lunes, 12 de febrero de 2024

Estaciones

Ando ahora con las memorias del Marqués de Bradomín. Dice:

"-¡Son tan bellas como su madre! 

-Son muy buenas y eso vale más .

Yo guardé silencio, porque siempre he creído que la bondad de las mujeres es todavía más efímera que su hermosura." 

Bradomín ha quedado prendado de la mayor de aquellas princesitas a la que su madre había preparado para la vida monástica. Y trata de seducirla como lo hubiese hecho Don Juan o Casanova, susurrándole sucesivos ¡Te adoro! al oído. Todo en vano.

"Aquella niña era cruel como todas las santas que tremolan en la tersa diestra la palma virginal." ¡Agárrenme esta mosca por el rabo!

A Valle lo tenía abandonado desde los tiempos de estudiante. Primero en Valladolid donde Luces de Bohemia se hizo de obligado cumplimiento ya que a las tertulias nocturnas del Norte acudía un nicaragüense corpulento y dipsómano, con veleidades de poeta, al que todos llamaban Max Estrella. Se le pudiera haber llamado Darío, pero eso ya iba implícito en lo de Max. Luego, ya en Madrid, al calor de la apertura que se había producido con lo que se dio en llamar ley Fraga, era frecuente que en los teatros se representasen sus esperpentos, con curas borrachos, descreídos y ladrones, que hacían nuestras delicias. Por cierto, que Baroja en su "Desde la Última Vuelta del Camino" le pone a parir porque dándose la circunstancia de estar los dos en la biblioteca de Baroja, éste subido a una escalera buscando unos libros y Valle a sus pies esperando que lo encontrase, apareció un perrito que se puso a mordisquearle los pantalones a Valle, dado lo cual, éste lo despachó con una contundente patada que en absoluto le pasó desapercibida a Baroja. Ya ven cómo es la vida y de qué chuscos acaecimientos surgen las filias y fobias. 

En fin, ya les iré contando según vayan cayendo las sucesivas Sonatas. He empezado por la de Primavera. Espero encontrar las de las otras Estaciones en alguna de las muchas librerías de lance que han abierto en la ciudad. Por cierto que, hablando de Estaciones, las que me arreglarían la vida serían las Porteñas de Piazzolla si fuese capaz de acometerlas. Pero me tendré que ir de aquí conformándome con escuchárselas a Stephanie Jones. 

2 comentarios:

  1. O ponte con La Corte de los Milagros. El libro es un catecismo, en comparación con la política actual española.

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  2. Sí, voy a dedicarle unos cuantos atardeceres a Valle. Según lo que vaya encontrando en las librerías de lance que tengo cerca de casa.

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