lunes, 4 de marzo de 2024

Los del 98

Sigo leyendo a Baroja. Ahora ando con El Torbellino del Mundo. José, el protagonista, que es agente de una compañía naviera bilbaína en Rotterdam, ya se ha cansado de la literatura contemporánea y decide pasarse a los clásicos españoles. El Criticón de Gracián, La Guía Espiritual de Molinos, Bernal Díez del Castillo, incluso las estrafalarias memorias de Torres Villarroel. Sin olvidar a Santa Teresa y los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. De momento, anda de caza, en compañía de un amigo, por la Jutlandia danesa. En Baroja, cualquier peripecia sirve para seguir con sus monólogos interiores, o diálogos que también lo son, en los que nos expone su concepción de la vida y el mundo. No se anda con muchos rodeos, Y ese es el asunto, que me maravilla el comprobar hasta qué punto tengo infiltrado el espíritu de sus enseñanzas. Y es que Baroja fue la pasión literaria de mi juventud. De cuando estudiante en Madrid hacia delante. Lo ultimo fue sus memorias, "Desde la Última Vuelta del Camino". Y todavía me faltaba bastante para llegar a los treinta. El me aliviaba la pensantez de aquel internado en un hospital de provincias. Yo quería ser como él, es decir, mandar la medicina a la mierda. Pero como no tenía sus recursos intelectuales me tuve que joder. Así todo, no había llegado a los cuarenta y ya había encontrado un fórmula, para, si no del todo, sí casi, cumplir mi sueño barojiano. Pero no vine aquí a hablar de mí sino del mundo. 

Y así es que dándole vueltas al asunto he pensado que este casi entusiasmo que, en esta "mi última vuelta del camino", me ha producido El Manifiesto Libertario de Rothbard, tal vez tenga mucho que ver con mi herencia barojiana. Porque Baroja es, sobre todo, un espíritu libertario. No ligarse a nadie ni a nada salvo a la exigencia consigo mismo. Eh ahí la fórmula que ayuda a soportar la vida, por lo demás bastante miserable se mire por donde se mire. 

Y de Baroja salto a Valle. Sigo con La Lámpara Maravillosa. "¡Que mezquino, que torpe, que difícil balbuceo el nuestro para expresar este deleite de lo inefable que reposa en todas las cosas con la gracia de un niño dormido! ¿Con cuales palabras decir la felicidad de la hoja verde y del pájaro que vuela?" Bueno, por si las moscas, Valle, antes de iniciar camino, se sienta a la sombra de un viejo roble y fuma una pipa de cáñamo índico. Le ayuda en lo de la conciencia casi divina que le hace ser una prolongación de la sombra grave del árbol, del canto del ruiseñor, del aroma del heno... entiendo lo que quiere decir porque también yo fui un fumeta. Hasta que caí en la cuenta de que el hábito lo que me daba en conciencia me lo quitaba en libertad. En fin, bueno, qué quieres que te diga, para mí como aquellos de 98 no volvió a haber en España ni de lejos. 

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