Casanova ha entrado en España atravesando los Pirineos por Navarra. De Navarra no dice gran cosa salvo que sus carreteras son tan buenas como las de Francia. Por lo visto, las había construido a sus expensas un gobernador que hubo allí. Así eran las cosas de aquellos tiempos. Al llegar a Castilla la Vieja, las carreteras no son ni buenas ni malas por la simple razón de que no las hay. En Castilla, según su percepción, todo es miseria y dignidad. La gente, según él, no siente su miseria. Ya se sabe que los turistas son tendentes a sacar sesudas conclusiones de sus relampagueantes percepciones. Llegando a Madrid, al entrar en los pueblos que pernocta, tiene que hacer frente a la impertinencia de los funcionarios. Según cuenta, las puertas de las habitaciones de las fondas tienen la llave por fuera para que nadie se pueda encerrar en ellas. Siempre tienen que estar francas para la Inquisición, no vaya a ser que a alguien se le ocurra hacer cochinadas allí. Da la impresión de que opina según prejuicios, algo muy propio de los que siempre van de paso. En cualquier caso, mala edad y malos tiempos para Casanova. Anda por los cuarenta, escaso de dinero y sus benefactores de toda la vida han muerto. Sus últimas conquistas han sido desastrosas: una le pega unas purgaciones; otra, a la que intentó llegarle al porche del santuario del amor, le pega una hostia que le pone la nariz como una coliflor; otra, se le muere en los brazos sin haberla catado. Y ya, como quien dice, estamos a las puertas de la madre de todas las revoluciones... pero, bueno, vamos a esperar a ver que nos cuenta de aquel Madrid de Esquilache.
En otro orden de cosas, el Doctor John Campbell trasmitía ayer a sus millones de seguidores la perplejidad que le ha producido ver afirmar en sede parlamentaria al primer ministro Risi Sunac que las vacunas para el covid son seguras. Bien es verdad que en esta ocasión se ha guardado para sí lo de efectivas. En cualquier caso, aquello tan español del procure siempre acertalla, el honrado y principal... ya no es tan español; el sostenella y no enmendalla si se acierta mal, ha traspasado todas las fronteras y se ha hecho universal. En fin, tiempos estos como los de Casanova, o sea, prerrevolucionarios. Y no por nada, sino porque las mentiras en las que se sustenta el poder han alcanzado la categoría de esperpénticas. O sea, entre el reír y el llorar.
Por lo demás, a mí ya... que me dejen con la guitarra y un par de onzas de pan y allá cuidados... como Terete con los corderos asados.
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