Las guerras entre países siempre han sido una pantalla para ocultar las verdaderas que no son otras que las que más o menos a las claras se traen los gobernantes con sus gobernados. Siempre que un gobernante ha empezado a notar que sus gobernados estaban subiéndosele a las barbas, de inmediato se ha puesto a inventar agravios por parte de un país vecino para encandilar al personal y predisponerle a morir por la patria. Por eso, todas las guerras, excepto las civiles están basadas en mentiras. ¡Es tan fácil engañar a la gente con las maldades del vecino! Está en la esencia del ser humano odiar a lo más próximo; y ya no te digo si a lo más próximo le va mejor que a ti.
Pero no se engañen al respecto porque los gobernantes se entienden de maravilla entre ellos e incitan a sus países a pelearse de común acuerdo, porque saben que ni ellos ni sus allegados van a tener que ir al frente de batalla. Se limitan, siempre, a permanecer en retaguardia dedicados a los fáciles y lucrativos negocios que promueven las guerras. Claro que, como todo cambia, lo de las guerras con los vecinos se ha puesto en los últimos tiempos un poco complicado debido a la letalidad creciente de los armamentos. Por eso las guerras actuales son mayormente peleas de taberna. A puñetazos, sin sacar las armas. Y por eso es que los gobernantes anden tan con el culo prieto ideando procedimientos cada vez más sofisticados para contener la ira de los gobernados estafados. Porque entérense, todo gobierno es una estafa. Por eso cuanto más civilizada está la gente menos gobierno quiere. El caso de Suiza es paradigmático al respecto. Sin apenas gobierno, en los quinientos años de vida del país no han tenido ni una guerra con nadie.
Ideando procedimientos para sujetar a los gobernados. Esa es la principal tarea que tienen los gobernantes por delante. Ya no se bastan con las policías y sus procedimientos de terror. No se fían. Al fin y al cabo, la policía forma parte de los gobernados y se puede volver en contra. Y por eso es por lo que recurren a las herramientas que le proporciona la tecnología más sofisticada... que no es la digital precisamente. Cuando Trump se hizo con el poder en EEUU lo primero que hizo fue ordenar quitar toda la financiación estatal a unos laboratorios en los que se investigaba una cosa llamada gain of function, en español ganancia de función. Pero todo fue inútil porque los servicios secretos agarraron esos laboratorios y se los llevaron a China y Ucrania. Sí sí, a China, la enemiga en ciernes. Y allí continuaron con sus jueguecitos consistentes en manipular los virus para que sean letales al gusto del consumidor. La cosa es muy sencilla: que se me empiezan a subir a las barbas, pues suelto un virus de esos y en cuatro días tengo una pandemia que pone a todo el personal a cagarse por la pata abajo. ¿No se lo creen? Bueno, pues allá ustedes, sigan somiando truitas y corriendo a vacunarse.
En fin, llámenme lo que quieran de conspiranoico para arriba, pero piensen un poco y esclarézcanme acerca de la necesidad de manipular los virus para que sean letales a la carta. Otra cosa es que el invento funcione; personalmente me atengo al mito prometeico: siempre que robas fuego a los dioses acabas encadenado y con los hígados roídos. De hecho, fuese manipulado o no -para Luc Montagnier lo era- el dichoso coronavirus, a día de hoy, los gobernantes que lo utilizaron como coartada, están como gato panza arriba resistiéndose a rendir cuentas. Pero ya saben como son estas cosas, como el castillo de naipes que hay que esperar a que caiga el primero. Y el primero ya está en el horno casi a punto para ser comido. Desde luego que Risi Sunak y sus acólitos ya hace días que no consiguen conciliar el sueño.
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