Ya están aquí, llegaron ya. El centro de la ciudad va tomando ese aire de hormiguero que invita al desistimiento. Dentro de cuatro días habrá que tener mucha necesidad para transitar entre las masas disfrutantes. Vengan ustedes a la terraza y verán que bien lo pasan, aquella canción premonitoria donde nunca las hubiese habido. Aquella institución de las comidas familiares, previas gracias a Dios por los alimentos recibidos. ¡Al carajo!
Llegaron ya las mesnadas de mirones. No se pierden una. Nunca se cansan de inmortalizarse. Ellos, en el fondo muy fondo de su alma. albergan la ilusión de que algún día sus tataratanietos al ver esas fotos dirán, mira, mis tataratabuelos, aquellos sí que eran tiempos, cómo vivían de bien...
Son los tiempos que corren y no hay más que decir. Las cosas vinieron así y, al que no le gusten, que se aparte si puede. Y si no puede que se joda, que el mundo no va a sufrir por ello. Hay tanta boira que escampar que es precisa mucha agitación para conseguir algún alivio. Hay que subir las dosis de continuo para que la droga haga efecto. La terraza, cuanto más lejos de casa, más efecto terapéutico tiene. Quien me iba decir a mí que en esta pequeña ciudad de provincias siempre iba a haber en el horizonte un avión en trance de aterrizar o despegar.
¡Diviértete mamón! O el sistema se hundirá. No hay otra alternativa al pecado de soberbia. ¡Tanto fuego robado!
No hay comentarios:
Publicar un comentario