La pareja musical formada por Allison Young y Josh Turner me tiene fascinado. Deben de andar por los treinta, pero en lo físico aparentan no haber salido de la primera juventud. Sin embargo, en lo profesional son de una madurez sorprendente. Indiscutiblemente tienen que tener mucho esfuerzo por detrás, pero, en su caso, como supongo que es el de todos los grandes artistas, la parte del león de su éxito sin duda se la deben al favor de los dioses. Yo, si pudiese, les mandaría un mensaje recordándoles que, al que más favorecen, para mayores trabajos le guardan. Al menos eso es lo que tenían muy presente los antiguos.
Mayores trabajos, supongo que debidos a las perturbaciones de la psique inherentes al éxito. Aunque sea en muy pequeña medida, todos tenemos alguna experiencia en lo de gestionar, ya sea un pequeño éxito, ya una racha de buena suerte, y, juraría, que pocos podrán presumir de haber sido prudentes con esa gestión. La tendencia a pensar, cuando te vienen bien dadas, que todo el monte es orégano es consustancial a la naturaleza humana. Por eso diría yo que no hay tests de inteligencia más fiable que ese. Ahí es donde se demuestra que, aparte de dotado por los dioses con una buena cualidad para lo que sea que te hace destacar, también has estado dotado de una buena cabeza para interpretar el mundo y sus vanidades... claro que, en esto puede que también juegue un papel relevante la educación que te haya tocado en suerte.
Sea como sea la cosa, que vete tú a saber, lo que es indiscutible es que hemos visto mogollón de grandes artistas que, a la postre, nos han hecho sufrir por su funesto destino. Me viene al recuerdo ahora, Amy Winehouse, cuyo deterioro y muerte viví como si hubiese sido el de un ser querido. ¡Tanto era lo que disfrutaba escuchándola y la ternura que me inspiraba su evidente fragilidad! Todos aquellos tatuajes que exhibía me partían el alma. ¿Quién con dos dedos de frente o una mínima estabilidad emocional se va a someter a esas bárbaras automutilaciones? La lista en cualquier caso no tiene fin. Éxito y malditismo parecen atraerse con la fuerza de los polos opuestos. O sea, que está en la naturaleza de las cosas.
Sea como sea, veo a Allison y Josh libres de toda sospecha. Ni se les aprecia un tatuaje por ningún lado, ni exhiben extravagancia en el atuendo ni en las actitudes. Parece que hacen lo que hacen con la naturalidad con que otros cumplen con sus oficios modestos, si es que hay alguno que lo sea. Es como si fuesen los representantes de un mundo nuevo liberado ya de aquel horterismo del siglo XX en se andaba digiriendo con muchas dificultades el atracón de las nuevas tecnologías... al respecto, los músicos ocuparon un puesto destacado en el ranking de las víctimas.
En cualquier caso, sea como sea lo que los dioses tengan previsto para esta pareja luminosa, yo les escucho y siento una profunda comunión con el mundo que me hace estar agradecido.
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