jueves, 29 de febrero de 2024

Demiurgos

Ayer pase la mañana recorriendo grandes superficies de materiales de construcción en compañía del contratista que está arreglando un piso a mis hijas. Algo, por supuesto, muy cansado para mis ya limitadas energías, pero no por ello menos estimulante. Esos lugares son una representación sin trampa ni cartón de la verdadera vida real que, si nos atuviésemos a lo que muestran los medios de comunicación, pareciera como si no existiese. Por esas superficies pululan a todo lo largo del día cientos de personas que husmean por las estanterías, agarran cachivaches y los depositan en un carro en el que los acarrean hasta su coche previo paso por taquilla. Es una maquinaria perfecta cuyas ramificaciones se extienden por multitud los ámbitos de la vida ciudadana, ya que la ciudad se compone de casas y las casas, junto al condumio, vienen a ser las dos necesidades insoslayables que tenemos los humanos.

El caso es ese, que uno va por la mañana a esas superficies de materiales de construcción y, luego, por la tarde, a otras dedicadas a la alimentación y, ¡leches!, esto, cualquier cosa menos tambaleándose. Para que todo esto pueda ser así tiene que haber miles y miles de personas trabajando en multitud de lugares, en perfecta coordinación los unos con los otros gracias a las dotes demiurgas de unos cuantos avezados empresarios. 

El mundo es ansí. Una parte material cada vez más perfecta que nos libera cada vez más tiempo para nuestro solaz. Y, ¡ay!, ¡que terrible llega a ser eso de tanto tener solaz! Yo no lo quiero ni regalado. A mí que me den preocupaciones que me exijan dedicación para intentar despejarlas. Construir pequeños imperios y cosas así. Cualquier cosa menos andar por ahí moviendo el culo y enterándome de lo que no me concierne. 

Bueno, vamos a ver, porque ¡menudo día tengo por delante!

No hay comentarios:

Publicar un comentario