Ayer pasaron por el canal de la Iglesia la película Solo Ante el Peligro. Una vez más el cine de Hollywood nos quiere convencer de la triste realidad del mundo, o sea, de lo mierda que es la gente en general. Luego, por supuesto, para que la película enganche, fabricamos al héroe solitario, es decir, el único ser capaz de enfrentarse a su destino y, por ello, de dar la vuelta a las cosas. En la realidad las cosas son y no son, a la vez, así: ni toda la gente es tan mierda ni el héroe es tan solitario.
Cuando decimos que alguien enfrenta el destino en realidad estamos empleando un eufemismo para evitar decir que se enfrenta al mal, porque cuando el destino nos favorece sería estúpido enfrentarle. El mal está siempre ahí, mayormente porque la naturaleza se complace en fabricar mentes defectuosas. Detrás de un malvado siempre hay un trastornado. Alguien, en definitiva, incapaz de comprender los límites marcados por las tablas que Moisés bajó del monte. La ciencia médica moderna llama a eso psicopatía: otro eufemismo.
Los eufemismos es algo que nos inventamos para aplacar las torturadas conciencias de los cobardes. No, es que es un psicópata, decimos, es un enfermo. No son policías lo que necesitamos sino médicos. Claro, mientras a mí no me alcance el mal ya tengo la justificación para mi detestable actitud: las palabras.
Toda la historia de la humanidad es igual, la ingente masa de los cobardes albergando la secreta esperanza de que a la postre siempre llega el héroe justiciero. Mi padre decía, Paco con la rebaja. Seguro que era porque Franco se llamaba Francisco. Porque esa es la cuestión ineludible, que los héroes que no se acaban convirtiendo en Franco son inexistentes. Porque es imposible combatir al mal sin poner a los cobardes frente al espejo... claro que, dada la fina línea que separa a los cobardes de los vampiros, lo más probable es que los espejos no les sirvan para nada. Por si no lo saben, les aclaro que los vampiros no se ven en los espejos.
En fin, en cualquier caso, no todo el mundo es igual y, por lo general, cuando llega el hombre proverbial siempre encuentra a la minoría de los mejores dispuesta a echarle una mano. Lo de Solo Ante el Peligro es una exageración para dar tensión a lo que de otra forma sería un cuento de hadas.
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