domingo, 11 de febrero de 2024

Desenmarañando

Veo ahí al pobre Juan Ramón Rallo desgañitándose para curar a la gente  de su inveterada ignorancia. Me da pena. Porque el hombre está presuponiendo que la gente se quiere curar de esa enfermedad. Sanasen de ella y se les vendría el mundo abajo. Porque se está dando el caso, precisamente ahora, de que los agricultores están en pie de guerra. Y lo están porque sostienen que sus beneficios son insuficientes para vivir. Argumentan que entre lo que les pagan a ellos por las patatas, o lo que sea, que producen y el precio que pagan los consumidores por ellas en los supermercados, hay una diferencia del 400% o más. Según ellos, hasta un ciego puede ver que eso es una injusticia terrible. ¡Y sácalos de ahí! Claro, seguir el trayecto de esas patatas desde la tierra hasta la estantería del supermercado es agotador: son cientos de etapas que van dando de comer a gente. En cualquier caso, un ciudadano de mi barrio no tiene que agarrar el coche, o el tren, e irse hasta Aguilar de Campoo a comprar las patatas muy baratas al agricultor, porque a menos de cien metros de su casa puede comprar todas las patatas que quiera por mucho menos de lo que le costaría el viaje hasta Aguilar. Y, eso, así, como que cayera del cielo. 

Yo no creo, ni de lejos que todos los agricultores piensen que ese es el problema. A algunos les he oído decir que el problema es el exceso de regulaciones que encarecen el proceso de producción. Y más si tienen que competir con los productos de otros países que no tienen tantas regulaciones. En fin, la cosa tiene sus complicaciones que no se benefician para nada del afán simplificador que señorea a las mentes bienintencionadas de los que viven del cuento: sindicalistas, políticos, periodistas... un sinfín, en fin, de parásitos que también contribuyen indirectamente al encarecimiento del producto.  

Para mí, el problema es ese, la dichosa simplificación que encandila las conciencias. ¡Es tan gratificante tener la sensación de que lo entiendes todo! Es como cuando Claudio Cifuentes, Cifu para los amigos, peroraba en Radio Nacional sobre Jazz sin saber una palabra de música. El daba nombres de músicos y datos de sus vidas privadas y con eso le bastaba para tener una fiel audiencia que le mantuvo en el cargo más de treinta años. No hace mucho, en una tertulia a la que asistía, me contaron que un tipo, al que yo conozco y sé a ciencia cierta que no sabe ni lo que es un acorde, ha escrito un libro sobre Jazz que todas las instituciones culturales locales han puesto por las nubes. Muchos nombres y muchas intromisiones en las intimidades, eso es el Jazz para los parásitos del sistema encargados de formar la psicología de las masas. Aprender jugando, que dicen los socialdemócratas.  

Y así es como corre este mundo. Te matriculas para el ingreso en peritos industriales y llegas a presidente de comunidad. Pero ¡ay si además de matricularte de ingreso vas a clase, te examinas y acabas la carrera! Entonces no llegas a nada porque, por el camino, has perdido el arte de la simplificación. Así, estarás condenado a ser un currante de por vida. 

Pues eso es todo, una enmarañada concatenación de causas y efectos que produce dolor de cabeza intentar desenmarañar. Así que, a qué extrañarse de que "Cifu para los amigos" tuviese tanta audiencia. 

2 comentarios:

  1. Justamente. Rallo, con esa actitud, nunca va a llegar a nada. Recuerdo aquel libro de Feynman que empieza más o menos: “Si ustedes no aprenden matemáticas superiores, pierdan la esperanza de entender nada de sustancia”. Asimov, digamos, también lo sabía, y sabía que por cada ecuación que escribiera en un libro perdía la mitad de sus lectores.
    La inmensa mayoría de la humanidad no quiere oír la verdad compleja sino la mentira simple que le tranquilice. Empecinarte en decir la verdad incómoda es la forma más rápida de quedarte solo. Pero, ya se sabe: “Mejor solo que mal acompañado…”.

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  2. Sí, Feynman, que ya de muy niño le enseñaron que saber el nombre de las cosas sin más no sirve para nada. Lo hubiese sabido "Cifu para los amigos" y a lo mejor nos hubiesemos ahorrado treinta años de tostón.

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