Paso estos días desapacibles del invierno oscuro escuchando el tamborileo del agua en los cristales. Desde luego que después de esta racha mandaré a la mierda al que venga hablándome de sequía. Esto es exactamente igual a como siempre fue; miro al cielo implacable y me veo niño con la gabardina de Marcay y las botas de Segarra, chapoteando por los charcos de la ciudad. Aquellas tardes de jueves eternas, sin monitor de ningún tipo que viniese a rescatarte del hastío. A veces venían nuestros padres a controlar y nos llevaban al Flor a merendar y después a una película en el Alameda. Luego, ya, en los albores de la adolescencia, descubrimos la Menéndez y Pelayo y cayeron una tras otra las grandes aventuras. Los mares del Sur, la taiga siberiana, las islas solitarias, con tesoros y sin ellos... ¡lo que ha llovido desde entonces!
Lo que ha llovido y sigo enganchado. Las horas muertas leyendo. Ya no distingo lo real de la ficción. La memoria lo entrecruza todo: lo que he vivido y lo que he soñado. No importa, todo sirve para el convento de la fabulación. No puedo dejar de imaginar mundos nuevos. Como Baroja, como Valle. Y he hecho mis pinitos. Andaba estos días revisando uno de ellos y me maravillo del vívido recuerdo de todo lo que imagine. Los personajes inventados ya son para mí más reales que los reales. En ellos veo a Hermes, a Circe, a Atenea, a Diana y, por supuesto, Afrodita... ahora que caigo, me salió algo tirando a lo de las manzanas de oro para la más bella. Seguro que es inevitable en toda fabulación primeriza.
En otro orden de cosas, pienso que ya estoy maduro para empezar a fabular con la guitarra. Paso horas inventando rifs que es como ahora le dicen a las melodías. Todo es cuestión de controlar las escalas con los ojos tapados y dejar correr la imaginación. Una vez que ya tienes uno de esos rifs en el bote, cuando le haces sonar, sientes un placer estético, o como coño se diga, que te sube la estima unos cuantos peldaños... la música, no hay nada que ni de cerca, se acerque a su poder evocador. En fin, me voy a la carnicería, que también de carne, aunque sea de pollo, vive el hombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario