizos.
Todo esto de la socialdemocracia está en un estado de pudrición que recuerda mucho a los estertores del poder aristocrático, allá, por los finales del XVIII. Porque en el fondo, y en la superficie, todos los poderes son lo mismo, un aristocratismo que, por la propia naturaleza de las cosas, tiende a corromperse. La dichosa endogamia, ya saben, genera hijos discapacitados. Que es en lo que estamos. ¿O es que ustedes conocen a gente más inútil que los que se dedican a la política? Incluyendo en la política, por supuesto, todas esas asociaciones de las que les hablaba. ¿Qué médicos se van a las ONGs? Se lo diré, porque he conocido a unos cuantos: los que fueron incapaces de cumplir los requisitos para hacer una especialidad. O sea, los peores.
A Dios Gracias, se aprecia en lontananza el nuevo aire fresco que vendrá a sustituir a toda esta purria hedionda. Por lo visto, hasta en Sudamérica, el paraíso de los pobres de espíritu, los vientos están cambiando. Y en Europa, por supuesto. La sombra de la Escuela de Salamanca es alargada y silenciosamente va calando en los espíritus. Porque demasiada gente ya no puede aguantar más de todo este mirar la berza con ternura y luego lanzarse como fieras a por el tocino. Por lo visto a eso ahora le llaman woke. Para despistar. Como si no supiésemos que son los de siempre, los incapaces de vivir de su propio esfuerzo y que quieren aprovecharse del ajeno. Comunismo, al fin y al cabo.
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