Me decían ayer, mientras paseábamos por el idílico muelle, que, los medios de comunicación, empezando por uno que ahora llaman peyorativamente Lo País, se dedican con denuedo a incitar a la guerra. ¿La guerra con quién? ¿Con Rusia acaso? Desde luego que hay que estar muy desesperado para andar en tales pretensiones. Porque no parece que esta vez vaya a colar: por mucha que sea la propaganda, la contrapropaganda no le va a la zaga. Las redes sociales han trastocado de tal forma el panorama informativo que de aquellas hegemonías en que se sustentaban los poderes para modelar la opinión pública nunca más se supo.
La cuestión es que aquel cuarto poder del que tanto blasonaban las llamadas democracias no era más que una quimera con la que se seducía a las masas para que viviesen en la ilusión de libertad. A la hora de la verdad los medios de comunicación estaban en manos de cuatro magnates que solo disentían en cosas irrelevantes que magnificaban hasta el delirio para confundir a la gente. Pero se acabó lo que se daba. A afectos de poder comunicativo el dinero ya no es tan definitivo. Cuenta más la inteligencia. Hay por ahí media docena de chicos malos que, ellos solos, tienen más audiencia que todos los medios de comunicación clásicos juntos, que por no otra causa es que llegase al poder en Argentina el Pelucas... que esa sí que es gorda por más que se quiera hacer como si ¡no pasa nada, tío!
Sí, es evidente que la guerra es inminente, pero no creo que con Rusia. Esta va a ser una guerra provocada por la pérdida de privilegios que trae aparejado el alumbramiento de una verdad; en este caso que las llamadas democracias occidentales no son otra cosa que una cueva de Ali-Babá y los cuarenta ladrones. Todos esos parásitos que se arrogan el derecho a decidir qué es lo que más les conviene a los pobrecitos currantes. Eso se tiene que acabar porque ya no somos niños.
Esa, en mi opinión, es la guerra en ciernes. La que ya comenzó en Argentina y está en trance de propagarse por el mundo como un reguero de pólvora. Ya están tardando mucho en matarle, se comenta por ahí; pues sí, lo que faltaba para que la pólvora se convierta en dinamita. Siempre es la estulticia la que fabrica a los mesías.
Decía ayer Anxo Bastos que la guerra es la salud de los Estados. Pues bien, en este caso, fueron a Rusia a por lana y salieron trasquilados. Quisieron demonizar a Putin y acabaron demonizados. Como dijo el poeta, una gran nube mental -la escuela austriaca de economía- está descargando su rayo sosegado... los del idealismo alemán se tienen que ir o nos veremos obligados a echarles a patadas en el culo.
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