De todas las mentiras del socialismo, que son unas cuantas y muy gordas, la mayor, quizá, es esa de que las mujeres están discriminadas por, precisamente, ser mujeres, es decir, por tener entre las piernas eso que los hombres no se pueden sacar de la cabeza así les maten. El caso es que ayer iban por la calle algunos niños cuyos profesores no tenían puñeteras ganas de dar clases y el colectivo de los discapacitados mentales -o corporeidades disidentes como ahora quieren los socialistas que les llamemos-, iban, digo, con un pañuelo morado al cuello y desafiando un viento del sur helador que era un verdadero coñazo. Por lo demás, lo de siempre, mucha gente en los bares y los clásicos turistas despistados y haciendo gimnasia de cuello para no perderse nada.
El día de la mujer. ¡Mira que hay que ser sinvergüenza para haber inventado eso! O subnormal, que también pudiera ser. Porque, ¿qué día no es el día de la mujer? O del hombre, que la una sin el otro es como si no existiese y viceversa. Pero claro, el que está jodido, por lo que sea, las agarra al vuelo... sobre todo, las que huelen a coartada que exonera responsabilidades: estoy jodido porque soy víctima, la primera de todas. Luego, ya, solo hace falta el socialista que venga a señalar el culpable, victimario que le dicen, y ya la tenemos montada. En realidad, socialista quiere decir eso, señalador de culpables. Cualquiera al que le vaya bien en la vida les sirve. Sobre todo, si es por méritos propios. Porque por tener un golpe de suerte no se detesta a nadie, al contrario, se le admira o envidia sanamente. Es todo muy primario: condición humana en estado de pureza.
El socialismo, algunos dicen que está dando sus últimas boqueadas. No saben lo que dicen. En tanto los dioses sigan siendo injustos cuando reparten sus dones habrá socialismo. ¿Qué otro consuelo le queda al que ha nacido feo, tonto, pero, sobre todo, vago? Pues eso, socialismo para rato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario