Creo recordar que Pla dice en su Cuaderno Gris que las amistades no le interesan para nada si no puede aprender algo de ellas. Por eso tenía muy pocas en el mundo de los vivos y muchas en el de los muertos. Porque, que nadie se llame a engaño respecto a esto, la inmensa mayoría de la gente interesante está en el mundo de los muertos y, por lo general, cuanto más lleven en él más interesantes son. Claro que, para hablar con esa gente y conseguir que te digan algo, quizá sea conveniente, e incluso necesario, haber establecido por adelantado algún tipo de pacto con el diablo.
Lo del pacto con el diablo es algo que, démoslo por supuesto, se presta a múltiples interpretaciones. Hoy mismo, de buena mañana, como dicen los catalanes, he mantenido una larga e intensa conversación, desde diez meridianos más allá, hacia el este, con lo que podría ser una modalidad de ese pacto. Así se lo he dicho y he sido comprendido. Porque, cómo si no explicarse esa obra salida de su caletre. A palo seco, desde luego que no. A palo seco, se socializa y punto. Por detrás de lo extraordinario siempre anda el diablo.
Sea como sea el asunto, lo innegable es que este tema ha dado a la literatura muchos días de gloria. Tirso con su Don Juan, Cervantes con su Quijote, Maturín con su Melmot, Goethe con su Fausto, el Drácula de Stoker, Peau du Chagrim de Balzac, Wilde con su artista adolescente... por citar unos cuantos. Y no te digo nada ya, si nos vamos al Dr. Faustus de Mann, ahí, es tan explicita la connivencia que no quedan resquicios a la duda: lo que va del artesano al artista, el genio si así quieren llamarlo, nunca cae del cielo sino de las bajadas a los infiernos. De los instintos suicidas, de las no pertenencias, de los desapegos asesinos. Es muy duro perseguir la gloria de robar un poco de fuego a los dioses. Porque para que te inviten a su mesa tienes que demostrarles hasta la saciedad que te bastas a ti solo. Eso es, bastarse a sí mismo, la máxima consecución a la que puede aspirar un ser humano.
En fin, no me demoro más con este asunto, que como el de la jodienda no tiene enmienda. Si quieres hacer algo de lo que puedas después vanagloriarte, no socialices: limítate a la relación apolínea que es a la que se refería Pla.
"Porque, que nadie se llame a engaño respecto a esto, la inmensa mayoría de la gente interesante está en el mundo de los muertos". Es que, cuando uno se acostumbra a escuchar a Euclides, Platón u Homero, por poner ejemplos, acaba por sufrir con mucha dificultad a quien, como decía Pla, no te aporta nada. Por supuesto que entender y dialogar con los muertos ilustres cuesta y no cuesta poco. Como decía Feynman —otra vez—: "Aprender no es gratis: tienes que pagar con mucha atención". Y tiempo y desprecio de los ignorantes, añado yo. O, como dirías tú, con sacrificios continuos a los dioses, a Minerva, para ser exactos...
ResponderEliminarLa de los ojos glaucos.
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