sábado, 10 de febrero de 2024

Nada

Aquí al lado de casa está la biblioteca, no sé si municipal, regional, estatal o qué coño carajo. Ocupa todo el ala sur de la que fuera fábrica de tabacos. El ala norte está dedicada a archivo de la Comunidad de Cantabria. Entre las dos alas hay un gran hall que cada vez que entro y me percato de que está calefactado me hago cruces, pero, bueno, pelillos a la mar. Como es lógico, y cabría esperar, el dato no ha pasado desapercibido al colectivo terminal que suele andar por allí paseando el tacatá o recostada en los escasos pero acolchados bancos. Pero si traigo a colación a ese sorprendente espacio es porque, justo enfrente de la suntuosa entrada han colocado un panel enorme todo blanco en cuyo centro está escrito con letras negras un poema de José Hierro titulado "Nada". 

Por lo visto José Hierro es el no va más de la poesía local. Está muy vinculado a esta región. Vas por la calle y no es raro encontrarse un bar en el que hay un cartel que dice que aquí escribía José Hierro. En el paseo del Muelle, cabe al Marítimo, tiene un monumento conmemorativo con visos de original que chifla a los turistas y a los perros: los unos lo fotografían y los otros lo mean. Personalmente, lo único que he leído de él es ese poema que les comentaba. Lo he hecho mientras esperaba en el hall a alguien al que había acompañado a proveerse de lecturas.

Nada por aquí, nada por allí, y, al final, todo es nada. Es un canto al nihilismo de corte barroco. A mi juicio sobran demasiadas nadas. Pero a la gente le encanta, y no hay cántabro con pretensiones de culto que no se lo sepa de memoria. Total, que, aburrido como estaba, he ido a la wikipedia para informarme un poco sobre quién era ese José Hierro. Parece ser que, aunque nació en Madrid, estuvo desde su temprana infancia muy ligado a estas tierras. Destaca en su biografía que pasó cuatro o cinco años en las cárceles franquistas. O sea, que, aunque, como Patxi López, llegó a matricularse en la escuela de peritos industriales, no necesito acabar ninguna carrera para doctorarse honoris causa en múltiples universidades de postín y ganar cuantiosos premios literarios. ¡A ver qué vida, con ese currículum de las cárceles franquistas! Lo que sí sé a ciencia cierta, porque he visto fotos suyas, y sé del asunto, es que era un enfisematoso considerable, a consecuencia, supongo, del no poder prescindir del cigarrillo en su infatigable búsqueda de la inspiración poética.

Si nos atenemos a la wikipedia, parece ser que no tuvo hijos. Se diría que es un dato irrelevante, pero quizá no lo sea tanto por lo que hace a ese gusto por el nihilismo que exhibe en el poema de marras y, también, en esas pulsiones suicidas que se sustancian en la adicción tabáquica compulsiva. La vida de un enfisematoso no es precisamente un camino de rosas. Cuanto antes se acabe, mejor. En resumidas cuentas, que entre unas cosas y otras podríamos catalogarle, siguiendo el parecer de la Andrómaca de Eurípides, de dichoso en la desdicha. La dicha de regodearse recreando su desdicha para escarnio de inocentes optimistas. Pero, en fin, todo es opinable.  

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