Pocas personas habrá en este momento en el mundo tan influyentes como Tucker Carlson. Tucker es un presentador, comentarista, o como se diga, que hizo su carrera en la cadena de corte conservador Fox News. Hace poco más de un año le mandaron a la calle acusado de fomentar teorías de la conspiración propias de la extrema derecha. O sea, el mantra que utilizan las mafias de corte socialdemócrata para eliminar a la competencia con visos de ir a triunfar. Porque Tucker, a todas luces, se lo estaba llevando de calle. Y en ello sigue desde su propia plataforma mediática que le costó dos días montar. En estos momentos, puede que tenga más audiencia que la propia Fox News. Pero, sobre todo, es la calidad de la audiencia. ¡Jóvenes! Es la palabra clave. Cuando hace un par de meses hizo una entrevista a Milei, a las cuarenta y ocho horas ya la habían visto trescientos millones de personas. Dejó sentenciadas las elecciones argentinas.
Hoy Tucker nos anuncia que va a entrevistar a Putin. Nos deja claro que ni tiene simpatías por Putin, como las podría haber tenido por Milei, ni nada por el estilo. Simplemente pretende contrarrestar la que a él le parece propaganda por parte de la administración americana, ya que en los años que lleva la guerra de Ucrania se han hecho cientos de entrevistas en todas las televisiones occidentales al presidente ucraniano y ninguna al presidente ruso. Así que Carlson piensa que sería muy conveniente que los que están pagando esta guerra, la gente del común, puedan hacerse una idea más equilibrada de qué es aquello en lo que están gastando su dinero. Si en un conflicto no escuchas a las partes por igual, pocas probabilidades tendrás de no ser manipulado... que es en lo que estamos a calzón caído. ¿O es que ustedes creen que eso de Ucrania va de libertad, democracia y demás mandangas? Convendría que nos enterásemos bien de los intereses que hay detrás de esa guerra porque nos está saliendo demasiado cara.
La gravedad del asunto, según Carlson, es que la guerra de Ucrania, que, por cierto, está dejando a ese país sin juventud, está cambiando el mapa del mundo como si fuese una gran guerra. Rusia vuelve a atraer las simpatías de una Europa cada vez más debilitada. La contrapartida, como en los años treinta del siglo pasado, son los gobiernos europeos cada vez más nacionalistas y autoritarios. Vayan fijándose en quienes son los que están ganando elecciones en Europa. La única esperanza que nos queda es que se cumpla aquella máxima marxista que sostiene que lo que la primera vez se cumplió como tragedia la segunda lo haga como comedia. Y eso es lo que parece que está pasando de hace unos años para acá... con la pandemia y todo eso: un locutor la palma en el escenario de resultas de la mierda que le han inyectado y el público se descojona pensando que es una representación. ¡No pasa nada tío! Como en los mejores tiempos.
Bueno, vamos a ver cuántas visitas tiene la entrevista de Carlson a Putin. Pienso que ese será un indicador como pocos puede haber de lo que nos van a deparar los tiempos venideros.
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