Hablo poco con la gente. Y de lo poco que hablo extraigo la conclusión de que mi estrategia informativa me está dando excelentes resultados. He conseguido no saber nada de los dimes y diretes con los que el poder en curso consigue mantener al personal al margen de lo que realmente le concierne. Por lo visto hay por ahí un caso de corrupción política que es lo más de lo más. Vamos, como si fuese algo excepcional en vez del pan nuestro de cada día como cualquiera con dos neuronas sabe que es. Toda esa chusmilla que dice gobernar es, ha sido y será, la hez de la sociedad mientras sigan estos sistemas políticos ideados por los peores o, si mejor quieren, los más débiles, para vengarse de los dioses por lo poco que les favorecieron al venir a este mundo. Yo lo comprendo porque por propia experiencia sé lo terrible que es mirar alrededor y ver lo rezagado que vas. Lo que pasa es que no todos los rezagados tiran por el mismo camino por la sencilla razón de que tampoco la voluntad está repartida con equidad. Si a la falta de inteligencia le añades ausencia de voluntad ya tienes ahí al perfecto sinvergüenza corriendo a apuntarse en la primera mafia que encuentra. En su conjunto la cosa no tiene el menor interés porque no es más que un comportamiento indeseable de la naturaleza como cualquier otro de los que un día se corrigieron, o al menos se paliaron, por medio de la ingeniería. Las canalizaciones subterráneas para las aguas pestilentes y cosas así. Algún día se dará con la solución para canalizar a esos rezagados sin voluntad y el mundo habrá dado un paso importante en su implacable marcha hacia el reino de Dios... o hacia Itaca si les resulta más simpático llamarlo así.
Y no es que estas pintorescas teorías que les expongo tengan la menor originalidad. Nietzsche ya dejó niquelado el asunto y no creo que le sirviese de mucho al mundo el haber desvelado ese misterio, el de la venganza de los débiles... aunque de algo seguro que sí, para qué nos vamos a engañar, porque nada es en vano al cien por cien. En fin, lo que sea, porque la realidad es que uno, coge, agarra y mira por ahí sin anteojeras y puede que vea algo de mierda, que eso es inevitable, pero sobre todo verá montañas de inteligencia deslumbrante de las que se va extrayendo el material con el que después se irá configurando el mundo. Imagínense, por poner un solo ejemplo, la cosecha que se recogerá de lo que siembra Juan, el de las matemáticas. Y Juan no es uno ni dos ni tres, hay Juanes a miles. El mundo que viene es uno en el que cientos de millones sabrán calcular los máximos y mínimos, y los puntos de inflexión de los que todo proceso natural está constituido. Las mafias de los rezagados impotentes van a tener muy crudo lo de lidiar con toda esa gente esclarecida.
En fin, allá cada cual con lo que los dioses le proveyeron. En lo que a mí respecta les doy infinitas gracias por haberme enseñado, aunque haya sido en la vejez, a mantenerme alejado de lo que no me concierne. La porquería, cuanto desde más lejos la veas menos te obnubilara su tufo... tengan en cuenta que para captar las enseñanzas de Juan el de las matemáticas, o de aquel Don Juan de Castañeda, que para el caso es lo mismo, por donde hay que empezar es por tener la mente bien despejada. O sea, apartada lo más posible de los tufos pestilentes que emanan de las ruines artimañas de que se valen los débiles para sobrevivir.
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