martes, 26 de marzo de 2024

El difícil transitar

Al final, lo de cerrar la plataforma Telegram fue un farol que se tiró el gobierno. Por supuesto que le hubiese venido de perlas el cerrarla porque nada odia más el que pretende mandar que el que los pretendidos mandados puedan hacer de su capa un sayo. Pero claro, lo de mandar, el poder que también le llaman, es una cosa muy relativa. Y es que por muchos corderos que haya, también hay leones y otras especies que nacieron para ir por libres. Y por muy socialista que se quiera ser, contra la naturaleza es imposible ir. Así que el gobierno, ante la reacción que provocó su anuncio, se lo ha pensado y ha dado marcha atrás, eso sí, echando mano de la retórica que suelen utilizar siempre en estos casos. Como queriendo mantener el tipo, o sea, haciendo el ridículo. 

Claro, después del éxito represor de la pandemia el gobierno se pensó que todo el monte era orégano. No comprendió que solo había pastoreado a las ovejas. A los leones ni les fue ni les vino y siguieron con su vida vagabunda. Pero, ¡ay de aquel que intenta meterles en el redil! De un zarpazo le destrozan. Y, entonces, hasta las ovejas se le suben a las barbas. Supongo que se van a ver cosas muy curiosas en los tiempos por venir porque ya no es lo que era: aquellos tiempos en los que el mundo se dirigía desde los púlpitos de las iglesias se acabaron. Aquel mensaje monolítico se está haciendo migas. Twiter, el pajarito que cantaba encerrado en su jaula se convirtió de pronto en X, que ya saben que X es la incógnita por antonomasia. Y las incógnitas, por definición, suscitan la especulación. Se acabó la verdad dada. Y eso por no hablar de ese genio ruso que, como hace lo que le da la gana con los números, le costó poco montar una plataforma de mensajería, Telegram; y como no le gusta nada que nadie meta las narices en sus asuntos se instaló en las Islas Vírgenes que es como decir el paraíso de las libertades. Desde luego que no a cualquiera le dejan instalarse allí. Para empezar, hay que ser millonario.  

Y otras muchas plataformas en las que la gente dice lo que quiere, lo que viene a ser lo más sorprendente de todo lo que por siempre jamás vieron los tiempos. Porque hasta ahora, ya me dirán ustedes qué diferencias podía haber entre lo que decía Lo País y lo que decía el ABC. Solo por las florituras se les podía distinguir. La esencia de los dos, como dos gotas de agua: socialdemocracia en vena. La religión que entroniza al Estado como Dios de dioses. ¡Qué vulgaridad!

Así que nada; tranquilos, que todas esas negras premoniciones de los agoreros sobre los tiempos por venir no son más que desahogos de señoritos que no pudieron con los estudios. Los que pudieron con ellos están construyendo la nueva realidad que no puede ser otra que la que avanza un pasito en el difícil transitar hacia las libertades individuales. 

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